martes, 26 de abril de 2016

Furtivismo - La Guerra Invisible


Por Eber Gómez Berrade

La grave crisis de furtivismo que azota la fauna silvestre en África se incrementa día a día, convirtiéndolo en el cuarto delito más lucrativo del mundo, y ahora además, en una fuente clave de financiamiento de organizaciones terroristas. El daño ambiental que está provocando es casi tan serio como el calentamiento global y la deforestación. Consecuentemente la lucha en el terreno contra este flagelo también ha escalado en forma proporcional, pasando desde la simple respuesta policial de guarda parques inexpertos, hasta la confrontación militar con fuerzas de operaciones especiales altamente entrenadas. África es hoy escenario de un conflicto bélico de baja intensidad que permanece invisible a los ojos de la opinión pública internacional. Esa misma opinión pública que desde los centros urbanos y los medios de comunicación suelen criticar y denostar la caza conservacionista legal, es la misma que desconoce la guerra que actualmente se libra en diversos puntos del continente negro. Una guerra sin cuartel que está modificando la historia militar moderna y se ha convertido ya en un importante conflicto bélico ambiental.

Una vieja y triste historia
El furtivismo en África no es nuevo. La historia de la utilización de la fauna silvestre viene de larga data, desde que el hombre es hombre. Sin embargo, el concepto de furtivismo o caza ilegal, comenzó precisamente cuando se definió el concepto de legalidad, es decir el derecho que le asistía a determinados países de hacer uso de sus recursos faunísticos, dentro de sus colonias. Así las potencias europeas, al demarcar sus territorios en África, establecieron también sus reglas y leyes en materia de caza. A fines del siglo XIX y principios del XX, aventureros como John Boyes “el rey de los Kikuyus”, Robert Foran y “Karamojo” Bell, se internaban en busca de marfil en el legendario Enclave de Lado, evadiendo las patrullas belgas que los perseguían. Años más tarde en Kenia, precisamente en la década de 1970, la esposa de Jomo Kenyatta, primer presidente electo de ese país, fue acusada de organizar una masiva matanza de elefantes con el fin de obtener el preciado y lucrativo marfil, y de esa manera financiar su régimen populista. Los años siguieron y entrada la década del 80, Robert Mugabe, eterno presidente de Zimbabwe, también fue acusado de realizar operaciones ilegales de raleo de elefantes para abastecer de dinero fresco las devastadas arcas estatales de su gobierno. Desde ese entonces, hasta el presente, la situación no ha mejorado. Todo lo contrario. El furtivismo se extendió por todas las áreas silvestres de África, en busca de carne muchas veces, de marfil y cuernos de rinocerontes, poniendo en riesgo de extinción especies como los gorilas de montaña o el rinoceronte negro. Con el paso del tiempo, la modalidad del delito fue cambiando, a la par de los avances tecnológicos y el crecimiento de una incipiente clase alta china que se encandiló con el lujo y la figuración a la manera occidental.

Los números del furtivismo

Para tener una idea cabal de lo que representa la caza ilegal de fauna silvestre, es bueno traducir el problema en números y estadísticas. En este sentido, si hablamos de rinocerontes, se estima que hoy en día hay una población de 20.000 a 25.000 ejemplares en toda África, de los cuales el 90 por ciento se encuentra en Sudáfrica. Allí sólo durante el año pasado, se reportaron 1.215 rinocerontes muertos a manos de furtivos, lo que significó un crecimiento de 82 por ciento comparado con el año 2012 y casi un aumento del 10.000 por ciento, comparado con el año 2007. Si esta tendencia continúa en 10 años ya no quedarán rinocerontes vivos. Los elefantes no la llevan mejor. El número de la población total de estos paquidermos en África es de 500.000 al día de hoy. Las estadísticas son casi igual de aterradoras. Entre los años 2010 y 2012 se mataron ilegalmente 100.000 ejemplares, es decir unos 100 por día. Los gorilas, otra especie objetivo del tráfico ilegal, está actualmente bajo la categoría de peligro crítico de extinción, habiendo una población total de 100.000 en todo el continente. Sólo de la sub especie de gorilas de montaña, quedan hoy unos 900 ejemplares. Las bandas armadas en Gabón, Congo y Camerún los buscan por su carne y sus despojos, o capturan sus crías para venderlas en el mercado negro a 40.000 dólares estadounidenses cada una. La epidemia de ébola también ha afectado a esta especie de primates, costando la vida al 33 por ciento de la población mundial desde al año 1990 a la fecha. Si extrapolamos todos estos números en el tiempo, vemos rápidamente que se está peleando una guerra muy difícil de ganar.

La conexión terrorista
Como si esto fuera poco, el inmenso flujo de dinero proveniente de países asiáticos como China, Tailandia y Corea, ha provocado que algunas organizaciones terroristas vean una oportunidad para financiar sus actividades, apareciendo así un nuevo actor en el escenario de este crimen internacional. Uno de esos grupos es el Movimiento de Jóvenes Muyahidines Al Shabab, una organización yihadista islámica que opera en Somalia y que participa de la red de tráfico ilegal de marfil y cuernos de rinoceronte, aportando puertos de salida para abastecer al mercado internacional. En el mes de abril pasado, el grupo atacó una universidad en Kenia, dejando más de un centenar de muertos, alegando que la institución estaba en un espacio colonizado por no musulmanes. Los terroristas asesinaron a los cristianos mediante disparos y decapitación y secuestraron a más de quinientos estudiantes. En 2013 este grupo atacó el Centro Comercial Nakumatt en Nairobi, matando a más de setenta personas. El costo de este atentado pudo haber sido financiado con la venta de cinco colmillos de elefante. Otro grupo que se beneficia del furtivismo es el ejército paramilitar Janjaweed, formado en Sudán y el este de Chad, que se encuentran en conflicto con grupos rebeldes de Darfur - el Movimiento de Liberación de Sudán y el Movimiento Justicia e Igualdad. Se calcula que este ejército ha asesinado a más de 30.000 personas y causado un éxodo masivo hacia campos de refugiados de más de un millón. Sin conexión con el islamismo radical, el infame Joseph Kony, con su Ejército de Resistencia del Señor, participa también en actividades de furtivismo para financiar su campaña para establecer un gobierno teocrático en Uganda. Este grupo, una mezcla sincrética de misticismo, nacionalismo y fundamentalismo bíblico, ha secuestrado a más de 40.000 niños y desplazó a casi dos millones de personas. Por último, los Mai Mai, un rejunte de señores de la guerra que operan en Ruanda y Congo, financian sus actividades terroristas en las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur con dinero proveniente de la caza ilegal.

De policías a militares
Esta nueva etapa en el conflicto, provocó que la manera de combatir al furtivismo en el terreno, se haya modificado sustancialmente en los últimos años. Pasó de ser un problema policial, a convertirse en un tema militar que involucra a fuerzas armadas regulares, guarda parques fuertemente entrenados en combate, asesores y observadores internacionales y hasta mercenarios que cambiaron sus misiones en Iraq, Siria o Afganistán por parques nacionales del Congo, Kenia o Sudán. Las fuerzas armadas de muchos países africanos están entrenando directamente a los cuerpos de rangers o guarda parques en técnicas de guerra convencional. Los gobiernos africanos están equipando a sus parques nacionales con mejor armamento, helicópteros, aviones de reconocimiento y drones, y trabajan conjuntamente en operaciones de inteligencia militar y contra terrorismo. La comunidad internacional también está presente en este esfuerzo. Así como en 1971 el presidente estadunidense Richard Nixon fue el primero en declarar la guerra a las drogas; en 2001 George W. Bush en declarar la guerra al terror; ahora Barack Obama ha declarado la guerra al furtivismo, anunciando la Presidential Task Force on Wildlife Trafficiking. Un proyecto de ayuda monetaria y logística para combatir el tráfico ilegal de fauna silvestre. También algunos países europeos han comenzado a enviar ayuda militar a diversos puntos calientes del continente, como los parques nacionales de Garamba y Virunga en el Congo, el Mount Kenya y Tsavo en Kenya, el Zakouma en Chad y el Kruger en Sudáfrica, por nombrar solo algunos. El Reino Unido por ejemplo, ha desplegado unidades del Primer Batallón de Welsh Guards, en Kenia con el fin de entrenar a los guarda parques en lucha contra-terrorista. Tropas de los Royal Scots Borderers y otros cuerpos de elite del ejército británico, fueron desplegados en Gabón, a pedido de su presidente, para adiestrar a sus escuadrones de guarda parques que operan en los parques nacionales. Y hasta el Príncipe Harry de la Casa Real Británica fue enviado a Sudáfrica, a misiones de entrenamiento de guarda parques en el Kruger, como oficial del Household Cavalry Regiment, en lo que se denominó Operación Corona. Todos estos regimientos y batallones cuentan con una extensa experiencia en lucha contra el terrorismo en múltiples teatros de operaciones, especialmente en Iraq y Afganistán.

La presencia del sector privado
Otro fenómeno nuevo que ha aparecido en la lucha anti furtivismo, son los contratistas militares privados. Ex miembros de fuerzas especiales de diferentes países, que pasaron a la actividad privada, para realizar servicios de custodia, defensa armada, mantenimiento, seguridad personal, escoltas e incluso operaciones de inteligencia. Muchos de estos hombres y mujeres, están cambiando sus puestos en Medio Oriente, en compañías como Aegis o Blackwater para dirigirse a distintos países africanos y participar en unidades anti furtivos (anti poaching units). Su tarea es la de entrenar a los rangers y guardaparques en técnicas que incluyen, inteligencia y contra inteligencia, supervivencia, patrullaje, navegación, combate en selva, captura del enemigo, interrogatorios, manejo de tecnología satelital, uso de visores nocturnos, armamento sofisticado, drones de vigilancia y ataque, entre otras muchas capacidades especiales. Fue famoso el caso de una joven estadounidense, llamada Kinessa Johnson, veterana de Afganistán, que luego de servir en el ejército como instructora de tiro y mecánico, decidió mudarse a Arusha, Tanzania, para combatir codo a codo con los rangers de parques nacionales. En Sudáfrica también han comenzado a aparecer unidades para-militares anti furtivismo como Protrack, que reclutan ex soldados, los re-entrenan durante seis semanas y los despliegan en diversas reservas y parques a lo largo del país. Kenia ha incorporado también el uso de escuadrones privados como los que tiene el Ol Pejeta Conservancy, que se especializa en la custodia de rionocerontes y elefantes, y cuenta con aviones, drones con sensores térmicos, perros adiestrados y personal especializado en materia de seguridad.

Oferta o demanda.
Esa es la cuestión Al igual que el debate que se da actualmente sobre si la legalización de las drogas, desbaratará el mercado negro y los negocios de los carteles del narcotráfico, también este debate se ha abierto en materia de conservación de la fauna silvestre. Ya hay numerosas voces en la comunidad científica que abogan por levantar la prohibición de la venta de marfil, como medida para desalentar el tráfico ilegal. Otras, se enfocan en imponer sanciones a los países asiáticos consumidores de despojos animales. Y algunas pocas, en concientizar a chinos, tailandeses y coreanos en que la queratina del cuerno del rinoceronte no cura el cáncer ni la impotencia sexual, y que el estatus social que brinda una talla de marfil no justifica la desaparición de un solo elefante en el planeta. Así las cosas, y hasta tanto no se obtengan avances para detener esta demanda demencial, la estrategia inmediata para combatir el tráfico, es atancando la oferta a través de la acción militar. Probablemente no sea la gran solución de largo plazo. Pero el hecho es que, de seguir con esta tendencia, en el largo plazo ya no quedarán rinocerontes, gorilas ni elefantes. Lo único que se interpone hoy entre las bandas criminales y terroristas y la fauna silvestre, es el personal de fuerzas armadas nacionales, internacionales y privadas, que se juegan la vida cada día en los más remotos rincones de África, en una guerra invisible que se cobra diariamente cien elefantes e innumerables vidas humanas.

lunes, 29 de febrero de 2016

Adelino Serras Pires - Un cazador portugués en el África poscolonial


Por Eber Gómez Berrade

Adelino Serras Pires fue un pionero de la caza mayor en Mozambique.  Poseedor de una personalidad dura y exigente, culto y cosmopolita, disfrutó de la última época del África colonial, y padeció en carne propia el salvaje periodo de descolonización. Referente indiscutido de la industria cinegética del siglo XX, fue siempre muy respetado entre la comunidad internacional de cazadores profesionales. Falleció en Agosto pasado a los 87 años en su casa de Pretoria. Con su partida se fue un poco de esa magia que envuelve al continente negro, y que aún embruja a los que se adentran en sus misteriosos y excitantes territorios.  
Serras Pires era multifacético. Descollaba tanto en sus conocimientos del bush africano, como en las selvas de los negocios y la política. Era apasionado y obsesivo con lo que él consideraba que era lo correcto. Esto naturalmente le trajo más de un problema con aquellos que no estaban de acuerdo con sus puntos de vista, ya fueran empleados, clientes, políticos o guerrilleros. Los que lo conocieron afirman que era durísimo con las autoridades coloniales que detentaban abusos de poder o casos de corrupción. Y fue un enemigo acérrimo de los tiranos que arribaron al poder de su país y lo sumieron en una sangrienta guerra civil.

Primeros años
Adelino nació en Pont de Sor, Portugal en el año 1928. En 1933 su familia emigró a la colonia portuguesa de Mozambique, para ejercer el comercio y la actividad agropecuaria. Su padre eligió establecerse en la provincia de Tete y luego en Guro, donde construyó una red de negocios comerciales y una granja agrícola de grandes dimensiones.
El gusto por la vida en la naturaleza y la caza, que era el pasatiempo predilecto de su familia, comenzó justo allí. A los ocho años acompañó a su padre y a su tío en busca de leones cebados de carne humana, que asolaban una aldea cercana a Tete. La cacería culminó con cinco leones muertos y la captura de dos crías. Ese día su destino se selló para siempre. Iba a ser cazador.
Su familia decidió que quería para él una educación inglesa, por lo que fue enviado al Prince Edward School, en Salisbury (hoy Harare), capital de Rhodesia del Sur (hoy Zimbabwe). Allí completó el curso secundario de Cambridge, y luego recibió también instrucción militar, llegando al grado de Sargento cadete. Con esos antecedentes, era natural que poseyera una excelente educación y una gran cultura muy superior a la media. Su lengua nativa era el portugués, pero hablaba con fluidez el español, el inglés y el afrikaans. Como producto de la educación sajona, era también una entusiasta deportista. En su juventud practicó boxeo, tenis, fútbol, rugby, criquet, waterpolo y hockey sobre césped. Sin embargo, la caza era la que seguía quitándole el sueño. Conocía muy bien el comportamiento animal, y era muy hábil en las técnicas de aproximación y rececho. Tenía un excelente trato con los nativos y dominaba el chissena y el chingyungwe, dos idiomas de las tribus que habitaban las provincias de Sofala, Manica y Tete en el centro del país.
Pasó su juventud en la granja de su familia, que su padre había fundado y haciendo trabajos en una mina de oro de la región. Aquella vieja granja, estaba erigida donde su padre levantó su primer campamento en la expedición que hizo para buscar tierras donde establecerse, y también era el lugar donde descansaban sus restos.
El emprendimiento no sobrevivió la guerra civil. Un cuarto de siglo después, Adelino asistió con dolor, a ver cómo todo se había destruido luego de la independencia. La granja estaba completamente abandonada, reducida a escombros y cubierta por la maleza. El sueño colonial de su padre, todavía estaba ahí, pero convertido en una ruina, producto del vandalismo, el odio y la incultura.

Antes de la Independencia
La historia de Mozambique se parece bastante a la del resto de las naciones africanas, que vieron sus días de dominación colonial europea, para luego atravesar un proceso violento de independencia. Ese territorio costero del de África oriental, fue explorado originalmente por Vasco de Gama en 1498, y reclamado por los portugueses como colonia hacia 1505.
Desde esa fecha hasta el 25 de junio de 1975, permaneció bajo la égida de los gobiernos de Lisboa. Sin embargo, ya una década antes, los vientos de liberación comenzaron a soplar en Mozambique. Vientos que llegaban de Kenia, de su Uhuru y de su revuelta Mau Mau de la década del 50. El Frente para La Liberación de Mozambique (Frelimo), fue uno de los principales actores en esta lucha de tinte nacionalista, convirtiéndose en una poderosa y salvaje guerrilla apoyada por la Unión Soviética, que se disputaba con Estados Unidos el tablero geopolítico del continente africano, durante la Guerra Fría.
En 1978 la guerrilla devino en un partido político marxista-leninista y de la mano de su líder, Samora Machel, accedió al poder en un régimen unipartidista. Machel ocupó el cargo desde la independencia del país, hasta su muerte en un accidente aéreo en 1986. En este período trágico, desde 1975 hasta 1992, se llevó a cabo una guerra civil que culminó con el acuerdo de paz firmado por el entonces presidente Joaquim Chissano, y Afonso Dhlakama, líder de la opositora Resistencia Nacional Mozambiqueña (Renamo). El Frelimo permanece en el poder hasta hoy, habiendo ganado tres veces las elecciones multipartidistas realizadas en los últimos años.
Fue precisamente en ese período feliz, previo a la independencia, cuando Adelino desarrolló una exitosa carrera en el comercio. Fue socio de una agencia de viajes pioneras en el desarrollo del turismo cinegético, tenía una concesión hotelera en el Parque Nacional de Gorongosa, y dirigía negocios familiares relacionados con la agricultura y el comercio en las regiones de Tete y Guro. Sin embargo, su destino estaba en la caza mayor, y fue por su ambición para desarrollar una gran operación de safaris, que decidió visitar los Estados Unidos y España en 1959, dando puntapié inicial de su actividad comercial como operador cinegético. A mediados de la década del 60, y hasta 1973 participó en el comité directivo de la Sociedad de Safaris de Mozambique (Safrique). En 1974 la situación con la guerrilla en Mozambique estaba casi fuera de control y Safrique decidió cerrar sus operaciones de caza. Sin embargo, Adelino decidió quedarse en su país y se incorporó a la empresa Mozambique Safariland, que tenía concesión en la coutada (área de caza) número 5 del Parque Nacional de Zinave, en las márgenes del río Save. Por aquel entonces Adelino quería operar también en las coutadas de Manica y Sofala, y para eso tuvo que negociar directamente con los comandantes del Frelimo.
El golpe de suerte le llegó en 1963, cuando guió personalmente a los Marqueses de Villaverde, una pareja de la nobleza española, que visitó Mozambique invitada el presidente portugués. Los nobles recorrieron las coutadas de Manica, Sofala, y la número 9 que estaba administrada directamente por la Agencia de Turismo donde Adelino era socio gerente. La expedición fue un éxito y hasta obtuvo cobertura internacional en los medios periodísticos de la época. Algo a lo que desafortunadamente nos hemos desacostumbrados en estos días.
Los Marqueses de Villaverde quedaron encantados y volvieron al año siguiente con una pareja amiga. El safari volvió a ser un éxito y convirtió a Adelino en el preferido por una cliente selecta, compuesta por miembros de la aristocracia  europea, altos ejecutivos, escritores, artistas de cine, astronautas como James Lovell del Apollo 13 y Stuart Allen Roosa del Apollo 14, reconocidos cazadores internacionales de España, Portugal y Estados Unidos, así como varios ganadores del prestigioso Premio Weatherby.
Las áreas de cacería donde operaba Serras Pires tenían una enorme cantidad de manadas de caza de planicie y peligrosa, pero no estaban conveniente mente preparadas en términos de infraestructura para el boom de safaris que comenzaron a llegar después de los Marqueses de Villaverde.
En 1964 -en pleno auge de los safaris-, el Banco Nacional Ultramarino de Mozambique, creó la empresa Safrique, adquiriendo nueve concesiones. Allí se realizaron importantes inversiones de capital en la edificación de campamentos, aperturas de picadas, pistas de aterrizaje, remodelación de flota automotriz, instalación de un eficiente sistema de radio VHS, y contratación de mayor cantidad de personal calificado, aptos para alcanzar los más altos estándares de calidad en la industria del turismo cinegético.
Con estas mejoras, y con la demanda en constante aumento, la compañía se dio el lujo de elegir a sus clientes, aumentar los costos y establecer períodos de duración mínima obligatoria para sus safaris.
A estas alturas Adelino, no sólo era un alto directivo en la empresa, sino también el responsable técnico de la supervisión de los safaris y el embajador itinerante de la compañía en todo el mundo, promoviendo a Mozambique como destino de lujo en caza mayor. De esta manera, Safrique se convirtió en las décadas del 60 y 70, en la empresa de safaris más grande de África, desplazando a las históricas compañías de White Hunters establecidas en Nairobi, Kenia que lideraban el mercado desde principios del siglo XX.

La independencia y el caos
El fin de la dominación portuguesa en Mozambique, abría una etapa de esperanza republicana que no duraría mucho tiempo, pero también, firmaría el acta de defunción de los safaris de caza mayor, tal cual como se venían realizando hasta ese momento. A la misma velocidad que se retiraban los portugueses, avanzaba la guerra civil entre el Frelimo y la Renamo, que adoptaron la guerra de guerrilla como instrumento para hacerse del poder en el país. Para la época de la independencia, Serras Pires decidió emigrar y buscar otros rumbos para sus operaciones de caza. Comenzó naturalmente por Angola, la otra ex colonia portuguesa del continente. Luego cazó profesionalmente en Rhodesia de Sur (actual Zimbabwe), Sudáfrica, Kenia, República Centro Africana, Zaire (actual República Democrática del Congo) y Tanzania. Fueron diez años de constantes sobresaltos, recorriendo concesiones, parques nacionales y áreas de caza, en países que también atravesaban violentos periodos de descolonización, signados por el caos de las guerras civiles.  Sin embargo, la fama de excelente cazador y outfitter, hizo que Adelino mantuviera su cartera de clientes allí donde fuera, y continuara guiando a aristócratas, miembros del jet set internacional, y celebridades del mundo entero.

Secuestrado
En 1984 Adelino guió, en un safari por Tanzania, a Valery Giscard D´Estaing, quien había sido presidente de Francia entre 1974 y 1981. Giscard D´Estaing fue uno de los artífices de la comunidad europea, y además un consumado cazador, que también recorrió Argentina en busca de nuestra fauna por aquellos mismos años.  
Hacia fines de Agosto de ese año, a pocos días de finalizada la cacería con el político francés, Adelino fue detenido por agentes del servicio secreto de Tanzania, junto a su hijo Adelino Jr., su sobrino Carlos Artur y otro pariente llamado Rui Monteiro. Los cuatro, esposados y con los ojos vendados, fueron subidos a un avión en el aeropuerto Kilimanjaro, y transportados a la capital de Mozambique para ser entregados a las autoridades de ese país. El avión que los llevó, pertenecía nada menos que a Julius Nyerere, presidente de Tanzania. Una vez en Mozambique se los acusó de estar planeando un golpe de estado para derrocar al presidente Samora Machel, líder del Frelimo, con la complicidad del grupo guerrillero Renamo, la nunca bien ponderada CIA de los Estados Unidos, un grupo terrorista portugués con base en Lisboa, y hasta el mismísimo Giscard D´Estaing, ex presidente de Francia.
El cautiverio del los cuatro sospechosos en las mazmorras de la prisión de Machava en Maputo fue aterrador. Diariamente era sometidos a torturas e interminables interrogatorios sin sentido, donde los captores aprovechaban para pasar viejas facturas de hacía más de una década, de los tiempos en que Adelino combatió, fusil en mano, a las incipientes guerrillas de Frelimo que intentaban adentrarse en las coutadas que él administraba.
El grupo fue mantenido en celdas separadas, sin contacto entre ellos por un período de cinco meses. La suerte parecía echada, sin embargo, los contactos de Adelino y sus amistades entre altos dignatarios internacionales, hicieron que se elevaran fuertes críticas y pedidos de liberación por parte de los presidentes de Portugal y de Francia, del Rey Juan Carlos de España, de la Cruz Roja Internacional, de Amnistía Internacional, de la familia Aznar de España, y de la organización International Hunting and Game Conservation.
Luego de muchas deliberaciones, el gobierno de Machel accedió a liberarlos, y así pudieron finalmente abandonar Mozambique con vida, dirigiéndose a Zurich, donde se hospedarían en casa del embajador de Portugal.  
Esta experiencia traumática, lejos de amedrentarlo, convenció a Adelino de la necesidad de participar en la vida política de su país. Y así fue que algunos años más tarde, ingresó a la Renamo, quien ya era el principal partido político de la oposición. En la década del 90 Adelino fue entrevistado en su condición  de activista, por el escritor Arturo Pérez Reverte, quien era corresponsal periodístico para una cadena de televisión española, que estaba haciendo una cobertura sobre la situación política y social de Mozambique.

Cuarteles de invierno
Serras Pires se retiró del mundo político y de los safaris al llegar el milenio. Al doblar la séptima década de vida, se estableció en Sudáfrica y se casó con Fiona Claire Capstick, viuda de Peter Capstick, recordado autor de “Muerte en los pastizales”. Fiona, una ex oficial de inteligencia de las Fuerzas Sudafricanas de Defensa y traductora de la Corte Suprema de ese país, continuó escribiendo sobre temas relacionados con la caza mayor y el continente africano. En 2001 ambos publicaron “Vientos de destrucción”, un libro autobiográfico de Adelino. La pareja vivió desde entonces en Pretoria, haciendo esporádicos viajes al añorado  Mozambique, y visitando convenciones de caza como las del Safari Club Internacional, el Dallas Safari Club, el Houston Safari Club, y la Asociación Internacional de Cazadores Profesionales. Adelino murió en Agosto de este año. Se fue así uno de los últimos cazadores caballeros de la época colonial, y un testigo privilegiado de la convulsionada y sangrienta historia del continente negro.
  

lunes, 4 de enero de 2016

Cazadores y científicos unidos por la conservación de Leones


Por Eber Gómez Berrade

La región de Etosha - Kunene en la república de Namibia es famosa por la cantidad y calidad de sus leones. Allí, las manadas que se mueven libremente, son sujeto de estudio en un proyecto de investigación, llevado a cabo en reservas de caza y de manera conjunta por científicos europeos y cazadores. Un ejemplo más que elocuente, de la utilidad de la caza deportiva como herramienta fundamental en la conservación sustentable de este emblemático felino africano.
Recientemente en mi último safari en África, tuve la oportunidad de participar como observador en el proyecto de investigación de leones, denominado “Etosha Rand Lion Conservation Project”. Este estudio llevado a cabo por científicos austríacos y alemanes, se realiza en una reserva de caza free range de más de 70.000 hectáreas, en el área de Etosha - Kunene, que incluye al Parque Nacional Etosha, uno de los más grandes del continente. Este programa tiene la particularidad además, de que cuenta con el apoyo de miembros de la comunidad de cazadores deportivos de ese país.
Con el aval del Ministerio de Ambiente y Turismo del gobierno de Namibia y la participación de universidades sudafricanas, los investigadores intentan conocer más sobre los felinos que habitan la región, desarrollar nuevos métodos de conservación, y protegerlos de la amenaza que representan los productores ganaderos ubicados en las proximidades del Parque Nacional Etosha, que matan indiscriminadamente los leones que entran a sus propiedades para proteger su ganado. Una lamentable situación de competencia en la coexistencia entre el hombre y la fauna silvestre que se observa en diversas partes del mundo y con diferentes especies de predadores.  
En la actualidad los leones están atravesando un momento crítico, y las poblaciones en libertad se encuentran en estado de vulnerabilidad ecológica en todo el continente negro. Lejos de lo que pueda creer la opinión pública no especializada, la caza deportiva legal no sólo no es una amenaza, sino que por el contrario, se ha convertido en uno de los mejores instrumentos para la protección y conservación de fauna silvestre en general y de los leones en particular. Las causas reales del decrecimiento poblacional se deben, por cierto, a la pérdida de hábitats naturales, y a la competencia con comunidades rurales dedicadas a la explotación ganadera.

 Mejorar la coexistencia con humanos
El proyecto de conservación Etosha Rand Lion, es una iniciativa del programa internacional “Chances for Nature”, que promueve la coexistencia armónica entre la naturaleza y el hombre en diversos países del mundo. Participan de él, instituciones científicas como la Universidad de KwaZulu Natal de Sudáfrica y el Centro de Primates de Alemania, y por parte de la comunidad cinegética, la reserva Etosha Heights Game Safaris.
La líder del proyecto es la Dra. Martina Trinkel, una zoóloga austríaca, investigadora de la Universidad de KwaZulu-Natal, con sede en la ciudad de Durban, Sudáfrica. Ella y el Profesor Keith Hodges, de Alemania iniciaron esta investigación hace unos años. La Dra. Trinkel tiene una gran experiencia en investigación de carnívoros en África, especialmente en el Parque Nacional Etosha, como así también en varias reservas de fauna silvestre de Sudáfrica. Es conocida en la comunidad científica europea por sus publicaciones en diversas revistas especializadas en zoología de predadores.
Según explica Trinkel, el proyecto se enfoca en proveer bases científicas para mejorar el manejo de los leones africanos en una interface entre áreas protegidas y libres. En este segmento ecológico es donde los leones encuentran su más alto grado de conflictividad con los humanos.
El objetivo del proyecto -afirma-, es establecer lineamientos básicos sobre dinámica poblacional en una reserva permeable, y contribuir con una aproximación novedosa para el manejo de leones no protegidos en áreas abiertas o free range. “El otro objetivo de nuestro trabajo, agrega, es reducir la tasa de muerte indiscriminada, mejorando la coexistencia con productores ganaderos de las áreas lindantes al parque nacional”. 

Leones bajo amenaza
De acuerdo a la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), el león africano se encuentra en una categoría de vulnerabilidad, por lo que esta organización lo ha incluido en su Lista Roja. Por su parte, el CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres), lo ha agregado a su Apéndice I como especie amenazada.
Si bien históricamente, este felino ha sido uno de los predadores con mayor adaptabilidad al medio y de amplia distribución demográfica, hoy en día se los encuentra en 28 países africanos, pero solo en 7 de ellos hay poblaciones que exceden los 1.000 ejemplares. Se estima que hace un siglo había unos 200.000 leones en todo el continente. Actualmente y de acuerdo a censos llevados a cabo en diversos países, se calcula una población total de 30.000 viviendo en ambientes de absoluta libertad, lo que implica una pérdida del 70%. Un alto porcentaje que marca una tendencia alarmante.

La prohibición de la caza deportiva, ha probado ser totalmente ineficaz para revertir este proceso degradativo. Sin ir más lejos, en Kenia se matan actualmente unos 100 leones por año, de una población de 2000. De continuar esta tasa de mortalidad, ya no existirán leones en ese país para el año 2030. Una aclaración para los desprevenidos. La cacería deportiva se prohibió en Kenia en 1977. Más claro imposible. 
En Namibia, en cambio, donde la caza mayor se desarrolla con singular éxito, tanto en especies de planicie como de caza peligrosa, los leones tienen una mejor perspectiva ecológica, aunque no escapan al riesgo de la coexistencia con humanos. En los últimos veinte años los productores ganaderos de este país, mataron más de mil leones que traspasaron sus propiedades amenazando sus rodeos. 
Los censos poblacionales indican que la mayor densidad demográfica de estos felinos se encuentra en dos áreas: la región Etosha - Kunene, donde se estima que hay una población de 455 leones, dispersos en un área de 125.000 km2; y la región en Khaudum - Caprivi, donde se calcula que hay alrededor de 150 ejemplares en un área de 95.000km2.

Etapas del proyecto
Junto a la Dra. Trinkel se encuentra también Monika Menzinger, una joven estudiante austríaca que realiza una pasantía universitaria realizando trabajos de campo. Con Monika salimos a recorrer el área, y participamos en la captura de leonas para la colocación de collares de rastreo.  Ella me cuenta que el proyecto se divide en dos partes. La primera se compone de un trabajo de dos años de duración, con seis meses de investigación en el campo. En esa etapa se obtiene datos sistemáticos como el tamaño de las poblaciones, su estructura, distribución y movimiento en la reserva de caza. Aquí es cuando se genera la información relevante sobre el manejo de fauna y algunos parámetros, como el ratio entre el número total de la población y los ejemplares que son residentes temporales. Se identifican además, los patrones de movimiento y migración, y se registra la relación entre la distribución de las presas y su densidad poblacional. Por último, se analiza la capacidad de carga y estructura demográfica en la reserva de caza y se las compara con las del parque nacional.
La segunda parte del proyecto que se desarrolla entre el tercer y el quinto año, continúa con la recolección de datos para obtener información sobre la dinámica poblacional y los cambios que se registran a largo plazo, que se  verán modificados por la frecuencia de las estaciones de lluvia y la densidad y distribución de las presas (alimento).
Es en esta etapa, en la que el proyecto prevé comenzar con la implementación y asesoramiento de políticas de manejo de leones, en función de los resultados que se vayan obteniendo. “Lo ideal -agrega Monika- sería distribuir la información que vamos obteniendo y crear nuevos patrones de trabajo para las comunidades de granjeros que están establecidas dentro del hábitat natural de los leones”. ¿Y como lo harían?, “bueno, para eso ya estamos trabajando en la creación de workshops y seminarios de entrenamiento para estudiantes de biología locales, en donde podamos enseñarles técnicas de monitoreo de carnívoros, en lo que nosotros llamamos áreas de transición. Es decir, en lugares con fronteras permeables y semi permeables lindantes con los grandes parques nacionales”, explica entusiasmada.

La metodología de investigación
Como en toda investigación científica, el trabajo de campo es fundamental y debe ser llevado a cabo de manera minuciosa y prolija. Son de la partida en el terreno, además de Monika, los veterinarios, el personal de la reserva, y André Burger, quien tiene a cargo la operación de caza mayor. Burger es un ex oficial del servicio de parques nacionales y un reconocido cazador profesional en África. Parte del trabajo de André y Monika es recorrer las áreas de estudio y verificar el funcionamiento de las treinta y cinco TrailCams con que cuenta el equipo de investigación. Estas cámaras trampa están ubicadas en veintitrés aguadas, de manera que puedan capturar el movimiento de los animales diariamente, incluso con lentes infra rojos para tomas nocturnas. Cada uno de estos aparatos es colocado sobre un árbol a un metro y medio de altura, y a dos o tres metros del charco. En el caso de grandes aguadas, se ubican dos cámaras, una a cada lado para tener una visión total de la actividad.
Las fotos y los datos aportados por las cámaras trampa, son bajados a una computadora cada cuatro o cinco días, y usados para identificar áreas donde se mueven los leones. En aquellos lugares de mayor actividad, se establecen apostaderos para una observación directa.
Según me aclara Monika, la manada de leones constituye una sociedad de “fusión-fisión”, es decir que las parejas macho - hembra, no están juntas pero se reúnen regularmente. En este proceso de observación directa, donde hay mayor concentración de ejemplares, se los identifica por sus características físicas y edad. Además se registra la fecha y la hora en que fueron tomadas las fotos, la identidad del león, condición y estado físico, el número que lo identifica, la identidad del resto de la manada, el estado reproductivo de las hembras, y las interacciones con otros leones. Todos esos datos van a una planilla de Excel y son catalogados con fotografías digitales.
Los movimientos se monitorean gracias a un collar de rastreo con GPS que se coloca a las hembras, que son el corazón de la manada (no los machos como en general se cree). Para la colocación del collar, el cazador profesional le dispara un dardo con anestesia preparado por el veterinario. “En ese proceso, -me dice- el animal escucha todo a su alrededor pero no puede moverse, por esa razón les colocamos un trapo en la cabeza, para que no pueda ver y de esa forma baje un poco el estrés que esta maniobra obviamente le provoca”. La información obtenida por el GPS es transferida a un sistema de información geográfica, permitiendo el análisis de patrones de movimiento y determinación de áreas. “Con todos estos datos, ya estamos listos para hacer nuestro trabajo en el escritorio”, concluye.

Tener la posibilidad de participar en un proyecto científico de este tipo en un safari de caza mayor es una experiencia única y muy interesante, especialmente en estos tiempos que corren, donde la caza y la conservación parecen, -a ojos profanos-, dos acérrimos antagonistas. Las charlas de cada noche alrededor del fogón del campamento, entre biólogos, veterinarios y cazadores, whisky de por medio, hablando del futuro de los leones en África y escuchando sus rugidos, desmienten categóricamente esta visión sesgada y maniquea. En el mundo real, la cosa es bien distinta.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Del Polo Norte hasta el Río Grande


Por Eber Gómez Berrade

Estados Unidos y Canadá brindan una de las opciones más imponentes en materia de caza mayor del mundo entero. En un inmenso territorio salvaje formado por ambos países, se distribuyen especies árticas como el oso polar y el buey almizclero, los cinco grandes de Alaska, e infinidad de ciervos, antílopes y bisontes que deambulan libremente por planicies y montañas del lejano oeste. Un paraíso para el cazador amante de la aventura y los desafíos extremos.
Para analizar las características de la caza mayor en América del norte, dividiré esta parte del continente en cuatros grandes áreas: el Círculo Polar Ártico, las regiones sub-árticas de Alaska, los estados del sur de Canadá y el oeste americano, incluyendo las Rocallosas y las grandes planicies.

Dentro del Círculo Polar Ártico
Las áreas de cacería más cercanas al Polo Norte, se encuentran bajo soberanía canadiense. Nunavut y los Territorios del Noroeste son los estados donde habita el formidable oso polar y el buey almizclero, características especies de caza polar.
Para aquel que nunca se ha internado en las planicies del lejano oeste ni en las montañas de Alaska, no es recomendable comenzar su experiencia norteamericana por estas latitudes. Todo lo contrario. Este tipo de cacerías requieren de expediciones consideradas extremas, y someten al cazador a temperaturas sub cero, en un ambiente realmente hostil. Hasta hace no muchos años, aquel que se adentraba en estas solitarias capas de hielo lo tenía que hacer en trineos tirados por perros, con la guía experta de los inuits o esquimales. Si bien hoy en día, para alcanzar mayores distancias y consecuentemente mayores probabilidades de cacería, la mayoría de las operaciones utilizan motos de nieve y mejor tecnología de comunicación, siguen siendo los esquimales los que guían cada expedición.
La especie característica de esta región es naturalmente el oso polar (ursus maritimus). El polar se disputa cabeza a cabeza el puesto número uno en tamaño con el oso pardo de la isla de Kodiak. Lamentablemente esta especie se encuentra en estado de vulnerabilidad ecológica debido a la pérdida de hábitat provocada por el calentamiento global, que está derritiendo la capa de hielo del Ártico. CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) lo ha incluido en categoría de protección en su Apéndice II, y existe una gran presión internacional para que sea ascendido a Apéndice I, como especie en peligro de extinción. Canadá aún otorga licencias de caza a la comunidad inuit, quienes pueden utilizarlas para ellos mismos en calidad de cacería de subsistencia, o pueden venderlas a outfitters para caza deportiva, aunque la oferta es disponible es cada vez menor.
La otra especie disponible para cazar es el buey almizclero, muskox en inglés y ovibos moschatus en su nombre científico, que a pesar de haber sufrido una gran predación hacia mediados del siglo XIX y principios del XX, se ha recuperado no sólo en territorio canadiense, sino también en Groenlandia, Noruega y Siberia. En tierra continental, la caza del buey almizclero suele tener una alta tasa de captura, exigiendo al cazador que se aventure sólo a la  búsqueda de esa especie, no más de cinco días de expedición. En materia de peligrosidad, tanto en la cacería del oso polar como en la del buey almizclero, el principal factor de riesgo es el climático, sin embargo en ambos casos un caso de sentirse amenazados y de estar a una distancia convenientemente cercana, ambos animales podrán estar en condiciones de cargar al cazador. Calibres que ronden los legendarios .375 H&H o .416 en sus diferentes versiones son los más indicados para estas cacerías.

Las especies sub-árticas de Alaska
En Estados Unidos podríamos dividir el país esencialmente en dos partes: Alaska y el resto. Claro que esta división es antojadiza, pero marca una diferencia real en cuanto a las características de las especies que habitan ambas zonas y las condiciones para cazarlas.
El estado de Alaska brinda uno de los más grande desafíos al que puede enfrentarse un cazador: los famosos cinco grandes. Lejos de sus homónimos africanos, las especies sub-árticas que conforman este dream team son: el oso pardo tanto de la costa como el Grizzli, el oso negro, el carnero Dall, el alce gigante y el caribú. De su cacería en particular me he ocupado en una serie de artpiculos en estas mismas páginas, por lo que sólo resta recordar que son casi una especialidad en sí mismas. Requieren una relativa exigencia física, una gran logística y una actitud mental apropiada para enfrentar un clima a veces adverso y trofeos bastante renuentes a ser cazados. Dentro de Alaska, las principales áreas donde encontrar a estos magníficos ejemplares son la península de Kenai, la media luna denominada Alaska Range al norte de Anchorage, las áreas compuestas por la Reserva Nacional Denali y las fronteras con el Yukón. En la isla de Kodiak, al sur del estado, el cazador podrá encontrar la variedad más grande de oso pardo: el Kodiak, junto además a algunas especies de cabras y ciervos sitka. Sin ser consideradas extremas, como las polares, este tipo de cacerías demandarán alrededor de 10 a 15 días según las especies que se busquen, requerirán de un equipo especial y una sofisticada logística.

El sur de Canadá
Si los estados de Yukón, Territorios del Noroeste y Nunavut conforman una especie de media luna geográfica en el norte de Canadá, los estados de Columbia, Alberta, Saskatchewan, Manitoba, Ontario, Quebec y New Foundland, forman otra media luna en el sur de ese país.
En líneas generales, en la media luna norte que incluye Yukón y los estados árticos, las cacerías serán demandantes físicamente, requerirán una debida preparación para afrontar climas hostiles, de mediana a larga duración y más costosas. En la media luna sur, en cambio, habita la mayor cantidad de especies boreales, desde osos pardos y negros, pasando por caribúes, alces hasta ciervos cola blanca y elk; carneros como el Stone y el Big Horn sheep, cougars o leones de montaña (como le dicen a los pumas) y hasta antílopes pronghorn. Aquí las cacerías serán menos exigentes, demandarán menos cantidad de días y naturalmente tendrán un costo menor comparado con als anteriores. Lo importante al momento de decidir una cacería en estas áreas, es conocer exactamente no solo la especie que se busca, sino también la sub especie en caso de que existan variedades taxonómicas. Recuerde que no es lo mismo el alce gigante de Alaska que el alce de la Columbia británica. Si bien ambos son alces, uno es el más grande y el otro es la más pequeños de esa familia de cérvidos. Lo mismo ocurre con los ciervos cola blanca, que cuentan con una gran cantidad de subespecies desde el odocoileus virginianus borealis hasta el virginianus tropicalis que habita Perú, por mencionar los extremos de la familia de cérvidos más extensa de toda América.

De los grandes lagos hasta el Río Grande
El territorio principal de los Estados Unidos, es además de inmenso, riquísimo en variedad de especies de caza mayor. A lo largo y ancho de su geografía se encuentra una gran variedad de cérvidos como el cola blanca, el cola negra, el mula y el elk o wapití; osos grizzlis y negros en todas las variantes de pelajes; carneros como el Stone sheep, y las numerosas subespecies de Big Horns que se distribuyen desde las Rocallosas hasta Nuevo México, California y Arizona. En sus praderas y montañas deambulan libremente lobos, bisontes, pumas y  antílopes pronghorn. Suidos como y el jabalí cimarrón y la javelina (pecarí de collar) se distribuyen por Texas, Arizona y la península de Florida, donde además conviven con caimanes en los pantanos Okefenokee.
A la hora de planificar una incursión a tierras estadounidenses, las variables a tener en cuenta son no sólo el tipo de especie que se busca, sino el terreno en donde habitan. Aquí se pueden clasificar entre especies de bosques y planicies, y de montaña. En este sentido, de los 50 estados que componen la unión, son los del recordado Far West, donde se distribuye la mayor diversidad de fauna. Estos estados son Idaho, Montana, Oregón, Wyoming, Colorado y Utah, en donde atraviesa el sistema montañoso de las Rocallosas o Rocky Mountains. Estás áreas, además de pintorescas, son sin dudas las mejores para lograr la mayor parte de las especies americanas.
Si bien las cacerías de especies árticas y sub árticas requieren de un promedio de 10 a 15 días y un equipo y preparación especial, éstas de especies de planicie, tanto en territorio canadiense como norteamericano, suelen rondar los 5 a 7 días. Lo que muchas veces permite combinar una salida de caza con vacaciones o viajes de trabajo.  

Características de la caza en Norte América
Tanto en Estados Unidos como en Canadá el sistema de cacería difiere bastante del aplicado en algunos países de África, especialmente en los del extremo sur. Los que ya han ido a cazar al continente africano saben que allí se cobran dos tasas diferentes: la de estadía y la de abate. La primera antes del safari y las de abate, de acuerdo a los animales efectivamente cazados. En América del Norte, el costo de la cacería es uno solo, independientemente de si ha sido cazada la presa. Otra diferencia con África es que allí los permisos y licencias suelen estar incluidos en la tasa de estadía, en América se pagan aparte. Ojo, acá no confundir la tasa de abate con una licencia, ya que los permisos y licencias tienen un costo considerablemente menor.
Es muy común que las operaciones en Estados Unidos y en Canadá ofrezcan combos que permitan la caza de dos o más especies en una misma expedición. Esto es muy interesante para tener en cuenta, dado el sistema de costos que allí se utiliza. Al no estar divididos los abates con las estadías, siempre convendrá elegir uno de esos combos para amortizar el costo total de la cacería. A mayor cantidad de especies a cazar, menor será el precio unitario por trofeo. Hasta aquí, todo muy claro. Pero el punto en cuestión, es cuál es el máximo de trofeos recomendado por cacería. Bueno, en principio dependerá de las posibilidades ciertas que ofrezca una determinada área, según los siguientes parámetros: que el área de cacería sea el mismo hábitat de dos o más especies; que exista una “ventana” de superposición de temporadas de caza de dichas especies, es decir que se las pueda cazar en un rango de fechas cercanas; y que haya una densidad demográfica de ejemplares suficientemente alta para que puedan cazarse en el tiempo estipulado. En caso de cumplirse estas tres condiciones, el cazador deberá tener en cuenta sus propias preferencias y prioridades. Siempre es recomendable evitar el estrés de estar cazando contra reloj, para cumplir con una meta de captura demasiado optimista. En otras palabras, querer cazar más cantidad de trofeos para bajar el costo unitario, puede disminuir el tiempo necesario para buscar un trofeo de máxima calidad, resintiendo además la experiencia global de la cacería. Como todo en la vida, la respuesta está en el término medio, y para lograrlo es imprescindible un asesoramiento serio y profesional que sugiera al cazador un objetivo razonable.
Otra diferencia sustancial con los safaris en África, se observa en la duración de las temporadas. Si hablamos de especies de planicie en el continente negro, la temporada se extiende en muchos países, desde fines de la época de lluvia hasta Noviembre. En América del Norte en cambio, cada estado tiene una legislación distinta, que además cuenta con períodos diferentes para cazar con arco y flecha y con armas de fuego. En general, son las estaciones de primavera y otoño donde se concentran la mayor parte de las temporadas, y muchas veces éstas se extienden sólo por 30 días.
El arma a utilizar, naturalmente, es otro aspecto básico a tener en cuenta al planificar una incursión cinegética en el norte de América. Como mencioné, en materia de clasificación hay algunas especies que pueden considerarse de caza peligrosa, y que pueden ocasionar alguna situación de riesgo de seguridad personal. En todos estos casos, calibres con buen poder de detención serán recomendados, como dije del .375H&H o alguno superior, sin llegar a extremos de los usados para back up de elefantes africanos, claro. En todos los casos, estamos hablando de especies de piel blanda, así que las puntas blandas de expansión controlada serán más que suficientes. En el caso del bisonte, puede utilizarse la regla del búfalo africano: el primer disparo al triángulo vital con punta blanda, y en caso de carga, una punta sólida directo al cerebro. Para el resto de la fauna en estas áreas, lo importante es elegir el calibre en función del terreno, es decir adecuarse a tiros largos de planicie y montaña, medianos en bosques y cortos desde apostaderos.
Mencionadas estas breves consideraciones generales en cuanto a armas, es importante estar en conocimiento de los trámites que cada uno de estos países requieren para el ingreso de armas de fuego en sus territorios. Las regulaciones de Estados Unidos y Canadá se han endurecido muchísimo en materia de migratoria después de los atentados del 9-11, y ni hablar sobre el ingreso de armas. Con esto no digo que sea imposible llevar su propio rifle, sino que requerirá de un exhaustivo conocimiento de la información necesaria, para evitar problemas en las aduanas y oficinas migratorias. Por eso si la cosa se complica, siempre queda el recurso de alquilar o utilizar un arma en la empresa organizadora de la cacería y viajar sólo con el equipo básico necesario. En definitiva, ningún trámite burocrático debería ser un escollo para poder disfrutar de la aventura de la caza mayor en América del norte.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Entrevista a Polla Swart - Pionero de la conservación en África





Por Eber Gómez Berrade

Polla Swart es una leyenda en el mundo de la conservación de fauna silvestre en el continente africano. En su larga y prestigiosa carrera como director del Ministerio de Medio Ambiente y Turismo de Namibia, creó varios parques nacionales, fundó la Asociación de Cazadores Profesionales de ese país, ideó novedosas técnicas de manejo, captura y re ubicación de fauna, asesoró a los gobiernos de Angola, Sudáfrica y Costa de Marfil en políticas de conservación, y sentó las bases que han convertido a Namibia en un ejemplo internacional en la protección de los recursos naturales. 
Conozco a Polla y su adorable esposa Chrija desde hace años. Siempre es un placer sentarnos a charlar, disfrutando alguna comida o al calor de una fogata en un campamento de safari. Esta vez, quiero compartir su historia y experiencias como pionero de la ecología, y su visión sobre el estado actual de la conservación en África.

Entre el rugby y la naturaleza
Polla, que en realidad es el seudónimo de Paul Stephanus, nació en África del Sudoeste, (hoy Namibia) en el año 1936. Sus padres -de origen afrikáner-, fueron granjeros, y uno de sus abuelos cazador profesional de marfil en la vieja colonia portuguesa de Angola. Con esos antecedentes, su amor por la naturaleza estaba predestinado. Sin embargo, pudo también descollar junto a dos de sus hermanos en el ambiente del rugby. Sus hazañas en la cancha como capitán de la selección nacional de Namibia en la década del 60, aún son recordadas por la prensa especializada.
Precisamente en esos años, Polla decidió, tras un breve paso por la docencia, que la biología iba a ser su profesión. A principios de esa década, obtuvo un título de grado y un máster en zoología en la Universidad de Stellembosch en Sudáfrica.
De vuelta en Namibia, comenzó a trabajar como biólogo en el Museo Estatal de Windhoek. Y fue durante la presentación oficial de un trabajo de investigación sobre el impala cara negra en la región de Kunene, que llamó la atención del gobierno, y le fue ofrecido el puesto de sub director de “Nature Conservation”, el directorado perteneciente al Ministerio de Medio Ambiente y Turismo encargado de los temas de conservación. 
Aceptado el desafío, Polla no tardó en destacarse una vez más y al poco tiempo, ya había creado tres estaciones de investigación en Namibia: el Instituto Ecológico de Etosha, el Instituto de Investigación del Namib, y el Instituto de Investigación de pesca de Hardap.
Al mismo tiempo fundó la revista científica “Madoqua”, que se convirtió en una de los más reconocidos órganos de difusión de trabajos científicos con distribución en más de cuarenta países. Entre los originales proyectos que desarrolló en su carrera, se cuentan la sedación y captura de rinocerontes, elefantes, felinos y especies de planicie para su re ubicación permanente; la primera implementación en la historia de un sistema de control de natalidad temporario en leones; la investigación sobre la causa de la rabia en kudus; el descorne de rinocerontes para desalentar el furtivismo; la creación de la carrera de Conservación de la Naturaleza en la Universidades de Cape Town y del Colegio Técnico de Pretoria en Sudáfrica, y en el Politécnico de Namibia; la creación de numerosos parques nacionales; y el desarrollo conjunto de proyectos de conservación entre el gobierno, las comunidades nativas y el sector privado. En 1983 fue nombrado director de “Nature Conservation” donde permaneció hasta su retiro en 1996.

¿Cómo fue tu inicio como funcionario de gobierno en temas de conservación?
Fue todo un desafío. Lo primero que hice recuerdo que fue continuar con mi investigación sobre el impala cara negra. En aquellos años no se sabía exactamente si era una subespecie de impala común u otra especie diferente. Así que se me ordenó que realice una investigación taxonómica para desentrañar el misterio. Hice un trabajo de campo y recogí evidencia suficiente para determinar que era una subespecie de impala. Además recomendé el traslado de animales al parque Nacional Etosha, ya que son endémicos de Damaraland, Kaokoland y el sur de Angola, todas áreas donde se combatía en la guerra que Sudáfrica llevaba adelante con la guerrilla de Angola. Mi recomendación no sólo fue aceptada, sino que además se me encargó llevar a cabo la re ubicación.

Pero no tenías experiencia en captura de fauna
No, pero tacleaba bien en los partidos de rugby. Así que como tampoco teníamos equipo apropiado, salíamos de noche en un Land Rover con mi equipo, nos sentábamos en el paragolpes delantero, y al estar cerca de un impala, saltábamos y tacleábamos al animal para capturarlo. Con esa técnica, muy deportiva pudimos capturar unos setenta ejemplares, entre machos y hembras. Luego, el proceso de transporte fue también complejo. Primero cargamos los animales en un camión, los llevamos hasta una pista de aterrizaje y ahí los subimos a un viejo Douglas DC3 conocido como Dakota, que los llevaba hasta Etosha. Una vez allí, los pusimos un mes en cuarentena y luego los liberamos. Con el tiempo conseguimos un avión más grande, un Hércules C130 de la Fuerza Aérea de Sudáfrica y en 1971 ya teníamos un helicóptero.

¿La re ubicación de fauna silvestre era frecuente en aquella época?
Sí, por dos razones. En primer lugar para sacar animales de las áreas de conflicto, y luego para abastecer a los incipientes cotos de caza, de manera de ampliar el área de distribución de las especies que estaban en riesgo ecológico.

¿Qué otras especies trasladaste?
Luego del impala cara negra, trasladamos roan, sable, chita, leopardo y rinoceronte negro. Capturamos un gran número de antílope roan que re ubicamos en Etosha y en Waterberg, al igual que sables provenientes del oeste de la Franja del Caprivi. Recuerdo que entre 1970 y el 72 capturamos también unos 43 rinocerontes negros en Kamanjab, Ugab, Khorixas y Kaokoland. El procedimiento era similar, nos acercábamos, lo anestesiábamos con un dardo, y luego lo cargábamos con un helicóptero. Teníamos un equipo en tierra con veterinarios que lo recibían, y los liberaban en el parque.


Por lo menos ya no tacleabas desde el Land Rover…
No vayas a creer. Yo personalmente capturé una cría de rinoceronte con mis propias manos. Te digo que era bueno jugando al rugby. Me acuerdo que en un partido nos tocó enfrentar al equipo de la policía, en donde aparentemente a uno de los jugadores le gustaba agarrar serpientes. Cuando uno de los diarios cubrió el encuentro, tituló: “Capturador de rinocerontes versus capturador de víboras en partido de rugby”. Así me hice conocido.

Además de la guerra, ¿tenían problemas con caza furtiva de rinocerontes?
No tanto como ahora. Pero era claramente un problema que iba en aumento. En 1987 encontramos 22 rinocerontes negros muertos por furtivos entre Etosha y Damaraland. En función de esta situación, organizamos una reunión en Skukuza, Sudáfrica, cerca del Kruger, para analizar los pasos a seguir en conjunto con el gobierno sudafricano. Siempre creí que el delito de la caza furtiva debe ser combatido en conjunto entre los países afectados.

¿Y qué medidas tomaste en tu administración?
Primero colocamos agentes armados patrullando las fronteras del parque Etosha. Era personal especializado de las Fuerzas Anti Furtivismo. Luego hice que mis guarda parques recibieran entrenamiento militar. Y en algunos casos, hasta fuimos ayudados por las SADF (Fuerzas Sudafricanas de Defensa). Así conocí al coronel Jan Breytenbach, en Bushmanland. Breytenbach fue un destacado militar que estuvo al mando del 1er. Comando de Reconocimiento, de la Brigada 44 de Paracaidistas y fue el primer comandante del famoso Batallón 32, conocido como los Búfalos. Esas amistades, me trajeron algún que otro problema luego de la independencia. Pero realmente estoy muy agradecido por lo que hicieron en aquellos años.

¿Y cómo fue que se te ocurrió lo de descornar rinocerontes?
En realidad, sabía que a los furtivos sólo les interesa el cuerno que es lo que comercializan, entonces quise ver que sucedía si los animales estaban descornados. Especialmente donde la solución militar, o policial no era efectiva, como en Damaraland por las grandes distancias a patrullar. El procedimiento era capturarlos, sedarlos con un dardo, cortarle el cuerno y curar la herida para que no haya hemorragia ni infección posterior. Al principio fuimos criticados por esto, pero la verdad es que encaramos un programa muy serio con la ayuda de un equipo de veterinarios, y luego hicimos el seguimiento para identificar modificaciones en el comportamiento de cada animal. Y confirmamos que no pasaba nada. Todos los rinocerontes hicieron su vida normal, y el cuerno, que en realidad es un tejido queratinoso, volvía a crecer a razón de 1 centímetro por año. Como resultado, no volvimos a tener incidentes de furtivismo con estas medidas.  

¿Y cuándo empeoró la situación?
Creo que en la última década. Hace cinco años que las bandas de furtivos se han profesionalizado mucho, utilizan recursos tecnológicos de comunicación y rastreo, sobornan personal de los parques, tiene mejor armamento y una red de distribución muy aceitada en países vecinos como Zimbabwe y Angola, que les permite escapar y llevar su cargamento hacia mercados asiáticos como Corea, China o Tailandia. Imaginate que en lo que va del 2015 ya se encontraron unos sesenta rinocerontes muertos sólo en Etosha.

¿Cuál fue tu experiencia en la lucha contra el tráfico de marfil?
Fuimos muy activos también. Como sabés las poblaciones de elefantes de Namibia se encuentran mayormente en el Caprivi, Bushmanland y Etosha. En aquellos lugares muchas veces recibimos también ayuda militar, especialmente durante la guerra. Además nos enfocamos a realizar un buen manejo de fauna, lo que no es fácil porque la única forma de re ubicar poblaciones es haciendo uso de los pozos de agua. No los podés subir a un helicóptero y menos taclearlos… De todas maneras, se hizo un muy buen trabajo, y hoy día se ve el resultado en la calidad de los trofeos y en la densidad demográfica de las poblaciones en estas regiones.

¿Llegaron a hacer raleos de elefantes en los parques nacionales?
Sólo una vez en Etosha. Luego de un censo poblacional, identificamos unos 2500 ejemplares, en un área que podía soportar sólo 2000 aproximadamente. Así que decidí realizar una operación de raleo de 300 elefantes. Llevamos la carne a las poblaciones de Ovamboland, vendimos una parte también y vendimos el marfil en el mercado japonés. Fue toda una experiencia te aseguro.

¿Que opinas de la prohibición del comercio de marfil?
No creo que esté funcionando bien. De hecho se ha incrementado considerablemente el contrabando en los últimos años. En mi opinión, lo mejor sería permitir el comercio y controlarlo muy bien. Cada país debería jugar un rol esencial en ese control. El problema es siempre el eslabón más delgado de la cadena, y ese eslabón es la corrupción de algunos gobiernos africanos.
Hoy en día existen grandes cantidades de marfil en stock, y me pregunto, ¿por qué hay quemarlo o arriesgarse a que lo roben?. Se podría vender en el mercado legal y con lo que se recauda, invertirl esos fondos en investigación y control de poblaciones.

¿Hay suficiente espacio en Namibia para los grandes mamíferos?
Sí, por ahora sí. En el continente la situación es distinta. El enorme incremento de la población humana en algunos países está afectando directamente el balance ecológico, en especial de los grandes mamíferos y de los felinos. La deforestación es otra causa que incide directamente en la pérdida de hábitat, especialmente en África central.
En mi época de director, mi objetivo era crear nuevos lugares para la fauna silvestre. La mayor parte de nuestros parques fueron creados bajo mi administración, excepto Etosha que data de principios de siglo y que fue una iniciativa de Alemania que era la potencia colonial en ese entonces. 

¿Cómo conseguías esas tierras?
Con mucho trabajo. Iba personalmente a negociar con los jefes de las tribus que habitaban cada una de las áreas. Era una tarea de días. Sentados bajo un árbol, con el cacique, hasta que llegábamos a un acuerdo. Una vez, se me ocurrió llevar a los jefes tribales a un mismo lugar y conferenciar con  ellos en conjunto. Fue un fracaso. Se dormían y no prestaban atención. Así que volví a sentarme con cada uno de los jefes de cada tribu debajo de un árbol hasta que llegábamos a un acuerdo. Así pude fundar los parques nacionales Mudumu y Mamili en la Franja del Caprivi, donde vos solés cazar. Logré la ampliación del parque Namib Naukluf y el Bernabé de la Bat Rest Camp, la creación del Popa Falls Nature Reserve, del Mahangu Game Reserve, del Kaudom National Park, y algunos más en Bushmanland y Damarland. Así también pude crear lo que se conoce como Conservancies, o áreas comunales en donde se permite la caza deportiva, y el recurso pertenece a las tribus del lugar. Ellos son los responsables también del cuidado de la fauna.

Esa es la clave, el trabajo en conjunto con los nativos…
Mirá, cuando me uní al directorado de Conservación, era un área que estaba en pañales, y sinceramente creo que fui muy afortunado de tener las posibilidades que tuve para alcanzar esos logros. Pero ya entonces me di cuenta que la única forma de lograr el apoyo de las comunidades tribales, era logrando que la gente reciba algo a cambio. Los nativos sólo protegen la fauna si sacan algún provecho. Lo que es perfectamente entendible por otra parte.

¿Y cómo te llevás con los cazadores?
Muy bien. Siempre creí que la caza deportiva es una excelente herramienta para la conservación si está bien regulada y propiamente controlada. La clave está en el control, y aquí en Namibia tenemos un muy buen sistema. Si bien yo no soy cazador, tengo grandes amigos en la comunidad de cacería y además tengo el honor de haber fundado en la década del 70, la Asociación de Cazadores Profesionales de África del Sudoeste, junto a mis amigos Volker Grellmann, Basie Maartens, que como sabes son legendarios PH, y a Stoffel Rocher, un gran conservacionista del servicio de Parques Nacionales. Nos reunimos los cuatro en el viejo hotel Kaiser Berg de Windhoek, y fundamos la Asociación, que luego dio nacimiento a la NAPHA actual.  

¿Por último, te preocupa el avance del movimiento anti caza en el mundo?
Sí y mucho, porque creo que seguirá en aumento. Me parece que la comunidad científica debería hacer algo al respecto para revertirlo. En mi opinión, este movimiento organizado juega con las emociones de las personas, obteniendo grandes ganancias. Esas organizaciones no se basan en hechos científicos, sino en la manipulación de las emociones del público no especializado. Y hacen mucho dinero debo decir. Es lamentable.