viernes, 30 de mayo de 2014

Elefante - El mayor desafío de África



Por Eber Gómez Berrade

Es el mayor mamífero terrestre sobre la faz de la Tierra, el más grande de las especies de caza peligrosa de África, y el más peligroso entre los peligrosos. Una criatura majestuosa y atemporal, cuya cacería es sin dudas la más excitante aventura a la que pueda enfrentarse un cazador.
Para algunos de nosotros la caza del elefante estuvo presente desde las tempranas lecturas de Rider Haggard, que luego dieron paso a los hipnóticos relatos de John Hunter, “Karamojo” Bell y “Pondoro” Taylor. Así fue como los exóticos nombres de Enclave de Lado, Congo Belga, o río Tana, se convirtieron en mágicos para los que soñamos alguna vez con toparnos con Ahmed, el famoso gigante del Monte Marsabit, que tuvo el honor de tener guardaespaldas asignados por el gobierno de Kenia, para custodiar sus 148 libras de marfil. Lo cierto es que hoy sigue siendo posible hacer realidad el sueño de enfrentarse a uno de los mayores desafíos que ofrece la caza mayor.


Un grande entre los grandes
Se lo conoce como Tembo, Ndlovu, Nsok y muchos nombres más en lenguas nativas. La ciencia occidental lo denomina Loxodonta africana, y es casi un monstruo prehistórico que ha sobrevivido en tierras africanas los últimos 50 millones de años, extendiéndose originalmente por todo el continente, desde el sur del Sahara hasta el Cabo de Buena Esperanza.
Existe otra especie de elefante, la que hasta hace algunos años era considerada una subespecie del “africana”, y es el Loxodonta cyclotis o elefante de foresta. Esta especie, podría llegar a tener una subespecie, el Loxodonta cyclotis pumilio, que es el elefante de foresta pigmeo, pero aún la comunidad científica presenta discrepancias para aceptar esta categoría taxonómica.
El elefante africano puede alcanzar los 3 metros de altura y llegar a pesar unos 6.000 kilos en los machos adultos. Suelen alcanzar los 60 años de edad. Pueden subsistir casi en cualquier hábitat tales como pantanos, planicies, montes y selvas con la condición que dispongan de agua y alimento suficiente, que no es poco. Un elefante consume entre el 4 y 6% de su peso corporal por día, lo que le insume unas 16 horas diarias. Esta característica hace que la especie sea una de las que mayor impacto ecológico ocasiona al medio ambiente, luego de la especie humana, claro.
Los elefantes se reúnen en manadas matriarcales y clanes. Los machos adultos comienzan a moverse solos por separado hasta le etapa de reproducción, y poseen un comportamiento complejo en términos etológicos.
Los colmillos de marfil han sido históricamente un ícono de los trofeos de caza, y hoy en día los gobiernos definen cuál es el mínimo para que un colmillo sea considerado trofeo y pueda ser exportado. El récord inscripto en el libro de Rowland Ward es el de un ejemplar obtenido en el Monte Kilimanjaro, en el África del Este, por una expedición del Museo Británico en 1898, que alcanzó las 226 libras en un colmillo y 214 en el otro. Lamentablemente una magnitud impensable para los estándares actuales.
 
Dónde están los mejores marfiles
Sin dudas Botswana es aún uno de los mejores lugares de África en cantidad de elefantes y peso de colmillos. Se estima que allí habitan unos 130.000 ejemplares de acuerdo al último censo realizado. Otro dato interesante es la alta tasa de densidad poblacional, ya que el sur de Botswana está atravesado por el desierto del Kalahari, las manadas se concentran en el norte del país, más precisamente en deltas y pantanos de los ríos Okavango y Chobe. Allí las defensas de los paquidermos tienen la característica de ser gruesas, pesadas y un poco cortas. Por lo tanto, como el trofeo se mide por peso, es donde se encuentran las mejores oportunidades. Lamentablemente el gobierno de este país decidió prohibir la cacería deportiva a partir de este año. Sin embargo, y de acuerdo a las conclusiones de la Elephant Summit, llevada a cabo en el mes de Diciembre pasado en la ciudad de Gaborone, capital de Botswana, las autoridades reconocieron la importancia del uso sustentable de la fauna silvestre, es decir de la caza deportiva como herramienta de manejo y conservación, y afirmaron que de ser necesario podrían re-abrir la cacería en un futuro próximo. Ojalá sea más pronto que tarde, evitando el consecuente daño ambiental y la inevitable disminución de las poblaciones de proboscídeos.
Otro país que ofrece muy buenas chances para la caza del elefante es Namibia. Especialmente en la Franja del Caprivi y en Bushmanland. El Caprivi es un ambiente fronterizo a los deltas de los ríos de Botswana, donde el cazador puede esperar encontrarse con grandes manadas con colmillos que alcancen las 50 libras. Bushmanland en cambio, es un inmenso territorio árido con agua disponible solo en aguadas a donde acuden las manadas. Los colmillos en esa área suelen ser mucho más grandes que los del Caprivi. De hecho de allí salió el récord de ese país que excedió la mítica cifra de las 100 libras.
Namibia además ofrece una alternativa al cazador de trofeos que es la posibilidad de obtener especies selectivas. El gobierno de ese país implementa programas de regulación para ofrecer carne a las aldeas que se encuentran en las zonas de caza. De esa manera, el cazador deportivo consigue un permiso especial para cazar un animal que no alcance las características para ser considerado un trofeo para exportación, con la condición de no llevarse nada del animal abatido. La ventaja para el cazador es que el costo es mucho menor a la cacería de un trofeo, y la experiencia de enfrentarse con el más grande de los cinco grandes es idéntica. Las ventajas para los nativos, salta a la vista: toneladas de carne fresca que proveerán de proteínas a familias enteras.   
Mozambique es otro lugar excepcional para la cacería de elefante, especialmente en áreas como la que rodea el lago Cabora Bassa y la Reserva Niassa, sobre el río Ruvuma en la frontera con Tanzania. Allí el cazador podrá esperar encontrar marfiles de 60 a 90 libras en lugares completamente inhóspitos.
Un poco más al norte, Tanzania ofrece excelentes oportunidades de cacería. Las mejores áreas en este país son la Reserva Selous, Kilombero, Lunda e Inyonga. Sus ejemplares son los característicos del África oriental, es decir que tienen colmillos más livianos que los del sur, pero más largos.
Zambia no es un destino típico de elefantes. El país ha sufrido una grave crisis de furtivismo desde que obtuvo su independencia allá por la década del 60. Hoy en día es difícil encontrar algo que supere las 50 libras y el gobierno otorga pocas licencias de caza.
Para aquellos que estén interesados en los elefantes de foresta, el lugar hoy en día es Camerún. Si bien, los colmillos de la loxodonta cyclotis son considerablemente inferiores a su par de planicie, el desafío de cazar en plena selva, en época de lluvia, junto a pigmeos y con una visibilidad mínima que aumenta exponencialmente el riesgo ante una carga, es único y uno de los más excitantes que ofrece el continente negro.
En cuanto a Sudáfrica, este país cuenta con una gran población de elefantes en sus parques nacionales como el Kruger National Park y el Addo Elephant National Park con marfiles que raramente superan las 50 libras. El problema es que en los parques nacionales está prohibida la cacería y por lo tanto ésta se debe llevar a cabo en propiedades privadas. Por esta razón es difícil incluir a este país como destino de cacería de paquidermos. Sinceramente no veo la gracia a cazar un elefante en un coto de caza, cuando África ofrece la posibilidad de recorrer interminables extensiones de territorios y adentrarse en medio de grandes manadas para lograr el trofeo deseado. El otro país que lamentablemente sigue quedando fuera del menú de cacería es Zimbabwe, debido al flagelo del furtivismo y a la situación política, social y de seguridad provocada desde hace décadas por la dictadura de Robert Mugabe que ha hecho de este otrora maravilloso país, una fuente de saqueo y depredación.

Estado de conservación
La caza furtiva se ha convertido en una pandemia difícil de desterrar en África. Desde hace casi dos siglos, árabes y europeos se adentraron en las profundidades del continente negro en busca de las grandes manadas para satisfacer su codicia de oro blanco. Esta situación pareció cambiar cuando los grandes imperios europeos, particularmente el británico, conscientes del daño que provocaban a la fauna, crearon los inmensos parques nacionales que aún hoy permanecen en África. Sin embargo, a pesar del manejo de la fauna, la prohibición de la comercialización del marfil y la creación del CITES, el furtivismo continúa. Ahora sumado al tráfico ilegal del marfil, se le agrega el de carne provocando la muerte de un elefante cada 15 minutos según aseguran expertos en conservación. Sólo en 2012 se mataron 36.000 elefantes. La prohibición de vender marfil parece no afectar el incremento en la demanda por parte de chinos y otros pueblos asiáticos.
Sumado a esto, en 2014 entró en vigencia la prohibición de cazar en Botswana, que de mantenerse en el tiempo, causará gravísimos daños a los ecosistemas fluviales en su territorio, provocando como consecuencia una disminución en las poblaciones por falta de alimento. El gran problema hoy día, además del furtivismo, es el confinamiento de las grandes manadas a parques nacionales. Como pasó en las áreas cercanas a las cataratas de Murchison y en el parque Tsavo en el este africano, donde los bosques se transformaron en pampas. Naturalmente esta disminución de alimento, provocó una importante merma en la  población de elefantes y de rinocerontes negros. La destrucción de árboles y bosques es normal en la ecología de estos paquidermos, lo que no es normal es que una vez devastada el área, ya no pueden migrar o salirse de la reserva por estar casi siempre rodeada de asentamientos humanos cada vez más grandes. La amenaza que pone en riesgo al elefante es el desmedido crecimiento demográfico de las poblaciones humanas, que impactan negativamente cada vez más en el medio ambiente general del continente.

La cacería 
La cacería del elefante conjuga diversas variables que según mi criterio la convierten en el mayor desafío que ofrece el continente negro. Como vimos esta especie se ha adaptado a una gran variedad de terrenos, por lo que el cazador deberá estar preparado para moverse en pantanos, montes cerrados, forestas, bosques, etc. Además, las manadas están casi siempre en movimiento mientras se alimentan, por lo que quien quiera abatir un trofeo deberá caminar las mismas distancias. Desde el punto de vista físico, es muy demandante y requiere del cazador una gran presencia de espíritu. Se caza con los pies dice el refrán, y es exactamente así. La partida comenzará buscando huellas cerca de aguadas, caminos, o pasos hasta encontrar rastros de un macho grande al que poder seguir. Esto claro, no garantiza que ese macho tenga colmillos o que sus defensas sean trofeo. Esta persecución a ciegas puede durar días enteros, por eso se requiere en muchos países un mínimo de 12 a 15 días para este safari. El avistaje desde árboles altos o colinas también funciona, pero nada ahorrará la aproximación directa a la manada para asegurarse de que allí está el ejemplar que uno busca. Si no está, a comenzar todo de nuevo con el mayor estoicismo. Ahora, una vez que se identifica el trofeo esperado, así esté solo en medio de un grupo, la parte más excitante del lance comienza.
La aproximación es fundamental en la cacería de estos paquidermos ya que la distancia de disparo suele ser muy corta. Utilizar el viento es importantísimo y moverse con sigilo es fundamental. Hay que estar muy atento a los remolinos y cambios sutiles de dirección de la brisa, ya que a la más mínima alarma, el animal huirá o atacará rápidamente. La tarea del profesional será la de evaluar el trofeo, lo que es muy difícil porque el peso de algo es muy complejo, teniendo en cuenta además que sólo una parte del colmillo es la que se ve fuera del labio, y que además posee una cavidad interna donde se aloja el nervio que no cuenta en el peso final. Todo esto debe ser evaluado y supuesto por el profesional en pocos minutos, mientras se cuida la seguridad de los miembros de la partida y se analiza las posibilidades de recibir una carga directa. Si hay alguna de las especies que tiene bien ganada la fama de peligrosa, sin dudas es esta.


Peligrosidad

En mi opinión el elefante es el más peligroso de las especies peligrosas de África. Claro que esta es una opinión personal, y que también ha generado un debate clásico entre los que se inclinan por el búfalo, el leopardo, o cualquiera del resto de esa categoría como los número uno del ranking. Sin embargo, las estadísticas han mostrado que casi no hay chances de sobrevivir si uno es alcanzado por un elefante. Cosa que sí ha sucedido con búfalos, leones, leopardos y rinocerontes. Su peligrosidad radica en varios aspectos. En primer lugar la velocidad de carga que llega a alcanzar marcas de 40 km por hora. En situación de ataque, el cazador se enfrentará a una locomotora gigante que recorrerá 20 metros en 2 segundos. Lanzado a una carrera hacia el cazador, podrá hacerlo en forma silenciosa o barritando fuertemente con una actitud francamente intimidatoria. Sumado a esto, su fuerza y su inteligencia complementan un cuadro temible para quien ose traspasar su zona de seguridad. 

Las armas
Con respecto a las miras, soy un ferviente defensor del alza y guión en detrimento de las telescópicas, por lo menos para las situaciones de tiro que suelen darse con los proboscídeos. La mira telescópica aunque sea de bajos aumentos, dificulta la visualización completa de un animal tan grande a corta distancia, y puede además provocar una peligrosa visión de túnel. En esa situación sólo la visión periférica permitirá advertir una eventual carga silenciosa de otro animal que se acerque por un flanco. Tirar con precisión, recargando rápido y apuntando con miras abiertas requiere mucho entrenamiento, pero asegurará el éxito de un lance memorable.

Las municiones
No hay mucho que analizar en la elección de la munición. En todos los casos debe usarse punta sólida, su gruesa la piel, grandes huesos y su  tamaño corporal hace que el proyectil deba penetrar una gruesa capa de tejidos antes de impactar en el órgano vital. Si hablamos del famoso tiro al cerebro, la punta deberá atravesar huesos y cartílagos esponjosos para llegar a una pequeña masa cerebral ubicada en el centro del cráneo. Si en cambio, el disparo se realiza desde la parte posterior, como el famoso “Texas heart shot”, el proyectil al ingresar por la base de la cola, deberá penetrar casi todo el cuerpo del elefante para interesar corazón y pulmones. En cualquier caso, la punta sólida es la única opción. En cuanto a tipo y marcas, podemos abrir una divertida discusión sobre alternativas existente en el mercado internacional y analizar entre Woodleigh, Kynoch, Norma, RWS, etc., pero lo cierto es que difícilmente contemos con esas opciones en nuestro mercado local. Lo mejor entonces es adquirir la munición de mayor calidad disponible al momento de comprar. Como comentario personal, me inclino por las Norma African PH que me han dado un excelente resultado, pero lamentablemente no se consiguen en el país.  

Los calibres
Este es el único caso donde el legendario 375 H&H Magnum se queda un poco corto en una situación de caza peligrosa. En realidad, en muchos países de África es el mínimo calibre legal permitido. Los tiempos de Karamojo Bell, tirando con su 275 Rigby quedaron definitivamente en el pasado. Dicho esto, un 375 H&H en manos expertas puede cumplir perfectamente su cometido, como me lo demostró el año pasado Diego Lindow, un amigo y cliente que abatió un elefante en el Caprivi con su rifle doble de miras abiertas, y un único y certero tiro de cerebro, usando ese calibre con puntas de 350 grains. Lo cierto es que de ahí para arriba, los mejores calibres para el cazador deportivo son los .40 como el legendario 416 Rigby, el 416 Remington Mag., el 404 Jeffery, el 458 Lott, o el 470 NE por nombrar algunos de los más populares. Cualquiera de estos disparará puntas que van de 400 a 500 grains, logrando excelente coeficiente balístico y penetración terminal.   
Un escalón arriba, están los grandes “stoppers”, como el 500 Jeffery, el 505 Gibs o el 577 NE, con puntas que arrancan en los 540 grains hasta los 750 grains en el caso del 577 NE. En general, estos rifles son utilizados para la caza de elefantes de foresta, precisamente por su capacidad de detener una carga a muy corta distancia, o para back up por los cazadores profesionales que se dedican mayormente a safaris de elefantes. No son recomendable para quien vaya a cazar elefante una o dos veces en su vida, ya que son casi una especialidad de poca utilidad en otras situaciones, y pueden propiciar en el tirador el desagradable “flinching” o miedo al retroceso, complicando la precisión de los disparos.  

El tiro
Las situaciones de tiro suelen ser de muy corta distancia. Por esa razón, el cazador deberá hacerlo de pie y a mano alzada. Muchos profesionales optan por el uso del característico trípode al momento de efectuar el primer disparo para tener más certeza en ubicación del proyectil. No está mal, sin embargo, muchas veces al momento de un segundo disparo el trípode puede molestar, o más aún requerir de un asistente para quitarlo de en medio, lo que agrega riesgo y probablemente distracción al tirador. Por esa razón, soy partidario de suplantar el trípode por horas de entrenamiento de disparos a brazo alzado con la misma arma. Una vez efectuado el primer disparo, el cazador deberá recargar inmediatamente si tiene un rifle de cerrojo o estar listo para un segundo disparo de su doble express. En caso de carga, ese segundo disparo será vital, al igual que los tiros de back up que haga el profesional para detener la carga antes de que sea demasiado tarde.

Los consejos del último cazador de marfil

Si hay una persona en la actualidad con experiencia en la cacería de elefantes, es Tony Sánchez Ariño, quien ha pasado toda su vida cazando elefantes primero por marfil y luego como guía profesional en casi todos los países del continente. Siempre recuerdo que en cierta oportunidad estando con mi amigo Carlos Coto en los Estados Unidos, compartimos una exquisita charla con Tony, quien es dueño de un gran savoir faire y un sentido del humor casi sajón. Esa vez contó divertido sobre la lapidaria respuesta que suele dar a los cazadores entusiastas que le preguntan sobre el mejor calibre para elefantes: “el mejor calibre?, la bala en su sitio, sin dudas”, responde siempre de manera inexorable. La ubicación del disparo en el área vital, cualquiera sea el animal a cazar, es siempre de suma importancia, pero tratándose de los mamíferos más grandes y peligrosos del mundo, se convierte en un asunto de vida o muerte. En este sentido, Tony también es autor de un decálogo abreviado sobre las reglas básicas para la caza del elefante. Aquí van a modo de epílogo.
1.-“No olvidar que es siempre el primer disparo el que cuenta, los demás solo sirven para corregir errores”.
2.-“Ante la duda de poder impactar correctamente el disparo, abstenerse de hacerlo”.
3.-“Nunca tirar a ver qué pasa, estos riesgos suelen terminar en un desastre total”.
4.-“Utilizar el calibre y la munición correcta en cada ocasión, teniendo presente que lo que manda en la caza es el terreno donde ésta se realiza”.
5.-“Emplear armas de la máxima garantía, las mejores que nuestra economía nos permita adquirir, pero sin olvidar que la habilidad del que la maneja es tan importante como la calidad de éstas, procurando tener siempre la máxima soltura con ellas”.

lunes, 5 de mayo de 2014

Hipopótamo - Toneladas de furia al ataque


Por Eber Gómez Berrade

Es una de las últimas especies que se incorporaron a los Big 7 y uno de los más grandes mamíferos terrestres existentes en el planeta. El hipopótamo se ha ganado un lugar de privilegio entre las alternativas que ofrece el safari de hoy, no sólo por el desafío que implica su caza, sino por su peligrosidad, que lo ha ubicado entre los animales que más muertes humanas causan por año en el continente negro. Con él cerramos la serie de artículos sobre los grandes de la caza peligrosa en África. 

Hipopótamos de África
Para los antiguos era una especie de caballo acuático, aunque tiene más parecido a un suido gigante que a un equino, de ahí el origen de su extraño nombre. Los masai de Tanzania lo llaman kiboko, los shonas del Zambezi, mvuu, y los occidentales lo denominamos científicamente hippopoptamus. De hecho, hay dos especies en África provenientes de la misma familia de los hippopotamidae: el hippopoptamus amphibius y el hippopotamus liberiensis o pigmeo, mucho más pequeño y de hábitat concentrado casi exclusivamente en el oeste del continente, desde Guinea hasta Sierra Leona, Liberia y Costa de Marfil.
Los amphibius en cambio, son uno de los mamíferos que mejor se han adaptado a las diversas geografías africanas. Su amplia distribución alcanza a casi todos los ríos del continente, desde el bajo Nilo hasta los cauces acuíferos sudafricanos.
Viven en ríos, pantanos, lagunas, estanques, deltas y arroyos. Siempre en el agua, aunque paradójicamente son bien terrestres, herbívoros, no comen peces, se alimentan exclusivamente en tierra, no pueden respirar debajo del agua y para colmo, nadan bastante mal. Sin embargo, allí, en el agua, descansan, se aparean, y se encuentran seguros ante el ataque de los eventuales depredadores. Debido a la contextura de su piel, no pueden pasar mucho tiempo fuera de ella sin el riesgo de entrar en deshidratación y aumento de su temperatura corporal.
Los machos de esta especie alcanzan una altura de 1 metro y medio y un peso aproximado de 2.000 kilogramos, lo que los posiciona como el segundo mamífero terrestre más pesado del planeta. Son esencialmente nocturnos, gregarios, marcan su territorio con excremento y orina y suelen ubicar sus encames en las costas de los cursos de agua reparados de las corrientes centrales. Son longevos, su ciclo vital es superado sólo por cocodrilos y elefantes. Se alimentan de noche y hacen la digestión en horas diurnas dentro del agua. Consumen unos 40 kilos de pasto, lo que representa aproximadamente el 1.5% de su peso total. 

Donde cazarlos
Dado que su distribución es amplia, no hay un área determinada donde se ubiquen los trofeos más grandes en África. Cualquiera de los ríos más importantes como el, Congo, Limpopo, Níger, Kagera, Orange, Okavango, Rovuma, Kwando, Chobe, Lwanga, Rufiji, Kilombero, Zambeze o Nilo pueden albergar ejemplares muy buenos.
Hoy en día su cacería está permitida en la mayoría de los países donde se realiza esta actividad, es decir Sudáfrica, Namibia, Zimbabwe, Mozambique, Zambia y Tanzania.
En Namibia, particularmente, habitan el único lugar posible para ellos en esa nación desértica, que es la famosa Franja del Caprivi. Este ex enclave colonial alemán ubicado al noreste del país, está compuesto por deltas de varios ríos y rodeada por parques nacionales de distintos países. Y es precisamente allí donde  el gobierno permite la cacería de hipopótamos selectivos por parte de cazadores deportivos, algo inusual en el resto de los destinos tradicionales de safaris. Con estos programas de selección, miles de kilogramos de carne son distribuidos entre las poblaciones nativas cada vez que un deportista caza un hipopótamo. Al igual que lo que sucede con otras especies en estos programas, el cazador no podrá  exportar nada del animal abatido, pero habrá disfrutado la experiencia de una cacería memorable a un costo sensiblemente menor.
Muchos han sido los afortunados cazadores que han conseguido enormes defensas de hipopótamos a lo largo de la historia, como el Mayor Powell-Cotton, Vaughan Kirby, Gordon-Cummings, Seth Smith, el Marajá de Surguya, y cazadores de expediciones pertenecientes al Museo de París y al británico. Los trofeos más grandes capturados desde fines del siglo XIX hasta nuestros días provienen de Congo, Kenia, Mozambique, Tanzania, Botswana y  Zambia.
El récord inscripto en el libro Rowland Ward, data de 1933 con un ejemplar cazado en el Congo por una expedición científica del Museo de París. La longitud del colmillo más largo alcanzó 64 ½ de pulgada con una circunferencia de 9 ¾ de pulgada.



La cacería 
Cuando se habla de hipopótamos, muchas veces suele rondar la creencia de que es una cacería fácil. No es así. Es exigente, demandante y terriblemente excitante desde el punto de vista deportivo.
El cazador que se haya decidió por este monstruo acuático deberá saber que lo aguarda una variada actividad que incluye largas caminatas desde bien temprano por la mañana y hasta la caída del sol, rastreo de huellas, navegación en lanchas, canoas o mokoros, vadeo de ríos con el agua a la cintura, y una máxima concentración mental a la hora del disparo final. Es en definitiva, una cacería dura, y al mismo tiempo, uno de las más apasionantes desafíos que ofrece África hoy en día.
Los hipopótamos salen a tierra entrada la noche para alimentarse y permanecen allí hasta el amanecer. Luego van al agua donde se quedan todo el día. Por lo tanto, si la alternativa es cazarlo en tierra, el momento es al amanecer, luego de haber ubicado su encame y seguido sus huellas. Durante el día, el lugar de cacería será ineludiblemente el agua. La cacería nocturna con el apoyo de luz artificial, además de estar prohibida en muchos países es indudablemente anti deportiva.
A pesar de su aparente bonhomía y falta de agilidad, los hipopótamos son muy elusivos y no regalan nada al cazador. Poseen sentidos my desarrollado de vista, oído y olfato, por lo que acercarse desde el agua con una embarcación, nunca es tarea fácil. A la mínima señal de peligro, se sumergen pudiendo estar hasta más de 5 minutos debajo del agua. Se desplazan caminando o dejándose llevar debajo de la superficie, para cambiar de lugar al emerger. Suelen esconderse en medio de juncales y estanques interiores de muy difícil acceso. Meterse por una de estas calles de juncos aplastados que dejan tras su paso, siguiéndolos con el riesgo inminente de una carga, es una experiencia que llena de adrenalina hasta el más pintado.
Una vez que se ha encontrado el animal, el trabajo del guía profesional es identificar género y edad. Es decir, asegurarse que se le disparará sólo a un macho adulto. En este sentido, es muy difícil distinguir el sexo del hipopótamo si este solo deja ver sus ojos y fosas nasales fuera del agua. Pero es posible. Lo que es imposible es juzgar el trofeo en el campo, ya que el trofeo considerado a los efectos de los libros de medición, son los grandes colmillos inferiores. Y eso es imposible saberlo en una situación de esas características. De todas maneras, si el macho es grande, seguramente será un buen trofeo, y el mayor o menor éxito en cuanto a la medición, quedará bajo la decisión de Diana, la diosa de los cazadores.
Las situaciones de tiro variarán seguramente de acuerdo a las características donde estén ubicados la presa y el cazador. Pueden estar ambos en tierra; el cazador en tierra y el hipopótamo en el agua o viceversa; o ambos en el agua. Las condiciones de tiro, como se verán serán esencialmente diferentes en cada caso. Pero en todas, requerirá de una precisión absoluta del tirador y un conocimiento máximo de los puntos vitales, incluido cerebro, corazón y pulmones.   
Si luego de un disparo letal, el hipopótamo se sumerge, habrá que esperar que los gases del estómago comiencen su proceso de fermentación y lo hagan flotar hacia la superficie. Existe el riesgo claro de que la corriente del río lo desplace de lugar, con posibilidad de perderlo. Por esa razón, el profesional intentará en lo posible que el lance ocurra en cursos cerrados de agua o estanques.

Peligrosidad
Se sabe que el hipopótamo es el animal que más gente mata por año en África. Su peligrosidad radica en su irascibilidad frente a la agresión o a la violación de su espacio vital, junto a sus enormes mandíbulas que pueden partir en dos a un cocodrilo de 3 metros de una simple dentellada. En general, las víctimas no suelen ser cazadores deportivos, como en el caso de otros de sus colegas de los Big 5 como el búfalo y el elefante, sino pobladores nativos. Personas que se acercan a las costas de los ríos a lavar su ropa, a jugar, a pescar o simplemente caminan por senderos costeros. Hay casos también de ataques a embarcaciones o a nadadores que se zambullen en aguas con poco movimiento.
Al cazador, se le suman a estos riesgos, la posibilidad de ser embestido en el agua, al vadear un curso o sobre un bote, y el de la carga directa en tierra firme. Para tener una idea de lo veloces que pueden ser estas enormes criaturas, digamos que pueden alcanzar una velocidad de carera de 45 km por hora, lo que le deja al cazador sólo 1.6 segundos, si enfrenta a un enfurecido hipopótamo que corre hacia él desde una distancia de 20 metros.
Como sucede con la mayoría de las especies, las hembras -más aún si están con crías-, son más peligrosas que los machos, por lo que pueden también causar accidentes, en la mayoría de los casos, fatales.   

Las armas
El tipo de arma no varía mucho de las que se recomendaron en esta misma serie de artículos para el resto de la caza peligrosa en África. En general, la que mejor se adapta a los requerimientos de esta cacería en particular, es el rifle de cerrojo. Los dobles harán lo suyo en caso de una carga en tierra, pero los fusiles tienen la ventaja de trabajar bien tanto en una situación de carga, como de un tiro con apoyo a un blanco pequeño. Sumado a esto, se sugiere también el uso de mira telescópica de poco aumento, lo suficientemente grande para asegurar un tiro de cerebro y lo suficientemente pequeña para no estorbar al momento de un tiro en movimiento bajo extrema adrenalina.

Las municiones
La gruesa piel de los hipopótamos hace que la munición deba atravesar duros tejidos para llegar finalmente a interesar órganos vitales, para esto el uso de puntas sólidas es lo cumplirá mejor su cometido. Si el disparo es al cerebro, sólo una buena sólida podrá atravesar la gran masa de huesos que rodea a este sensible y pequeño órgano. En cuanto a marcas, las mejores que se puedan conseguir dadas las circunstancias, y evitar todo que no sea de calidad Premium.

Los calibres
Como sucede en general con las especies de caza peligrosa, muchos países establecen calibres mínimos que alcancen los 4000 pies por libra de energía en la boca del cañón. Como se imaginará, seguimos hablando aquí del venerable 375 H&H Magnum, o cualquiera dentro de la gama de los 9.3mm como mínimo legal.
Al ser la penetración fundamental, y como las distancia pueden variar desde unos cuantos pasos a casi cien metros, la trayectoria desarrollada por el calibre deberá ser bastante rasante. Para esto, mi favorito es el 416 Rigby que posee, las cualidades necesarias para convertirse en el arma ideal. De todas maneras, los calibres .40 como el 458 Win. Mag., 458 Lott, 416 Remington Mag., 404 Jeffery o 470 NE también son suficientemente eficaces para abatir cualquier hipopótamo en cualquier situación de cacería. Los dobles en calibres “de elefantes”, no son lo más adecuados por su poca versatilidad y precisión en disparos de precisión en un rango mayor de 50 metros.

El tiro
Como se ha visto, las situaciones de tiro pueden variar de acuerdo a donde estén ubicados cazador y presa: tierra-tierra, tierra-agua y viceversa, y agua-agua. En cuanto a los puntos vitales, la decisión es simple: si el hipopótamo está en tierra (no en situación de ataque), podrá elegirse tanto un tiro al triangulo vital formado por corazón y pulmones como de cerebro. Este último siempre tendrá la ventaja de anclarlo en el lugar, sin riesgo a que corra herido ingresando en el agua. Si carga, o si está en la superficie de un río, sólo quedará disparar al cerebro.
Si el cazador se encuentra en tierra siempre podrá utilizar la ayuda de un trípode al momento de realiza el primer disparo. Si está en una embarcación, con el agua a la cintura, o enfrentando, obviamente no habrá más alternativas que tirar a mano alzada. De allí, la eterna recomendación de practicar en esta modalidad de tiro antes del safari, con el arma que se llevará y con la misma munición. Es claro que alcanzar maestría en el tiro a mano alzada lleva tiempo, balas y esfuerzo, pero vale la pena lograrlo. No sólo por la satisfacción de abatir una gran pieza de caza peligrosa de esta manera, sino porque en definitiva, será también la última línea de defensa entre uno y -como en este caso del hipopótamo-, toneladas de furia al ataque.

miércoles, 2 de abril de 2014

Cocodrilo - Predador al acecho


Por Eber Gómez Berrade

El cocodrilo es una de las últimas incorporaciones a la categoría de caza peligrosa en el continente africano. Junto con el hipopótamo han transformado a los originales “Cinco Grandes” o “Big Five”, en los “Siete Grandes”. Es el único de estas especies que no es mamífero. El cocodrilo del Nilo, es el segundo reptil más grande del mundo y el mayor de África. Es un predador poderoso, rápido y eficaz. Su peligrosidad lo ha posicionado como una de las especies que más vidas humanas se cobra cada año en el continente negro. Su cacería representa un gran desafío para el cazador, tanto en habilidad para detectar un buen trofeo, cebarlo y evaluarlo en el campo, como en la extrema precisión que requiere el disparo para abatirlo.

Cocodrilos africanos
Es muy común llamar cocodrilo a una extensa serie de reptiles que habitan distintos ecosistemas acuáticos en todo el planeta. Para ser precisos, la familia a la que pertenecen los cocodrilos se denomina saurópsidos, y está compuesta por catorce especies diferentes. Para la ciencia taxonómica, los cocodrilos pertenecen al género de los Crocodylae, estableciendo otros dos géneros similares: los Alligatoridae (como los que se encuentran en La Florida de los Estados Unidos o nuestros yacarés sudamericanos), y los Gavialidae (como el gavial del Ganges, en India).
De las catorce especies de cocodrilo, tres habitan el continente africano: el Cocodrilo del Nilo (Crocodylus niloticus), de amplia distribución en el África Oriental y Austral; el cocodrilo de hocico fino (Crocodylus cataractus) que habita parte del África central; y el Cocodrilo enano (Osteolaemus tetraspis), que se encuentra en el África occidental, como Sierra Leona y Guinea.
Cuando hablamos del cocodrilo africano, los cazadores nos referimos al cocodrilo del Nilo. Esta especie no es exclusiva del río Nilo, sino que se distribuye en prácticamente toda el África subsahariana, habitando cursos de agua dulce como ríos, lagunas y pantanos. Es el reptil más grande del continente y el segundo más grande del mundo.
Estos monstruos con pinta de prehistóricos, suelen alcanzar una longitud promedio -medida de la punta del hocico a la punta de la cola- que va de 2 a 4 metros. En cuanto al peso promedio que alcanza un macho adulto, puedo estar dentro de un rango de 200 a 500 kg. El espécimen más grande inscripto en el libro de récords de Rowland Ward, fue el obtenido por David Meyer en 1995 en Tanzania, que llegó a medir 17 pies con 8 7/8 de pulgada, es decir casi 5,5 metros.
Su hábitat natural es el acuático, pero en épocas de sequía puede caminar grandes distancias por tierra. Es un carnívoro muy agresivo que se alimenta de peces, mamíferos, reptiles y aves. Es un predador muy ágil que captura sus presas mayormente acechándolas durante mucho tiempo. Una vez que se lanza al ataque es extremadamente veloz. Si bien sus mandíbulas son terriblemente poderosas, está impedido de masticar, por lo que una vez que sujeta a su presa, la sumerge en el agua, y gira sobre sí mismo intentando desgarrar pedazos de carne. Al igual que los tiburones, los huesos y las cornamentas que ingiere son reducidos gracias a los ácidos del estómago.
En general alcanzan una edad avanzada, muchas veces superando los 80 años. Son extremadamente territoriales, y se alimentan de noche donde asechan a sus presas en la oscuridad de los ríos. Durante el día, al ser de sangre fría, deben echarse al sol para recuperar el nivel térmico necesario para su metabolismo basal.   
La especie ha sido utilizada con mucho éxito como animales de granja en varios países africanos. Esto naturalmente no significa que pueda ser domesticado, o que su peligrosidad disminuya, simplemente que se utiliza en la cría intensiva para fines comerciales tanto por su piel como por su carne.

Peligrosidad
Cuando se habla de peligrosidad, el cocodrilo también se diferencia del resto de sus compañeros de caza peligrosa. En líneas generales, si hablamos de elefantes, leopardos o búfalos, el índice de peligrosidad está dado por la capacidad que tienen estas especies de atacar de manera letal al cazador o a los miembros de la partida de caza, ya sea por haber sido herido o por haber invadido su espacio vital. Con el cocodrilo este riesgo no existe, ya que mayormente se lo caza desde un apostadero, y casi nunca el cazador se convierte en víctima. Sin embargo, la peligrosidad del cocodrilo -y más aún de la subespecie del Nilo-, se refleja en ataques a humanos no relacionados con situaciones de caza. En general, las víctimas suelen ser personas que se encuentran en la costa, bañándose o lavando ropa, nadando o pescando dentro de los cursos de agua. Hace unos meses, unos ocho pescadores furtivos fueron muertos por cocodrilos en el transcurso de dos semanas, en el Lago Chivero, en Zimbabwe. Esta misma situación se sigue dando en Namibia y Botswana, en los deltas del Okavango y Kwando, donde los pescadores nativos sin permisos de pesca, se adentran en el agua hasta la cintura con sus cañas de pescar de bambú y sus redes, sin tener en cuenta el riesgo de ser devorados. Es habitual leer noticias de ataques fatales de esta naturaleza en diferentes ríos del continente africano.  

 Dónde están los mejores trofeos
No hay un área determinada donde se ubiquen los trofeos más grandes en África. Cualquiera de los ríos más importantes como el Zambeze, Congo, Kagera, Orange, Limpopo, Okavango, Rovuma, Kwando, Lwanga, y naturalmente en el Nilo, pueden encontrarse ejemplares muy buenos. De acuerdo a los registros del Rowland Ward, los países donde se han capturado los ejemplares más grandes son Tanzania, Sudán, Etiopía, Mozambique, Zambia, Zimbabwe y Botswana. Las poblaciones de cocodrilos llegaron a su punto más bajo hacia 1950, luego de décadas en las que fueron diezmados por cazadores furtivos y comerciales. A partir de 1960, la especie obtuvo la categoría de trofeo de caza, y fue a partir de ese momento que se revirtió la declinación poblacional, convirtiéndolo en uno de los más claros y contundentes ejemplos de la relación entre caza deportiva y conservación de especies de fauna salvaje. Hoy en día su cacería está permitida en la mayoría de los países donde se realiza la actividad, y su condición hace tiempo que abandonó la amenazante categoría de “en peligro de extinción”.

La cacería 
La cacería del cocodrilo es esencialmente con cebo y desde apostadero. En la mayoría de los países, se realiza con luz diurna. En muchos aspectos, su cacería recuerda a la del leopardo. En este sentido, provee un gran desafío al deportista y requiere de un gran conocimiento del cazador profesional tanto para descubrir el lugar indicado donde cebar, como para evaluar la longitud del trofeo en el campo. En primer lugar, se debe detectar los lugares sobre la costa donde suelen echarse. Allí la identificación y evaluación de las distintas huellas y marcas que ha dejado, hará que se tenga una idea más o menos precisa de la magnitud del animal que merodea ese lugar. Luego, se debe trabajar en la construcción de un apostadero, tomando todos los recaudos necesarios para no ser descubiertos, ubicándolo con viento en contra y a una distancia entre 70 y 100 metros. El emplazamiento del apostadero es una tarea esencial ya que estos animales poseen unos finísimos sentidos de olfato, oído y vista. Como buenos predadores, están siempre alerta y pueden detectar vibraciones de movimiento en el terreno, o cualquier anomalía en el comportamiento de aves, para activar su alerta y desaparecer inmediata y silenciosamente bajo el agua. Son muy tímidos y extremadamente desconfiados. Si alguien alguna vez pensó que cazar un cocodrilo era como disparar a un pez dentro de un barril, debería pensarlo de nuevo.
Por último, una vez construido el apostadero, se coloca la carne del cebo en diferentes lugares, algunos trozos debajo del agua, y otros sobre la tierra, en lo posible atados a un árbol mediante un cable de acero o una cadena, que obligue al animal a quedarse en ese lugar. El cocodrilo no tiene muchas pretensiones a la hora de elegir que bocado llevarse a la boca como puede suceder a veces con el leopardo. La única restricción de acuerdo a la legislación de caza de algunos países africanos, es que el cebo no sea un animal vivo.
Si luego de haber identificado el lugar, posicionado ventajosamente el apostadero y colocado la carnada de manera correcta, el cocodrilo aparece, comenzarán recién entonces las dos etapas más críticas de la cacería, es decir: la evaluación del trofeo y el disparo.
La evaluación del trofeo se centra mayormente en la longitud corporal, más que en el género del ejemplar o su edad, como sucede con otras especies de caza deportiva. La longitud mínima de un trofeo puede rondar entre 7 y 9 pies, y de ahí para arriba, pasará de ser un buen trofeo a un monstruo excepcional, como el caso del número uno del Rowland Ward de casi 18 pies que mencioné anteriormente. Un recurso interesante que ayuda a la evaluación de la longitud, es colocar líneas de marcación en la tierra a distintas distancias del cebo. De esa manera, cuando el cocodrilo esté comiendo la carne, podrán usarse esas marcas para tener una idea bastante aproximada de la longitud del ejemplar. Juzgar con una determinada precisión la longitud de uno de estos saurios, es casi tan difícil como juzgar el peso de un colmillo de marfil. Sólo la experiencia del cazador profesional permitirá estimar esta medida de una manera aceptable.
Ahora sí, si lo que está comiendo la carnada se encuadra en estos parámetros, recién ahí llegará el turno del disparo, que muy probablemente sea el único posible.  

El tiro
En este tópico también el cocodrilo se diferencia de sus congéneres de caza peligrosa. El tiro al cocodrilo requiere de una gran precisión por el riesgo a perder el trofeo debajo del agua irremediablemente, con la consiguiente pérdida de la tasa de abate y lo que es peor, con la frustración y malestar que causa dejar ir un animal herido.
Con esta especie, sólo hay un punto de impacto: el cerebro. No hay triángulo vital. No se le dispara al corazón, ni a los pulmones, ni a la columna. Sólo al cerebro de manera de anclarlo en el lugar donde está. De otra forma, se corre un riesgo muy alto de que se lance al agua, (ya que estará muy cerca del cebo), y desaparecerá.
Para acertar con un único disparo al cerebro se deben cumplir varios requisitos. En primer lugar, estar muy familiarizado con la anatomía del animal. La charla con el profesional, la lectura o incluso el entrenamiento previo al safari, garantizarán la correcta identificación de ese órgano, que no excede el tamaño de una pelota de tenis. En segundo lugar, el dominio absoluto de las condiciones del disparo.
Para ello, es recomendable al momento de emplazar el apostadero, medir con un telémetro la distancia exacta desde allí hacia la carnada. Luego volver al campo y  regular el rifle exactamente a esa distancia con un blanco de reglaje, haciendo disparos en una posición cómoda y relajada. Una vez que bajo estas condiciones, la agrupación no exceda la pulgada de dispersión, entonces sí, ya estarán dadas las condiciones para la situación de cacería.

 Las armas
Tanto los rifles de cerrojo como los dobles, podrán trabajar adecuadamente en esta cacería. Como aquí tampoco hay riesgo de una carga, podrán utilizarse los rifles monotiros del tipo Ruger N°1.  Lo principal es que -como siempre sugiero-, el cazador esté muy bien familiarizado y cómodo con su arma. El disparo será de precisión, por lo tanto el conocimiento de cada detalle hará la diferencia. La forma de la culata, el peso de la cola del disparador, la presión necesaria si se utiliza un gatillo a pelo, etc. son variables que deberán ser manejadas con solvencia por el cazador, casi tanto como lo haría cualquier tirador de bench rest en el polígono de tiro.
Para ésta, como para cualquier otra cacería desde un apostadero, el uso de una buena mira telescópica será una ayuda fundamental para ubicar con precisión el disparo en el punto vital. No será necesario que sea muy luminosa, ni de un gran aumento, pero sí de buena calidad. Las distancias serán cortas y podrán ir desde 50 a 100 metros, por lo que una mira variable que vaya de 1.5 a 5 x será suficiente para asegurar el primer disparo, y permitirá la visión periférica necesaria para un eventual y rápido segundo tiro, sin necesidad de quitar la vista de la óptica.  

Las municiones
Las puntas para la munición deberán ser blandas, para causar el mayor daño posible en la cavidad craneana. Sin embargo, debido a la dureza de los huesos, tendrán que ser de expansión controlada, para que no estallen en caso de impactar francamente en una de las placas óseas de la cabeza sin llegar a penetrar adecuadamente. Tendrán que ser además, de calidad Premium o por lo menos, las mejores que puedan conseguirse en el mercado. En este caso, no es mala idea adquirir una cantidad suficiente de igual munición, ya que esas mismas balas deberían ser usadas para la calibración del rifle en el polígono, la práctica de tiro previa al safari, la prueba en el campamento luego del viaje aéreo internacional, la calibración del rifle a la distancia exacta entre el apostadero y el cebo, y el disparo final de caza.

Los calibres
Otra diferencia con el resto de las especies de caza peligrosa, es que para la cacería del cocodrilo no se requiere un calibre mínimo. Sin embargo, hay algunos lineamientos para tener en cuenta. Por ejemplo, el tamaño del cocodrilo. Si -como dicen en África-, el cazador es agraciado por las dos damas de la caza: la suerte y la madre naturaleza (Lady Luck y Mother Nature), poniendo bajo la mira un gran trofeo que excede los 12 pies, será conveniente no estar “subcalibrado” con un 308 Winchester o un 30-06 Springfield.  Cualquier opción que arranque en el 300 Win. Mg, pasando por un .338 y hasta el 375 H&H Mg., y que supere los 200 grains de peso de punta, será suficientemente buena para cumplir con su cometido. Del “todo terreno” 375 H&H para arriba, considero que se ingresa a la zona del exceso de calibre, que tiene como único riesgo, el “flinching” o miedo al retroceso que puede provocar una variación al momento del disparo. Más allá de esta eventualidad, los calibres que utilizan puntas que van desde los 350 grains hasta los 500 grains de peso serán también muy adecuadas. En lo personal, creo que un calibre “grande” ideal para esta cacería es el 404 Jeffery, el 416 Rem. Mg, y el venerable 416 Rigby. Si el retroceso no es un problema, cualquiera de estos podrá anclar en el lugar al mayor cocodrilo, de una manera fulminante eliminando el riesgo de perderlo. 

viernes, 28 de febrero de 2014

Rinocerontes - Peligrosos y en peligro


Por Eber Gómez Berrade

El rinoceronte ha formado parte del exclusivo club de los Cinco Grandes de la caza peligrosa desde el comienzo de la historia de los safaris en África. En aquellos lejanos días de principios y mediados del siglo XX, no había cazador que estando en safari, no intentara enfrentarse a uno de los animales más extraños, fantásticos y mal humorados que habitan el continente negro.

Lamentablemente, en las últimas décadas, los rinocerontes fueron blancos del tráfico ilegal de fauna, lo que puso en peligro su existencia misma. En la actualidad, y gracias al esfuerzo conjunto de la comunidad académica internacional, de organizaciones de cazadores y de varios gobiernos africanos, se está logrando de a poco un aumento en las poblaciones de estos animales.
De hecho este año, han sido emitidas cinco licencias de caza de rinoceronte negro en Namibia, (autorizadas por el CITES), como herramienta de manejo y obtención de fondos para su estudio y conservación.
En este sentido, si tuviera que elegir un caso emblemático de la sinergia entre cazadores y conservacionistas, no se me ocurriría un ejemplo mejor que el de los rinocerontes. Una especie amenazada por furtivos y protegida por cazadores deportivos, que con el pago de sus carísimas tasas de abate, ayudan al financiamiento de investigación, manejo y control de los ejemplares existentes.
La diferencia se puede ver claramente. Existen especies de rinocerontes en África y en Asia. En África se pueden cazar y paulatinamente aumenta la población a pesar del furtivismo. En Asia no se pueden cazar. Y cada vez hay menos.

Blanco & Negro
En realidad la familia de los rinocerontes está compuesta por cinco especies, tres se encuentran en Asia y dos en África. Los asiáticos son el rinoceronte de Java, el de la India y el de Sumatra. Los africanos son el Blanco y el Negro.
Como dije, la particularidad de estas especies es que todas cuentan con algún grado de protección por su crítico estado o vulnerabilidad en materia de conservación.
En África, tanto el blanco como el negro, son paquidermos bastante similares, incluso no hay mucha diferencia en cuanto al color como sus nombres hacen creer. De hecho, se dice que el nombre de rinoceronte blanco (white en inglés), en realidad proviene de la palabra wyt, que significa ancho en afrikaans, haciendo alusión a la forma ancha y cuadrada de su boca.
El rinoceronte blanco, cuyo nombre científico es Ceratotherium simum, es el mamífero terrestre más grande luego del elefante. Llega a tener una altura promedio de 180 cm y un peso de 2.200 kilos en los machos. Los hipopótamos son un poco más pesados que ellos, pero más pequeños en tamaño. La longitud de los cuernos varía desde los 60 a los 140 cms., siendo extremadamente raro ver en estos días ejemplares con tamañas cornamentas.
En cuanto a la distribución, pueden clasificarse dos variantes dentro de los blancos: los del norte y los del sur. Las poblaciones endémicas del sur, fueron exterminadas prácticamente en el transcurso del siglo XX, pero luego fueron repoblándose con programas de conservación de ejemplares de la provincia de Kwazulu Natal en Sudáfrica. En la actualidad, es el país con mayor población de blancos de África, habiendo también ejemplares en Botswana, Kenia, Namibia, Swazilandia, Zambia y Zimbabwe. Los del norte, si bien han alcanzado el Nilo Blanco en Uganda, República Centro Africana, Zambia, Zimbabwe y Kenia, han casi desaparecido de esos países.
La piel del rinoceronte blanco es gris (no blanca), y una característica diferencial es, además de que dobla en tamaño al negro, la forma ancha y cuadrada de su boca.
El rinoceronte negro o Diceros bicornis, no es más grande que un búfalo cafre, pero pesa casi el doble. Tampoco es negro, es gris. Un poco más oscuro que su primo, pero gris al fin. Alcanza una alzada promedio de 160 cm y un peso de 1.360 kg aproximadamente. Su boca es fácilmente distinguible a que tiene una forma aguzada característica. Existen dos variantes: la sudoccidental y la del este, siendo la sudoccidental la de mayor población. Históricamente el rinoceronte negro alcanzó mayor distribución que su compañero blanco, sin embargo fue objeto de una tremenda caza furtiva que lo llevó a las puertas de la extinción. Hoy en día, la mayor cantidad de esta especie se encuentra en Namibia y en Sudáfrica, habiendo también ejemplares en Malawi, Swazilandia, Tanzania, Zambia y Zimbabwe. 
Tanto el blanco como el negro son herbívoros, poseen una piel muy gruesa, desarrollaron un agudo sentido del oído y del olfato, y ambos tienen muy mala vista. 

Especies en peligro
Si bien ambas especies africanas han sido tradicionalmente perlas en la experiencia de los cazadores deportivos en el continente negro y han conformado la elite de los Big 5 por décadas. Hoy en día y desde hace 33 años, se encuentran con categoría de protección del CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre), cuando fue ubicado como “endangered” en 1980. Lamentablemente la demanda de sus cuernos para uso en medicina tradicional o incluso afrodisíaco por parte de chinos y otros pueblos asiáticos, ha provocado en los últimos años una escalada de caza furtiva sin precedentes, haciendo subir los precios de las cornamentas en el mercado negro y provocando una crisis ecológica sin precedentes. 

Este flagelo que continúa ocurriendo al momento de escribir estas líneas, ha provocado la gestión de la comunidad internacional para intentar revertir una tendencia regresiva en los niveles demográficos de ambas especies, -pero aun más en la del rinoceronte negro-, que es la que cuenta con una amenaza mayor. De acuerdo a censos efectuados por la unidad especial denominada African Rhino Specialist Group del Conseil International de la Chasse (CIC), los niveles de furtivismo se han incrementado, pero al mismo tiempo los esfuerzos por protegerlos ya han comenzado también a dar sus frutos.
Así es que la población actual de rinocerontes blancos se estima hoy en 20.405, y la de negros en 5.055, lo que evidenció un aumento sostenido desde el año 2010.
Si desagregamos los datos del censo, vemos que hay 18.910 rinocerontes blancos en Sudáfrica, seguido por Namibia con 524; Zimbabwe con 283;  Botswana con 185; y con algunas decenas en países como Zambia, Swazilandia y Uganda. En cuanto a los rinocerontes negros, Sudáfrica tiene 1.770; Namibia 1.750; Zimbabwe 422; Kenia 631 y el resto distribuido entre Malawi, Botswana, Tanzania y Zambia.
En todos los casos, de acuerdo a este organismo internacional, la tendencia de crecimiento ha sido positiva o se ha mantenido estable en el peor de los casos.
Esta mejora leve en el estado de la conservación de los rinocerontes, está lejos de poner fin al flagelo del furtivismo. Para tener una idea de la magnitud de la crisis, digamos que en lo que va de este año (hasta el mes de Septiembre), fueron matados 618 rinocerontes en Sudáfrica, acercándose peligrosamente a los 668 ejemplares sacrificados durante todo el año pasado. Sólo en 2013, han sido capturados 165 delincuentes en operaciones de lucha anti furtiva en ese país.

Dónde cazarlos en la actualidad
A pesar de este sombrío panorama, hoy en día aún es posible cazar rinocerontes en África, naturalmente de manera legal y con las licencias correspondientes emitidas por los gobiernos de cada país. La especie más común es el blanco. Sudáfrica y Namibia disponen de cuotas anuales con tasas de abate realmente caras. Se estima que en Sudáfrica se cazan unos 70 a 80 por año, mayormente en la provincia de Kwa Zulu-Natal. En cuanto a costos,
el rinoceronte es, sin dudas, la especie más cara de toda África. Y si el blanco es caro, el negro lo es mucho más. Si se obtiene el permiso respectivo, una cacería puede llegar a rondar los 200 mil dólares.
Sin ir más lejos, este año e
l Consejo de Ministros de Namibia aprobó la caza de cinco machos trofeo de rinocerontes negros, para ser cazados en cualquier momento y hasta el 2017. Estos ejemplares se encuentran en Mahango, el Parque Nacional Mangettil en el Kavango occidental, en el Waterberg Plateau Park, y en el Parque Namib Naukluft. Lo que se obtenga por el valor de las tasas de abate, se invertirá en el Fondo para la Conservación de la Fauna de ese país.  

La cacería 
La cacería del rinoceronte blanco en Sudáfrica o Namibia se da en cotos cercados o en reservas habilitadas exclusivamente. Se realizan siempre a pie, en horas diurnas y recechándolo. Si se maneja bien el viento, uno se puede ubicar muy cerca, ya que estos animales tienen una visión muy pobre. En cuanto al grado de dificultad, diría que es la misma que la que representa la caza del eland o la del kudú. Claro que ninguno de estos viene con riesgo de carga. Sus grandes huellas son fácilmente distinguibles, al igual que sus heces. Muchas veces se los encuentra en montes cerrados, lo que complica la evaluación del trofeo en el terreno, así como la claridad necesaria para el primer disparo.
El trofeo es obviamente el cuerno, que en realidad es una protuberancia pilosa, que da el nombre a la especie (rinoceronte significa cuerno en la nariz). Siempre es una tarea delicada para el cazador profesional juzgar la edad de un macho adulto. Sin embargo, las características del cuerno y la posibilidad de acercarse ayudan mucho en la evaluación final del trofeo.
Lo que se busca es siempre longitud de la cornamenta y ancho de la base. Ambas medidas son las establecidas además por los sistemas de medición actuales como el Safari Club Internacional y el Rowland Ward.
Este último divide a los rinocerontes de acuerdo a cada variedad. Así el récord de rinoceronte blanco del sur, lo tiene Sir William Gordon-Cumming, con un cuerno de 62 ¼ de pulgada cazado en Sudáfrica en 1898. En cuanto a la variedad del norte, el número uno lo tiene D.N Palios, con 50 1/8 cazado en el Este de África en 1933. En rinoceronte negro, el mayor registrado data del año 1902, y es el trofeo cazado en Kenia por K.V. Painter, que alcanzó las 53 ½ pulgada de longitud.

Cacería con dardos
Una opción que se abrió hace algunos años en Sudáfrica, fue la caza con dardos, o como se la conoce en  inglés “green hunt”. Esta modalidad  permite al cazador efectuar una cacería de rinoceronte utilizando un rifle con dardos anestésicos en lugar de munición viva. En este tipo de safaris, no sólo el cliente es acompañado por el cazador profesional sino también por un veterinario, que es el encargado de realizar los estudios necesarios al animal, de administrarle medicación y suplementos vitamínicos, o de colocar un localizador para programas de conservación.
La cacería es tan peligrosa como la tradicional. Es más, muchas veces tiene una complicación mayor, ya que no hay disparo de back up (o por lo menos no, hasta el último segundo imprescindible), y porque cada animal se comporta diferente respecto a la droga administrada.
Una vez sedado el rinoceronte, y mientras los veterinarios realizan su trabajo, el cazador se toma las fotos de rigor, se mide el trofeo, y se toma el molde de los cuernos para luego replicarlos en resina. Eso y las fotos, será todo lo que el cliente podrá llevarse de regreso a su casa. El animal, volverá a su ambiente como si nada hubiera pasado luego de que se le haya pasado el efecto de la anestesia.
Esta forma de cazar tuvo un discreto auge hace unos años, debido a que disminuía muchísimo el valor de un safari de rinoceronte. Sin embargo, en el 2011, comenzaron a escucharse críticas del ámbito académico que apuntaban directamente a la participación de los veterinarios en estas operaciones. Fue así que el Consejo de Veterinarios de Sudáfrica declaró que era una actividad que no se adecuaba a los parámetros éticos a los que deben someterse sus profesionales. Poco tiempo después, el Departamento de Asuntos Ambientales de ese país, prohibió la caza con dardos para cazadores deportivos, permitiéndola exclusivamente a veterinarios con fines profesionales de conservación y estudio. Hoy en día, es aún posible realizar este tipo de capturas en la provincia sudafricana de Eastern Cape. De todas maneras, y por lo cambiante de la legislación de fauna en Sudáfrica, mi sugerencia a la hora de decidirse por un safari así, es estar al tanto de las últimas regulaciones de fauna en cada una de las provincias de ese país.

Peligrosidad
Muchas veces se ha subestimado el grado de peligrosidad de esta especie. Es cierto que su caza no es difícil, una vez cara a cara, no se puede soslayar el mal humor intrínseco que tienen estos paquidermos. En la historia de los safaris hay muchas anécdotas de accidentes, muchas veces fatales. Una de ellas, le ocurrió a Kathleen Seth-Smith, -madre del reconocido cazador profesional Tony Seth-Smith. La joven, en ese momento, fue atacada por dos rinocerontes en 1926 en el Valle del Rift, uno de los cuales había sido herido por ella misma, cuando le disparó con su viejo doble Rigby .450NE.  Increíblemente pudo salvar su vida, matar finalmente al rinoceronte y auto evacuarse hasta el hospital de Nairobi. Todo un milagro. Otro accidente, menos afortunado esta vez, le ocurrió al legendario Charles Cottar. Fue en una cacería en Kenia en 1940, cuando un rinoceronte mimetizado entre los altos pastizales, lo cargó desde corta distancia. Su hijo acudió en su ayuda, matando al animal, pero nada pudo hacer para salvar la vida de su padre. El cuerno le había cortado una artería mayor. En menos de una hora, había fallecido bajo el cielo de su amada África. Cottar fue el primer cazador profesional estadounidense y el iniciador de una larga dinastía de profesionales de la caza mayor africana, que perdura hasta hoy día.
Para tener una idea de lo que una carga de rinoceronte significa, baste decir que su velocidad de carga promedio puede alcanzar los 50 km/hora, lo que es lo mismo que decir 14 metros en un segundo. En otras palabras, si el animal carga desde unos 20 metros, el tiempo mínimo para colocar el disparo en el cerebro es de poco menos de 2 segundos.

Armas y municiones
Por lo expuesto en cuanto a la peligrosidad de esta especie, las armas adecuadas para la cacería de esta especie, son esencialmente las mismas que las utilizadas para las demás especies peligrosas, es decir: dobles o rifles de acción a cerrojo. Nada más. Como las distancias serán seguramente muy cortas y muchas veces en medio de un monte bastante sucio, es aconsejable que el fusil tenga un cañón corto, y en lo posible con miras abiertas. A menos que se tenga algún problema específico de visión, la mira abierta es lo más recomendable para este lance. Naturalmente que para tener solvencia en su uso, el cazador deberá tener una gran familiaridad con este tipo de óptica.  
En materia de municiones, hay sólo una opción: puntas sólidas. El rinoceronte es un paquidermo, y hace honor a la denominación de su especie. Paquidermo significa piel gruesa. Además cuenta también con una densa y profunda capa muscular, que deberá ser atravesada para llegar finalmente a los órganos vitales. Aquí también, como en toda decisión que se tome al enfrentarse con un animal de extrema peligrosidad y alto costo económico, el cazador está obligado a utilizar la mejor munición que encuentre en el mercado. Las puntas sólidas de marcas reconocidas y de naturaleza Premium, como las Norma African PH o Kynoch, por nombrar solo dos, serán la mejor opción a utilizar. 

Los calibres
Partiendo del inefable y todo terreno 375 H&H Magnum, cualquier calibre mayor será adecuado para esta especie. Es decir, todo calibre que pueda ser manejado con soltura y familiaridad, sin “flinching” o miedo al retroceso, y que pueda ser efectivo en un segundo disparo rápido sin que deje despatarrado al tirador. En mi opinión, el 416 Rigby, otro clásico y versátil cartucho inglés es la mejor opción para el rinoceronte, especialmente por las características de penetración que posee. Otra excelente opción, también en 400 grains es el 404 Jeffery, tanto en su versión para cerrojo como para doble. Naturalmente que los calibres mayores, como el .458 Lott, o los de la gama de .500 también son aptos, si se los maneja adecuadamente, aunque poco versátiles, si se piensa combinar la caza del rinoceronte con otras especies de planicie.

El tiro
Como dijimos, las situaciones de cacería suelen provocar disparos de relativa corta distancia. En la aproximación y primer disparo, la postura de pie y en lo posible con ayuda de un apoyo, colaborará en la precisión necesaria para impactar en puntos vitales como corazón y pulmones. Si la cosa se complica y hay que enfrentar una carga, el disparo a brazo alzado y de pie será prácticamente la única opción que quede. En este sentido, recomiendo seriamente el entrenamiento previo al safari, utilizando con blancos móviles a velocidades reales, para lograr un desempeño adecuado con el arma. Aquí no sólo habrá que ser preciso al disparar al pequeño cerebro del animal, sino que también habrá que hacerlo con extrema rapidez. Un mínimo fallo en cualquiera de las dos variables, será sin dudas catastrófico. 

viernes, 7 de febrero de 2014

Leopardo - Rápido y furioso



Por Eber Gómez Berrade

A menudo la cacería del leopardo es elegida como la primera oportunidad para enfrentarse a las especies de caza peligrosa, exponiéndose a uno de los más grandes desafíos que ofrece el continente negro. Una experiencia donde se pone en juego la inteligencia, la estrategia y la paciencia del cazador versus la sagacidad y la ferocidad de un predador temible.   

La cacería del leopardo, como se la realiza de manera tradicional, es decir con cebos y apostado, puede parecer pasiva y hasta poco peligrosa en algunos casos. Sin embargo, la realidad indica que es tremendamente activa y apasionante para aquel que decida enfrentarse a este felino. Ya que desde el primer día de su safari, el cazador se encontrará trabajando en la construcción de apostaderos, cazando antílopes para usarlos de carnada y recorriendo kilómetros en busca del rastro correcto. Sólo ahí podrá sentarse a esperar a que la presa aparezca. Y a partir de ese momento, todo será adrenalina pura.

Leopardos en África
Sobre ellos girará esta nota, a pesar de que existen algunas especies en Asia menor, algunos países del sudeste asiático y Arabia. El leopardo africano es identificado como Pantera pardus pardus, y para algunas lenguas nativas, como ingwe, mbada y chui.
De los felinos africanos es el que se ha adaptado mejor a prácticamente todas las regiones del continente. Desde Egipto, Libia y Marruecos, hasta Namibia, Botswana y Sudáfrica, pasando por los países del centro y este del continente. A lo largo de estas regiones muy diferentes entre sí, la especie ha desarrollado algunas diferencias en cuanto a tamaño y pigmentación de la piel. En el este, por ejemplo, suelen ser más grandes y pesados que los del sur, pero en el Camerún, son más pequeños y oscuros que sus congéneres australes, lo que en esos casos les ayuda al mimetismo y la movilidad en medio de la selva cerrada.
Los leopardos son solitarios, territoriales y viven aislados excepto en la época de apareamiento. Esquivos como pocos, es muy difícil encontrarlos a plena luz del día, a menos que estén en lugares realmente inhóspitos sin rastros de población humana. En general se mueven, cazan y alimentan de noche, y eligen terrenos rocosos como colinas, riscos o “kopjes” para guarecerse. Suelen utilizar las ramas de los árboles para descansar durante el día o acechar alguna presa. Son naturalmente carnívoros que se alimentan de antílopes pequeños y medianos, cebras, primates y ganado común. Lo que los convierte en la pesadilla de muchos granjeros africanos. Pueden pasar largo tiempo sin beber agua, ya que les son suficientes los líquidos que capta de sus presas al alimentarse. Estas características sumadas a la velocidad, fortaleza y ferocidad hacen que sean magníficos cazadores.   
El leopardo macho puede llegar a medir de 60 a 70 cm. de porte, y a pesar entre 50 y 100 kilogramos. En líneas generales, los ejemplares más grandes provienen de países como Tanzania o Mozambique. De hecho para el libro de records Rowland Ward, el trofeo que encabeza el ranking es el cazado en 1957 por V. Neamand en Tanzania, cuyo cráneo midió 11 pulgadas de largo por 8 de ancho. En cuanto a cantidad de ejemplares por kilómetro cuadrado, es Namibia el país que cuenta con mayor tasa demográfica del continente, particularmente en las áreas de Bushmanland y Etosha.

El trofeo
De acuerdo a los sistemas de medición actuales, el trofeo se registra mediante las medidas del cráneo en su largo y ancho. Es el mismo sistema que los usados para todas las demás especies de carnívoros. El cálculo de esta medición es extremadamente difícil para realizarlo en el campo, más precisamente desde un apostadero. Por esa razón, el cazador profesional deberá juzgar el tamaño completo del animal y su edad aproximada. Hoy en día, muchos países africanos han establecido -como lo han hecho con los leones- un mínimo etario de 6 años para que el ejemplar sea considerado trofeo y pueda ser exportado al país del cliente del safari.
Al momento de juzgar el trofeo, se busca siempre que sea macho, aunque sea legal la cacería de hembras, ya que la diferencia de peso y porte entre ambos géneros es considerable. De hecho, en la etapa de búsqueda e identificación de huellas, el profesional se centrará en aquellas que provengan de un animal  grande, en la esperanza de que además, tenga también la edad mínima para  convertirse en un trofeo legal. 
Estos requerimientos deben ser tenidos muy en cuenta en el safari, ya que de infringir alguna de estas condiciones, las autoridades le cancelarán inmediatamente el permiso de exportación al cazador extranjero. Como ejemplo, baste recordar que hace un año en Namibia, se cazaron 350 leopardos, -que es la cantidad máxima establecida por CITES para ese país-, y luego de la verificación de las autoridades del Ministerio de Medio Ambiente y Turismo, sólo 13 leopardos pudieron ser exportados a sus propietarios en el extranjero. El resto de los permisos fue denegado por haberse verificado violaciones a la Ley de Fauna, como haberlos cazado de noche o por haber sido ejemplares jóvenes en etapa reproductiva.  

Dónde encontrarlos
Los países que actualmente tienen habilitada la caza del leopardo son Camerún, República Centro Africana, Etiopía, Tanzania, Mozambique, Zimbabwe, Sudáfrica y Namibia. Zambia ha sido históricamente un excelente lugar para la cacería de los grandes felinos, pero existe en este momento una disposición del gobierno de ese país que ha suspendido la caza de león y leopardo durante el año 2013. En cuanto a las áreas de cacería, las mejores están en las proximidades del Lago Natron, el monte Kitumbeini y la Reserva de Caza Selous en Tanzania; la Reserva de Caza Niassa en Mozambique; la región del Kafue y el valle del Luangwa en Zambia; y Bushmanland y Etosha en Namibia.

La cacería tradicional
La caza del leopardo es esencialmente al acecho, desde un apostadero. Como dije anteriormente, al ser animales muy tímidos y esquivos, son extremadamente difíciles de ver durante el día, por lo tanto el rececho queda prácticamente descartado, a menos que se haga uso de perros para su captura. En este sentido, las legislaciones de los países que cuentan en la actualidad con licencias disponibles son variadas y han sufrido numerosas modificaciones durante los últimos años. Existen países donde es posible la persecución diurna con jaurías de perros, o la cacería nocturna desde apostaderos con el uso de luz artificial, como puede hacerse en Zimbabwe y Sudáfrica por ejemplo. Otros, en cambio, en los que estas dos modalidades están totalmente prohibidas, pudiéndoselo cazar exclusivamente de día y apostado como sucede en Namibia y Tanzania.
Los safaris de leopardo suelen tener una duración máxima de 15 días. Muchas veces, los outfitters locales, colocan cebos algunas semanas antes de que llegue el cazador al campamento. Otras veces, mantienen cebados apostaderos durante todo el año para acostumbrar a los leopardos a un determinado lugar. Cualquiera sea la opción elegida, al comienzo del safari, el cazador deberá obtener más carne para alimentar los apostaderos. Las presas más apetitosas para estos felinos son las cebras, que al tener bastante grasa, duran más tiempo como carnada. Otras especies adecuadas son el eland, los oryx y otros antílopes grandes, ya que el voraz apetito de un leopardo no se conformará con una simple patita de impala.
Una vez colocados los cebos, que en general suelen ser varios, dispuestos a muchos kilómetros unos de otros, comienza la tarea de visitarlos en busca de rastros frescos. En algunas granjas suelen colocarse cámaras espías que ayudan a esta tarea, identificando los animales que se acercan a comer. Esta actividad puede llevar varios días, hasta que finalmente se da con las huellas adecuadas, es decir, de un ejemplar grande. A partir de ahí, comenzará la instalación del apostadero a una distancia de entre 60 y 100 metros, ubicado en lo posible con el sol de espalda y el viento en contra. Recién a partir de ese momento empieza la espera, que deberá ser en el más absoluto silencio, debido al finísimo sentido del oído que tiene este felino. Una vez que el “gato” aparezca en el cebo, será tarea del profesional la evaluación del trofeo. Si la suerte acompaña y lo que está comiendo es un ejemplar grande y suficientemente adulto como para ser exportado, la orden de “dispare” será lo que inmediatamente escuchará el afortunado cazador.
A partir de ese preciso instante, se abre otro capítulo de esta cacería. Si se hicieron todos los deberes previos al safari, si se conocían a la perfección los puntos de impacto en distintas posiciones, si el rifle estaba calibrado exactamente a la distancia en la que está el cebo, y si el disparo fue certero, entonces el animal habrá caído fulminado sobre la base del árbol donde estaba la carnada.
Ahora, si falló alguna de estas variables, el sueño de dar caza a unos de los Cinco Grandes más feroces del planeta, corre el riesgo de convertirse rápidamente en una terrible pesadilla, tanto para el cazador como para el profesional. Entrar al monte a buscar un leopardo herido es una de las tareas más peligrosas a la que se enfrenta un cazador profesional y su cliente. Si todo sale bien, encontrarán el animal muerto cerca de donde fue herido, sino es muy probable que enfrenten una carga directa. Es en este punto, donde se evidencia el alto nivel de peligrosidad de esta especie.

Peligrosidad
Una de las características para evaluar el nivel de peligrosidad del leopardo, es la velocidad de ataque que desarrolla en línea recta y que puede alcanzar los de 80 km/h. Para tener una idea cabal de de lo que esto significa, pensemos que en el momento de una carga, recorrerá unos 20 metros en un segundo y los últimos 5 metros en exactamente la mitad de ese tiempo. Esta velocidad de ataque lo convierte en la más rápida de las especies de caza peligrosa de África. Sumado a esto, se debe considerar su contextura física, el manejo letal de sus garras y colmillos, y la capacidad mimética que dificulta su localización. A diferencia del león, no ruge antes de cargar, lo que complica aún más la situación. Si bien suceden anualmente varios accidentes con esta especie, pocos son mortales, pero siempre terminan con el damnificado en el hospital más cercano.
La peligrosidad de esta especie, está dada no sólo por los accidentes producto de la cacería deportiva, sino también entre pobladores locales. Para ilustrar esta situación vale decir que de acuerdo a la Central de Estadísticas Medioambientales de Botswana, se registraron en ese país unos 2643 ataques de leopardo a seres humanos en el transcurso de los años 2009 a 2011. Esta cifra supera a los incidentes registrados de leones y elefantes a la población nativa y a su ganado durante el mismo período. 

Armas, calibres y municiones
La elección adecuada del arma es una cuestión fundamental para quien se enfrente a cualquiera de las especies peligrosas. El leopardo no es una excepción. Sin embargo, se puede diferenciar dos etapas relacionadas con las armas en el proceso de la cacería. En primer lugar, el uso del rifle desde el apostadero. Para ello, cualquier sistema es adecuado, ya sea de cerrojo, monotiro o doble. En cualquiera de estos casos, es casi indispensable el uso de una mira telescópica de buena calidad para ubicar el tiro con una precisión casi quirúrgica. En esta etapa, el cazador tendrá la chance de disparar sólo una vez. Si la cosa, no funcionó como se esperaba, y el leopardo escapó herido, la situación de disparo cambiará radicalmente. Allí solo hay lugar para los sistemas de cerrojo o de rifles doble. El profesional, seguramente tendrá uno de estos fusiles que usara como respaldo o back up.
Es una costumbre difundida en algunos países de África, que el guía utilice una escopeta con postas para internarse en el monte a buscar un felino herido, e incluso he visto a algunos que llevan un arma corta para usar en caso de ser “abrazado” por la fiera. Lo cierto es que como dice el dicho “cada maestrito con su librito”, hay teorías que descartan de cuajo el uso de escopetas, y mucho menos de revólveres por parte de los profesionales. Un maestro de cazadores profesionales del que tuve el honor de ser alumno, no perdía oportunidad de explicar por qué no se debe utilizar una escopeta, basándose en las gráficas de energía comparada entre postas y balas de grueso calibre. Para él, el arma típica de back up es y debe ser el rifle doble. El problema, como uno puede imaginarse, es que no muchos guías profesionales pueden disponer de tan costosa herramienta.
En cuanto a calibres, en varios países africanos se requiere un mínimo legal para la caza de especies peligrosas, medido en términos de energía. La base suele ser el 375 H&H Magnum como dijimos en varias oportunidades, sin embargo hay también otros países en donde el leopardo tiene un estatus intermedio entre las especies de planicie y las peligrosas, y donde no rige el mínimo legal. En esos casos, de todas maneras, el cazador no debería considerar nada debajo de un 7 Rem Mg. o 300 Win. Mg.
Una vez, más el venerable 375 H&H con munición de 270 grains resulta ser un instrumento más que adecuado para esta cacería. Irse más arriba, con calibres superiores tampoco es muy aconsejable debido al riesgo de adoptar el temido “flinching” o miedo al retroceso, que puede ser perjudicial en un tiro de absoluta precisión como es el del apostadero. Naturalmente como calibre de apoyo, lo opuesto es lo recomendable, es decir usar suficiente calibre para detener inmediatamente una carga a pocos pasos. Para esto los profesionales suelen usar el 458 Win. Mg, el 416 Rigby, algún 500 en rifles de cerrojo, el 470NE o algún profesional afortunado que disponga de 577NE como arma de cabecera.  
Los leopardos son animales de piel suave, así que la punta a usar debe ser blanda de expansión controlada. Naturalmente como siempre menciono, la de mejor calidad que pueda conseguirse en el mercado. Pero aquí lo fundamental, es -además de la marca y la calidad- el que se utilice siempre la misma munición, tanto para el entrenamiento previo al safari, para la regulación de la mira en el campamento, para la calibración a la distancia exacta desde el apostadero hasta la carnada, y por supuesto para el disparo final. A mi criterio, el estar absolutamente familiarizado con la curva balística de la munición elegida (de igual manera que con el binomio rifle-mira telescópica), es de capital importancia para abatir a la pieza de un solo y letal disparo.

El tiro
Como dije, el proceso de tiro puede darse en dos etapas. La primera, cómodamente sentado, desde la seguridad del apostadero. Para esto, el cazador seguramente habrá de practicar con una serie de disparos en el polígono del campamento, utilizando el asiento con el apoyo y replicando las mismas posturas y condiciones que encontrará en el campo. En general, la manera de sostener el rifle, suele ser con un trípode, a través de una cuerda colgada en el apostadero donde descanse la culata o la chimaza del arma, o un apoyo adosado al sillón del tirador. No hay mucho secreto en esta forma de tiro, que es más de estilo “bench rest” que de cacería.
Luego de esto y una vez elegido el lugar del apostadero y colocada la carnada, es recomendable medir exactamente la distancia de disparo con el telémetro, y luego de vuelta en el campamento regular a “mosca” el rifle a esa misma distancia en el polígono de práctica.
En caso de una carga, el tiro será muy probablemente de pie, ya que no habrá tiempo de arrodillarse y de una manea casi instintiva. Como último recurso, el profesional deberá instruir al cliente -antes de comenzar el safari- sobre las técnicas de disparo cercano en caso de que el animal esté sobre el guía o alguno de los miembros de la partida de caza, de manera de evitar un daño mayor a la vida humana. En una cacería peligrosa de este tipo, todas las previsiones que se tomen para evitar riesgos estarán por demás justificadas.