viernes, 7 de febrero de 2014

Leopardo - Rápido y furioso



Por Eber Gómez Berrade

A menudo la cacería del leopardo es elegida como la primera oportunidad para enfrentarse a las especies de caza peligrosa, exponiéndose a uno de los más grandes desafíos que ofrece el continente negro. Una experiencia donde se pone en juego la inteligencia, la estrategia y la paciencia del cazador versus la sagacidad y la ferocidad de un predador temible.   

La cacería del leopardo, como se la realiza de manera tradicional, es decir con cebos y apostado, puede parecer pasiva y hasta poco peligrosa en algunos casos. Sin embargo, la realidad indica que es tremendamente activa y apasionante para aquel que decida enfrentarse a este felino. Ya que desde el primer día de su safari, el cazador se encontrará trabajando en la construcción de apostaderos, cazando antílopes para usarlos de carnada y recorriendo kilómetros en busca del rastro correcto. Sólo ahí podrá sentarse a esperar a que la presa aparezca. Y a partir de ese momento, todo será adrenalina pura.

Leopardos en África
Sobre ellos girará esta nota, a pesar de que existen algunas especies en Asia menor, algunos países del sudeste asiático y Arabia. El leopardo africano es identificado como Pantera pardus pardus, y para algunas lenguas nativas, como ingwe, mbada y chui.
De los felinos africanos es el que se ha adaptado mejor a prácticamente todas las regiones del continente. Desde Egipto, Libia y Marruecos, hasta Namibia, Botswana y Sudáfrica, pasando por los países del centro y este del continente. A lo largo de estas regiones muy diferentes entre sí, la especie ha desarrollado algunas diferencias en cuanto a tamaño y pigmentación de la piel. En el este, por ejemplo, suelen ser más grandes y pesados que los del sur, pero en el Camerún, son más pequeños y oscuros que sus congéneres australes, lo que en esos casos les ayuda al mimetismo y la movilidad en medio de la selva cerrada.
Los leopardos son solitarios, territoriales y viven aislados excepto en la época de apareamiento. Esquivos como pocos, es muy difícil encontrarlos a plena luz del día, a menos que estén en lugares realmente inhóspitos sin rastros de población humana. En general se mueven, cazan y alimentan de noche, y eligen terrenos rocosos como colinas, riscos o “kopjes” para guarecerse. Suelen utilizar las ramas de los árboles para descansar durante el día o acechar alguna presa. Son naturalmente carnívoros que se alimentan de antílopes pequeños y medianos, cebras, primates y ganado común. Lo que los convierte en la pesadilla de muchos granjeros africanos. Pueden pasar largo tiempo sin beber agua, ya que les son suficientes los líquidos que capta de sus presas al alimentarse. Estas características sumadas a la velocidad, fortaleza y ferocidad hacen que sean magníficos cazadores.   
El leopardo macho puede llegar a medir de 60 a 70 cm. de porte, y a pesar entre 50 y 100 kilogramos. En líneas generales, los ejemplares más grandes provienen de países como Tanzania o Mozambique. De hecho para el libro de records Rowland Ward, el trofeo que encabeza el ranking es el cazado en 1957 por V. Neamand en Tanzania, cuyo cráneo midió 11 pulgadas de largo por 8 de ancho. En cuanto a cantidad de ejemplares por kilómetro cuadrado, es Namibia el país que cuenta con mayor tasa demográfica del continente, particularmente en las áreas de Bushmanland y Etosha.

El trofeo
De acuerdo a los sistemas de medición actuales, el trofeo se registra mediante las medidas del cráneo en su largo y ancho. Es el mismo sistema que los usados para todas las demás especies de carnívoros. El cálculo de esta medición es extremadamente difícil para realizarlo en el campo, más precisamente desde un apostadero. Por esa razón, el cazador profesional deberá juzgar el tamaño completo del animal y su edad aproximada. Hoy en día, muchos países africanos han establecido -como lo han hecho con los leones- un mínimo etario de 6 años para que el ejemplar sea considerado trofeo y pueda ser exportado al país del cliente del safari.
Al momento de juzgar el trofeo, se busca siempre que sea macho, aunque sea legal la cacería de hembras, ya que la diferencia de peso y porte entre ambos géneros es considerable. De hecho, en la etapa de búsqueda e identificación de huellas, el profesional se centrará en aquellas que provengan de un animal  grande, en la esperanza de que además, tenga también la edad mínima para  convertirse en un trofeo legal. 
Estos requerimientos deben ser tenidos muy en cuenta en el safari, ya que de infringir alguna de estas condiciones, las autoridades le cancelarán inmediatamente el permiso de exportación al cazador extranjero. Como ejemplo, baste recordar que hace un año en Namibia, se cazaron 350 leopardos, -que es la cantidad máxima establecida por CITES para ese país-, y luego de la verificación de las autoridades del Ministerio de Medio Ambiente y Turismo, sólo 13 leopardos pudieron ser exportados a sus propietarios en el extranjero. El resto de los permisos fue denegado por haberse verificado violaciones a la Ley de Fauna, como haberlos cazado de noche o por haber sido ejemplares jóvenes en etapa reproductiva.  

Dónde encontrarlos
Los países que actualmente tienen habilitada la caza del leopardo son Camerún, República Centro Africana, Etiopía, Tanzania, Mozambique, Zimbabwe, Sudáfrica y Namibia. Zambia ha sido históricamente un excelente lugar para la cacería de los grandes felinos, pero existe en este momento una disposición del gobierno de ese país que ha suspendido la caza de león y leopardo durante el año 2013. En cuanto a las áreas de cacería, las mejores están en las proximidades del Lago Natron, el monte Kitumbeini y la Reserva de Caza Selous en Tanzania; la Reserva de Caza Niassa en Mozambique; la región del Kafue y el valle del Luangwa en Zambia; y Bushmanland y Etosha en Namibia.

La cacería tradicional
La caza del leopardo es esencialmente al acecho, desde un apostadero. Como dije anteriormente, al ser animales muy tímidos y esquivos, son extremadamente difíciles de ver durante el día, por lo tanto el rececho queda prácticamente descartado, a menos que se haga uso de perros para su captura. En este sentido, las legislaciones de los países que cuentan en la actualidad con licencias disponibles son variadas y han sufrido numerosas modificaciones durante los últimos años. Existen países donde es posible la persecución diurna con jaurías de perros, o la cacería nocturna desde apostaderos con el uso de luz artificial, como puede hacerse en Zimbabwe y Sudáfrica por ejemplo. Otros, en cambio, en los que estas dos modalidades están totalmente prohibidas, pudiéndoselo cazar exclusivamente de día y apostado como sucede en Namibia y Tanzania.
Los safaris de leopardo suelen tener una duración máxima de 15 días. Muchas veces, los outfitters locales, colocan cebos algunas semanas antes de que llegue el cazador al campamento. Otras veces, mantienen cebados apostaderos durante todo el año para acostumbrar a los leopardos a un determinado lugar. Cualquiera sea la opción elegida, al comienzo del safari, el cazador deberá obtener más carne para alimentar los apostaderos. Las presas más apetitosas para estos felinos son las cebras, que al tener bastante grasa, duran más tiempo como carnada. Otras especies adecuadas son el eland, los oryx y otros antílopes grandes, ya que el voraz apetito de un leopardo no se conformará con una simple patita de impala.
Una vez colocados los cebos, que en general suelen ser varios, dispuestos a muchos kilómetros unos de otros, comienza la tarea de visitarlos en busca de rastros frescos. En algunas granjas suelen colocarse cámaras espías que ayudan a esta tarea, identificando los animales que se acercan a comer. Esta actividad puede llevar varios días, hasta que finalmente se da con las huellas adecuadas, es decir, de un ejemplar grande. A partir de ahí, comenzará la instalación del apostadero a una distancia de entre 60 y 100 metros, ubicado en lo posible con el sol de espalda y el viento en contra. Recién a partir de ese momento empieza la espera, que deberá ser en el más absoluto silencio, debido al finísimo sentido del oído que tiene este felino. Una vez que el “gato” aparezca en el cebo, será tarea del profesional la evaluación del trofeo. Si la suerte acompaña y lo que está comiendo es un ejemplar grande y suficientemente adulto como para ser exportado, la orden de “dispare” será lo que inmediatamente escuchará el afortunado cazador.
A partir de ese preciso instante, se abre otro capítulo de esta cacería. Si se hicieron todos los deberes previos al safari, si se conocían a la perfección los puntos de impacto en distintas posiciones, si el rifle estaba calibrado exactamente a la distancia en la que está el cebo, y si el disparo fue certero, entonces el animal habrá caído fulminado sobre la base del árbol donde estaba la carnada.
Ahora, si falló alguna de estas variables, el sueño de dar caza a unos de los Cinco Grandes más feroces del planeta, corre el riesgo de convertirse rápidamente en una terrible pesadilla, tanto para el cazador como para el profesional. Entrar al monte a buscar un leopardo herido es una de las tareas más peligrosas a la que se enfrenta un cazador profesional y su cliente. Si todo sale bien, encontrarán el animal muerto cerca de donde fue herido, sino es muy probable que enfrenten una carga directa. Es en este punto, donde se evidencia el alto nivel de peligrosidad de esta especie.

Peligrosidad
Una de las características para evaluar el nivel de peligrosidad del leopardo, es la velocidad de ataque que desarrolla en línea recta y que puede alcanzar los de 80 km/h. Para tener una idea cabal de de lo que esto significa, pensemos que en el momento de una carga, recorrerá unos 20 metros en un segundo y los últimos 5 metros en exactamente la mitad de ese tiempo. Esta velocidad de ataque lo convierte en la más rápida de las especies de caza peligrosa de África. Sumado a esto, se debe considerar su contextura física, el manejo letal de sus garras y colmillos, y la capacidad mimética que dificulta su localización. A diferencia del león, no ruge antes de cargar, lo que complica aún más la situación. Si bien suceden anualmente varios accidentes con esta especie, pocos son mortales, pero siempre terminan con el damnificado en el hospital más cercano.
La peligrosidad de esta especie, está dada no sólo por los accidentes producto de la cacería deportiva, sino también entre pobladores locales. Para ilustrar esta situación vale decir que de acuerdo a la Central de Estadísticas Medioambientales de Botswana, se registraron en ese país unos 2643 ataques de leopardo a seres humanos en el transcurso de los años 2009 a 2011. Esta cifra supera a los incidentes registrados de leones y elefantes a la población nativa y a su ganado durante el mismo período. 

Armas, calibres y municiones
La elección adecuada del arma es una cuestión fundamental para quien se enfrente a cualquiera de las especies peligrosas. El leopardo no es una excepción. Sin embargo, se puede diferenciar dos etapas relacionadas con las armas en el proceso de la cacería. En primer lugar, el uso del rifle desde el apostadero. Para ello, cualquier sistema es adecuado, ya sea de cerrojo, monotiro o doble. En cualquiera de estos casos, es casi indispensable el uso de una mira telescópica de buena calidad para ubicar el tiro con una precisión casi quirúrgica. En esta etapa, el cazador tendrá la chance de disparar sólo una vez. Si la cosa, no funcionó como se esperaba, y el leopardo escapó herido, la situación de disparo cambiará radicalmente. Allí solo hay lugar para los sistemas de cerrojo o de rifles doble. El profesional, seguramente tendrá uno de estos fusiles que usara como respaldo o back up.
Es una costumbre difundida en algunos países de África, que el guía utilice una escopeta con postas para internarse en el monte a buscar un felino herido, e incluso he visto a algunos que llevan un arma corta para usar en caso de ser “abrazado” por la fiera. Lo cierto es que como dice el dicho “cada maestrito con su librito”, hay teorías que descartan de cuajo el uso de escopetas, y mucho menos de revólveres por parte de los profesionales. Un maestro de cazadores profesionales del que tuve el honor de ser alumno, no perdía oportunidad de explicar por qué no se debe utilizar una escopeta, basándose en las gráficas de energía comparada entre postas y balas de grueso calibre. Para él, el arma típica de back up es y debe ser el rifle doble. El problema, como uno puede imaginarse, es que no muchos guías profesionales pueden disponer de tan costosa herramienta.
En cuanto a calibres, en varios países africanos se requiere un mínimo legal para la caza de especies peligrosas, medido en términos de energía. La base suele ser el 375 H&H Magnum como dijimos en varias oportunidades, sin embargo hay también otros países en donde el leopardo tiene un estatus intermedio entre las especies de planicie y las peligrosas, y donde no rige el mínimo legal. En esos casos, de todas maneras, el cazador no debería considerar nada debajo de un 7 Rem Mg. o 300 Win. Mg.
Una vez, más el venerable 375 H&H con munición de 270 grains resulta ser un instrumento más que adecuado para esta cacería. Irse más arriba, con calibres superiores tampoco es muy aconsejable debido al riesgo de adoptar el temido “flinching” o miedo al retroceso, que puede ser perjudicial en un tiro de absoluta precisión como es el del apostadero. Naturalmente como calibre de apoyo, lo opuesto es lo recomendable, es decir usar suficiente calibre para detener inmediatamente una carga a pocos pasos. Para esto los profesionales suelen usar el 458 Win. Mg, el 416 Rigby, algún 500 en rifles de cerrojo, el 470NE o algún profesional afortunado que disponga de 577NE como arma de cabecera.  
Los leopardos son animales de piel suave, así que la punta a usar debe ser blanda de expansión controlada. Naturalmente como siempre menciono, la de mejor calidad que pueda conseguirse en el mercado. Pero aquí lo fundamental, es -además de la marca y la calidad- el que se utilice siempre la misma munición, tanto para el entrenamiento previo al safari, para la regulación de la mira en el campamento, para la calibración a la distancia exacta desde el apostadero hasta la carnada, y por supuesto para el disparo final. A mi criterio, el estar absolutamente familiarizado con la curva balística de la munición elegida (de igual manera que con el binomio rifle-mira telescópica), es de capital importancia para abatir a la pieza de un solo y letal disparo.

El tiro
Como dije, el proceso de tiro puede darse en dos etapas. La primera, cómodamente sentado, desde la seguridad del apostadero. Para esto, el cazador seguramente habrá de practicar con una serie de disparos en el polígono del campamento, utilizando el asiento con el apoyo y replicando las mismas posturas y condiciones que encontrará en el campo. En general, la manera de sostener el rifle, suele ser con un trípode, a través de una cuerda colgada en el apostadero donde descanse la culata o la chimaza del arma, o un apoyo adosado al sillón del tirador. No hay mucho secreto en esta forma de tiro, que es más de estilo “bench rest” que de cacería.
Luego de esto y una vez elegido el lugar del apostadero y colocada la carnada, es recomendable medir exactamente la distancia de disparo con el telémetro, y luego de vuelta en el campamento regular a “mosca” el rifle a esa misma distancia en el polígono de práctica.
En caso de una carga, el tiro será muy probablemente de pie, ya que no habrá tiempo de arrodillarse y de una manea casi instintiva. Como último recurso, el profesional deberá instruir al cliente -antes de comenzar el safari- sobre las técnicas de disparo cercano en caso de que el animal esté sobre el guía o alguno de los miembros de la partida de caza, de manera de evitar un daño mayor a la vida humana. En una cacería peligrosa de este tipo, todas las previsiones que se tomen para evitar riesgos estarán por demás justificadas.



martes, 10 de diciembre de 2013

León - El indiscutido rey de la selva




Por Eber Gómez Berrade

La belleza y majestuosidad del león africano, lo ha convertido en un símbolo de la relación entre el hombre y la vida salvaje. Para algunas culturas, su caza es la ceremonia de iniciación en la cual un joven guerrero ingresa al mundo de los hombres. Para nosotros, un ícono de peligrosidad y aventura, que -aún hoy- hace temblar de emoción a todo aquel que tenga la fortuna de enfrentar en un duelo a muerte, al rey coronado del continente negro.   

Tierra de leones
Los zulúes de Sudáfrica le llaman Ingonyama; los masai de Tanzania, ol-ngatuny; los kikuyus de Kenia, morodi; los hereros de Namibia, o-ngeama y tal vez el nombre nativo más conocido sea el de simba en swahili, la lengua franca hablada en el este de África. Para la ciencia, el nombre del rey de la selva es Panthera Leo.
Desde el punto de vista cinegético, no existen subespecies clasificadas, aunque hay diversidad de opiniones científicas sobre algunas alteraciones genéticas menores ocurridas en ejemplares de distintas regiones del continente. Sin embargo hay una raza de león en las selvas de Abardare, en Kenia, que es considerablemente diferente al resto. Estos animales son un poco más pequeños, el pelaje en el lomo es más oscuro y prácticamente no tienen melena. Los nativos kikuyus lo llaman “morozi”, y lo diferencian de los leones comunes y de los leopardos.
En algún momento se llegó a especular con la idea de que los leones cebados con carne humana, como los de la historia de Tsavo a fines del siglo XIX, podrían ser parte de una particular subespecie, ya que tenían un denominador común que era la poca melena y un cuerpo más pequeño. Nada de esto tuvo luego basamento científico, llegándose a la conclusión de que ese comportamiento estaba íntimamente relacionado con el medio ambiente donde se desarrollaron.
Lo cierto que esta especie tiene una amplia distribución que va desde el sur del desierto del Sahara, Camerún, algunos países del centro y oeste de África, el norte y centro de Namibia, Botswana, Sudáfrica, Mozambique, Zambia y Tanzania. Se estima que en la actualidad existen unos 30.000 leones en todo el continente.
Son los felinos más grandes luego del tigre asiático. Los machos de la especie llegan a pesar unos 250 kilos en promedio, alcanzando una altura de 120 cm. La diferencia genérica se evidencia en que los machos son más grandes que las hembras, y a diferencia de éstas, poseen melena. Son gregarios, territoriales y se alimentan de un amplio espectro de herbívoros, mayormente antílopes y hasta búfalos, a los que cazan en cooperación con otros leones de la manada. Los ejemplares en libertad, alcanzan los 14 años de vida. 


El trofeo
Los libros de récords concuerdan en categorizar como trofeo al tamaño total del cráneo medido en su largo y su ancho. Tanto los sistemas del Rowland Ward como el Safari Club Internacional concuerdan con asignarle los métodos de medición para carnívoros (los mismos que para el oso, por ejemplo). Sin embargo, es un hecho que tradicionalmente para el criterio estético del cazador, el trofeo ha sido siempre el tamaño y el color de la melena.
No hace mucho en estas mismas páginas, me referí a este debate que se da en círculos académicos internacionales, y que plantea una revisión del concepto de lo que debe ser un trofeo de caza. En el caso del león esta discusión no puede estar más vigente, ya que existen ejemplares con maravillosas melenas o grandes cráneos, que pueden ser jóvenes aún y estén en plena capacidad reproductiva. Cazarlos sería regresivo desde el punto de vista genético, lo que implicaría atentar contra el principio fundamental de conservación de la fauna silvestre. Por otra parte, los machos adultos que se encuentran en libertad y han sobrevivido a una edad avanzada, son los que menos melena les queda, y los que tienen la piel más deteriorada, precisamente por la gran cantidad de batallas que seguramente debieron afrontar a lo largo de su vida. Estos ejemplares son -según mi opinión- los mejores trofeos que puede anhelar un deportista, aunque paradójicamente, sean los menos llamativos desde un criterio estético.  En muchos países, el mínimo requerido para que un adulto sea considerado trofeo es de 6 años de edad. Sólo una vez comprobado esto, las autoridades permitirán la exportación del mismo.
Juzgar la edad de un macho de león adulto no es una tarea fácil, y queda naturalmente siempre en manos del cazador profesional. Para eso se deben evaluar características morfológicas como altura, peso, colmillos, melena y rango de pigmentación de la nariz, así como parámetros de comportamiento asociados a la vida en manada y de competencia entre pares.
En el primer puesto del ranking del libro Rowland Ward está el león cazado en Sudáfrica, por I. Mackenzie en la antigua provincia fronteriza del Transvaal Oriental, (hoy denominada Mpumalanga) en 1968, cuyo cráneo midió 18 ¼ pulgadas de largo y 10 ½ pulgadas de ancho, dando una puntuación total de 28 ¾ de pulgada.

Donde cazarlos
En la actualidad se pueden cazar leones en Camerún, República Central Africana, Tanzania, Mozambique, Zimbabwe, Namibia y Sudáfrica. En menor medida, también suele haber licencias disponibles en Benin, Burkina Fasso y Etiopía. Botswana ha sido un destino tradicional, pero lamentablemente la cacería de estos felinos fue prohibida hace algunos años por el actual gobierno. En Zambia acaba de suceder algo parecido, donde el gobierno suspendió la cacería deportiva durante el presente año. En 2014 se deberá evaluar  nuevamente la posibilidad de permitirla, de acuerdo a censos y estudios específicos que se están llevando a cabo en estos momentos.
Las mejores áreas en este país son el Kafue, al oeste y en el valle del Luangwa al este. En ambas áreas suelen ofrecerse combos de león y leopardo o león y búfalo, así como también permite al cazador combinar la caza peligrosa con la de planicie, buscando los antílopes endémicos de Zambia como diversos lechwes y sitatunga. Veremos que sucede el año entrante.
Tanzania también está a la cabeza de la lista en cuanto a cantidad y calidad de trofeos. Las mejores áreas están en Rungwa al centro, Inyonga al oeste y los idílicos Kilombero y el Selous al sudeste. Aquí también el cazador puede encontrar combinaciones que incluyan león y búfalo o leopardo con duraciones de safaris que promedian los 18 días.
Mozambique cuenta con una muy buena población de leones en la gran Reserva Niassa, ubicada al norte del país. Allí, en un escenario que parece extraído de las páginas de “El Mundo Perdido” de Conan Doyle, y famoso por la calidad de los marfiles de los elefantes, se encuentran numerosas manadas de leones de muy buena calidad, en safaris que requieren un mínimo de 18 días de cacería.  
En Namibia, el área de mayor concentración de leones en libertad está en Etosha. Allí se pueden encontrar los seductores leones de melena negra, sin embargo, el gobierno de ese país emite muy pocas licencias de caza por año, por lo que es algo difícil lograr estos trofeos si no se planifica con bastante tiempo de anticipación. Una alternativa que ofrece este país, a un costo y duración menor de lo que se establece para un león trofeo, es lo que se denomina programa de control de animales problemáticos (Problem Animal Control). Estas licencias especiales se emiten de urgencia cuando un felino irrumpe en una aldea o en una granja agropecuaria y se requiere su eliminación. Estos permisos son difíciles de conseguir y no permiten mucho tiempo para la planificación de la cacería.

Un destino no muy frecuente pero muy interesante, es Camerún. El norte de ese país del África central, está formado por sabanas que albergan a poblaciones de leones en libertad de muy buena calidad aunque no en la cantidad que hay en Tanzania o Zambia. Aquí también suelen ofrecerse combinaciones muy atractivas, en este caso de león y eland gigante de Lord Derby a un costo sensiblemente menor al de Tanzania, Mozambique o Namibia. Una opción para tener en cuenta para aquellos que ya han recorrido ampliamente las latitudes australes del continente.
La República Centro Africana tiene una geografía similar a la sabana de Camerún, sin embargo no lo recomiendo como destino de safaris en general, luego del golpe de estado sucedido en Marzo último, cuando fuerzas rebeldes violaron un alto el fuego con las tropas gubernamentales.
En Zimbabwe las mejores áreas de caza de leones han sido el valle del Zambezi, Nyaksanga y Bubi Valley, pero la presente situación social  económica, según mi criterio descarta a ese país como destino turístico por el momento.

Los leones de Sudáfrica
La cacería de león en Sudáfrica merece un capítulo aparte. Esto es así debido a que desde hace algunos años, este país implementó la cría de leones para su cacería, lo que generó inmediatamente un encendido debate sobre ética deportiva entre partidarios y detractores que se mantiene hoy en día.
El hecho es que las poblaciones de leones en libertad fueron prácticamente eliminadas de Sudáfrica hacia fines del siglo XIX, con excepción de las que aún hoy habitan el Parque Nacional Kruger. No fue hasta casi un siglo después, que ese país permitió la cría de leones con fines cinegéticos y modificó el status de esta especie en su legislación de fauna silvestre. En Sudáfrica toda la fauna habilitada para la caza deportiva se halla en propiedades privadas y cercadas. En este sentido, los leones no son la excepción.
La mayoría de los criaderos de leones se encuentran en la provincia de Free Estate. De allí, los ejemplares elegidos, son llevados mayormente a campos en las provincias de Northern Cape y Limpopo. La legislación vigente estipula que los leones deben ser liberados en el área de caza seis meses antes de ser cazados. Sólo de esa manera, el gobierno puede emitir el permiso de exportación del trofeo correspondiente.
Debido a que con la cría se garantiza la continuidad de la especie, las ofertas de los operadores locales, varían de acuerdo a la estética de la melena en lugar de hacerlo en función de la edad. A melenas más grandes mayores precios.
En estos momentos se estima que los criaderos cuentan con unos 8.000 ejemplares de acuerdo a las estadísticas de la South African Predator Breeders Asociation (Asociación sudafricana de criadores de predadores). Allí la industria cinegética ha crecido tanto en los últimos años, que hasta se han creado fondos comunes de inversión que ayudan al mantenimiento y alimentación de los ejemplares destinados a la caza, otorgando un beneficio económico al inversor al concretarse la venta final al cazador.
El gran dilema que presenta esta situación no es legal sino ético. Los que están en contra argumentan que de esta manera se viola la primera regla de la cacería que es la incerteza de la pieza. El que va a cazar un león, sabe que el león estará allí. Esto, además de reducir drásticamente la duración del safari y consecuentemente el costo, no dista demasiado de lo que sucede con la cacería en granjas y cotos cerrados tan común en especies de planicie. Allí, lo que está es lo que el dueño compró. Sin embargo, los detractores si bien aceptan esto para los antílopes, lo objetan como inadmisible para las especies de caza peligrosa.
Los ribetes de este debate, trascendieron las fronteras y obligaron incluso, a los libros de récords a replantearse sus políticas de inscripción. El Rowland Ward, por ejemplo, no los reconoce como trofeos y consecuentemente no permite su registro en el libro. Hace algunos años recibí la comunicación en mi carácter de medidor oficial de ese sistema, para no medir ningún león proveniente del territorio Sudafricano, sin importar donde hubiera sido cazado.  
El Safari Club Internacional por su parte, objeta la cacería de leones de criadero, pero dividió sus entradas en el libro de récords en dos categorías: León Africano y León Africano de Sudáfrica.
Naturalmente, el límite siempre debe ser el legal, y porque no decirlo, el sentido común. Nadie debería ser engañado creyendo una cosa cuando es otra. A pesar de la información disponible en esta época, todavía se escuchan disparatadas historias sobre “migraciones de leones” que entran a los cotos provenientes de Botswana o Zimbabwe, atravesando de alguna extraña manera los cercados perimetrales sin poder escaparse, o de terribles bestias que asolan aldeas y nadie puede encontrar, o de felinos que son cazados en “territorios imaginarios” ubicados entre Sudáfrica y Zimbabwe, cuando en realidad la frontera es un río o un simple meridiano.
Las cartas del debate están sobre la mesa. Lo cierto también, es que dada la frágil situación de la conservación de leones en África, con una fuerte presión de organismos no gubernamentales para incluirlos en el Apéndice 1 de CITES, y países que prohíben su cacería o que emiten cada vez menos licencias, Sudáfrica se ha posicionado como una alternativa interesante. Esto sumado a costos muy económicos y menor duración de los safaris, hace que sea haya convertido en una opción atractiva en el menú del cazador de especies peligrosas.

La cacería
Fritz Schindelar, un legendario Cazador Blanco de origen austríaco, solía cazarlos en Kenia montado en un caballo de polo, hasta que un fatídico día, fue derribado por un león provocándole graves heridas que lo llevaron a la muerte, algunos días después en un hospital de Nairobi. Naturalmente esto ya no se puede hacer. De hecho cada país estipula en su legislación cómo debe ser llevada a cabo la cacería. En países como Namibia por ejemplo, se permite utilizar cebos pero no se permite cazarlos de noche con luz artificial, en Tanzania se los puede cazar desde apostaderos o recechándolos, en Sudáfrica, la ley indica que sólo se los puede cazar a la huella en horas diurnas, estando expresamente prohibido el uso de cebos y apostaderos.

En general, la cacería de león es físicamente muy demandante. Seguirlos a la huella implica largas caminatas, siempre con la atención puesta en los rastros. La más mínima modificación del comportamiento, pone en alerta al cazador y su equipo. El ambiente en el que se mueven son generalmente planicies, pastizales, ríos secos y colinas, difícilmente lo haga en desiertos y nunca en las selvas lluviosas del oeste africano. Como toda especie peligrosa, dentro de su patrón de comportamiento ante una invasión de su espacio vital o ante una agresión concreta, tiene además de la huida, la opción del ataque. Muchas veces un león herido combina ambas opciones. Huyendo primero hacia un lugar cerrado y forzando al cazador a perseguirlo en un territorio que le es más favorable. A diferencia de los leopardos, los leones rugen al sentirse hostigados y también al momento de la carga. Esto deja apenas una ventaja del lado del cazador, que tendrá unos segundos para identificar de donde viene la  carga si se encuentra en un monte cerrado con poca visibilidad.
En cuanto a la cacería desde un apostadero, es similar a la de leopardos o cocodrilos. La clave es la disposición, la altura y la ubicación del cebo con respecto al viento, así también como la distancia de tiro.

Peligrosidad
Hay un proverbio somalí que dice que un hombre valiente siempre le tiene miedo a un león tres veces; la primera vez que ve su rastro, la primera vez que lo oye rugir y la primera vez que se enfrenta a él. En esto los somalíes no se equivocan. La peligrosidad del león es mitológica. Una de estas bestias lanzada al ataque puede alcanzar una velocidad de 70 km por hora, dejando al cazador un tiempo de respuesta aproximado de 1.03 segundos si está a 20 metros, o 0.26 segundos (un pestañeo) si salta desde una distancia de cinco metros. A estas velocidades, con la fuerza de garras y colmillos empujados por casi 200 kilos de peso, hacen del león, una formidable y eficiente máquina de matar. Sin dudas, si hubiera un ranking de peligrosidad, no dudaría en ubicarlo entre los primeros puestos.
 
Armas, calibres y municiones
Como ya dijimos en la nota anterior sobre búfalos, para caza peligrosa: dobles o fusiles de cerrojo. Olvídese de los monotiros. Con estos animales, la hipótesis de una carga está siempre latente, por lo tanto los dobles deben tener eyectores automáticos y los fusiles de cerrojo una excelente y probada alimentación. En ambos casos los caños cortos son sin dudas los más apropiados, ya que muchas veces el terreno donde se lo caza es en monte cerrado, y por lo tanto los disparos no suelen ser muy largos. Si tiene que usar mira telescópica, que sea de pocos aumentos. Si está cómodo con la mira abierta, mejor. Raramente el primer disparo excede los 100 metros. Lo que nunca se sabrá es a qué distancia se deberá tirar el último.
El calibre clásico para felinos es, una vez más, el 375 H&H Magnum. Además de ser el mínimo legal para caza peligrosa, es el más popular para especies de piel suave como el caso de los gatos. Obviamente de ahí para arriba, se puede usar lo que uno guste, sin embargo, me permito señalar aquí que el cazador que quiera utilizar un calibre mayor, debería comprobar cómo lo afecta el retroceso de su arma para la maniobra de recargar, volver a apuntar y disparar velozmente. No es un buen negocio quedar descolocado, con el cañón apuntando al cielo durante muchos segundos cuando un animal herido ataca a increíble velocidad. Dicho esto, cualquier calibre en la gama del 458 Win Mag, 458 Lott, 416 Rigby, 470 NE, etc., si son manejables, son absolutamente apropiados para el cazador. Eso sí, serán esenciales para el profesional en caso de necesitar hacer un tiro de respaldo o back up.
La clave aquí, más que en el calibre, está en el tipo de munición, que deberá ser de punta blanda (soft point), y de expansión controlada. En el caso del 375 H&H, cualquier marca que sea Premium de 270 a 300 grains de peso, y que alcance una velocidad de 2.300 pies por segundo, hará lo correcto dentro del organismo del felino.   

El tiro
En todas las especies peligrosas, las distancias de tiro son relativamente cortas, pero también lo más importante de todo es saber identificar los puntos vitales del animal. Familiarizarse con eso de antemano, identificando los órganos en todas las posiciones posibles, es una obligación para el que decida correr el riesgo de enfrentarse con el rey de la selva. Para el primer disparo, la bala deberá ubicarse naturalmente en el triángulo vital conformado por corazón y pulmones, o como alternativa, en la médula espinal para inmovilizarlo. El tiro de cerebro quedará sólo como última línea de defensa, en caso de una carga directa.
El uso de apoyo es recomendable para el disparo inicial, y aquí también insisto con mi gusto por el bípode que permite más libertad de movimiento al tirador. De no contar con esto, cualquier apoyo circunstancial que este a la mano será de utilidad. Lo fundamental es asegurar el primer disparo. En caso de necesitar un segundo, la posición de rodilla en tierra es la mejor opción. De esa manera, si el león carga, el cañón estará más o menos a la misma altura de su cabeza y cerebro, siendo ésta una posición más estable que la de pie a brazo alzado.

viernes, 30 de agosto de 2013

Holland & Holland - Del Imperio Británico al Mercado Global


POR EBER GOMEZ BERRADE

No caben dudas de que la firma de armeros ingleses Holland & Holland es legendaria. Desde su fundación en Londres en 1835, se ha convertido en la quintaesencia de las armas de lujo para la caza y el tiro deportivo. Sus clásicos modelos de escopetas, fusiles y calibres, han acompañado a generaciones de cazadores en safaris en todo el mundo, desde las lejanas épocas del Imperio Victoriano hasta nuestro moderno siglo XXI, que se resiste a ceder ante la modernidad, y aún prefiere la magia de un doble artesanal hecho a medida.
Para los amantes de las armas finas y de la caza deportiva que tienen la oportunidad de visitar la ciudad de Londres, darse una vuelta por el histórico local de Holland & Holland, en el 33 de la calle Bruton, es casi una obligación.
Ubicada en un distrito exclusivo de la capital británica y en medio de prestigiosas casas de diseñadores de moda como Brioni, Kenzo y Stella McCartney (hoy casi tan famosa como su padre Paul), el “show room” de Holland no pasa desapercibido. En un punto, también parece una casa de modas. Sus elegantes y discretas vidrieras en el frente, exhiben modelos de ropa y accesorios exclusivos, que sólo anticipan algunas pistas de lo que se encuentra en el interior de los salones: una asombrosa colección de rifles y escopetas de acabados impecables, exhibidos tan cuidadosamente como las mejores joyas de Cartier o Tiffany.
Hace poco tiempo pude compartir una charla con Daryl Greatrex, presidente de Holland & Holland de Londres, y –té de por medio– conversar sobre armas, cacerías, y de paso, aprovechar para conocer algunos aspectos de la compañía y su visión sobre los cambios que está experimentando el mercado de armas de lujo en la actualidad.
Greatrex tiene una gran experiencia y naturalmente está ubicado en una posición privilegiada en el particular mundo de las armas deportivas. Según me cuenta, comenzó a trabajar en Holland & Holland siendo muy joven hace más de 30 años. Su primera asignación fue en la sección de embalaje. De allí fue pasando por distintos sectores, desde los técnicos relacionados directamente con la fabricación de armas, hasta las áreas comerciales. Fue director de ventas, coordinador de stocks en la década del 90, colaboró en la apertura de los locales de París y Nueva York, y fue nombrado director de ventas en 1996. Al comenzar el año 2000 se mudó a Estados Unidos y se convirtió en gerente ejecutivo de los negocios en ese país, estando a cargo además del local de Nueva York. Cuatro años después, volvió a la calle Bruton, pero ya como presidente de la compañía.

LA FUERZA DEL IMPERIO
–¿Cuál es la razón por la que Holland & Holland se ha convertido en un icono de las armas deportivas de lujo?
Creo que es porque tenemos una larga historia en el rubro, pero además porque hemos comenzado desde el principio de una manera exitosa. Cuando Harris Holland fundó la compañía en Londres, en el año 1835, venía de trabajar en el mercado del tabaco, y era una entusiasta tirador. Fue esa pasión la que lo impulsó a cambiar de negocio. Sin embargo, recién cuando se asoció con su sobrino Henry Holland, en 1867, empezó a vislumbrar el destino exitoso que tendría su propio emprendimiento. La llegada de Henry fue un punto de inflexión en la historia de la compañía, ya que sus capacidades técnicas y su habilidad para el diseño ubicaron a la empresa entre los armeros más destacados de Londres. Lo que ya era mucho decir en esa época. Tío y sobrino se complementaban muy bien. Harris en el área comercial y Henry en la técnica. Esto fue así hasta que en 1883, la famosa revista inglesa The Field organizó un certamen de tiro con fusiles de cerrojo de pequeño, mediano y grueso calibre. Los tiradores de Holland ganaron en todas las categorías. Este hecho catapultó el prestigio de las armas, sumado a las recomendaciones que hacían los clientes que las usaban en los destinos más exóticos del planeta. En ese momento pasamos de ser muy buenos, a ser los mejores.

–Supongo que la expansión del Imperio Británico ayudó en la difusión de la marca…
Exacto. La segunda mitad del siglo XIX fue culminante en la vida del imperio regido por la Reina Victoria. Inglaterra tenía posesiones y colonias en todo el mundo en donde se podía cazar. Los clientes viajaban con nuestros rifles y escopetas a la India, Ceilán o Africa. De esa manera, nuestras armas comenzaron a ganar prestigio internacional y se hicieron famosas entre los marahaes, los cazadores blancos, los miembros de la realeza que hacían safaris, los administradores coloniales y los miembros de las fuerzas armadas desplegados en expedición. Podría decirse que el prestigio de Holland & Holland se fue expandiendo de la misma manera que lo hacía el Imperio Británico.

­–¿Esa proyección internacional hizo que se fueran creando nuevos productos y calibres?
Sí, teníamos que ir adecuándonos a las necesidades de nuestros clientes. Ya no sólo usaban nuestras armas para cazar ciervos colorados o faisanes en Escocia, sino que se enfrentaban a tigres, leones y elefantes en climas tropicales muy diferentes a los que tenemos en nuestra isla. Así fue como, por ejemplo, Henry Holland creó el 375 H&H Magnum en 1912, o desarrollamos la báscula Royal para los dobles y escopetas yuxtapuestas en 1885. Los nuevos desafíos impulsaban los nuevos productos.

–¿Cambió mucho la manera de construir un arma desde aquellas épocas?
La verdad, no. Naturalmente hoy disponemos de una tecnología muy superior, pero nuestros sistemas de fabricación no han cambiado mucho desde entonces. Actualmente mantenemos nuestros estándares de fabricación artesanal de la misma manera que lo hacíamos hace 100 años. Digamos que el 10% de la producción se lo debemos a la tecnología, pero el 90% al trabajo de nuestros armeros artesanos. Esa, creo yo, es también otra de las razones de nuestro liderazgo. Muchas veces se nos ha planteado el porqué no fabricar en serie, ya que de esa manera podríamos bajar costos y producir más rápido. Sin embargo, siempre la respuesta ha sido no. El trabajo artesanal y la creación de armas a medida son lo que nos ha diferenciado desde el principio y por lo que nos hemos ganado un nombre en el mercado.

–¿Tener patente de armero de la corona británica también debe haber ayudado a lograr ese nombre?
Sin duda. Es una distinción que no muchos armeros atesoran. La primera vez que se nos reconoció con un Royal Warrant fue en 1963, por el Príncipe Felipe de Edimburgo (esposo de la actual Reina de Inglaterra), quien nos otorgó la patente de armeros reales. Luego, en 1995, fue el Príncipe Carlos de Gales quien nos otorgó el Royal Warrant como armeros y proveedores reales de accesorios y ropa deportiva. Es un gran honor para nuestra empresa poseer tales reconocimientos. Y en cuanto a la percepción del público, naturalmente también nos distingue entre la excelente competencia de armeros que existe hoy en día en Gran Bretaña.

–¿Cómo fue la evolución de la empresa luego del período de la dinastía de la familia Holland?
Bueno, Harris murió en 1896 pero dejó como legado nuestra fábrica en Kensal Green, Londres, que es la que seguimos teniendo en la actualidad. Con la expansión de los negocios también fue necesario conseguir lugares de tiro donde poder probar las armas y, eventualmente, capacitar a los clientes. Así fue que la empresa adquirió campos de tiro, primero en Wembley y luego el que tenemos ahora en Northwood, Middlesex, que está a unas 18 millas del centro de Londres y data de 1930. Cuando muere el hijo de Henry que estaba a cargo de la compañía después del retiro de su padre, la firma pasa a manos de un grupo de clientes que decidieron continuar la actividad. Naturalmente, la Segunda Guerra Mundial afectó la economía, pero el manejo prudente de los negocios hizo que esta etapa se atravesara sin mayores sobresaltos. En la década del 80 la empresa adquirió a la armería W & C Scott, quienes ayudaron al desarrollo de dos modelos de escopetas superpuestas muy exitosos. Y fue en 1989 cuando el Grupo Chanel adquirió las acciones de la compañía y se convirtió en el propietario actual. La corporación Chanel está orientada hacia productos exclusivos en mercados de bienes de lujo como moda y perfumería, así que tener un fabricante de armas finas en el portfolio de negocios no suena demasiado descabellado.

–¿Esta incorporación al Grupo Chanel cambió en algo la manera de hacer negocios de la empresa?
Hoy nuestro concepto de negocios es global y está orientado no sólo a las armas sino al deporte de la caza y el tiro en su conjunto. Parte de este cambio nos permitió incluir la comercialización de accesorios, colecciones de indumentaria deportiva para hombres y mujeres y ropa técnica de cacería.

–¿Cuáles son las armas que mantienen en producción actualmente?
En escopetas tenemos la línea Royal de cañones yuxtapuestos y superpuestos; la línea Sporting de superpuestas en calibres 12, 20 y 28; la línea Round Action Sidelock de escopetas yuxtapuestas en calibres 12 y 20. En cuanto a fusiles, contamos con los clásicos rifles dobles Royal en diversos calibres africanos, que incluyen al venerable .375, H&H magnum, el .500/.465 H&H Nitro Express y al excéntrico 700 H&H Nitro Express. En la línea de los dobles tenemos también el Round Action Sidelock en .300H&H, .375H&H, y .465H&H, con algunos otros calibres que hacemos sólo a pedido del cliente. Por último, está la línea de nuestros rifles de cerrojo de acción Máuser, en varios calibres ingleses, europeos y americanos.

–¿Cuántas armas fabrican por año?
Entre rifles y escopetas, unas 80 armas por año. De todas maneras, le aclaro que complementamos la venta de armas nuevas con la de armas usadas de nuestra propia marca.

–¿Qué porcentaje de ventas tiene cada tipo de arma?
En estos momentos los promedios de venta rondan el 70% para escopetas y 30% para rifles. Creo que esto es así porque hay más oportunidades de usar una escopeta tanto para caza como tiro al plato, que un rifle de grueso calibre. En Europa, y en especial en Gran Bretaña, tenemos excelentes chances de caza de pluma donde poder usar una de nuestras escopetas. En cuanto a los rifles en particular, la torta de venta se divide en 60% para rifles de cerrojo y 40% para los dobles, en cualquiera de sus líneas de producción.

–¿Cuántos empleados tiene la empresa?
–En la fábrica contamos con 43 armeros artesanos, y unos 85 empleados que trabajan en las aéreas administrativas y en nuestros locales internacionales.

–¿Es muy difícil calificar para ingresar a la compañía como artesano?
Bueno, uno puede solicitar un empleo pero luego deberá demostrar lo que sabe sobre el banco de trabajo. Hace algunos años teníamos un programa para aprendices que duraba cinco años. En ese momento podíamos manejarlo porque el número total de empleados era inferior al actual, y sólo disponíamos de la sede de Londres. Hoy ya contamos con un plantel establecido de armeros y especialistas.

–¿Son todos británicos?
No, para nada. Tenemos una mezcla muy interesante de empleados de diferentes nacionalidades, y eso nos ayuda mucho porque nuestra clientela es esencialmente internacional.

–¿Cuánto tiempo lleva hacer un arma de manera artesanal?
–Y, por ejemplo, para hacer un rifle doble a medida se necesitan de dos a tres años, una escopeta yuxtapuesta requiere un año y medio, y una superpuesta unos dos años aproximadamente.

–Además de la fabricación de armas, ¿cuántas unidades de negocio tiene la empresa en estos momentos?
Comercializamos colecciones de ropa outdoor, artículos de lujo, venta de armas usadas, ofrecemos servicios de reparación y proveemos entrenamiento y capacitación de tiro deportivo en nuestras propias instalaciones. Le aclaro que ningún otro fabricante de armas posee un campo de tiro propio y brinda instrucción personalizada a sus clientes.

–¿Y cuántos locales de venta poseen?
Además de la casa matriz de Londres, contamos con show rooms en Nueva York y Moscú. Además tenemos acuerdos con vendedores en Dallas, Viena, París y Moscú, y nuestras colecciones de ropa y accesorios se venden en diferentes casas de Europa y Estados Unidos.

–¿Cómo manejan el marketing en los mercados internacionales?
Hoy la mayoría de nuestros clientes están radicados en Estados Unidos, Gran Bretaña y países de Europa occidental. Sin embargo, ha aparecido una nueva demanda proveniente de Rusia, países de Europa Oriental, Sudamérica y el Golfo Pérsico. Esto hace que debamos participar en diversas convenciones y shows de caza. De todas maneras, siempre lo hacemos en persona, tratamos de no delegar la comercialización porque consideramos que es un mercado delicado y más cuando interactuamos con otras culturas. Hace 10 años participamos de un evento en Chile y hace unos meses estuvimos en Buenos Aires, en una exhibición que organizamos en conjunto con el Capítulo Argentino del Safari Club Internacional, en las instalaciones del Tiro Federal de Buenos Aires. La verdad es que en ambos lugares hemos tenido una respuesta muy gratificante.

–De acuerdo con su experiencia de 30 años en la compañía, ¿cómo ve el mercado de armas de lujo en la actualidad?
Y… ha cambiado, porque los clientes han cambiado. Tradicionalmente la clientela de Holland & Holland eran los miembros de la aristocracia y de la realeza, y ahora, por ejemplo, tenemos una gran flujo de compradores de Rusia, donde ha habido un enorme incremento de las fortunas privadas luego de la caída del comunismo. Nuestra compañía se ha tenido que acomodar a este tipo de usuario. En cuanto a los aspectos técnicos, en los últimos 30 años también han cambiado mucho las exigencias que los clientes tienen para con la calidad de las maderas de las culatas y chimazas. El aspecto estético es cada vez más importante y hace que sea crecientemente difícil encontrar piezas que alcancen los estándares de calidad que tenemos. Otro cambio importante se dio en las técnicas de grabados. Hoy la calidad es ampliamente superior a la de hace 30 años, y la demanda es, también, cada vez más exigente.

–¿Tienen proyectado ingresar en el mercado argentino o sudamericano?

Para serle sincero, no lo sabemos aún. Las experiencias en Chile y Argentina han sido muy buenas pero estamos en una etapa de análisis. Todavía es muy temprano para definir una estrategia en la región, y le aseguro que nunca hacemos nada apurados. Es lo que hemos venido haciendo en los últimos 178 años. 




Royal Warrant. El privilegio de pertenecer

El Royal Warrant, es una carta patente real otorgada como reconocimiento a aquellos individuos o empresas que proveen bienes y servicios a la Reina de Inglaterra, al Duque de Edimburgo (esposo de la Reina) o al Príncipe de Gales (heredero al tono de la corona británica), por un lapso no menor a cinco años consecutivos.
Entre las firmas británicas este reconocimiento siempre ha sido muy apreciado, debido a que atestigua altos niveles de servicio, calidad y excelencia. En estos momentos hay más de 800 tenedores que cuentan con esta patente de las más variadas actividades comerciales, las que están autorizadas a anunciar el hecho de que son proveedores de la familia real británica. Estas firmas están representadas en la Royal Warrant Holders Association, una asociación que fue fundada en 1840. Algunas de las compañías que poseen estos reconocimientos son: indumentaria Barbour, Farlows y Hunter, golosinas Cadbury, whiskies J&B y Johnny Walker, vehículos Land Rover, Jaguar y Aston Martin, armas James Purdey & Sons, Hotel Ritz, té Twining y la petrolera Shell.
En estos momentos la Reina Isabel II lleva otorgadas 686 reconocimientos; el Príncipe Carlos, 159; y 38 el Príncipe Felipe, duque de Edimburgo.

lunes, 8 de julio de 2013

Búfalo - La Muerte Negra


Por Eber Gómez Berrade

A partir de esta edición, comenzaremos una serie de artículos sobre los grandes de la caza peligrosa en el continente africano. Para muchos cazadores, la tierra prometida a la que anhelan arribar en algún momento de su vida deportiva. La cacería de especies peligrosas se ha convertido en una especialidad con reglas propias e historias particulares, que confluyen en el instante mismo que el cazador se ubica frente a frente y en un terreno hostil, con un animal que está dispuesto a cobrar cara su vida.

Los búfalos de África
Forman parte del exclusivo club de los Big 5. En realidad debería decir aquí, los Big 5 + 2, ya que hoy en día a los tradicionales cinco (búfalo, león, leopardo, rinoceronte y elefante), se le suman el hipopótamo y el cocodrilo.
De todos ellos el búfalo suele ser el más buscado por los cazadores y uno de los primeros trofeos en obtenerse luego de una experiencia inicial de especies de planicie. Su cacería es uno de los más bellos desafíos que ofrece África y sin dudas, una de las más peligrosas del mundo.
El nombre científico del búfalo africano es syncerus caffer, y cuenta con cuatros subespecies: el búfalo del norte o del Nilo, syncerus caffer aequinoctialis; el del noroeste, syncers caffer brachyceros; el búfalo enano de foresta, syncerus caffer nanus; y el búfalo del sur o del Cabo, syncerus caffer caffer, el más extendido en toda África y el que trataré en este artículo. 
El Búfalo del Cabo, también llamado coloquialmente “cafre”, y Nyati o Mbogo en lenguas locales, es una de las especies más exitosas en términos de adaptación al medio, rango geográfico y biomasa.
La distribución de esta especie se extiende desde Sudáfrica, Botswana, Namibia, el sur de Angola, Zimbabwe, Zambia, Malawi, Mozambique, Tanzania, Rwanda, Burundi, el sur de Uganda y Kenia.
Los machos llegan a tener una alzada promedio de 170 cm y llegan a pesar unos 900 kilos, algo menos que nuestros búfalos de agua del litoral que proceden de la India.  
Son gregarios, se mueven en grandes manadas, y precisan estar siempre cerca de fuentes de agua ya que beben diariamente. Ambos sexos cuentan con cornamenta, pero solo los machos desarrollan una gran protuberancia frontal, conocida en inglés como “boss”. Esta formación callosa en la cabeza, es utilizada para determinar la edad y consecuentemente la calidad de trofeo que representa.


Para los sistemas de medición vigente, tanto del Rowland Ward como del Safari Club, el trofeo considera la longitud de punta a punta del cuerno, su apertura y precisamente el ancho de ese “boss”. En este sentido, a mayor protuberancia, mayor es la edad del animal y por lo tanto mejor la consideración del trofeo.
En la actualidad se está discutiendo internacionalmente sobre la necesidad de que los cazadores deportivos privilegien la edad del animal por sobre la longitud de los cuernos al momento de considerar el trofeo. De esta manera, se busca revertir una cierta tendencia regresiva que se evidencia debido a que muchos deportistas buscan sólo cabezas con cuernos largos sin importar que el animal aún este en período reproductivo.
Una alternativa en línea con este concepto es que los cazadores busquen a los machos viejos, que han pasado su etapa de reproducción y se han separado de la manada, a los que se los conoce como “dagga boys”. Estos ejemplares, se caracterizan por vivir aislados, en pequeños grupos de machos, y en términos de cacería, son un excelente desafío por su agresividad. Se les da ese nombre porque suelen revolcarse y cubrirse de barro (dagga significa barro en varias lenguas nativas de África).

Dónde están los mejores trofeos
En estos momentos hay seis países de África donde se puede cazar búfalo: Sudáfrica, Namibia, Zimbabwe, Mozambique, Zambia y Tanzania. Las características de esta especie varían levemente en la conformación de sus cornamentas. En general, los búfalos del Este africano como Tanzania y Mozambique, suelen ser menos curvados y un poco más largos que aquellos de las regiones australes, que poseen una cornamenta mayor y una curvatura más pronunciada.
Sin dudas, es en Tanzania donde se encuentran las mayores manadas del continente. Los ejemplares que alcanzan y sobrepasan con creces la mítica medida de las 40 pulgadas se encuentran en las planicies del Serengueti y de Masailand, en las áreas del centro y sur como Lunda, Inynga, Rungwa y Ruaha; y en la Reserva Selous donde se está el famoso distrito de Kilombero, una de las mejores áreas de caza del país.
El trofeo récord inscripto en el libro de Rowland Ward, proviene justamente del Lago Manyara en Tanzania, que alcanzó una longitud de cornamenta de 64 pulgadas y fue cazado por M.H. Cabrera en el año 1946.
En Mozambique, la mejor área está en Reserva Niassa. Este “paraíso perdido” abarca unos 4,2 millones de hectáreas, y se ha convertido en una de las perlas de la cacería africana.
Zambia por su parte cuenta con dos lugares interesantes con muy buena calidad de trofeos: Luangwa y Kafue que son atravesadas por los respectivos ríos. Allí es posible encontrar cabezas que superen las 43 o 44 pulgadas y no hay demasiados problemas con la obtención de permisos.


En Namibia, los búfalos pueden encontrarse en Bushmanland, al este del país;  en la Franja del Caprivi al noreste, en el delta formado por los ríos Kwando y Kavango; y en el centro del país, en las cercanías del Parque Nacional Waterberg. La calidad de los trofeos en estas áreas es homogénea y muy buena para la media del continente, con un promedio de 38 a 40 pulgadas. Al ser áreas abiertas, estos animales se mueven en grandes manadas que van de los 200 a los 400 ejemplares. En Sudáfrica, la distribución se da en todo el país ya que se encuentran en propiedades privadas en pequeños grupos.
Botswana cuenta con una buena población de estos bóvidos, pero lamentablemente las autoridades gubernamentales actuales han decidido prohibir la cacería deportiva en áreas abiertas a partir de año 2014, por lo que deberemos sacarlo de la lista de potenciales destinos cinegéticos. De todas maneras, las manadas pueden verse en las regiones centrales del delta de los ríos Chobe y Okavango. En Zimbabwe, por último, se los encuentra mayormente en el valle del río Zambezi. 

Dónde están los trofeos más económicos
En términos de presupuesto, alguna vez dijimos en estas páginas que los safaris en áreas cercadas suelen tener una tasa de estadía económica y tasas de abate caras, en contraposición con las áreas abiertas. Esto es así porque los cotos suelen estar cerca de centros urbanos y requieren de poca logística para su abastecimiento. Los animales en cambio, son adquiridos en criaderos e introducidos en dichos establecimientos lo que conlleva un costo mayor para el propietario que obviamente se ve reflejado en el precio final de la tasa de abate. En las áreas abiertas, en cambio, la ecuación es exactamente al revés. Las operaciones de caza requieren mayor logística por estar muy alejadas de centros urbanos (muchas veces a distancia de avión) encareciendo las tasas de estadía diaria, pero por otro lado, las tasas de abate son considerablemente menores a las que se cobran en los cotos.
Exactamente esto sucede con el búfalo en todo el continente, donde por ejemplo, en Sudáfrica el cazador encontrará tasas de abate caras en cotos cerrados con estadías bastante económicas, y lo opuesto en reservas y parques nacionales habilitados para a la caza en diferentes países, como sucede en Tanzania, Mozambique, Namibia, Zimbabwe o Zambia.
De estos cinco países, Namibia aún mantiene -a mi criterio-, la mejor ecuación calidad-precio especialmente en las áreas de la Franja del Caprivi. El inconveniente es que no abundan las licencias que cada año emite el gobierno de ese país, lo que fuerza al cazador que elije ese destino a reservar su safari casi con un año de anticipación. En Zimbabwe donde subsiste la tremenda crisis social y económica que lo ha convertido en uno de los países más pobres del planeta, con serios problemas de furtivismo a gran escala, suelen aparecer también verdaderas “gangas” con precios completamente fuera de mercado. Lamentablemente estas ofertas son más producto de la desesperación de los operadores locales, que de reales oportunidades económicas, pero abonan un campo propicio a las más variadas estafas en las que suelen caer los incautos buscadores de gangas.

La cacería 
Las planicies abiertas, montes cerrados y pantanos son algunos de los ambientes donde se desarrollan las cacerías de esta especie. Esto hace que se caracterice por ser una actividad muy demandante en términos de esfuerzo físico, con largas caminatas y vadeos de ríos o pantanos. Siempre en la modalidad de rececho, se cortan huellas o se visualiza una gran manada, y es ahí cuando comienza la aproximación. La identificación de un macho adulto que sea buen trofeo suele ser ardua para el profesional si la manada es muy grande. La evaluación del trofeo en el campo en cambio, no es muy compleja para el ojo acostumbrado, ya que los parámetros a considerar son la longitud de la cornamenta y la magnitud del boss que da una idea de la edad. En el caso de los dagga boys, lo fundamental luego de la evaluación, es la aproximación a una distancia de tiro que suele ser más corta que en el caso de estar frente a una manada. Al igual que en casi  todas las circunstancias de cacería, el permanente control del viento es esencial para lograr una segura distancia de disparo.

Peligrosidad
Es muy difícil medir un “índice de peligrosidad” en los grandes de la caza peligrosa de África. Naturalmente el grado de peligro que surja de una situación variará con cada caso así como de la experiencia propia de cada cazador. Sin embargo hay algunos parámetros que pueden tomarse en cuenta, para tener una idea de la capacidad de daño que provoca cualquier de los “Big 7”. Un parámetro está relacionado directamente con el comportamiento de cada especie bajo stress o ataque directo. En el caso de un búfalo la primera reacción ante la violación de su espacio vital o al ser herido, será la huida a un ambiente más propicio para ocultarse. Allí permanecerá inmóvil o caminará colocándose en una posición ventajosa utilizando el viento hasta identificar al agresor a quien de seguro atacará.   
Otro parámetro de peligrosidad es la velocidad de carrera que desarrollan estos animales en ataque. En el caso de un búfalo, la velocidad de carga promedio alcanza los 56 km/hora, es decir 15.5 mts/segundo. De esta forma, en un ataque directo, el tiempo que el cazador tiene para reaccionar frente a la embestida es de 1.28 segundos si el animal está a unos 20 metros de distancia, y de menos de medio segundo si se encuentra a 5 metros. Con esto uno ya pueda darse cuenta de los reflejos y la reacción que deberá tener alguien que se enfrente a tamaño adversario.
Estas características de defensa han convertido al cafre en una de las especies más peligrosas dentro de lo que ostentan esa categoría. Hay infinidad de casos de accidentes ocurridos con búfalos, muchos de ellos mortales. Sin dudas, la reputación que supo ganarse el búfalo como “la muerte negra” de África, está bien merecida.

Las armas
Esencialmente hay dos tipos de armas que pueden ser usadas para la caza del búfalo, los rifles de cerrojo y los dobles. Nada más. Por la peligrosidad y la velocidad de la carga, olvídese del uso de monotiros, por más que sea de un calibre grande.
Mi sugerencia para los safaris de caza peligrosa, es que el cliente utilice siempre su propia arma en lugar de alquilar una de la compañía outfitter.
No porque desconfíe de la calidad del rifle que le darán, sino porque usando el suyo estará seguro de su funcionamiento, y a la vez confiará plenamente en su propio desempeño con ella. Al fin y al cabo, el cazador y su arma, serán la última línea de defensa en caso de un ataque. En estas situaciones, todo riesgo debe ser minimizado.

Las municiones
Recuerde que el tiro en la caza del búfalo será siempre a corta distancia, siendo difícil que supere los 80 o 100 metros. En este rango, cualquier calibre de los llamados africanos tendrá un perfecto desempeño. De todas maneras, tenga siempre en mente la curva balística de la munición que utiliza porque -como en toda situación de caza-, los disparos deben ser colocados en un punto vital determinado.
Existen dos etapas bien definidas en el momento del disparo. Primero, el tiro inicial que debería ser ubicado en el “triángulo vital” del animal, interesando el corazón y los pulmones que asegurarán el abate de la pieza. En ese caso, se requiere de punta blanda de expansión controlada, que produzca el mayor daño posible en los órganos. Si aún el animal está en pie, o ha resultado mal herido, comienza la segunda etapa, que es la de derribarlo a toda costa, este parado o corriendo en situación de carga. Aquí se impone el uso de las puntas sólidas, ya que el objetivo a partir de entonces será romper huesos de extremidades o del cráneo para detenerlo con un tiro frontal de cerebro. En cualquier caso, utilice las mejores municiones que pueda encontrar en el mercado de calidad Premium.
Recuerde que si utiliza un rifle de cerrojo, deberá colocar primero las municiones con puntas sólidas en el cargador, y por último, la de punta blanda. De esta manera, el primer disparo será la bala de punta blanda y le seguirá el resto de sólidas. Si en cambio usa un doble, coloque una bala blanda en el cañón derecho (que disparará primero) y una sólida en el izquierdo. El par restante que deberá tener entre sus dedos para el caso de una recarga rápida, deberán ser también de puntas solidas.

Los calibres
Para ésta y otras especies de caza peligrosa el mínimo legal en la mayoría de los países africanos es el 375 H&H Magnum, y el máximo aconsejado, el que sea utilizado con absoluta comodidad y confianza por el cazador.
Según mi experiencia, los calibres más usados hoy en día van desde el mismo 375 H&H Mag, pasando por el 458 Win. Mag, el 458 Lott, el 416 Rigby, 416 Rem. Mag. El rango de pesos de puntas varía desde los 300 grains en el 375 H&H hasta los 500 grains en los 458 según sea cada caso.
Raramente he visto utilizar grandes “stoppers” como el 505 Gibs o el 500 Jeffery para la caza del búfalo. Hoy estos cañonazos prácticamente quedan reducidos al uso de guías profesionales que cazan exclusivamente elefantes, o para la caza peligrosa en selva. En cuanto a los calibres para rifles dobles, el 470 NE, es sin duda una excelente elección con sus 500 grains de punta, y el más popular entre los adeptos a esa clase de armas. Naturalmente en la gama de los Express, cualquier calibre que vaya del 500/465NE, 476NE hasta el 577NE, son naturalmente buenas opciones, sin embargo son difíciles de ver en el campo, y en el caso de aquellos que disparan más de 700 grains como el caso del 577NE, casi una exclusividad para cazadores profesionales de la vieja escuela. 

El tiro
La máxima que se impone como nunca en la caza peligrosa, es jamás disparar al bulto o al “animal”, sino a uno de los órganos vitales. Tirar al “animal”, implica una gran irresponsabilidad por parte del cazador, porque podría generar inmediatamente una desagradable situación de peligro, tanto en caso de que el búfalo cargue directamente como si huye a un terreno más conveniente para él, en el que habrá que irremediablemente internarse para abatirlo. Con los riesgos a la vida humana que esta implica.   

Las posiciones de tiro usuales en esta cacería son casi siempre de pie o rodilla en tierra para el primer disparo. Probablemente utilizando un apoyo de trípode o bípode. Si puede elegir, le sugiero el bípode, ya que le permitirá mayor independencia de movimiento y evitará la presencia de un asistente al lado suyo en el momento clave del disparo. El uso de apoyo en el disparo inicial aumentará las oportunidades de realizar un tiro quirúrgico en el punto de impacto deseado. A partir de ahí, la suerte estará echada, así que las posiciones de tiro variarán de acuerdo a los caprichos del animal. Para cualquier disparo a la carrera, olvídese de los apoyos, allí solo resultará el swing y una buena técnica de tiro en movimiento a mano alzada. En caso de carga, mantenerse de pie le permitirá disparos a la altura de la cabeza del animal. Un buen entrenamiento previo antes de la cacería le será sin duda, de vital utilidad en cualquiera de las situaciones que pueda encontrar en una cacería del búfalo africano.