Por Eber Gómez Berrade
Polla Swart es una leyenda en el mundo de la
conservación de fauna silvestre en el continente africano. En su larga y
prestigiosa carrera como director del Ministerio de Medio Ambiente y Turismo de
Namibia, creó varios parques nacionales, fundó la Asociación de Cazadores
Profesionales de ese país, ideó novedosas técnicas de manejo, captura y re
ubicación de fauna, asesoró a los gobiernos de Angola, Sudáfrica y Costa de
Marfil en políticas de conservación, y sentó las bases que han convertido a
Namibia en un ejemplo internacional en la protección de los recursos
naturales.
Conozco a Polla y su adorable esposa Chrija
desde hace años. Siempre es un placer sentarnos a charlar, disfrutando alguna
comida o al calor de una fogata en un campamento de safari. Esta vez, quiero
compartir su historia y experiencias como pionero de la ecología, y su visión
sobre el estado actual de la conservación en África.
Entre el rugby y la naturaleza
Polla, que en realidad es el seudónimo de Paul
Stephanus, nació en África del Sudoeste, (hoy Namibia) en el año 1936. Sus padres
-de origen afrikáner-, fueron granjeros, y uno de sus abuelos cazador
profesional de marfil en la vieja colonia portuguesa de Angola. Con esos
antecedentes, su amor por la naturaleza estaba predestinado. Sin embargo, pudo
también descollar junto a dos de sus hermanos en el ambiente del rugby. Sus
hazañas en la cancha como capitán de la selección nacional de Namibia en la
década del 60, aún son recordadas por la prensa especializada.
Precisamente en esos años, Polla decidió, tras
un breve paso por la docencia, que la biología iba a ser su profesión. A
principios de esa década, obtuvo un título de grado y un máster en zoología en
la Universidad de Stellembosch en Sudáfrica.
De vuelta en Namibia, comenzó a trabajar como
biólogo en el Museo Estatal de Windhoek. Y fue durante la presentación oficial
de un trabajo de investigación sobre el impala cara negra en la región de Kunene,
que llamó la atención del gobierno, y le fue ofrecido el puesto de sub director
de “Nature Conservation”, el directorado perteneciente al Ministerio de Medio
Ambiente y Turismo encargado de los temas de conservación.
Aceptado el desafío, Polla no tardó en
destacarse una vez más y al poco tiempo, ya había creado tres estaciones de
investigación en Namibia: el Instituto Ecológico de Etosha, el Instituto de
Investigación del Namib, y el Instituto de Investigación de pesca de Hardap.
Al mismo tiempo fundó la revista científica
“Madoqua”, que se convirtió en una de los más reconocidos órganos de difusión
de trabajos científicos con distribución en más de cuarenta países. Entre los
originales proyectos que desarrolló en su carrera, se cuentan la sedación y
captura de rinocerontes, elefantes, felinos y especies de planicie para su re
ubicación permanente; la primera implementación en la historia de un sistema de
control de natalidad temporario en leones; la investigación sobre la causa de
la rabia en kudus; el descorne de rinocerontes para desalentar el furtivismo;
la creación de la carrera de Conservación de la Naturaleza en la Universidades
de Cape Town y del Colegio Técnico de Pretoria en Sudáfrica, y en el
Politécnico de Namibia; la creación de numerosos parques nacionales; y el
desarrollo conjunto de proyectos de conservación entre el gobierno, las
comunidades nativas y el sector privado. En 1983 fue nombrado director de
“Nature Conservation” donde permaneció hasta su retiro en 1996.
¿Cómo fue tu inicio como funcionario de gobierno en temas de
conservación?
Fue todo un desafío. Lo primero que hice
recuerdo que fue continuar con mi investigación sobre el impala cara negra. En
aquellos años no se sabía exactamente si era una subespecie de impala común u
otra especie diferente. Así que se me ordenó que realice una investigación
taxonómica para desentrañar el misterio. Hice un trabajo de campo y recogí
evidencia suficiente para determinar que era una subespecie de impala. Además
recomendé el traslado de animales al parque Nacional Etosha, ya que son
endémicos de Damaraland, Kaokoland y el sur de Angola, todas áreas donde se
combatía en la guerra que Sudáfrica llevaba adelante con la guerrilla de
Angola. Mi recomendación no sólo fue aceptada, sino que además se me encargó llevar
a cabo la re ubicación.
Pero no tenías experiencia en captura de fauna
No, pero tacleaba bien en los partidos de rugby.
Así que como tampoco teníamos equipo apropiado, salíamos de noche en un Land
Rover con mi equipo, nos sentábamos en el paragolpes delantero, y al estar
cerca de un impala, saltábamos y tacleábamos al animal para capturarlo. Con esa
técnica, muy deportiva pudimos capturar unos setenta ejemplares, entre machos y
hembras. Luego, el proceso de transporte fue también complejo. Primero cargamos
los animales en un camión, los llevamos hasta una pista de aterrizaje y ahí los
subimos a un viejo Douglas DC3 conocido como Dakota, que los llevaba hasta
Etosha. Una vez allí, los pusimos un mes en cuarentena y luego los liberamos.
Con el tiempo conseguimos un avión más grande, un Hércules C130 de la Fuerza
Aérea de Sudáfrica y en 1971 ya teníamos un helicóptero.
¿La re ubicación de fauna silvestre era frecuente en aquella época?
Sí, por dos razones. En primer lugar para sacar
animales de las áreas de conflicto, y luego para abastecer a los incipientes
cotos de caza, de manera de ampliar el área de distribución de las especies que
estaban en riesgo ecológico.
¿Qué otras especies trasladaste?
Luego del impala cara negra, trasladamos roan, sable,
chita, leopardo y rinoceronte negro. Capturamos un gran número de antílope roan
que re ubicamos en Etosha y en Waterberg, al igual que sables provenientes del
oeste de la Franja del Caprivi. Recuerdo que entre 1970 y el 72 capturamos también
unos 43 rinocerontes negros en Kamanjab, Ugab, Khorixas y Kaokoland. El
procedimiento era similar, nos acercábamos, lo anestesiábamos con un dardo, y
luego lo cargábamos con un helicóptero. Teníamos un equipo en tierra con
veterinarios que lo recibían, y los liberaban en el parque.
Por lo menos ya no tacleabas desde el Land Rover…
No vayas a creer. Yo personalmente capturé una
cría de rinoceronte con mis propias manos. Te digo que era bueno jugando al
rugby. Me acuerdo que en un partido nos tocó enfrentar al equipo de la policía,
en donde aparentemente a uno de los jugadores le gustaba agarrar serpientes.
Cuando uno de los diarios cubrió el encuentro, tituló: “Capturador de
rinocerontes versus capturador de víboras en partido de rugby”. Así me hice
conocido.
Además de la guerra, ¿tenían problemas con caza furtiva de rinocerontes?
No tanto como ahora. Pero era claramente un
problema que iba en aumento. En 1987 encontramos 22 rinocerontes negros muertos
por furtivos entre Etosha y Damaraland. En función de esta situación, organizamos
una reunión en Skukuza, Sudáfrica, cerca del Kruger, para analizar los pasos a
seguir en conjunto con el gobierno sudafricano. Siempre creí que el delito de
la caza furtiva debe ser combatido en conjunto entre los países afectados.
¿Y qué medidas tomaste en tu administración?
Primero colocamos agentes armados patrullando
las fronteras del parque Etosha. Era personal especializado de las Fuerzas Anti
Furtivismo. Luego hice que mis guarda parques recibieran entrenamiento militar.
Y en algunos casos, hasta fuimos ayudados por las SADF (Fuerzas Sudafricanas de
Defensa). Así conocí al coronel Jan Breytenbach, en Bushmanland. Breytenbach
fue un destacado militar que estuvo al mando del 1er. Comando de
Reconocimiento, de la Brigada 44 de Paracaidistas y fue el primer comandante
del famoso Batallón 32, conocido como los Búfalos. Esas amistades, me trajeron
algún que otro problema luego de la independencia. Pero realmente estoy muy
agradecido por lo que hicieron en aquellos años.
¿Y cómo fue que se te ocurrió lo de descornar rinocerontes?
En realidad, sabía que a los furtivos sólo les
interesa el cuerno que es lo que comercializan, entonces quise ver que sucedía
si los animales estaban descornados. Especialmente donde la solución militar, o
policial no era efectiva, como en Damaraland por las grandes distancias a
patrullar. El procedimiento era capturarlos, sedarlos con un dardo, cortarle el
cuerno y curar la herida para que no haya hemorragia ni infección posterior. Al
principio fuimos criticados por esto, pero la verdad es que encaramos un
programa muy serio con la ayuda de un equipo de veterinarios, y luego hicimos
el seguimiento para identificar modificaciones en el comportamiento de cada
animal. Y confirmamos que no pasaba nada. Todos los rinocerontes hicieron su
vida normal, y el cuerno, que en realidad es un tejido queratinoso, volvía a
crecer a razón de 1 centímetro por año. Como resultado, no volvimos a tener
incidentes de furtivismo con estas medidas.
¿Y cuándo empeoró la situación?
Creo que en la última década. Hace cinco años
que las bandas de furtivos se han profesionalizado mucho, utilizan recursos
tecnológicos de comunicación y rastreo, sobornan personal de los parques, tiene
mejor armamento y una red de distribución muy aceitada en países vecinos como
Zimbabwe y Angola, que les permite escapar y llevar su cargamento hacia mercados
asiáticos como Corea, China o Tailandia. Imaginate que en lo que va del 2015 ya
se encontraron unos sesenta rinocerontes muertos sólo en Etosha.
¿Cuál fue tu experiencia en la lucha contra el tráfico de marfil?
Fuimos muy activos también. Como sabés las
poblaciones de elefantes de Namibia se encuentran mayormente en el Caprivi,
Bushmanland y Etosha. En aquellos lugares muchas veces recibimos también ayuda
militar, especialmente durante la guerra. Además nos enfocamos a realizar un
buen manejo de fauna, lo que no es fácil porque la única forma de re ubicar
poblaciones es haciendo uso de los pozos de agua. No los podés subir a un
helicóptero y menos taclearlos… De todas maneras, se hizo un muy buen trabajo,
y hoy día se ve el resultado en la calidad de los trofeos y en la densidad
demográfica de las poblaciones en estas regiones.
¿Llegaron a hacer raleos de elefantes en los parques nacionales?
Sólo una vez en Etosha. Luego de un censo
poblacional, identificamos unos 2500 ejemplares, en un área que podía soportar
sólo 2000 aproximadamente. Así que decidí realizar una operación de raleo de
300 elefantes. Llevamos la carne a las poblaciones de Ovamboland, vendimos una
parte también y vendimos el marfil en el mercado japonés. Fue toda una
experiencia te aseguro.
¿Que opinas de la prohibición del comercio de marfil?
No creo que esté funcionando bien. De hecho se
ha incrementado considerablemente el contrabando en los últimos años. En mi
opinión, lo mejor sería permitir el comercio y controlarlo muy bien. Cada país
debería jugar un rol esencial en ese control. El problema es siempre el eslabón
más delgado de la cadena, y ese eslabón es la corrupción de algunos gobiernos
africanos.
Hoy en día existen grandes cantidades de marfil
en stock, y me pregunto, ¿por qué hay quemarlo o arriesgarse a que lo roben?.
Se podría vender en el mercado legal y con lo que se recauda, invertirl esos
fondos en investigación y control de poblaciones.
¿Hay suficiente espacio en Namibia para los grandes mamíferos?
Sí, por ahora sí. En el continente la situación
es distinta. El enorme incremento de la población humana en algunos países está
afectando directamente el balance ecológico, en especial de los grandes
mamíferos y de los felinos. La deforestación es otra causa que incide
directamente en la pérdida de hábitat, especialmente en África central.
En mi época de director, mi objetivo era crear
nuevos lugares para la fauna silvestre. La mayor parte de nuestros parques
fueron creados bajo mi administración, excepto Etosha que data de principios de
siglo y que fue una iniciativa de Alemania que era la potencia colonial en ese
entonces.
¿Cómo conseguías esas tierras?
Con mucho trabajo. Iba personalmente a negociar
con los jefes de las tribus que habitaban cada una de las áreas. Era una tarea
de días. Sentados bajo un árbol, con el cacique, hasta que llegábamos a un
acuerdo. Una vez, se me ocurrió llevar a los jefes tribales a un mismo lugar y
conferenciar con ellos en conjunto. Fue
un fracaso. Se dormían y no prestaban atención. Así que volví a sentarme con cada
uno de los jefes de cada tribu debajo de un árbol hasta que llegábamos a un
acuerdo. Así pude fundar los parques nacionales Mudumu y Mamili en la Franja
del Caprivi, donde vos solés cazar. Logré la ampliación del parque Namib
Naukluf y el Bernabé de la Bat Rest Camp, la creación del Popa Falls Nature
Reserve, del Mahangu Game Reserve, del Kaudom National Park, y algunos más en
Bushmanland y Damarland. Así también pude crear lo que se conoce como
Conservancies, o áreas comunales en donde se permite la caza deportiva, y el
recurso pertenece a las tribus del lugar. Ellos son los responsables también
del cuidado de la fauna.
Esa es la clave, el trabajo en conjunto con los nativos…
Mirá, cuando me uní al directorado de
Conservación, era un área que estaba en pañales, y sinceramente creo que fui
muy afortunado de tener las posibilidades que tuve para alcanzar esos logros.
Pero ya entonces me di cuenta que la única forma de lograr el apoyo de las
comunidades tribales, era logrando que la gente reciba algo a cambio. Los nativos
sólo protegen la fauna si sacan algún provecho. Lo que es perfectamente entendible
por otra parte.
¿Y cómo te llevás con los cazadores?
Muy bien. Siempre creí que la caza deportiva es
una excelente herramienta para la conservación si está bien regulada y
propiamente controlada. La clave está en el control, y aquí en Namibia tenemos
un muy buen sistema. Si bien yo no soy cazador, tengo grandes amigos en la
comunidad de cacería y además tengo el honor de haber fundado en la década del
70, la Asociación de Cazadores Profesionales de África del Sudoeste, junto a
mis amigos Volker Grellmann, Basie Maartens, que como sabes son legendarios PH,
y a Stoffel Rocher, un gran conservacionista del servicio de Parques
Nacionales. Nos reunimos los cuatro en el viejo hotel Kaiser Berg de Windhoek,
y fundamos la Asociación, que luego dio nacimiento a la NAPHA actual.
¿Por último, te preocupa el avance del movimiento anti caza en el mundo?
Sí y mucho, porque creo que seguirá en aumento.
Me parece que la comunidad científica debería hacer algo al respecto para
revertirlo. En mi opinión, este movimiento organizado juega con las emociones
de las personas, obteniendo grandes ganancias. Esas organizaciones no se basan
en hechos científicos, sino en la manipulación de las emociones del público no
especializado. Y hacen mucho dinero debo decir. Es lamentable.
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