miércoles, 2 de abril de 2014

Cocodrilo - Predador al acecho


Por Eber Gómez Berrade

El cocodrilo es una de las últimas incorporaciones a la categoría de caza peligrosa en el continente africano. Junto con el hipopótamo han transformado a los originales “Cinco Grandes” o “Big Five”, en los “Siete Grandes”. Es el único de estas especies que no es mamífero. El cocodrilo del Nilo, es el segundo reptil más grande del mundo y el mayor de África. Es un predador poderoso, rápido y eficaz. Su peligrosidad lo ha posicionado como una de las especies que más vidas humanas se cobra cada año en el continente negro. Su cacería representa un gran desafío para el cazador, tanto en habilidad para detectar un buen trofeo, cebarlo y evaluarlo en el campo, como en la extrema precisión que requiere el disparo para abatirlo.

Cocodrilos africanos
Es muy común llamar cocodrilo a una extensa serie de reptiles que habitan distintos ecosistemas acuáticos en todo el planeta. Para ser precisos, la familia a la que pertenecen los cocodrilos se denomina saurópsidos, y está compuesta por catorce especies diferentes. Para la ciencia taxonómica, los cocodrilos pertenecen al género de los Crocodylae, estableciendo otros dos géneros similares: los Alligatoridae (como los que se encuentran en La Florida de los Estados Unidos o nuestros yacarés sudamericanos), y los Gavialidae (como el gavial del Ganges, en India).
De las catorce especies de cocodrilo, tres habitan el continente africano: el Cocodrilo del Nilo (Crocodylus niloticus), de amplia distribución en el África Oriental y Austral; el cocodrilo de hocico fino (Crocodylus cataractus) que habita parte del África central; y el Cocodrilo enano (Osteolaemus tetraspis), que se encuentra en el África occidental, como Sierra Leona y Guinea.
Cuando hablamos del cocodrilo africano, los cazadores nos referimos al cocodrilo del Nilo. Esta especie no es exclusiva del río Nilo, sino que se distribuye en prácticamente toda el África subsahariana, habitando cursos de agua dulce como ríos, lagunas y pantanos. Es el reptil más grande del continente y el segundo más grande del mundo.
Estos monstruos con pinta de prehistóricos, suelen alcanzar una longitud promedio -medida de la punta del hocico a la punta de la cola- que va de 2 a 4 metros. En cuanto al peso promedio que alcanza un macho adulto, puedo estar dentro de un rango de 200 a 500 kg. El espécimen más grande inscripto en el libro de récords de Rowland Ward, fue el obtenido por David Meyer en 1995 en Tanzania, que llegó a medir 17 pies con 8 7/8 de pulgada, es decir casi 5,5 metros.
Su hábitat natural es el acuático, pero en épocas de sequía puede caminar grandes distancias por tierra. Es un carnívoro muy agresivo que se alimenta de peces, mamíferos, reptiles y aves. Es un predador muy ágil que captura sus presas mayormente acechándolas durante mucho tiempo. Una vez que se lanza al ataque es extremadamente veloz. Si bien sus mandíbulas son terriblemente poderosas, está impedido de masticar, por lo que una vez que sujeta a su presa, la sumerge en el agua, y gira sobre sí mismo intentando desgarrar pedazos de carne. Al igual que los tiburones, los huesos y las cornamentas que ingiere son reducidos gracias a los ácidos del estómago.
En general alcanzan una edad avanzada, muchas veces superando los 80 años. Son extremadamente territoriales, y se alimentan de noche donde asechan a sus presas en la oscuridad de los ríos. Durante el día, al ser de sangre fría, deben echarse al sol para recuperar el nivel térmico necesario para su metabolismo basal.   
La especie ha sido utilizada con mucho éxito como animales de granja en varios países africanos. Esto naturalmente no significa que pueda ser domesticado, o que su peligrosidad disminuya, simplemente que se utiliza en la cría intensiva para fines comerciales tanto por su piel como por su carne.

Peligrosidad
Cuando se habla de peligrosidad, el cocodrilo también se diferencia del resto de sus compañeros de caza peligrosa. En líneas generales, si hablamos de elefantes, leopardos o búfalos, el índice de peligrosidad está dado por la capacidad que tienen estas especies de atacar de manera letal al cazador o a los miembros de la partida de caza, ya sea por haber sido herido o por haber invadido su espacio vital. Con el cocodrilo este riesgo no existe, ya que mayormente se lo caza desde un apostadero, y casi nunca el cazador se convierte en víctima. Sin embargo, la peligrosidad del cocodrilo -y más aún de la subespecie del Nilo-, se refleja en ataques a humanos no relacionados con situaciones de caza. En general, las víctimas suelen ser personas que se encuentran en la costa, bañándose o lavando ropa, nadando o pescando dentro de los cursos de agua. Hace unos meses, unos ocho pescadores furtivos fueron muertos por cocodrilos en el transcurso de dos semanas, en el Lago Chivero, en Zimbabwe. Esta misma situación se sigue dando en Namibia y Botswana, en los deltas del Okavango y Kwando, donde los pescadores nativos sin permisos de pesca, se adentran en el agua hasta la cintura con sus cañas de pescar de bambú y sus redes, sin tener en cuenta el riesgo de ser devorados. Es habitual leer noticias de ataques fatales de esta naturaleza en diferentes ríos del continente africano.  

 Dónde están los mejores trofeos
No hay un área determinada donde se ubiquen los trofeos más grandes en África. Cualquiera de los ríos más importantes como el Zambeze, Congo, Kagera, Orange, Limpopo, Okavango, Rovuma, Kwando, Lwanga, y naturalmente en el Nilo, pueden encontrarse ejemplares muy buenos. De acuerdo a los registros del Rowland Ward, los países donde se han capturado los ejemplares más grandes son Tanzania, Sudán, Etiopía, Mozambique, Zambia, Zimbabwe y Botswana. Las poblaciones de cocodrilos llegaron a su punto más bajo hacia 1950, luego de décadas en las que fueron diezmados por cazadores furtivos y comerciales. A partir de 1960, la especie obtuvo la categoría de trofeo de caza, y fue a partir de ese momento que se revirtió la declinación poblacional, convirtiéndolo en uno de los más claros y contundentes ejemplos de la relación entre caza deportiva y conservación de especies de fauna salvaje. Hoy en día su cacería está permitida en la mayoría de los países donde se realiza la actividad, y su condición hace tiempo que abandonó la amenazante categoría de “en peligro de extinción”.

La cacería 
La cacería del cocodrilo es esencialmente con cebo y desde apostadero. En la mayoría de los países, se realiza con luz diurna. En muchos aspectos, su cacería recuerda a la del leopardo. En este sentido, provee un gran desafío al deportista y requiere de un gran conocimiento del cazador profesional tanto para descubrir el lugar indicado donde cebar, como para evaluar la longitud del trofeo en el campo. En primer lugar, se debe detectar los lugares sobre la costa donde suelen echarse. Allí la identificación y evaluación de las distintas huellas y marcas que ha dejado, hará que se tenga una idea más o menos precisa de la magnitud del animal que merodea ese lugar. Luego, se debe trabajar en la construcción de un apostadero, tomando todos los recaudos necesarios para no ser descubiertos, ubicándolo con viento en contra y a una distancia entre 70 y 100 metros. El emplazamiento del apostadero es una tarea esencial ya que estos animales poseen unos finísimos sentidos de olfato, oído y vista. Como buenos predadores, están siempre alerta y pueden detectar vibraciones de movimiento en el terreno, o cualquier anomalía en el comportamiento de aves, para activar su alerta y desaparecer inmediata y silenciosamente bajo el agua. Son muy tímidos y extremadamente desconfiados. Si alguien alguna vez pensó que cazar un cocodrilo era como disparar a un pez dentro de un barril, debería pensarlo de nuevo.
Por último, una vez construido el apostadero, se coloca la carne del cebo en diferentes lugares, algunos trozos debajo del agua, y otros sobre la tierra, en lo posible atados a un árbol mediante un cable de acero o una cadena, que obligue al animal a quedarse en ese lugar. El cocodrilo no tiene muchas pretensiones a la hora de elegir que bocado llevarse a la boca como puede suceder a veces con el leopardo. La única restricción de acuerdo a la legislación de caza de algunos países africanos, es que el cebo no sea un animal vivo.
Si luego de haber identificado el lugar, posicionado ventajosamente el apostadero y colocado la carnada de manera correcta, el cocodrilo aparece, comenzarán recién entonces las dos etapas más críticas de la cacería, es decir: la evaluación del trofeo y el disparo.
La evaluación del trofeo se centra mayormente en la longitud corporal, más que en el género del ejemplar o su edad, como sucede con otras especies de caza deportiva. La longitud mínima de un trofeo puede rondar entre 7 y 9 pies, y de ahí para arriba, pasará de ser un buen trofeo a un monstruo excepcional, como el caso del número uno del Rowland Ward de casi 18 pies que mencioné anteriormente. Un recurso interesante que ayuda a la evaluación de la longitud, es colocar líneas de marcación en la tierra a distintas distancias del cebo. De esa manera, cuando el cocodrilo esté comiendo la carne, podrán usarse esas marcas para tener una idea bastante aproximada de la longitud del ejemplar. Juzgar con una determinada precisión la longitud de uno de estos saurios, es casi tan difícil como juzgar el peso de un colmillo de marfil. Sólo la experiencia del cazador profesional permitirá estimar esta medida de una manera aceptable.
Ahora sí, si lo que está comiendo la carnada se encuadra en estos parámetros, recién ahí llegará el turno del disparo, que muy probablemente sea el único posible.  

El tiro
En este tópico también el cocodrilo se diferencia de sus congéneres de caza peligrosa. El tiro al cocodrilo requiere de una gran precisión por el riesgo a perder el trofeo debajo del agua irremediablemente, con la consiguiente pérdida de la tasa de abate y lo que es peor, con la frustración y malestar que causa dejar ir un animal herido.
Con esta especie, sólo hay un punto de impacto: el cerebro. No hay triángulo vital. No se le dispara al corazón, ni a los pulmones, ni a la columna. Sólo al cerebro de manera de anclarlo en el lugar donde está. De otra forma, se corre un riesgo muy alto de que se lance al agua, (ya que estará muy cerca del cebo), y desaparecerá.
Para acertar con un único disparo al cerebro se deben cumplir varios requisitos. En primer lugar, estar muy familiarizado con la anatomía del animal. La charla con el profesional, la lectura o incluso el entrenamiento previo al safari, garantizarán la correcta identificación de ese órgano, que no excede el tamaño de una pelota de tenis. En segundo lugar, el dominio absoluto de las condiciones del disparo.
Para ello, es recomendable al momento de emplazar el apostadero, medir con un telémetro la distancia exacta desde allí hacia la carnada. Luego volver al campo y  regular el rifle exactamente a esa distancia con un blanco de reglaje, haciendo disparos en una posición cómoda y relajada. Una vez que bajo estas condiciones, la agrupación no exceda la pulgada de dispersión, entonces sí, ya estarán dadas las condiciones para la situación de cacería.

 Las armas
Tanto los rifles de cerrojo como los dobles, podrán trabajar adecuadamente en esta cacería. Como aquí tampoco hay riesgo de una carga, podrán utilizarse los rifles monotiros del tipo Ruger N°1.  Lo principal es que -como siempre sugiero-, el cazador esté muy bien familiarizado y cómodo con su arma. El disparo será de precisión, por lo tanto el conocimiento de cada detalle hará la diferencia. La forma de la culata, el peso de la cola del disparador, la presión necesaria si se utiliza un gatillo a pelo, etc. son variables que deberán ser manejadas con solvencia por el cazador, casi tanto como lo haría cualquier tirador de bench rest en el polígono de tiro.
Para ésta, como para cualquier otra cacería desde un apostadero, el uso de una buena mira telescópica será una ayuda fundamental para ubicar con precisión el disparo en el punto vital. No será necesario que sea muy luminosa, ni de un gran aumento, pero sí de buena calidad. Las distancias serán cortas y podrán ir desde 50 a 100 metros, por lo que una mira variable que vaya de 1.5 a 5 x será suficiente para asegurar el primer disparo, y permitirá la visión periférica necesaria para un eventual y rápido segundo tiro, sin necesidad de quitar la vista de la óptica.  

Las municiones
Las puntas para la munición deberán ser blandas, para causar el mayor daño posible en la cavidad craneana. Sin embargo, debido a la dureza de los huesos, tendrán que ser de expansión controlada, para que no estallen en caso de impactar francamente en una de las placas óseas de la cabeza sin llegar a penetrar adecuadamente. Tendrán que ser además, de calidad Premium o por lo menos, las mejores que puedan conseguirse en el mercado. En este caso, no es mala idea adquirir una cantidad suficiente de igual munición, ya que esas mismas balas deberían ser usadas para la calibración del rifle en el polígono, la práctica de tiro previa al safari, la prueba en el campamento luego del viaje aéreo internacional, la calibración del rifle a la distancia exacta entre el apostadero y el cebo, y el disparo final de caza.

Los calibres
Otra diferencia con el resto de las especies de caza peligrosa, es que para la cacería del cocodrilo no se requiere un calibre mínimo. Sin embargo, hay algunos lineamientos para tener en cuenta. Por ejemplo, el tamaño del cocodrilo. Si -como dicen en África-, el cazador es agraciado por las dos damas de la caza: la suerte y la madre naturaleza (Lady Luck y Mother Nature), poniendo bajo la mira un gran trofeo que excede los 12 pies, será conveniente no estar “subcalibrado” con un 308 Winchester o un 30-06 Springfield.  Cualquier opción que arranque en el 300 Win. Mg, pasando por un .338 y hasta el 375 H&H Mg., y que supere los 200 grains de peso de punta, será suficientemente buena para cumplir con su cometido. Del “todo terreno” 375 H&H para arriba, considero que se ingresa a la zona del exceso de calibre, que tiene como único riesgo, el “flinching” o miedo al retroceso que puede provocar una variación al momento del disparo. Más allá de esta eventualidad, los calibres que utilizan puntas que van desde los 350 grains hasta los 500 grains de peso serán también muy adecuadas. En lo personal, creo que un calibre “grande” ideal para esta cacería es el 404 Jeffery, el 416 Rem. Mg, y el venerable 416 Rigby. Si el retroceso no es un problema, cualquiera de estos podrá anclar en el lugar al mayor cocodrilo, de una manera fulminante eliminando el riesgo de perderlo. 

viernes, 28 de febrero de 2014

Rinocerontes - Peligrosos y en peligro


Por Eber Gómez Berrade

El rinoceronte ha formado parte del exclusivo club de los Cinco Grandes de la caza peligrosa desde el comienzo de la historia de los safaris en África. En aquellos lejanos días de principios y mediados del siglo XX, no había cazador que estando en safari, no intentara enfrentarse a uno de los animales más extraños, fantásticos y mal humorados que habitan el continente negro.

Lamentablemente, en las últimas décadas, los rinocerontes fueron blancos del tráfico ilegal de fauna, lo que puso en peligro su existencia misma. En la actualidad, y gracias al esfuerzo conjunto de la comunidad académica internacional, de organizaciones de cazadores y de varios gobiernos africanos, se está logrando de a poco un aumento en las poblaciones de estos animales.
De hecho este año, han sido emitidas cinco licencias de caza de rinoceronte negro en Namibia, (autorizadas por el CITES), como herramienta de manejo y obtención de fondos para su estudio y conservación.
En este sentido, si tuviera que elegir un caso emblemático de la sinergia entre cazadores y conservacionistas, no se me ocurriría un ejemplo mejor que el de los rinocerontes. Una especie amenazada por furtivos y protegida por cazadores deportivos, que con el pago de sus carísimas tasas de abate, ayudan al financiamiento de investigación, manejo y control de los ejemplares existentes.
La diferencia se puede ver claramente. Existen especies de rinocerontes en África y en Asia. En África se pueden cazar y paulatinamente aumenta la población a pesar del furtivismo. En Asia no se pueden cazar. Y cada vez hay menos.

Blanco & Negro
En realidad la familia de los rinocerontes está compuesta por cinco especies, tres se encuentran en Asia y dos en África. Los asiáticos son el rinoceronte de Java, el de la India y el de Sumatra. Los africanos son el Blanco y el Negro.
Como dije, la particularidad de estas especies es que todas cuentan con algún grado de protección por su crítico estado o vulnerabilidad en materia de conservación.
En África, tanto el blanco como el negro, son paquidermos bastante similares, incluso no hay mucha diferencia en cuanto al color como sus nombres hacen creer. De hecho, se dice que el nombre de rinoceronte blanco (white en inglés), en realidad proviene de la palabra wyt, que significa ancho en afrikaans, haciendo alusión a la forma ancha y cuadrada de su boca.
El rinoceronte blanco, cuyo nombre científico es Ceratotherium simum, es el mamífero terrestre más grande luego del elefante. Llega a tener una altura promedio de 180 cm y un peso de 2.200 kilos en los machos. Los hipopótamos son un poco más pesados que ellos, pero más pequeños en tamaño. La longitud de los cuernos varía desde los 60 a los 140 cms., siendo extremadamente raro ver en estos días ejemplares con tamañas cornamentas.
En cuanto a la distribución, pueden clasificarse dos variantes dentro de los blancos: los del norte y los del sur. Las poblaciones endémicas del sur, fueron exterminadas prácticamente en el transcurso del siglo XX, pero luego fueron repoblándose con programas de conservación de ejemplares de la provincia de Kwazulu Natal en Sudáfrica. En la actualidad, es el país con mayor población de blancos de África, habiendo también ejemplares en Botswana, Kenia, Namibia, Swazilandia, Zambia y Zimbabwe. Los del norte, si bien han alcanzado el Nilo Blanco en Uganda, República Centro Africana, Zambia, Zimbabwe y Kenia, han casi desaparecido de esos países.
La piel del rinoceronte blanco es gris (no blanca), y una característica diferencial es, además de que dobla en tamaño al negro, la forma ancha y cuadrada de su boca.
El rinoceronte negro o Diceros bicornis, no es más grande que un búfalo cafre, pero pesa casi el doble. Tampoco es negro, es gris. Un poco más oscuro que su primo, pero gris al fin. Alcanza una alzada promedio de 160 cm y un peso de 1.360 kg aproximadamente. Su boca es fácilmente distinguible a que tiene una forma aguzada característica. Existen dos variantes: la sudoccidental y la del este, siendo la sudoccidental la de mayor población. Históricamente el rinoceronte negro alcanzó mayor distribución que su compañero blanco, sin embargo fue objeto de una tremenda caza furtiva que lo llevó a las puertas de la extinción. Hoy en día, la mayor cantidad de esta especie se encuentra en Namibia y en Sudáfrica, habiendo también ejemplares en Malawi, Swazilandia, Tanzania, Zambia y Zimbabwe. 
Tanto el blanco como el negro son herbívoros, poseen una piel muy gruesa, desarrollaron un agudo sentido del oído y del olfato, y ambos tienen muy mala vista. 

Especies en peligro
Si bien ambas especies africanas han sido tradicionalmente perlas en la experiencia de los cazadores deportivos en el continente negro y han conformado la elite de los Big 5 por décadas. Hoy en día y desde hace 33 años, se encuentran con categoría de protección del CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre), cuando fue ubicado como “endangered” en 1980. Lamentablemente la demanda de sus cuernos para uso en medicina tradicional o incluso afrodisíaco por parte de chinos y otros pueblos asiáticos, ha provocado en los últimos años una escalada de caza furtiva sin precedentes, haciendo subir los precios de las cornamentas en el mercado negro y provocando una crisis ecológica sin precedentes. 

Este flagelo que continúa ocurriendo al momento de escribir estas líneas, ha provocado la gestión de la comunidad internacional para intentar revertir una tendencia regresiva en los niveles demográficos de ambas especies, -pero aun más en la del rinoceronte negro-, que es la que cuenta con una amenaza mayor. De acuerdo a censos efectuados por la unidad especial denominada African Rhino Specialist Group del Conseil International de la Chasse (CIC), los niveles de furtivismo se han incrementado, pero al mismo tiempo los esfuerzos por protegerlos ya han comenzado también a dar sus frutos.
Así es que la población actual de rinocerontes blancos se estima hoy en 20.405, y la de negros en 5.055, lo que evidenció un aumento sostenido desde el año 2010.
Si desagregamos los datos del censo, vemos que hay 18.910 rinocerontes blancos en Sudáfrica, seguido por Namibia con 524; Zimbabwe con 283;  Botswana con 185; y con algunas decenas en países como Zambia, Swazilandia y Uganda. En cuanto a los rinocerontes negros, Sudáfrica tiene 1.770; Namibia 1.750; Zimbabwe 422; Kenia 631 y el resto distribuido entre Malawi, Botswana, Tanzania y Zambia.
En todos los casos, de acuerdo a este organismo internacional, la tendencia de crecimiento ha sido positiva o se ha mantenido estable en el peor de los casos.
Esta mejora leve en el estado de la conservación de los rinocerontes, está lejos de poner fin al flagelo del furtivismo. Para tener una idea de la magnitud de la crisis, digamos que en lo que va de este año (hasta el mes de Septiembre), fueron matados 618 rinocerontes en Sudáfrica, acercándose peligrosamente a los 668 ejemplares sacrificados durante todo el año pasado. Sólo en 2013, han sido capturados 165 delincuentes en operaciones de lucha anti furtiva en ese país.

Dónde cazarlos en la actualidad
A pesar de este sombrío panorama, hoy en día aún es posible cazar rinocerontes en África, naturalmente de manera legal y con las licencias correspondientes emitidas por los gobiernos de cada país. La especie más común es el blanco. Sudáfrica y Namibia disponen de cuotas anuales con tasas de abate realmente caras. Se estima que en Sudáfrica se cazan unos 70 a 80 por año, mayormente en la provincia de Kwa Zulu-Natal. En cuanto a costos,
el rinoceronte es, sin dudas, la especie más cara de toda África. Y si el blanco es caro, el negro lo es mucho más. Si se obtiene el permiso respectivo, una cacería puede llegar a rondar los 200 mil dólares.
Sin ir más lejos, este año e
l Consejo de Ministros de Namibia aprobó la caza de cinco machos trofeo de rinocerontes negros, para ser cazados en cualquier momento y hasta el 2017. Estos ejemplares se encuentran en Mahango, el Parque Nacional Mangettil en el Kavango occidental, en el Waterberg Plateau Park, y en el Parque Namib Naukluft. Lo que se obtenga por el valor de las tasas de abate, se invertirá en el Fondo para la Conservación de la Fauna de ese país.  

La cacería 
La cacería del rinoceronte blanco en Sudáfrica o Namibia se da en cotos cercados o en reservas habilitadas exclusivamente. Se realizan siempre a pie, en horas diurnas y recechándolo. Si se maneja bien el viento, uno se puede ubicar muy cerca, ya que estos animales tienen una visión muy pobre. En cuanto al grado de dificultad, diría que es la misma que la que representa la caza del eland o la del kudú. Claro que ninguno de estos viene con riesgo de carga. Sus grandes huellas son fácilmente distinguibles, al igual que sus heces. Muchas veces se los encuentra en montes cerrados, lo que complica la evaluación del trofeo en el terreno, así como la claridad necesaria para el primer disparo.
El trofeo es obviamente el cuerno, que en realidad es una protuberancia pilosa, que da el nombre a la especie (rinoceronte significa cuerno en la nariz). Siempre es una tarea delicada para el cazador profesional juzgar la edad de un macho adulto. Sin embargo, las características del cuerno y la posibilidad de acercarse ayudan mucho en la evaluación final del trofeo.
Lo que se busca es siempre longitud de la cornamenta y ancho de la base. Ambas medidas son las establecidas además por los sistemas de medición actuales como el Safari Club Internacional y el Rowland Ward.
Este último divide a los rinocerontes de acuerdo a cada variedad. Así el récord de rinoceronte blanco del sur, lo tiene Sir William Gordon-Cumming, con un cuerno de 62 ¼ de pulgada cazado en Sudáfrica en 1898. En cuanto a la variedad del norte, el número uno lo tiene D.N Palios, con 50 1/8 cazado en el Este de África en 1933. En rinoceronte negro, el mayor registrado data del año 1902, y es el trofeo cazado en Kenia por K.V. Painter, que alcanzó las 53 ½ pulgada de longitud.

Cacería con dardos
Una opción que se abrió hace algunos años en Sudáfrica, fue la caza con dardos, o como se la conoce en  inglés “green hunt”. Esta modalidad  permite al cazador efectuar una cacería de rinoceronte utilizando un rifle con dardos anestésicos en lugar de munición viva. En este tipo de safaris, no sólo el cliente es acompañado por el cazador profesional sino también por un veterinario, que es el encargado de realizar los estudios necesarios al animal, de administrarle medicación y suplementos vitamínicos, o de colocar un localizador para programas de conservación.
La cacería es tan peligrosa como la tradicional. Es más, muchas veces tiene una complicación mayor, ya que no hay disparo de back up (o por lo menos no, hasta el último segundo imprescindible), y porque cada animal se comporta diferente respecto a la droga administrada.
Una vez sedado el rinoceronte, y mientras los veterinarios realizan su trabajo, el cazador se toma las fotos de rigor, se mide el trofeo, y se toma el molde de los cuernos para luego replicarlos en resina. Eso y las fotos, será todo lo que el cliente podrá llevarse de regreso a su casa. El animal, volverá a su ambiente como si nada hubiera pasado luego de que se le haya pasado el efecto de la anestesia.
Esta forma de cazar tuvo un discreto auge hace unos años, debido a que disminuía muchísimo el valor de un safari de rinoceronte. Sin embargo, en el 2011, comenzaron a escucharse críticas del ámbito académico que apuntaban directamente a la participación de los veterinarios en estas operaciones. Fue así que el Consejo de Veterinarios de Sudáfrica declaró que era una actividad que no se adecuaba a los parámetros éticos a los que deben someterse sus profesionales. Poco tiempo después, el Departamento de Asuntos Ambientales de ese país, prohibió la caza con dardos para cazadores deportivos, permitiéndola exclusivamente a veterinarios con fines profesionales de conservación y estudio. Hoy en día, es aún posible realizar este tipo de capturas en la provincia sudafricana de Eastern Cape. De todas maneras, y por lo cambiante de la legislación de fauna en Sudáfrica, mi sugerencia a la hora de decidirse por un safari así, es estar al tanto de las últimas regulaciones de fauna en cada una de las provincias de ese país.

Peligrosidad
Muchas veces se ha subestimado el grado de peligrosidad de esta especie. Es cierto que su caza no es difícil, una vez cara a cara, no se puede soslayar el mal humor intrínseco que tienen estos paquidermos. En la historia de los safaris hay muchas anécdotas de accidentes, muchas veces fatales. Una de ellas, le ocurrió a Kathleen Seth-Smith, -madre del reconocido cazador profesional Tony Seth-Smith. La joven, en ese momento, fue atacada por dos rinocerontes en 1926 en el Valle del Rift, uno de los cuales había sido herido por ella misma, cuando le disparó con su viejo doble Rigby .450NE.  Increíblemente pudo salvar su vida, matar finalmente al rinoceronte y auto evacuarse hasta el hospital de Nairobi. Todo un milagro. Otro accidente, menos afortunado esta vez, le ocurrió al legendario Charles Cottar. Fue en una cacería en Kenia en 1940, cuando un rinoceronte mimetizado entre los altos pastizales, lo cargó desde corta distancia. Su hijo acudió en su ayuda, matando al animal, pero nada pudo hacer para salvar la vida de su padre. El cuerno le había cortado una artería mayor. En menos de una hora, había fallecido bajo el cielo de su amada África. Cottar fue el primer cazador profesional estadounidense y el iniciador de una larga dinastía de profesionales de la caza mayor africana, que perdura hasta hoy día.
Para tener una idea de lo que una carga de rinoceronte significa, baste decir que su velocidad de carga promedio puede alcanzar los 50 km/hora, lo que es lo mismo que decir 14 metros en un segundo. En otras palabras, si el animal carga desde unos 20 metros, el tiempo mínimo para colocar el disparo en el cerebro es de poco menos de 2 segundos.

Armas y municiones
Por lo expuesto en cuanto a la peligrosidad de esta especie, las armas adecuadas para la cacería de esta especie, son esencialmente las mismas que las utilizadas para las demás especies peligrosas, es decir: dobles o rifles de acción a cerrojo. Nada más. Como las distancias serán seguramente muy cortas y muchas veces en medio de un monte bastante sucio, es aconsejable que el fusil tenga un cañón corto, y en lo posible con miras abiertas. A menos que se tenga algún problema específico de visión, la mira abierta es lo más recomendable para este lance. Naturalmente que para tener solvencia en su uso, el cazador deberá tener una gran familiaridad con este tipo de óptica.  
En materia de municiones, hay sólo una opción: puntas sólidas. El rinoceronte es un paquidermo, y hace honor a la denominación de su especie. Paquidermo significa piel gruesa. Además cuenta también con una densa y profunda capa muscular, que deberá ser atravesada para llegar finalmente a los órganos vitales. Aquí también, como en toda decisión que se tome al enfrentarse con un animal de extrema peligrosidad y alto costo económico, el cazador está obligado a utilizar la mejor munición que encuentre en el mercado. Las puntas sólidas de marcas reconocidas y de naturaleza Premium, como las Norma African PH o Kynoch, por nombrar solo dos, serán la mejor opción a utilizar. 

Los calibres
Partiendo del inefable y todo terreno 375 H&H Magnum, cualquier calibre mayor será adecuado para esta especie. Es decir, todo calibre que pueda ser manejado con soltura y familiaridad, sin “flinching” o miedo al retroceso, y que pueda ser efectivo en un segundo disparo rápido sin que deje despatarrado al tirador. En mi opinión, el 416 Rigby, otro clásico y versátil cartucho inglés es la mejor opción para el rinoceronte, especialmente por las características de penetración que posee. Otra excelente opción, también en 400 grains es el 404 Jeffery, tanto en su versión para cerrojo como para doble. Naturalmente que los calibres mayores, como el .458 Lott, o los de la gama de .500 también son aptos, si se los maneja adecuadamente, aunque poco versátiles, si se piensa combinar la caza del rinoceronte con otras especies de planicie.

El tiro
Como dijimos, las situaciones de cacería suelen provocar disparos de relativa corta distancia. En la aproximación y primer disparo, la postura de pie y en lo posible con ayuda de un apoyo, colaborará en la precisión necesaria para impactar en puntos vitales como corazón y pulmones. Si la cosa se complica y hay que enfrentar una carga, el disparo a brazo alzado y de pie será prácticamente la única opción que quede. En este sentido, recomiendo seriamente el entrenamiento previo al safari, utilizando con blancos móviles a velocidades reales, para lograr un desempeño adecuado con el arma. Aquí no sólo habrá que ser preciso al disparar al pequeño cerebro del animal, sino que también habrá que hacerlo con extrema rapidez. Un mínimo fallo en cualquiera de las dos variables, será sin dudas catastrófico. 

viernes, 7 de febrero de 2014

Leopardo - Rápido y furioso



Por Eber Gómez Berrade

A menudo la cacería del leopardo es elegida como la primera oportunidad para enfrentarse a las especies de caza peligrosa, exponiéndose a uno de los más grandes desafíos que ofrece el continente negro. Una experiencia donde se pone en juego la inteligencia, la estrategia y la paciencia del cazador versus la sagacidad y la ferocidad de un predador temible.   

La cacería del leopardo, como se la realiza de manera tradicional, es decir con cebos y apostado, puede parecer pasiva y hasta poco peligrosa en algunos casos. Sin embargo, la realidad indica que es tremendamente activa y apasionante para aquel que decida enfrentarse a este felino. Ya que desde el primer día de su safari, el cazador se encontrará trabajando en la construcción de apostaderos, cazando antílopes para usarlos de carnada y recorriendo kilómetros en busca del rastro correcto. Sólo ahí podrá sentarse a esperar a que la presa aparezca. Y a partir de ese momento, todo será adrenalina pura.

Leopardos en África
Sobre ellos girará esta nota, a pesar de que existen algunas especies en Asia menor, algunos países del sudeste asiático y Arabia. El leopardo africano es identificado como Pantera pardus pardus, y para algunas lenguas nativas, como ingwe, mbada y chui.
De los felinos africanos es el que se ha adaptado mejor a prácticamente todas las regiones del continente. Desde Egipto, Libia y Marruecos, hasta Namibia, Botswana y Sudáfrica, pasando por los países del centro y este del continente. A lo largo de estas regiones muy diferentes entre sí, la especie ha desarrollado algunas diferencias en cuanto a tamaño y pigmentación de la piel. En el este, por ejemplo, suelen ser más grandes y pesados que los del sur, pero en el Camerún, son más pequeños y oscuros que sus congéneres australes, lo que en esos casos les ayuda al mimetismo y la movilidad en medio de la selva cerrada.
Los leopardos son solitarios, territoriales y viven aislados excepto en la época de apareamiento. Esquivos como pocos, es muy difícil encontrarlos a plena luz del día, a menos que estén en lugares realmente inhóspitos sin rastros de población humana. En general se mueven, cazan y alimentan de noche, y eligen terrenos rocosos como colinas, riscos o “kopjes” para guarecerse. Suelen utilizar las ramas de los árboles para descansar durante el día o acechar alguna presa. Son naturalmente carnívoros que se alimentan de antílopes pequeños y medianos, cebras, primates y ganado común. Lo que los convierte en la pesadilla de muchos granjeros africanos. Pueden pasar largo tiempo sin beber agua, ya que les son suficientes los líquidos que capta de sus presas al alimentarse. Estas características sumadas a la velocidad, fortaleza y ferocidad hacen que sean magníficos cazadores.   
El leopardo macho puede llegar a medir de 60 a 70 cm. de porte, y a pesar entre 50 y 100 kilogramos. En líneas generales, los ejemplares más grandes provienen de países como Tanzania o Mozambique. De hecho para el libro de records Rowland Ward, el trofeo que encabeza el ranking es el cazado en 1957 por V. Neamand en Tanzania, cuyo cráneo midió 11 pulgadas de largo por 8 de ancho. En cuanto a cantidad de ejemplares por kilómetro cuadrado, es Namibia el país que cuenta con mayor tasa demográfica del continente, particularmente en las áreas de Bushmanland y Etosha.

El trofeo
De acuerdo a los sistemas de medición actuales, el trofeo se registra mediante las medidas del cráneo en su largo y ancho. Es el mismo sistema que los usados para todas las demás especies de carnívoros. El cálculo de esta medición es extremadamente difícil para realizarlo en el campo, más precisamente desde un apostadero. Por esa razón, el cazador profesional deberá juzgar el tamaño completo del animal y su edad aproximada. Hoy en día, muchos países africanos han establecido -como lo han hecho con los leones- un mínimo etario de 6 años para que el ejemplar sea considerado trofeo y pueda ser exportado al país del cliente del safari.
Al momento de juzgar el trofeo, se busca siempre que sea macho, aunque sea legal la cacería de hembras, ya que la diferencia de peso y porte entre ambos géneros es considerable. De hecho, en la etapa de búsqueda e identificación de huellas, el profesional se centrará en aquellas que provengan de un animal  grande, en la esperanza de que además, tenga también la edad mínima para  convertirse en un trofeo legal. 
Estos requerimientos deben ser tenidos muy en cuenta en el safari, ya que de infringir alguna de estas condiciones, las autoridades le cancelarán inmediatamente el permiso de exportación al cazador extranjero. Como ejemplo, baste recordar que hace un año en Namibia, se cazaron 350 leopardos, -que es la cantidad máxima establecida por CITES para ese país-, y luego de la verificación de las autoridades del Ministerio de Medio Ambiente y Turismo, sólo 13 leopardos pudieron ser exportados a sus propietarios en el extranjero. El resto de los permisos fue denegado por haberse verificado violaciones a la Ley de Fauna, como haberlos cazado de noche o por haber sido ejemplares jóvenes en etapa reproductiva.  

Dónde encontrarlos
Los países que actualmente tienen habilitada la caza del leopardo son Camerún, República Centro Africana, Etiopía, Tanzania, Mozambique, Zimbabwe, Sudáfrica y Namibia. Zambia ha sido históricamente un excelente lugar para la cacería de los grandes felinos, pero existe en este momento una disposición del gobierno de ese país que ha suspendido la caza de león y leopardo durante el año 2013. En cuanto a las áreas de cacería, las mejores están en las proximidades del Lago Natron, el monte Kitumbeini y la Reserva de Caza Selous en Tanzania; la Reserva de Caza Niassa en Mozambique; la región del Kafue y el valle del Luangwa en Zambia; y Bushmanland y Etosha en Namibia.

La cacería tradicional
La caza del leopardo es esencialmente al acecho, desde un apostadero. Como dije anteriormente, al ser animales muy tímidos y esquivos, son extremadamente difíciles de ver durante el día, por lo tanto el rececho queda prácticamente descartado, a menos que se haga uso de perros para su captura. En este sentido, las legislaciones de los países que cuentan en la actualidad con licencias disponibles son variadas y han sufrido numerosas modificaciones durante los últimos años. Existen países donde es posible la persecución diurna con jaurías de perros, o la cacería nocturna desde apostaderos con el uso de luz artificial, como puede hacerse en Zimbabwe y Sudáfrica por ejemplo. Otros, en cambio, en los que estas dos modalidades están totalmente prohibidas, pudiéndoselo cazar exclusivamente de día y apostado como sucede en Namibia y Tanzania.
Los safaris de leopardo suelen tener una duración máxima de 15 días. Muchas veces, los outfitters locales, colocan cebos algunas semanas antes de que llegue el cazador al campamento. Otras veces, mantienen cebados apostaderos durante todo el año para acostumbrar a los leopardos a un determinado lugar. Cualquiera sea la opción elegida, al comienzo del safari, el cazador deberá obtener más carne para alimentar los apostaderos. Las presas más apetitosas para estos felinos son las cebras, que al tener bastante grasa, duran más tiempo como carnada. Otras especies adecuadas son el eland, los oryx y otros antílopes grandes, ya que el voraz apetito de un leopardo no se conformará con una simple patita de impala.
Una vez colocados los cebos, que en general suelen ser varios, dispuestos a muchos kilómetros unos de otros, comienza la tarea de visitarlos en busca de rastros frescos. En algunas granjas suelen colocarse cámaras espías que ayudan a esta tarea, identificando los animales que se acercan a comer. Esta actividad puede llevar varios días, hasta que finalmente se da con las huellas adecuadas, es decir, de un ejemplar grande. A partir de ahí, comenzará la instalación del apostadero a una distancia de entre 60 y 100 metros, ubicado en lo posible con el sol de espalda y el viento en contra. Recién a partir de ese momento empieza la espera, que deberá ser en el más absoluto silencio, debido al finísimo sentido del oído que tiene este felino. Una vez que el “gato” aparezca en el cebo, será tarea del profesional la evaluación del trofeo. Si la suerte acompaña y lo que está comiendo es un ejemplar grande y suficientemente adulto como para ser exportado, la orden de “dispare” será lo que inmediatamente escuchará el afortunado cazador.
A partir de ese preciso instante, se abre otro capítulo de esta cacería. Si se hicieron todos los deberes previos al safari, si se conocían a la perfección los puntos de impacto en distintas posiciones, si el rifle estaba calibrado exactamente a la distancia en la que está el cebo, y si el disparo fue certero, entonces el animal habrá caído fulminado sobre la base del árbol donde estaba la carnada.
Ahora, si falló alguna de estas variables, el sueño de dar caza a unos de los Cinco Grandes más feroces del planeta, corre el riesgo de convertirse rápidamente en una terrible pesadilla, tanto para el cazador como para el profesional. Entrar al monte a buscar un leopardo herido es una de las tareas más peligrosas a la que se enfrenta un cazador profesional y su cliente. Si todo sale bien, encontrarán el animal muerto cerca de donde fue herido, sino es muy probable que enfrenten una carga directa. Es en este punto, donde se evidencia el alto nivel de peligrosidad de esta especie.

Peligrosidad
Una de las características para evaluar el nivel de peligrosidad del leopardo, es la velocidad de ataque que desarrolla en línea recta y que puede alcanzar los de 80 km/h. Para tener una idea cabal de de lo que esto significa, pensemos que en el momento de una carga, recorrerá unos 20 metros en un segundo y los últimos 5 metros en exactamente la mitad de ese tiempo. Esta velocidad de ataque lo convierte en la más rápida de las especies de caza peligrosa de África. Sumado a esto, se debe considerar su contextura física, el manejo letal de sus garras y colmillos, y la capacidad mimética que dificulta su localización. A diferencia del león, no ruge antes de cargar, lo que complica aún más la situación. Si bien suceden anualmente varios accidentes con esta especie, pocos son mortales, pero siempre terminan con el damnificado en el hospital más cercano.
La peligrosidad de esta especie, está dada no sólo por los accidentes producto de la cacería deportiva, sino también entre pobladores locales. Para ilustrar esta situación vale decir que de acuerdo a la Central de Estadísticas Medioambientales de Botswana, se registraron en ese país unos 2643 ataques de leopardo a seres humanos en el transcurso de los años 2009 a 2011. Esta cifra supera a los incidentes registrados de leones y elefantes a la población nativa y a su ganado durante el mismo período. 

Armas, calibres y municiones
La elección adecuada del arma es una cuestión fundamental para quien se enfrente a cualquiera de las especies peligrosas. El leopardo no es una excepción. Sin embargo, se puede diferenciar dos etapas relacionadas con las armas en el proceso de la cacería. En primer lugar, el uso del rifle desde el apostadero. Para ello, cualquier sistema es adecuado, ya sea de cerrojo, monotiro o doble. En cualquiera de estos casos, es casi indispensable el uso de una mira telescópica de buena calidad para ubicar el tiro con una precisión casi quirúrgica. En esta etapa, el cazador tendrá la chance de disparar sólo una vez. Si la cosa, no funcionó como se esperaba, y el leopardo escapó herido, la situación de disparo cambiará radicalmente. Allí solo hay lugar para los sistemas de cerrojo o de rifles doble. El profesional, seguramente tendrá uno de estos fusiles que usara como respaldo o back up.
Es una costumbre difundida en algunos países de África, que el guía utilice una escopeta con postas para internarse en el monte a buscar un felino herido, e incluso he visto a algunos que llevan un arma corta para usar en caso de ser “abrazado” por la fiera. Lo cierto es que como dice el dicho “cada maestrito con su librito”, hay teorías que descartan de cuajo el uso de escopetas, y mucho menos de revólveres por parte de los profesionales. Un maestro de cazadores profesionales del que tuve el honor de ser alumno, no perdía oportunidad de explicar por qué no se debe utilizar una escopeta, basándose en las gráficas de energía comparada entre postas y balas de grueso calibre. Para él, el arma típica de back up es y debe ser el rifle doble. El problema, como uno puede imaginarse, es que no muchos guías profesionales pueden disponer de tan costosa herramienta.
En cuanto a calibres, en varios países africanos se requiere un mínimo legal para la caza de especies peligrosas, medido en términos de energía. La base suele ser el 375 H&H Magnum como dijimos en varias oportunidades, sin embargo hay también otros países en donde el leopardo tiene un estatus intermedio entre las especies de planicie y las peligrosas, y donde no rige el mínimo legal. En esos casos, de todas maneras, el cazador no debería considerar nada debajo de un 7 Rem Mg. o 300 Win. Mg.
Una vez, más el venerable 375 H&H con munición de 270 grains resulta ser un instrumento más que adecuado para esta cacería. Irse más arriba, con calibres superiores tampoco es muy aconsejable debido al riesgo de adoptar el temido “flinching” o miedo al retroceso, que puede ser perjudicial en un tiro de absoluta precisión como es el del apostadero. Naturalmente como calibre de apoyo, lo opuesto es lo recomendable, es decir usar suficiente calibre para detener inmediatamente una carga a pocos pasos. Para esto los profesionales suelen usar el 458 Win. Mg, el 416 Rigby, algún 500 en rifles de cerrojo, el 470NE o algún profesional afortunado que disponga de 577NE como arma de cabecera.  
Los leopardos son animales de piel suave, así que la punta a usar debe ser blanda de expansión controlada. Naturalmente como siempre menciono, la de mejor calidad que pueda conseguirse en el mercado. Pero aquí lo fundamental, es -además de la marca y la calidad- el que se utilice siempre la misma munición, tanto para el entrenamiento previo al safari, para la regulación de la mira en el campamento, para la calibración a la distancia exacta desde el apostadero hasta la carnada, y por supuesto para el disparo final. A mi criterio, el estar absolutamente familiarizado con la curva balística de la munición elegida (de igual manera que con el binomio rifle-mira telescópica), es de capital importancia para abatir a la pieza de un solo y letal disparo.

El tiro
Como dije, el proceso de tiro puede darse en dos etapas. La primera, cómodamente sentado, desde la seguridad del apostadero. Para esto, el cazador seguramente habrá de practicar con una serie de disparos en el polígono del campamento, utilizando el asiento con el apoyo y replicando las mismas posturas y condiciones que encontrará en el campo. En general, la manera de sostener el rifle, suele ser con un trípode, a través de una cuerda colgada en el apostadero donde descanse la culata o la chimaza del arma, o un apoyo adosado al sillón del tirador. No hay mucho secreto en esta forma de tiro, que es más de estilo “bench rest” que de cacería.
Luego de esto y una vez elegido el lugar del apostadero y colocada la carnada, es recomendable medir exactamente la distancia de disparo con el telémetro, y luego de vuelta en el campamento regular a “mosca” el rifle a esa misma distancia en el polígono de práctica.
En caso de una carga, el tiro será muy probablemente de pie, ya que no habrá tiempo de arrodillarse y de una manea casi instintiva. Como último recurso, el profesional deberá instruir al cliente -antes de comenzar el safari- sobre las técnicas de disparo cercano en caso de que el animal esté sobre el guía o alguno de los miembros de la partida de caza, de manera de evitar un daño mayor a la vida humana. En una cacería peligrosa de este tipo, todas las previsiones que se tomen para evitar riesgos estarán por demás justificadas.



martes, 10 de diciembre de 2013

León - El indiscutido rey de la selva




Por Eber Gómez Berrade

La belleza y majestuosidad del león africano, lo ha convertido en un símbolo de la relación entre el hombre y la vida salvaje. Para algunas culturas, su caza es la ceremonia de iniciación en la cual un joven guerrero ingresa al mundo de los hombres. Para nosotros, un ícono de peligrosidad y aventura, que -aún hoy- hace temblar de emoción a todo aquel que tenga la fortuna de enfrentar en un duelo a muerte, al rey coronado del continente negro.   

Tierra de leones
Los zulúes de Sudáfrica le llaman Ingonyama; los masai de Tanzania, ol-ngatuny; los kikuyus de Kenia, morodi; los hereros de Namibia, o-ngeama y tal vez el nombre nativo más conocido sea el de simba en swahili, la lengua franca hablada en el este de África. Para la ciencia, el nombre del rey de la selva es Panthera Leo.
Desde el punto de vista cinegético, no existen subespecies clasificadas, aunque hay diversidad de opiniones científicas sobre algunas alteraciones genéticas menores ocurridas en ejemplares de distintas regiones del continente. Sin embargo hay una raza de león en las selvas de Abardare, en Kenia, que es considerablemente diferente al resto. Estos animales son un poco más pequeños, el pelaje en el lomo es más oscuro y prácticamente no tienen melena. Los nativos kikuyus lo llaman “morozi”, y lo diferencian de los leones comunes y de los leopardos.
En algún momento se llegó a especular con la idea de que los leones cebados con carne humana, como los de la historia de Tsavo a fines del siglo XIX, podrían ser parte de una particular subespecie, ya que tenían un denominador común que era la poca melena y un cuerpo más pequeño. Nada de esto tuvo luego basamento científico, llegándose a la conclusión de que ese comportamiento estaba íntimamente relacionado con el medio ambiente donde se desarrollaron.
Lo cierto que esta especie tiene una amplia distribución que va desde el sur del desierto del Sahara, Camerún, algunos países del centro y oeste de África, el norte y centro de Namibia, Botswana, Sudáfrica, Mozambique, Zambia y Tanzania. Se estima que en la actualidad existen unos 30.000 leones en todo el continente.
Son los felinos más grandes luego del tigre asiático. Los machos de la especie llegan a pesar unos 250 kilos en promedio, alcanzando una altura de 120 cm. La diferencia genérica se evidencia en que los machos son más grandes que las hembras, y a diferencia de éstas, poseen melena. Son gregarios, territoriales y se alimentan de un amplio espectro de herbívoros, mayormente antílopes y hasta búfalos, a los que cazan en cooperación con otros leones de la manada. Los ejemplares en libertad, alcanzan los 14 años de vida. 


El trofeo
Los libros de récords concuerdan en categorizar como trofeo al tamaño total del cráneo medido en su largo y su ancho. Tanto los sistemas del Rowland Ward como el Safari Club Internacional concuerdan con asignarle los métodos de medición para carnívoros (los mismos que para el oso, por ejemplo). Sin embargo, es un hecho que tradicionalmente para el criterio estético del cazador, el trofeo ha sido siempre el tamaño y el color de la melena.
No hace mucho en estas mismas páginas, me referí a este debate que se da en círculos académicos internacionales, y que plantea una revisión del concepto de lo que debe ser un trofeo de caza. En el caso del león esta discusión no puede estar más vigente, ya que existen ejemplares con maravillosas melenas o grandes cráneos, que pueden ser jóvenes aún y estén en plena capacidad reproductiva. Cazarlos sería regresivo desde el punto de vista genético, lo que implicaría atentar contra el principio fundamental de conservación de la fauna silvestre. Por otra parte, los machos adultos que se encuentran en libertad y han sobrevivido a una edad avanzada, son los que menos melena les queda, y los que tienen la piel más deteriorada, precisamente por la gran cantidad de batallas que seguramente debieron afrontar a lo largo de su vida. Estos ejemplares son -según mi opinión- los mejores trofeos que puede anhelar un deportista, aunque paradójicamente, sean los menos llamativos desde un criterio estético.  En muchos países, el mínimo requerido para que un adulto sea considerado trofeo es de 6 años de edad. Sólo una vez comprobado esto, las autoridades permitirán la exportación del mismo.
Juzgar la edad de un macho de león adulto no es una tarea fácil, y queda naturalmente siempre en manos del cazador profesional. Para eso se deben evaluar características morfológicas como altura, peso, colmillos, melena y rango de pigmentación de la nariz, así como parámetros de comportamiento asociados a la vida en manada y de competencia entre pares.
En el primer puesto del ranking del libro Rowland Ward está el león cazado en Sudáfrica, por I. Mackenzie en la antigua provincia fronteriza del Transvaal Oriental, (hoy denominada Mpumalanga) en 1968, cuyo cráneo midió 18 ¼ pulgadas de largo y 10 ½ pulgadas de ancho, dando una puntuación total de 28 ¾ de pulgada.

Donde cazarlos
En la actualidad se pueden cazar leones en Camerún, República Central Africana, Tanzania, Mozambique, Zimbabwe, Namibia y Sudáfrica. En menor medida, también suele haber licencias disponibles en Benin, Burkina Fasso y Etiopía. Botswana ha sido un destino tradicional, pero lamentablemente la cacería de estos felinos fue prohibida hace algunos años por el actual gobierno. En Zambia acaba de suceder algo parecido, donde el gobierno suspendió la cacería deportiva durante el presente año. En 2014 se deberá evaluar  nuevamente la posibilidad de permitirla, de acuerdo a censos y estudios específicos que se están llevando a cabo en estos momentos.
Las mejores áreas en este país son el Kafue, al oeste y en el valle del Luangwa al este. En ambas áreas suelen ofrecerse combos de león y leopardo o león y búfalo, así como también permite al cazador combinar la caza peligrosa con la de planicie, buscando los antílopes endémicos de Zambia como diversos lechwes y sitatunga. Veremos que sucede el año entrante.
Tanzania también está a la cabeza de la lista en cuanto a cantidad y calidad de trofeos. Las mejores áreas están en Rungwa al centro, Inyonga al oeste y los idílicos Kilombero y el Selous al sudeste. Aquí también el cazador puede encontrar combinaciones que incluyan león y búfalo o leopardo con duraciones de safaris que promedian los 18 días.
Mozambique cuenta con una muy buena población de leones en la gran Reserva Niassa, ubicada al norte del país. Allí, en un escenario que parece extraído de las páginas de “El Mundo Perdido” de Conan Doyle, y famoso por la calidad de los marfiles de los elefantes, se encuentran numerosas manadas de leones de muy buena calidad, en safaris que requieren un mínimo de 18 días de cacería.  
En Namibia, el área de mayor concentración de leones en libertad está en Etosha. Allí se pueden encontrar los seductores leones de melena negra, sin embargo, el gobierno de ese país emite muy pocas licencias de caza por año, por lo que es algo difícil lograr estos trofeos si no se planifica con bastante tiempo de anticipación. Una alternativa que ofrece este país, a un costo y duración menor de lo que se establece para un león trofeo, es lo que se denomina programa de control de animales problemáticos (Problem Animal Control). Estas licencias especiales se emiten de urgencia cuando un felino irrumpe en una aldea o en una granja agropecuaria y se requiere su eliminación. Estos permisos son difíciles de conseguir y no permiten mucho tiempo para la planificación de la cacería.

Un destino no muy frecuente pero muy interesante, es Camerún. El norte de ese país del África central, está formado por sabanas que albergan a poblaciones de leones en libertad de muy buena calidad aunque no en la cantidad que hay en Tanzania o Zambia. Aquí también suelen ofrecerse combinaciones muy atractivas, en este caso de león y eland gigante de Lord Derby a un costo sensiblemente menor al de Tanzania, Mozambique o Namibia. Una opción para tener en cuenta para aquellos que ya han recorrido ampliamente las latitudes australes del continente.
La República Centro Africana tiene una geografía similar a la sabana de Camerún, sin embargo no lo recomiendo como destino de safaris en general, luego del golpe de estado sucedido en Marzo último, cuando fuerzas rebeldes violaron un alto el fuego con las tropas gubernamentales.
En Zimbabwe las mejores áreas de caza de leones han sido el valle del Zambezi, Nyaksanga y Bubi Valley, pero la presente situación social  económica, según mi criterio descarta a ese país como destino turístico por el momento.

Los leones de Sudáfrica
La cacería de león en Sudáfrica merece un capítulo aparte. Esto es así debido a que desde hace algunos años, este país implementó la cría de leones para su cacería, lo que generó inmediatamente un encendido debate sobre ética deportiva entre partidarios y detractores que se mantiene hoy en día.
El hecho es que las poblaciones de leones en libertad fueron prácticamente eliminadas de Sudáfrica hacia fines del siglo XIX, con excepción de las que aún hoy habitan el Parque Nacional Kruger. No fue hasta casi un siglo después, que ese país permitió la cría de leones con fines cinegéticos y modificó el status de esta especie en su legislación de fauna silvestre. En Sudáfrica toda la fauna habilitada para la caza deportiva se halla en propiedades privadas y cercadas. En este sentido, los leones no son la excepción.
La mayoría de los criaderos de leones se encuentran en la provincia de Free Estate. De allí, los ejemplares elegidos, son llevados mayormente a campos en las provincias de Northern Cape y Limpopo. La legislación vigente estipula que los leones deben ser liberados en el área de caza seis meses antes de ser cazados. Sólo de esa manera, el gobierno puede emitir el permiso de exportación del trofeo correspondiente.
Debido a que con la cría se garantiza la continuidad de la especie, las ofertas de los operadores locales, varían de acuerdo a la estética de la melena en lugar de hacerlo en función de la edad. A melenas más grandes mayores precios.
En estos momentos se estima que los criaderos cuentan con unos 8.000 ejemplares de acuerdo a las estadísticas de la South African Predator Breeders Asociation (Asociación sudafricana de criadores de predadores). Allí la industria cinegética ha crecido tanto en los últimos años, que hasta se han creado fondos comunes de inversión que ayudan al mantenimiento y alimentación de los ejemplares destinados a la caza, otorgando un beneficio económico al inversor al concretarse la venta final al cazador.
El gran dilema que presenta esta situación no es legal sino ético. Los que están en contra argumentan que de esta manera se viola la primera regla de la cacería que es la incerteza de la pieza. El que va a cazar un león, sabe que el león estará allí. Esto, además de reducir drásticamente la duración del safari y consecuentemente el costo, no dista demasiado de lo que sucede con la cacería en granjas y cotos cerrados tan común en especies de planicie. Allí, lo que está es lo que el dueño compró. Sin embargo, los detractores si bien aceptan esto para los antílopes, lo objetan como inadmisible para las especies de caza peligrosa.
Los ribetes de este debate, trascendieron las fronteras y obligaron incluso, a los libros de récords a replantearse sus políticas de inscripción. El Rowland Ward, por ejemplo, no los reconoce como trofeos y consecuentemente no permite su registro en el libro. Hace algunos años recibí la comunicación en mi carácter de medidor oficial de ese sistema, para no medir ningún león proveniente del territorio Sudafricano, sin importar donde hubiera sido cazado.  
El Safari Club Internacional por su parte, objeta la cacería de leones de criadero, pero dividió sus entradas en el libro de récords en dos categorías: León Africano y León Africano de Sudáfrica.
Naturalmente, el límite siempre debe ser el legal, y porque no decirlo, el sentido común. Nadie debería ser engañado creyendo una cosa cuando es otra. A pesar de la información disponible en esta época, todavía se escuchan disparatadas historias sobre “migraciones de leones” que entran a los cotos provenientes de Botswana o Zimbabwe, atravesando de alguna extraña manera los cercados perimetrales sin poder escaparse, o de terribles bestias que asolan aldeas y nadie puede encontrar, o de felinos que son cazados en “territorios imaginarios” ubicados entre Sudáfrica y Zimbabwe, cuando en realidad la frontera es un río o un simple meridiano.
Las cartas del debate están sobre la mesa. Lo cierto también, es que dada la frágil situación de la conservación de leones en África, con una fuerte presión de organismos no gubernamentales para incluirlos en el Apéndice 1 de CITES, y países que prohíben su cacería o que emiten cada vez menos licencias, Sudáfrica se ha posicionado como una alternativa interesante. Esto sumado a costos muy económicos y menor duración de los safaris, hace que sea haya convertido en una opción atractiva en el menú del cazador de especies peligrosas.

La cacería
Fritz Schindelar, un legendario Cazador Blanco de origen austríaco, solía cazarlos en Kenia montado en un caballo de polo, hasta que un fatídico día, fue derribado por un león provocándole graves heridas que lo llevaron a la muerte, algunos días después en un hospital de Nairobi. Naturalmente esto ya no se puede hacer. De hecho cada país estipula en su legislación cómo debe ser llevada a cabo la cacería. En países como Namibia por ejemplo, se permite utilizar cebos pero no se permite cazarlos de noche con luz artificial, en Tanzania se los puede cazar desde apostaderos o recechándolos, en Sudáfrica, la ley indica que sólo se los puede cazar a la huella en horas diurnas, estando expresamente prohibido el uso de cebos y apostaderos.

En general, la cacería de león es físicamente muy demandante. Seguirlos a la huella implica largas caminatas, siempre con la atención puesta en los rastros. La más mínima modificación del comportamiento, pone en alerta al cazador y su equipo. El ambiente en el que se mueven son generalmente planicies, pastizales, ríos secos y colinas, difícilmente lo haga en desiertos y nunca en las selvas lluviosas del oeste africano. Como toda especie peligrosa, dentro de su patrón de comportamiento ante una invasión de su espacio vital o ante una agresión concreta, tiene además de la huida, la opción del ataque. Muchas veces un león herido combina ambas opciones. Huyendo primero hacia un lugar cerrado y forzando al cazador a perseguirlo en un territorio que le es más favorable. A diferencia de los leopardos, los leones rugen al sentirse hostigados y también al momento de la carga. Esto deja apenas una ventaja del lado del cazador, que tendrá unos segundos para identificar de donde viene la  carga si se encuentra en un monte cerrado con poca visibilidad.
En cuanto a la cacería desde un apostadero, es similar a la de leopardos o cocodrilos. La clave es la disposición, la altura y la ubicación del cebo con respecto al viento, así también como la distancia de tiro.

Peligrosidad
Hay un proverbio somalí que dice que un hombre valiente siempre le tiene miedo a un león tres veces; la primera vez que ve su rastro, la primera vez que lo oye rugir y la primera vez que se enfrenta a él. En esto los somalíes no se equivocan. La peligrosidad del león es mitológica. Una de estas bestias lanzada al ataque puede alcanzar una velocidad de 70 km por hora, dejando al cazador un tiempo de respuesta aproximado de 1.03 segundos si está a 20 metros, o 0.26 segundos (un pestañeo) si salta desde una distancia de cinco metros. A estas velocidades, con la fuerza de garras y colmillos empujados por casi 200 kilos de peso, hacen del león, una formidable y eficiente máquina de matar. Sin dudas, si hubiera un ranking de peligrosidad, no dudaría en ubicarlo entre los primeros puestos.
 
Armas, calibres y municiones
Como ya dijimos en la nota anterior sobre búfalos, para caza peligrosa: dobles o fusiles de cerrojo. Olvídese de los monotiros. Con estos animales, la hipótesis de una carga está siempre latente, por lo tanto los dobles deben tener eyectores automáticos y los fusiles de cerrojo una excelente y probada alimentación. En ambos casos los caños cortos son sin dudas los más apropiados, ya que muchas veces el terreno donde se lo caza es en monte cerrado, y por lo tanto los disparos no suelen ser muy largos. Si tiene que usar mira telescópica, que sea de pocos aumentos. Si está cómodo con la mira abierta, mejor. Raramente el primer disparo excede los 100 metros. Lo que nunca se sabrá es a qué distancia se deberá tirar el último.
El calibre clásico para felinos es, una vez más, el 375 H&H Magnum. Además de ser el mínimo legal para caza peligrosa, es el más popular para especies de piel suave como el caso de los gatos. Obviamente de ahí para arriba, se puede usar lo que uno guste, sin embargo, me permito señalar aquí que el cazador que quiera utilizar un calibre mayor, debería comprobar cómo lo afecta el retroceso de su arma para la maniobra de recargar, volver a apuntar y disparar velozmente. No es un buen negocio quedar descolocado, con el cañón apuntando al cielo durante muchos segundos cuando un animal herido ataca a increíble velocidad. Dicho esto, cualquier calibre en la gama del 458 Win Mag, 458 Lott, 416 Rigby, 470 NE, etc., si son manejables, son absolutamente apropiados para el cazador. Eso sí, serán esenciales para el profesional en caso de necesitar hacer un tiro de respaldo o back up.
La clave aquí, más que en el calibre, está en el tipo de munición, que deberá ser de punta blanda (soft point), y de expansión controlada. En el caso del 375 H&H, cualquier marca que sea Premium de 270 a 300 grains de peso, y que alcance una velocidad de 2.300 pies por segundo, hará lo correcto dentro del organismo del felino.   

El tiro
En todas las especies peligrosas, las distancias de tiro son relativamente cortas, pero también lo más importante de todo es saber identificar los puntos vitales del animal. Familiarizarse con eso de antemano, identificando los órganos en todas las posiciones posibles, es una obligación para el que decida correr el riesgo de enfrentarse con el rey de la selva. Para el primer disparo, la bala deberá ubicarse naturalmente en el triángulo vital conformado por corazón y pulmones, o como alternativa, en la médula espinal para inmovilizarlo. El tiro de cerebro quedará sólo como última línea de defensa, en caso de una carga directa.
El uso de apoyo es recomendable para el disparo inicial, y aquí también insisto con mi gusto por el bípode que permite más libertad de movimiento al tirador. De no contar con esto, cualquier apoyo circunstancial que este a la mano será de utilidad. Lo fundamental es asegurar el primer disparo. En caso de necesitar un segundo, la posición de rodilla en tierra es la mejor opción. De esa manera, si el león carga, el cañón estará más o menos a la misma altura de su cabeza y cerebro, siendo ésta una posición más estable que la de pie a brazo alzado.