martes, 7 de mayo de 2013

Los Tres Reyes Coronados de Africa





Por Eber Gómez Berrade


En África habita la mayor cantidad de antílopes en el planeta. Infinidad de especies y subespecies ampliamente distribuidas otorgan al cazador deportivo las más variadas posibilidades de acuerdo a sus preferencias y presupuestos. Los trofeos más buscados suelen ser aquellos conocidos como “antílopes espiralados”. Dentro de esta categoría, los tres preferidos por su elegancia y majestuosidad, así como por su desafío en el lance cinegético son el kudú, el nyala y el bongo. Reyes indiscutidos de las planicies, colinas y selvas del continente negro.
La categorización de “espiralados” obviamente no responde a una denominación científica sino que es una manera que tenemos los cazadores de agrupar a determinados antílopes por la forma de sus cornamentas. Del mismo modo a lo que hacemos con los ”cinco grandes” de la caza peligrosa, o los “diez pequeños” de los antílopes pigmeos, ya tratados en éstas mismas páginas.
Las especies que cuentan con la características de tener sus cuernos en forma de espiral son nueve: el kudú mayor, el kudú menor, el nyala común, el nyala de montaña, el eland, el eland gigante de Lord Derby, el bushbuck, el sitatunga y el bongo. Este grupo se divide en dos géneros taxonómicos distintos. Por un lado, el eland común y el eland gigante de Lord Derby que son parte de los Taurotragus, y el resto de las especies son parte del género Tragelaphus.
Solo el kudú menor, y los dos nyalas no poseen subespecies. El resto: eland, bushbuck y sitatunga cuenta con diferentes variedades de acuerdo a las áreas geográficas donde habitan. Así podemos encontrar por ejemplo, cinco subespecies de gran kudú: la del sur (Southern), la del Este del Cabo (Eastern Cape), la del Este de África (East African), la de Abisinia (Abyssinian) y la del Oeste de África (Western); y dos de bongo: el del este y el del oeste.
La elección por mi parte de estos tres reyes coronados no deja de ser arbitraria, pero aún así tiene una explicación. Tanto el gran  kudú, como el bongo y el nyala común pertenecen al mismo género (tragelaphus), son los de mayor porte (a excepción de los elands, claro), reinan en áreas diferentes y los tres sobresalen por su belleza, majestuosidad y carisma. Lo que provoca que cada uno de ellos figure primero en la lista de prioridades de acuerdo al área de cacería elegida.
Esto es así, especialmente en aquellos deportistas que sueñan con ir por primera vez a África. Para ellos, me atrevo a decir sin dudarlo, que el kudú aparecerá como número uno en el ranking.
Pocas veces he visto un animal que despierte tanta fascinación como este. Si uno se fija, verá que casi siempre es ubicado en el centro de las salas de trofeos. Esto se debe a su porte altivo, sus cuernos en forma de V, su pelaje y las figuras de su piel, que lo convierte en la atracción de todas las miradas. 
Pero como si esto fuera poco, su cacería representa también un gran desafío para el cazador. Por algo se lo conoce como “fantasma del bosque”.
El hábitat del kudú está muy extendido en todo el territorio africano. Sin embargo, las subespecies del sur y del este del Cabo, son las más buscadas por los cazadores noveles ya que se encuentran en Sudáfrica y Namibia, los países que conforman la puerta de entrada del continente, que es donde se desarrollan los típicos safaris de especies de planicie.
El nyala es un tanto diferente. La variedad común que habita el sur de Sudáfrica suele ser también una de las primeras opciones para el cazador, aunque según mi experiencia casi siempre se lo va a buscar una vez que ya se han obtenido las especies de planicie más populares. En cambio, la variedad del nyala de montaña entra en la categoría de especialidad. Aquellos que quieran cazarlo deberán dirigirse a las montañas de Etiopía, y deberán enfrentar un safari más largo, complejo y costoso.
Algo similar sucede con el bongo occidental. Este bellísimo animal se encuentra en las selvas del oeste y centro de África, y fue descubierto recién a mediados del siglo XIX. La subespecie del este, se distribuye en Kenia, donde está prohibida la caza deportiva.
La cacería de bongo, es también para aquellos que ya cuentan con alguna experiencia en el continente, aunque difiere muchísimo de los típicos safaris de la planicie. Para empezar se caza en temporada de lluvias, en medio de las selvas tropicales, siguiendo rastros frescos con la ayuda de perros y nativos pigmeos. El calor, la humedad constante y el no ver animales (solo huellas) la mayor parte del tiempo debido a lo frondoso de la jungla, convierten a esta cacería en una prueba de resistencia física y mental para el cazador arriesgado.  

Armas, calibres y municiones
La elección del arma para la caza de cualquiera de estos tres animales, debe ser acorde a los requerimientos para abatir ejemplares, de alto porte, de huesos grandes, a no muy larga distancia, y muchas veces con disparos que deberán darse entre ramas y espeso follaje como será el caso del kudú y del bongo.
Obviamente que podrá darse la circunstancia de encontrarlos en áreas abiertas, pero siempre es recomendable prepararse para el peor escenario posible, y esto es un antílope alerta metido bien adentro de un monte achaparrado.
Para este tipo de terreno es aconsejable el uso de rifles con cañones cortos, que no excedan las 22 pulgadas idealmente, y livianos ya que el rececho en todos los casos suele ser largo y a veces agotador.
Como dije, el perfecto mimetismo que estos animales tienen con el medio ambiente, hace muy dificultosa su clara visualización, por lo que lo último que uno desea, es que se vaya herido luego de haber efectuado el primer disparo. En estos casos (como en todos los demás, valga la aclaración), la identificación del punto vital de impacto es fundamental. En este sentido, se recomienda el uso de una mira telescópica variable de bajo aumento del tipo 1 a 4 X, que provea claridad al objetivo sin que complique la visual en la selva o en un monte cerrado de arbustos.
De acuerdo al tamaño y peso de estos antílopes, cualquiera de los calibres 30 pueden ser adecuados, desde nuestro clásico (y para mí demasiado liviano) 308 Win., hasta el 30-06, pasando por el 7mm Rem. Mag., el 300 Win. Mag. y el 338 Win. Mag. Sin embargo, me permito hacer aquí una diferencia en función de la velocidad del proyectil. En el caso del kudú y del bongo el factor común entre ambos será la “suciedad” del ambiente que se interpondrá entre el cazador y la presa. Ramas, follaje y troncos, ya sea tanto en el monte como en la selva, serán obstáculos habituales en estas cacerías. Esta característica hará que los tiros sean más bien de corta distancia, por lo que no son aconsejables los calibres muy veloces que pueden no ser suficientemente eficaces en escenario de esa naturaleza. Pero sí en cambio, trabajarán muy bien y serán una muy buena elección para el nyala, tanto el común como el de montaña.
Aquí, como siempre, vale la máxima sagrada de abatir la pieza al primer disparo. No sólo por deportividad, y para evitar el riesgo de una búsqueda larga y agobiante, sino también por qué no decirlo, por el costo de las tasas de abate que estarán en juego. Por esta razón, tampoco es de extrañar que el “todo terreno” 375 H&H Mag. sirva también perfectamente a los propósitos del cazador con alta aversión al riesgo.  
En cuanto a puntas, el peso dependerá del calibre elegido (desde 180 gr. a 300 gr. según sea el caso) cumplirán muy bien su cometido, pero recuerde que siempre deberán ser blandas, preferentemente de expansión controlada y naturalmente de primera calidad. Si a esto le sumamos un acabado conocimiento de las zonas vitales de impacto: corazón, pulmón y columna vertebral, el éxito de la cacería estará garantizado.   

El Gran Kudú, rey de la planicie
Es uno de los animales más apreciados por los cazadores occidentales como por los nativos africanos. Este fantasma de los bosques, está presente en casi todas las mitologías aborígenes del África subsahariana. Para los bosquimanos, por ejemplo, las marcas blancas que tienen en forma de “V” entre los ojos son las huellas dejadas por las manos de Dios al acariciarlo cuando admiraba su propia creación. Ernest Hemingway por su parte, lo eligió como un símbolo catalizador entre la búsqueda y el esfuerzo. En su libro “Las verdes colinas de África”, le dedica el capítulo denominado Acecho y Fracaso a su cacería en el Lago Manyara, en Tanzania, guiado por su amigo el legendario cazador blanco Philip Percival.
Nombre científico: Tragelaphus strepsiceros
Subespecies: la del sur (Southern), la del Este del Cabo (Eastern Cape), la del Este de África (East African), la de Abisinia (Abyssinian) y la del Oeste de África (Western).
Descripción: Es el antílope más alto después del eland, y el que tiene los cuernos más largos de todas las especies. La variedad del sur, posee el tamaño más grande de todos. La coloración de su pelaje varía desde un rojizo a un gris azulado, lo que junto a sus líneas blancas verticales en el cuerpo lo mimetizan perfectamente con el medio. Posee grandes orejas, unas inconfundibles marcas blancas entre los ojos y en sus labios, y una gran “barba” sobre la parte anterior del cuello. Sólo los machos tienen cornamentas, son gregarios y se mueven en pequeñas manadas o harenes de 2 a 3 hembras con sus crías. Los cuernos de los machos trofeos suelen formar perfectos tirabuzones terminados en puntas blancas orientadas hacia adelante.
Distribución: Debido a su alto grado de adaptabilidad, sus hábitats se extienden por diversos países africanos. La variedad del sur puede encontrarse en Sudáfrica, Namibia, Angola, Botswana, Zimbabwe, Zambia, Mozambique y Malawi. El resto de las subespecies se encuentran en Tanzania, Uganda, Kenia, Sudán, Etiopía, Somalia, Chad y República Central Africana.
Medidas corporales promedio: 135 cm de porte y unos 300 kg. de peso.
Hábitat de cacería: Su carácter tímido, alerta y elusivo hacen que prefieran la cobertura de bosques y matorrales cerrados. También suele encontrárselos en áreas de “kopjes”, orillas de ríos secos y en colinas bajas.
Características de su cacería: En la mayoría de los casos se suelen recechar siguiendo sus huellas una vez identificado un buen trofeo, o bien acechándolos en aguadas, ya que rara vez se alejan de una fuente de agua. Su alto sentido de alerta hace que sea muy dificultoso encontrarlos. Sus mecanismos de defensas van desde la huida hasta el mantenerse absolutamente quietos camuflados con algún matorral espeso. Las hembras de la manada suelen dar aviso ante un peligro por estar alertas y turnarse al abrevar o alimentarse. Generalmente es posible tener una buena vista de la cornamenta antes de decidir el disparo, lo que permite una correcta evaluación del trofeo tanto por parte del cazador como del profesional. 
Cornamentas récord en el Rowland Ward: En 1973 Carlo Caldesi recogió en el campo e inscribió una cornamenta de 73 7/8 de pulgada en el río Save en Mozambique, pero de los trofeos cazados, el más grande inscripto en el libro de récords corresponde alcanzó las 72 5/8 pulgadas obtenido por Roger Rohrer, cazado en Namibia.

El Nyala común, rey de las colinas
Este antílope es tan bello como característico. Similar a un bushbuck pero más grande, suele ser la opción elegida para un segundo safari de especies de planicie en el sur del continente. Desde hace algunos años, programas de cría exitosa llevados a cabo en numerosas granjas sudafricanas, lo han convertido en un trofeo muy popular entre los cazadores.
Nombre científico: Tragelaphus angasi
Subespecies: No posee.
Descripción: Cuenta con un pelaje largo y abundante desde la parte anterior del cuello hasta la panza y el inicio de las patas. Es de color marrón oscuro achocolatado, lo que le da una excelente defensa mimética con el ambiente. Tiene al igual que el kudú, marcas blancas entre los ojos y en los labios. Cuenta también con líneas verticales blancas en el cuerpo aunque a veces son menos marcadas que el kudú. Solo los machos poseen cornamenta, que tiene la característica forma de lira, con una o dos vueltas completas, terminando en puntas blancas. Los machos adultos suelen moverse en solitario, y los jóvenes en pares o en grupos de hasta treinta ejemplares.
Distribución: El nyala común es originario de las provincias sudafricanas de  de Kwa Zulu-Natal (ex Zululand) y Mpumalanga (ex Transvaal oriental), encontrándose también en Mozambique, Malawi, el sudeste de Zimbabwe y algunos ejemplares introducidos en Namibia.
Medidas corporales promedio: 106 cm de porte y 128 kg. de peso.
Hábitat de cacería: Habita en áreas montañosas y colinas subtropicales, moviéndose también por sabanas y pastizales.
Características de su cacería: Al igual que el kudú, se lo rececha cortando huellas o avistándolo desde la cima de alguna montaña. También de lo puede acechar en alguna aguada, ya que tampoco pueden estar mucho tiempo lejos del agua. Su agudo sentido de la alarma, hace que las situaciones de tiro sean rápidas y muchas veces imprevisibles.
Cornamentas récord en el Rowland Ward: Ejemplar cazado por Paul Phelan en Kwa Zulu-Natal en 1982, que alcanzó las 37 7/8 de pulgada

El Bongo, rey de la selva
Su coloración naranja y la dificultad para avistarlo, hizo que este antílope fuera un misterio para el hombre blanco, hasta bien entrado el siglo XIX. En 1860, el naturalista y explorador Paul du Chaillu lo llamó bongo por el nombre dado por los nativos de la tribu fanti. Sin embargo, se creen que hay registros de una especie similar que datan del año 1835.
Nombre científico: Tragelaphus eurycerus.
Subespecies: Existen dos, la occidental Tragelaphus eurycerus eurycerus, y la oriental Tragelaphus eurycerus isaaci.
Descripción: El bongo posee un inconfundible color naranja, con su piel atravesad por rayas blancas, una cornamenta en forma de lira más similar al nyala o al sitatunga. Como todos los de su género cuenta con grandes orejas, y una marca blanca entre sus ojos y labios. En este caso, ambos sexos tiene cuentan con cuernos, siendo más grandes y oscuros los del macho. Los machos viejos suelen ser solitarios, pero los jóvenes pueden conformar manadas con harenes de cinco o seis hembras.
Distribución: Los bongos occidentales se distribuyen en Sierra Leona, Liberia, Costa de Marfil, Sierra Leona, Ghana, Togo, Nigeria, Camerún, República Central Africana, Gabón y Sudán del sur. Los orientales, en las zonas selváticas de Kenia y alrededores como los Abardares y los valles del Monte Kenia. 
Medidas corporales promedio: 125 cm de porte y 225 kg. de peso.
Hábitat de cacería: Selvas lluviosas del centro y este de África, siendo el sur del Camerún, el mejor lugar para su caza debido al alto índice en su tasa de captura.
Características de su cacería: A diferencia del kudú y del nyala, el bongo raramente escapa veloz, sino que simplemente se aleja caminando despacio cubierto por el telón de hojas y ramas que dificultan la visión en plena jungla. En la mayoría de los lugares donde se los caza se utilizan a los legendarios rastreadores pigmeos, que siguen las huellas en medio del barro (se caza en temporada de lluvia), y quienes pueden identificar la presencia de un macho de tamaño interesante. Luego una vez cerca del animal, se utilizan perros que sólo detendrán la huida del antílope, cercándolo y provocando que éste los ataque, lo que da tiempo a la partida de caza de acercarse para evaluar la longitud y calidad del trofeo. Las situaciones de tiro son generalmente de muy corta distancia, con poca visibilidad dada por el denso follaje de la oscura selva que obstaculiza muchas veces el disparo. Todos los factores negativos de esta cacería como el calor, la humedad, los mosquitos, el cansancio, desaparecen mágicamente ante la excitación del encuentro con este legendario trofeo.
Cornamentas récord en el Rowland Ward: Encabeza la tabla de posiciones, la de 35 1/8 de pulgada recogida de un animal muerto por un león en 1990 en República Central Africana, y 34 ½ de pulgada la de un trofeo cazado por Julio Batista en 1980 en el Sudán.

martes, 2 de abril de 2013

Una visita a la mítica Purdey de Londres



Por Eber Gómez Berrade

En una reciente estadía en la ciudad de Londres, fui invitado por mi amigo Nigel Beaumont, presidente de James Purdey & Sons, la tradicional firma de armeros ingleses, a visitar su fábrica y su tradicional local de ventas. Allí no sólo pude presenciar el proceso completo de fabricación de las exquisitas escopetas y rifles dobles, sino que pude sumergirme en siglos de historia de uno de los fabricantes de armas deportivas más antiguos de Inglaterra.
El solo nombre de Purdey lo transporta a uno inmediatamente a escenarios exóticos y lejanos en el tiempo. Sus escopetas -de a pares-, estuvieron presentes en las famosas tiradas de faisanes de Sandringham House, con las que el rey Eduardo VII agasajaba a sus invitados hacia fines del siglo XIX y principios del XX. Sus dobles -en calibres tropicales- se lucieron en las batidas de tigres de Bengala a lomos de elefante en la India Imperial, tanto como en los extensos safaris en las llanuras del Masai Mara en la Kenia colonial.
Por esa razón, tenía muchas expectativas en conocer de primera mano, la trastienda de esta casa, sus bellas armas, sus lugares y su interesante historia, y todo esto en una visita guiada nada menos que con el presidente de firma.


La cita con Nigel Beaumont fue primeramente en la sede de la empresa conocida como Audley House, por estar ubicada en la esquina de las calles South Audley y Mount, en el recoleto barrio de Mayfair. Justo a mitad de camino entre el inmenso Hyde Park y la romántica Berkeley Square, que inspirara una famosa canción de jazz de la década del 30. El edificio de estilo victoriano que alberga hoy a James Purdey & Sons data del año 1883, y fue considerado durante muchos años el palacio de los fabricantes de armas londinenses. Su fachada exterior -con la bandera británica, el escudo del reino y sus columnas de mármol-  es inconfundible y sus vidrieras una invitación para todo aquel amante de las armas y la caza que tenga la dicha de recorrer Londres.


Ni bien uno traspasa sus puertas se mete de lleno en un ambiente que no puede estar más alejado del trajín diario de la ciudad. Es como un enorme catálogo de tiempos idos. Finos armeros con increíbles colecciones de rifles y escopetas (joyas de pletina larga y culata inglesa), trofeos africanos, taxidermias de aves, retratos de monarcas europeos, fotos de clientes célebres, diplomas, exhibidores con elegante indumentaria y accesorios para la caza, el tiro y la cetrería. En un cuarto, separado, hasta hay una pequeña y acogedora biblioteca con libros para la venta.
 Al fondo del salón, una puerta conecta con el denominado “Long Room”. Una sala privada que se utiliza como lugar de reuniones, y en donde se atiende a los clientes para tomar sus medidas corporales (como hacen los sastres), y confeccionar la fichas con los requerimientos que tengan para sus armas.  Además de esto, el Long Room es un museo de la empresa. Sus paredes están cubiertas con fotografías de reyes y marajás, cuadros con retratos de los fundadores de la dinastía familiar, documentos, armas antiguas (las primeras fabricadas por la empresa), fanales, libros, documentos, y en el centro una gran mesa de trabajo presidida por un hogar a leña debajo de una cornamenta de ciervo colorado. En algún momento hasta supo haber un piano y un armonio. Era allí también donde se ensamblaban las culatas, se realizaban los grabados y se daba el acabado a cada una de las armas que se fabricaban. Procesos que más tarde, pasaron a hacerse directamente en el taller.

Se cuenta que durante la Segunda Guerra Mundial, la sala era utilizada como lugar de reunión por el general Eisenhower y sus oficiales, y se dice que incluso allí fueron tomadas muchas de las decisiones que llevaron a la invasión aliada en Normandía en el recordado Día-D.
Más allá de esto, la guerra dejó sus huellas en Audley House. Aún pueden verse las marcas en las columnas de mármol del exterior provocadas por el bombardeo alemán del Blitz. Aunque de lo que ya no quedan rastros es de los daños que provocó un atentado del IRA en 1975, que destrozó todos los cristales del edificio.

El principio de la dinastía Purdey
 
Todo comenzó en el año 1690 cuando un tal John Purdey decidió dejar su amada Escocia, y dirigirse a Londres en busca de nuevos horizontes y algunas libras para sostener a su familia. Allí, en la capital del Imperio, se estableció, prosperó y crió a sus cuatro hijos. El segundo de ellos, llamado James -nacido en 1737- se dedicó a la herrería trabajando para armeros en las cercanías de la Torre de Londres. Pero no fue hasta que un hijo suyo, -también llamado James- que el nombre de la familia se iba a relacionar directamente con la fabricación de armas deportivas. James hijo comenzó su carrera trabajando con su cuñado Thomas Keck Hutchinson. Allí se destacó como herrero y artesano, construyendo cañones con acero Damasco provenientes de herraduras de caballos, y aprendiendo todos los pasos necesarios para la construcción de escopetas. En 1805 una vez terminada su etapa de aprendizaje, James se fue a trabajar con Joseph Manton, un armero de renombre por aquel entonces, con quien completó sus conocimientos convirtiéndose en maestro culatero. Allí permaneció unos tres años. Luego de eso su ambición y sed de conocimientos lo llevaron a trabajar con otro armero de buena reputación, un tal Forsyth. Cuatros años solamente lo tuvieron bajo su tutela hasta que finalmente en 1814 (un año antes de la batalla de Waterloo donde el duque de Wellington derrotó a Napoleón Bonaparte), abrió su propio local en Leicester Square, dedicándose a la fabricación de armas de chispa, pistolas de duelo y rifles. Su reputación como eficiente artesano de armeros de renombre, hizo que pronto su apellido se posicionara como sinónimo de armas finas y de alto valor. Para esa época James Purdey era como un exclusivo sastre que hacía y reparaba las armas “a medida” de sus clientes, en todos los calibres disponibles en aquel entonces.


Su visión comercial lo llevó a vender además otros artículos relacionados con el deporte y las armas, como accesorios de caza, cuchillos, espadas, navajas de afeitar, polvoreras, equipos de pesca, cigarros, blancos de acero, y hasta gorriones vivos. Una mezcla de pulpería y armería moderna.
Su fama y prestigio eran tales que numerosas celebridades de la época se daban el gusto de regalarse una Purdey para ampliar sus armeros personales.
En 1831, el capitán Fitzroy y un joven naturalista llamado Charles Darwin, pasaron por el local de James para comprar un rifle doble, una escopeta, un par de pistolas de bolsillo y un par para duelo. Estaban aprovisionándose para lo que sería su famoso viaje de exploración alrededor del mundo a bordo del buque HMS Beagle.
En 1836, Lord Cardigan, comandante de la Brigada Ligera al momento de realizar la infausta carga en Balaclava durante la guerra de Crimea, también fue uno de sus clientes, claro que algunos años antes de lanzar su caballería alocadamente contra los nutridos cañones rusos, con el resultado esperable de una acción semejante.    
Un par de años después, el prestigio de Purdey se cristalizaría cuando la mismísima Reina Victoria le comisionó un encargo para su coronación: un par de pistolas que iban a ser presentadas como obsequio para el Iman de Muscat.


Otros James
Uno de los hijos de James, el fundador de la firma, también llamado James, fue el encargado de continuar y consolidar la fama de ser los mejores armeros del imperio. Por lo visto, lo que no tenían de creativos para elegir los nombres de sus hijos, lo tenían para ampliar el mercado y llegar a los más altos niveles de la sociedad británica. El camino de este James fue similar al de su padre y abuelo. Una etapa de aprendizaje, una como artesano y posteriormente una etapa como propietario de la casa Purdey. En el período que le tocó vivir fue testigo de importantes avances tecnológicos en el mundo de las armas de fuego, como la transición de los rifles y pistolas de chispa y avancarga por los de retrocarga. En materia comercial decidió mudar sus oficinas y local de ventas al actual edificio en el 57 de la calle South Audley, conocido como Audley House, y tuvo además la dicha de convertirse en proveedor oficial de armas de la casa real británica. Primero fue el Príncipe de Gales, -que sería luego Eduardo VII- el que en 1868 le otorgó su “Royal Warrant of Appointment”, y diez años después, la mismísima Reina Victoria lo nombró también su proveedor personal. Esta tradición no se detuvo hasta el presente, convirtiendo a Purdey en el armero real y proveedor de armas y cartuchos de los reyes Eduardo VII, Jorge V, Eduardo VIII, Jorge VI, y la actual Elizabeth II.
De hecho la reina de Inglaterra ha extendido su Royal Warrant a favor de Nigel Beaumont como titular de la bicentenaria compañía, al que se le ha agregado también la de su esposo el Duque de Edimburgo y la de Charles, Príncipe de Gales.

De la Gran Guerra a nuestros días
Los pasos de este James fueron seguidos por su hijo Athol, quien a su modo, también vivió una época interesante de crecimiento del negocio familiar, pasando de las despreocupadas batidas de caza organizadas por el rey Eduardo, hasta convertirse en proveedor de armas y equipo para el Departamento de Guerra durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial.
Aquellas partidas conocidas como “shooting parties” impulsadas por Eduardo VII, no sólo estuvieron de moda en Inglaterra o Escocia. En el resto de Europa, por ejemplo tuvieron una gran aceptación, e incluso a principios del siglo XX el tiro al pichón se impuso como actividad deportiva en muchos países, especialmente en la península ibérica. El rey Alfonso XIII de España, fue un consumado tirador y cazador que raramente salía al campo sin su juego de Purdeys. A la realeza y aristocracia europea, también se le sumaban los Marajás de la India, y los incipientes sultanes y emires del oriente medio que ya comenzaban a vislumbrar los efectos que las reservas de petróleo mundiales tenían sobres sus economías personales. En Buenos Aires, por su parte, el tiro al pichón también atravesaba un muy buen momento, tanto es así que los registros de Purdey dan cuenta de un envío de 5000 cartuchos para la comisión directiva del Pigeon Club.
En 1929, año de la gran crisis económica y financiera que asoló a Estados Unidos y Europa, los hijos de Athol (Tom y James, para variar) se hicieron cargo de la empresa.  A pesar de la crisis las ventas se mantuvieron más o menos constantes hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939. En ese momento, una vez más, la empresa se orientó al esfuerzo de guerra, proveyendo al Estado de armas y repuestos para las tropas que combatían al Tercer Reich y al Emperador de Japón.
Luego de la Segunda Guerra, el mercado de armas finas y rifles dobles cayó estrepitosamente, pareciendo que ya nunca más se iba a recuperar. Por esa razón, los hijos de Athol, decidieron vender sus acciones de la firma familiar, que pasó a manos de un sobrino suyo, el Honorable Richard Beaumont en 1955. Durante su presidencia, la empresa decidió comercializar ropa y equipos de cacería, adquirió las instalaciones donde hoy está ubicada su fábrica y mantuvo los niveles de venta y calidad tradicional. Pero fue en 1994 cuando Richard decidió vender la empresa al Grupo Financiero Richemont, propietario de compañías de productos suntuarios como Cartier, Montblanc, Alfred Dunhill, Vacheron Constantin, y Baume & Mercier, entre otras.    
A pesar de esta transacción, la empresa se mantuvo ligada a la familia Beaumont, ya que en 1993, Nigel se convirtió en director gerente y en 2007 en el presidente de la empresa hasta el presente.

Rumbo a la fábrica
Luego de la experiencia de recorrer parte de la historia de Purdey, partimos con Nigel para la fábrica en Hammersmith, un típico barrio cerca de la costa del Támesis, de casas bajas, con iglesias, pubs, parques, estación de ferrocarril y ubicado a unos 20 minutos en dirección oeste del centro de Londres. La fábrica es una construcción no muy grande y sin ninguna señal externa que indique que allí se producen exclusivas armas de altísimo valor económico.
En primer lugar me aclara mi anfitrión que desde siempre todo el proceso de fabricación de rifles y escopetas se ha realizado en Londres y con artesanos ingleses que son entrenados por la misma firma. Aquí aún funciona la estructura del aprendiz y el maestro, muchas veces con conocimientos transmitidos de padres a hijos como ocurría en las logias de los constructores de catedrales de la Edad Media.
La primera vez que un Purdey decidió separar la fábrica del local de ventas fue en 1881 cuando adquirió un lugar cerca de donde estamos ahora, pero el lugar actual fue adquirido recién en 1979.

Los siete pasos de la construcción
El proceso de fabricación de una escopeta por ejemplo, consta de siete pasos, me explica Nigel. En Audley House el cliente podrá elegir el largo de los cañones, el tipo de báscula, los chokes de cada cañón, el modelo de grabado, el patrón de segrinado del pistolet y la chimaza, el taco de nogal con el que se confeccionará la culata y el tipo de disparadores. Luego, uno de los asesores de la compañía, tomará nota de las medidas del cliente en una ficha personal, indicando cuál es su ojo director y si es diestro o zurdo. Con toda esta información se pondrá manos a la obra en el taller.
El primer paso es la construcción de los cañones, el ensamblado, la elección del  ángulo correcto en caso de que el arma sea yuxtapuesta y la definición de los chokes elegidos. Para ir llevando el material hacia un perfecto encastre se utiliza el negro de humo de manera de observar las superficies de cada parte que entrará en contacto con las otras piezas del arma. Cada cañón es ahora numerado para ser identificado en toda la línea de producción.
De allí pasamos al área donde se construyen las básculas y los disparadores. La precisión de cada una de las partes es asombrosa. Aquí las básculas son forjadas a mano, para ser luego mecanizadas y ensambladas. Solamente esta etapa lleva unas 140 horas de trabajo.
El paso siguiente es la construcción de las pletinas. En el caso de las Purdeys lo usual es utilizar el sistema de pletina larga. Estas piezas son el corazón del arma, y especialmente si se trata de rifles dobles, donde las presiones que deben soportar son mayores que en las escopetas. Estas también se forjan a mano, luego se mecanizan y se ensamblan a los cañones, para que una vez listas, pasen para ser grabadas con el diseño exterior elegido. Nigel me señala que fue precisamente aquí, donde se inventaron las pletinas con martillos ocultos y con cierre de apertura superior hace unos 130 años.
Una vez que los artesanos finalizaron las pletinas, guardamontes, cola del disparador y demás partes metálicas del arma, todo pasa al maestro grabador.
Si la impresión que da el artesano encargado de fabrica las básculas es la de un relojero, la del grabador, podría parecer la de un dentista. Sentado, con las piezas sujetas en una morsa y con monóculo especial, el artesano utiliza una batería de cinceles electrónicos muy similares a los tornos dentales. Estas herramientas producen micro percusiones casi imperceptibles que son reguladas por el maestro grabador de acuerdo a la profundidad de los trazos deseados. Los diseños pueden ser los estándares ofrecidos por Purdey o pueden ser los que el cliente requiera como escenas de caza, animales, etc. Es una tarea delicadísima que lleva muchísimas horas de trabajo y en donde no hay lugar para el más mínimo error. 
Algo similar sucede con la transformación del taco en culata. El ebanista, aquí es una mezcla de sastre y lutier. Con el taco de nogal elegido por el cliente y las medidas registradas en la ficha personal, el maestro culatero comienza un trabajo de alquimia que culminará con el carácter final del arma. Las maderas que utiliza Purdey provienen de nogales de los bosques de Dordoña en Francia, y tienen un estacionamiento de más de veinte años. Me dice Nigel que prefieren el nogal francés al turco, porque tiene vetas más profundas y con el lustre da un tono más  oscuro, algo que históricamente ha caracterizado a las armas de la firma.
Una vez que la culata ha alcanzado su forma final, le llega el turno al segrinado, cuyo diseño también será a elección del propietario. El proceso final, se lo dará la aplicación de la laca. En este caso, un mejunje llamado slackum, creado por Ernest Lawrence hace más de cien años, y cuya receta secreta se guarda tan celosamente con la de la Coca Cola.
Los últimos pasos que restan son la construcción y ensamblaje de los eyectores, el ensamblado de todas las piezas, el acabado final y la presentación del arma en su caja de madera, cuero y pana, junto a los accesorios necesarios para el mantenimiento y limpieza de la misma. Cabe recordar que en todo el proceso el arma es sometida al Banco de Prueba de Londres en dos oportunidades donde se le estampa los cuños de prueba que garantizan su seguridad y funcionamiento en cada detonación.
En total, todo el proceso de taller lleva alrededor de unas 450 horas de trabajo para una escopeta yuxtapuesta y unas 600 horas para el caso de las superpuestas. La producción anual raramente excede las 70 armas por año. Nada mal, si pensamos que el precio de cada una de estas piezas va desde los 100 mil hasta los 250 mil dólares.
Con la última etapa de la construcción concluyó mi visita a la fábrica, dejándome por qué no decirlo, con una sensación de sana envidia por aquellos que pueden acceder a un arma de esta clase. Solo faltaba una cosa, para completar una jornada perfecta, y era terminarla junto a Nigel en un pub cercano tomándonos una pinta de cerveza local y -como debe ser- charlando de historias, safaris y Purdeys.

lunes, 18 de febrero de 2013

Jim Corbett - El legendario Jim de la India

Por Eber Gómez Berrade
 
Jim Corbett es sinónimo de tigres, pero también es sinónimo de India. Una India en poder de los británicos, que desapareció a mediados del siglo pasado y que cobijó a personajes únicos y legendarios como él, que fue cazador de fieras  devoradoras de hombres, conservacionista, militar, escritor y casi un santón hindú para los nativos de Kumaon, su tierra de nacimiento y lugar en el mundo.

Si Corbett no hubiera sido real, sin dudas Rudyard Kipling lo hubiera tenido que inventar como un personaje más de su “Libro de la Selva”, o tal vez como otro compañero de “Kim”, recorriendo la jungla en medio de La Gran Partida, aquella guerra silenciosa entre Rusia y Gran Bretaña, que tan bien su pluma supo contar.  
James Edward Corbett, nació un 25 de Julio de 1875 en la India, más precisamente en el pueblo de Naini Tal, al pie del techo el mundo, el Himalaya. En esa época, la India era parte del Imperio Británico, por lo que aquellos que nacían allí y eran descendientes de británicos se los denominaba anglo-indios. Corbett era uno de ellos. Sus padres, Christopher William Corbett y Mary Jane, eran descendientes de irlandeses, pero lo cierto era que su familia, llevaba más de dos siglos viviendo en la tierra de Krishna. Ambos padres eran casados en segundas nupcias y los dos aportaron hijos a la relación. Jim fue el octavo de un total de catorce hermanos.
En esos días, la vida de una típica familia británica en India se diferenciaba mucho de la que podía vivir una en iguales condiciones en Inglaterra. En principio, allí los ingleses podían contar con una mayor cantidad de personal de servicio nativo, la vida era mucho más relajada, y cuando el calor y la humedad del verano apretaban, se iban a sus casas de verano en lugares más frescos en las montañas. Eso es lo que hacía la familia Corbett que vivía en la ciudad de Kaladhungi y cada verano lo pasaba en su casa de Naini Tal, una popular estación de ferrocarril ubicada a unos 20 kilómetros al norte en las estribaciones de Kumaon.
La casa de Kaladhungi estaba en medio de un bosque interminable. La de Naini Tal, más grande, espaciosa, fresca, tenía una excelente vista a los colosos del Himalaya, que podía disfrutarse cada tarde desde la gran galería externa. Digamos que era la típica casa que los ingleses construían en sus colonias tropicales, y que aún pueden encontrarse en el Delta del Tigre bonaerense.
Ambos lugares eran para el joven Jim, el paraíso en la Tierra, plagados de tigres, leopardos, osos negros, ciervos axis, sambar, pavos reales, monos e infinidad de aves.  Fue allí donde comenzó su amor por la naturaleza y se desarrolló su instinto de cazador.
Su primera arma, fue una gomera, con la cual ayudó a su primo a recolectar una gran colección de pájaros, para el libro que éste estaba escribiendo y que se llamó “Aves de Kumaon”. En retribución por su colaboración, su primo le regaló un viejo rifle de pólvora negra.
Jim era un muy buen tirador, a la muerte de su padre, él y su hermano mayor Tom estuvieron encargados de proveer carne para colaborar con la economía familiar. Así fue como un día se topó con un leopardo en plena selva. Lo abatió de un solo disparo. Tenía sólo 10 años en aquel entonces y sin saberlo, daba inicio a la leyenda de Corbett, el cazador de fieras cebadas de la India.
La necesidad de dinero en su casa, hizo que tuviera que abandonar la escuela antes de cumplir los 18 años para trabajar en el ferrocarril Bengal and North Western Railways en el Punjab.  Trabajó duro, se distinguió por sus buenas maneras y su compromiso, logrando al poco tiempo un ascenso al grado de inspector.

Las fieras cebadas
No fue hasta el año 1907 en el que Corbett cazó su primer animal antropófago. La tigresa de Champawat. Según los registros oficiales, esta hembra de tigre había atacado, matado y comido a 438 personas. Se había convertido en una pesadilla para los nativos y para las autoridades coloniales que habían puesto precio a su cabeza. El gobierno había asignado un gran número de shikaris (como se denominaba en India a los cazadores profesionales), Gurkhas (fuerzas nepalesas al servicio del ejército británico) y soldados estacionados en las cercanías de Champawat. Nadie la pudo encontrar. 
En una de sus vacaciones del ferrocarril, Corbett aceptó el convite para cazarla, pero puso dos condiciones: en primer lugar, que se fueran todos los cazadores del área, y luego que se retirara la recompensa. Siempre creyó que eliminar a una fiera cebada que asolaba una población era un deber, y no una profesión. Nunca en lo que serian sus 32 años de cazador, cobró por cazar animal alguno. La tigresa de Champawat finalmente cayó bajo el fuego de su viejo Martini Henry de pólvora negra.
A la tigresa de Champawat, le siguieron el leopardo de Panar -que acusaba unas 400 víctimas-; y una serie de felinos cebados conocidos por las áreas donde merodeaban tales como la fiera de Talla-Des, la de Mohan, la de Thak, la de Mukteshwar o la tigresa de Chowgarth. Otra famosa fiera fue el leopardo de Rudraprayag, que aterrorizó a los peregrinos hindúes por más de diez años, matando a unos 125 nativos en total, hasta que Jim terminó con él en Mayo de 1926. Este mítico leopardo, se convirtió en el protagonista principal del libro que lleva su nombre. En total, si se cuentan las víctimas registradas de todos estos devoradores de hombres, la escalofriante cifra pasa las 1500 personas.
Corbett llegó a la conclusión, luego de cuerear cada uno de estos felinos -tigres y leopardos-, de que se convertían en antropófagos debido a una enfermedad o herida que los incapacitaba para la cacería de antílopes u otras especies más difíciles de atrapar que el humano. Muchos habían sufrido heridas de armas de fuego de cazadores irresponsables o furtivos que usaban escopetas, otros por ejemplo, tenían heridas infectadas provocadas por espinas de puercoespines.
Gracias a sus éxitos como cazador de fieras antropófagas, la reputación de Corbett corrió por toda la India como reguero de pólvora.

Cazador y Conservacionista
Corbett no cazaba los tigres por gusto, simplemente para eliminar un riesgo a las poblaciones locales. De todas maneras, cuando cazaba lo hacía como un verdadero deportista. Siempre prefirió cazar solo, a lo sumo algunas veces lo acompañaba su pequeño perro Robin. Pocas veces optó por hacerlo con batidores, pero nunca le gustó la idea de la caza a lomos de elefante, tal como era la costumbre entre los británicos y ricos Marajaes.
Al leer sus relatos, uno puede tener una somera idea del riesgo que enfrentaba en cada shikar (que es como se le llamaba al safari en India), y no puede menos que quedar electrizado ante la idea de tener a un tigre antropófago a 10 metros de distancia. Naturalmente conocía a sus tigres y a su selva al dedillo. Era un excelente rastreador y anticipaba el comportamiento de los felinos. Además, claro, era (tenía que ser) un eximio tirador.
De los rifles que usó, siempre habló poco en sus libros. Allí sólo se mencionan algunos de sus favoritos tales como el doble 450/400 Nitro Express de la marca W.J. Jeffery & Co.; un .500 Express de pólvora negra, que aunque no lo menciona, tal vez sea de marca Rigby, ya que tenía una especial predilección por estos armeros ingleses; y un Westley Richards 275 Rigby, uno de sus preferidos y con los que a pesar de ser un calibre para especies de planicie, también abatió tigres y leopardos.
En 1920 recibió de regalo una filmadora y ese sería un punto clave en su vida. Comenzó a hacer tomas de los animales de la selva y quedó fascinado. Conocía tan bien a sus presas que comenzó a admirarlas, y finalmente decidió cambiar el rifle por la cámara, a menos que se convirtieran en un serio riesgo para la vida de los nativos.  
Sus documentales y fotografías, aunados a sus conocimientos y contactos en el gobierno colonial, hicieron que Corbett trabajara activamente para la protección del tigre de Bengala y de toda la fauna del subcontinente. Comenzó a dar charlas en escuelas y en diversas sociedades, explicando la necesidad del cuidado y protección del medio ambiente y de la fauna local. Ayudó a crear la Asociación para la Preservación de la Fauna en las Provincias Unidas (como se lo denominaba a esa zona en tiempos de los ingleses y que hoy es Uttar Pradesh). Impulsó la creación de la Conferencia para la Preservación de la Vida Silvestre en toda la India, y fue editor de la revista Vida Silvestre India.
Pero no caben dudas que su gran tarea en el campo de la conservación de la fauna, fue la creación del primer parque nacional que tuvo India, en las colinas de Kumaon. Se lo llamó Hailey National Park, en homenaje a Lord Malcolm Hailey, gobernador del Punjab y de las Provincias Unidas y defensor del nacionalismo indio. En el año 1957, dos años después de la muerte de Corbett, el parque fue renombrado como Jim Corbett National Park. Así se lo conoce hoy en día, y es afortunadamente mucho más grande que en aquel entonces. Por sus tierras y montañas pueden verse en la actualidad gran cantidad de elefantes, tigres, ciervos axis, jabalíes, ciervos sambar, muntjac, pangolines, y más de 600 especies diferentes de aves.
En 1968, otro gran reconocimiento le fue otorgado por la comunidad científica al valeroso cazador, el de denominar con su nombre a una de las cinco subespecies de tigre existentes en el mundo, el tigre de Indochina, que ahora se llama “panthera tigris corbetti” o simplemente el “tigre de Corbett”.

La India de Corbett
La relación que Jim tuvo con sus compatriotas indios, fue singular y a veces muy diferente de la que tenían otros anglo-indios con los nativos. Si bien Jim era un típico caballero inglés, -fiel súbdito de la Reina Victoria, quien era también Emperatriz de la India-, sentía por los nativos un afecto especial que siempre fue retribuido. A lo largo de su vida, ayudó a los más pobres cada vez que pudo. En cierta ocasión, compró una franja de tierra, la parceló y construyó casas para los sin techo. En la aldea de Chotti Haldwani, mandó construir una cerca de piedra para proteger los sembradíos y a sus habitantes de los animales del área. Proveyó alimentos, medicina, y hasta dinero a los necesitados. Se cuenta que una vez, le prestó casi su sueldo entero, unas 500 rupias a un poblador que había sido robado por su vecino mientras se encontraba de vacaciones. Al cabo de un año, esta persona le devolvió el dinero con más un 25% por el interés. Corbett se negó a recibir el dinero extra, aduciendo que en su país no se le cobraba interés a sus amigos.
Así fue como para muchos se convirtió en un santo, Carpett Sahib, lo llamaban, o sadhu, que significa sanador en idioma hindi. 
Siempre se sintió indio, pero también inglés. Puede sonar paradójico, pero era algo muy común entre las comunidades coloniales de aquel entonces. Se cuenta que un día, siendo joven, visitó Londres por primera vez. Había llegado a la capital del Imperio, al ombligo del mundo, y como no podía ser de otra manera, salió a recorrerla a pie. Al cabo de unas horas, decidió volver a su alojamiento, y para eso le preguntó a un policía donde quedaba el hotel. Naturalmente el “bobby” no sabía si lo estaba cargando, porque en Londres había infinidad de hoteles. Corbett no sabía el nombre y lo que era peor, la dirección de donde se alojaba. No le quedó otra que desandar el camino paso a paso por donde había caminado. Igual que lo hacía en la selva de Kumaon. Le costó un poco más de trabajo pero finalmente llegó. Tenía una memoria visual y auditiva excepcional que siempre lo ayudaba a rastrear leopardos heridos en la maraña, y ahora lo había rescatado sano y salvo de las entrañas de Picadilly Circus.  
Cuando estalla la Primera Guerra Mundial en 1914, Jim se alista en el ejército y al poco tiempo es enviado, a reclutar nativos de las colinas para convertirlos en soldados que ayudaran al esfuerzo de guerra de los británicos que luchaban denodadamente en varios frentes de batalla en el mundo contra el Imperio Alemán. En ese entonces fue ascendido al grado de Capitán.
En 1939, cuando comienza la Segunda Guerra Mundial, Corbett también sirvió en las filas del ejército, pero esta vez entrenando en técnicas de combate de selva a las tropas que serían enviadas al teatro de operaciones de Burma (hoy Myanmar) a luchar contra los japoneses. En 1943 contrajo tifus y fue dado de baja del ejército por enfermedad con el grado de Coronel, pasando muchos meses confinado a una silla de ruedas. El Gobierno británico de India le confirió la total libertad para recorrer todas las reservas naturales del país. En 1946 fue distinguido con la condecoración de Compañero del Imperio de la India.

La Independencia y su retiro en Kenia
La década del 40 fue una época de grandes cambios en el mundo. Fue la década de la Segunda Guerra Mundial, y consecuentemente de grandes transformaciones en el mapa internacional. Con la caída de los grandes imperios coloniales, la chispa del nacionalismo y de la búsqueda de independencia, encendería a las sociedades bajo la egida colonial. En India Gandhi creía fervientemente que se había terminado el tiempo de los ingleses en su país. Y tuvo razón. En 1947, el Mahatma consigue la independencia, pero también su división. Así se crea al mismo tiempo, un país vecino, Pakistán donde predomina la cultura islámica sobre la hindú. Fue exactamente en ese momento, en el que Corbett decidió dejar para siempre su país.
El y su hermana Maggie, (Corbett nunca se caso ni tuvo hijos), decidieron emigrar a Kenia, que quedaba aún bajo el poder británico.
Los hermanos se establecieron en Nyeri, un pequeño poblado a unos 200 kilómetros al norte de Nairobi. Allí vivieron en una casita que había pertenecido a Lord Baden Powell hasta su muerte, el creador -entre otras cosas- de los Boy Scouts. 
Como no podía ser de otra manera, su llegada a la capital mundial de los safaris, causó revuelo. Si bien aún no había escrito la mayor parte de sus libros, sus andanzas en la selva, dos de sus libros, y su trabajo militar con los soldados de Burma en la guerra, lo habían catapultado al lugar de leyenda viviente.
Al poco tiempo de su llegada, le fue ofrecido un puesto de director en Safariland, la empresa de safari más grande del este de África. Contó con la amistad de los cazadores profesionales más prestigiosos de la historia, y de algunas celebridades de Hollywood. Cuando el actor Stewart Granger filmó su ya clásica película “Las Minas del Rey Salomón”, no sólo descubrió su amor por la caza mayor, sino que se hizo admirador de Corbett. Tanto fue así que al poco tiempo, en 1959, decidió filmar la película “Harry Black y el Tigre”, que giraba en la vida de un ex coronel del ejército que cazaba fieras cebadas en las selvas de la India. 
En su estancia en Kenia, surgieron la mayoría de sus libros. Unos seis en total conforman su canon. Paralelamente tomó posesión, de Tree Tops, un hotel albergue construido enteramente sobre la copa de un ficus gigante. Desde allí, una gran galería permitía a los turistas disfrutar de una vista increíble de la fauna y geografía africana. Este parador, supo ser tan famoso, por la idea de su construcción como por estar manejado por el mismo Corbett, que la joven princesa Elizabeth II, heredera al trono de Inglaterra, fue de vacaciones allí junto a su marido en el año 1952, más precisamente el 5 de febrero.
Al día siguiente, la joven recibió la noticia del fallecimiento de su padre, el Rey Jorge VI. A partir de ese momento exacto, se convertiría en la reina que aún rige los destinos del pueblo británico, y que en 2012 celebró su jubileo de diamante por sus 60 años consecutivos en el trono.
Corbett lo escribiría más tarde en su libro Tree Tops: “por primera vez en la historia del mundo, una joven subió a un árbol siendo princesa, y bajó al día siguiente siendo una reina”.
Ese libro fue el último que escribió. Lo terminó de escribir el 6 de abril de 1955, y trece días más tarde, a los 80 años, murió de un ataque al corazón. Su obra y su legado ya estaban completos. Fue enterrado en el cementerio de la iglesia anglicana de San Pedro, en Nyeri. 
Su tumba y la de su hermana, fueron restauradas por última vez hace 10 años, y siguen siendo un hito de peregrinación para los amantes de los tigres, la India, la caballerosidad deportiva y la caza conservacionista.

El tigre y sus libros
Las obras que dejó Jim Corbett como escritor no son más de seis volúmenes.
Al leerlas uno advierte que su estilo está marcado por los grandes narradores de su época, como Stevenson, Conrad o Ridder Haggard. Fue sin dudas además, admirador de su compatriota Rudyard Kipling, con quien compartía su amor por la selva y el folklore de sus habitantes. 
El común denominador en cada uno sus obras son los protagonistas: en todos los casos, los animales y los habitantes de India. Sus relatos de cacería son sobrios, despojados de sangre y escenas macabras, pero también despojados de heroísmo y presunción. Son sí, realistas y transportan al lector hacia la fría y oscura espera del tigre a medianoche en la selva. En sus páginas, el lector está solo con Corbett, y él sólo con su rifle, su morral, su lámpara de querosene y a veces, con Robin, su perro. 

Man eaters of Kumaon (Las fieras cebadas de Kumaon)
Fue publicado en 1944 con una muy buena crítica en Gran Bretaña y Estados Unidos. En 1948 ya había sido traducido a 9 idiomas y 6 dialectos indios.

The man eating Leopard of Rudraprayag (El leopardo devorador de hombres de Rudraprayag)
Se publicó en 1948 y relata los estragos que esta fiera perpetró entre los años 1918 y 1926, situación que incluso fue mencionada en el Parlamento Británico.

My India (Mi India)
Se publicó en 1952 y narra las historias de su vida entre los nativos de India y es junto a Jungle Lore una de sus obras autobiográficas.

Jungle Lore
Publicado en 1953 es lo más cercano a una narración autobiográfica de sus años de infancia y juventud, así como de la descripción general de los habitantes de Kumaon

The Temple Tiger (El templo del tigre)
Publicado en 1954 cuenta las historias de varios devoradores de hombres que Corbett pudo cazar. 

Tree Tops
Publicado en 1955, cuenta sus experiencias en Nyeri, Kenia, en su casa construida en la cima de la copa de un ficus, que fue visitada en 1952 por Elizabeth II, heredera entonces al trono británico.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Los “diez pequeños” grandes de África

 
Por Eber Gómez Berrade
 
No es un lugar común decir que África ofrece alternativas para todos los gustos. La vastedad del continente negro brinda opciones de fauna muy variada y con diversos grados de desafío.
Sin dudas que si hablamos de caza peligrosa nos referimos a los famosos “Cinco Grandes”, pero si nos referimos a la caza de planicie, podemos encontrar otra categoría compuesta por antílopes pigmeos que ofrece al cazador esfuerzos y dificultades aún mayores. Los “Diez Pequeños” antílopes de África. 
  
Dentro de la amplísima variedad faunística distribuida en el continente Africano, los cazadores y naturalistas han agrupado la fauna cinegética en distintas categorías para su identificación en el ámbito deportivo. Más allá de la taxonomía biológica que tiende a ordenar a los organismos en un sistema de clasificación, (usualmente con nombres en latín) estableciendo especies, subespecies y familias, los cazadores tenemos nuestras propias categorías. Así solemos dividir la cacería en: caza peligrosa, de planicie, de montaña, etc. Si nos enfocamos en África particularmente, la caza peligrosa (de especies que en su comportamiento incluyen el ataque ante una agresión o amenaza) está dada por los Cinco Grandes (León, Leopardo, Rinoceronte, Búfalo y Elefante). Hoy en día esta categoría fue mutando incorporando al Hipopótamo y al Cocodrilo y quitando de ella a los Rinocerontes debido a su estado de protección. Por otra parte, la caza de especies de planicie (que incluye antílopes, suidos, cebras, etc.), ha encontrado a su vez clasificaciones que ayudan a los cazadores a agrupar sus trofeos. Así podemos definir a los “Tres Grandes” de los antílopes espiralados, y a los “Diez Pequeños” antílopes pigmeos de África o “Tiny Ten” como se los conoce en idioma inglés.
Esta categorización, naturalmente es subjetiva, ya que las especies de los  denominados antílopes enanos, o pigmeos que habitan en el continente, son más que diez, pero por esa razón se los acota a los que se encuentran en los países australes, que -por otra parte- constituyen el destino más popular para los cazadores deportivos que realizan safaris en tierras africanas.
Estos diminutos y elusivos antílopes de tamaño similar a nuestras corzuelas o guasunchos, son: el Damara Dik-Dik, el Blue Duiker, el Bush Duiker, el Red Forest Duiker, el Cape Grysbok, el Sharpe's Grysbok, el Klipspringer, el Oribi, el Steenbok y el Suni.
 
Complemento o Especialidad?
La inclusión de cualquiera de estos en la lista de especies a obtener en un safari va a depender de los gustos de cada cazador así como de los territorios donde realice sus cacerías.
Muchas veces los cazadores no los buscan de manera especial, sino como complemento de su lista de trofeos, como sí pueden hacerlo con el Kudú, el Oryx o el Impala por nombrar algunas de las especies más populares que habitan las planicies. En estos casos, serán cazados sólo si se tiene la oportunidad de hacerlo en las áreas donde se encuentren las demás especies, y-naturalmente- si la suerte y la Madre Naturaleza lo permiten. En cambio, aquellos deportistas que se orienten en cazar la totalidad de este grupo, como una especialidad entre su colección de trofeos, deberán como mínimo visitar unos tres o cuatro países del sur de África, ya que por su distribución geográfica no podrán ser logrados en un solo safari que se realice en una sola área.
Un dato no menor, es la dificultad que representan estos pequeños animalitos para cazarlos. Esto hace que sea más frecuente tomar la oportunidad si se ve algún macho representativo en la zona de caza, que ir especialmente a buscarlo, lo que además conlleva un alto riesgo de pérdida de tiempo y oportunidades.
 
Características de su cacería
En términos generales, y si bien las diez especies son distintas y habitan lugares diferentes, todos tienen en común su pequeñez, un efectivo camuflaje con el medio, una alta sensibilidad en sus mecanismos de alarma y una gran velocidad de escapatoria. Todo esto combinado, conforma una de las cacerías más desafiantes y deportivas que existen en África, y por ende, también las que menor grado de éxito reportan si son realizadas -como deben ser- de manera ética y legal.
Así algunas especies pueden ser cazadas al acecho y otras recechándolas. En algunos casos solo bastará apostarse en aguadas, en otras recorrer picadas silenciosamente al amanecer, y en otras trepar riscos y colinas para encontrar lo que uno busca. En este sentido, la evaluación del trofeo en el campo es fundamental, en primer lugar para identificar el género del ejemplar, es decir si es macho o hembra, y luego para asegurarse que el tamaño de su cornamenta alcance el mínimo establecido como trofeo según la regulación particular del país donde se lo esté cazando. Si el cazador además quisiera inscribirlo en algunos de los Libros de Records disponibles tales como el del Safari Club Internacional o el del Rowland Ward, tendrá además que asegurarse que califiquen de acuerdo a cada uno de sus parámetros. Una tarea particularmente difícil teniendo en cuenta, las características biológicas y el comportamiento de cada uno de los Diez Pequeños.       
En cuanto a las distancias de disparo, variarán de acuerdo al terreno y la modalidad de caza que se elija, siendo en términos generales tiros de corta a media distancia. Lo que no variará seguramente, es la velocidad con el que cazador deberá disparar, una vez que se haya asegurado de las características mencionadas y tenga la aprobación del Cazador Profesional que lo acompañe. 
 
Armas y municiones
La cuestión de las armas para cazarlos requiere un apartado especial. Si hablamos de calibres mínimos para abatir cualquiera de estas especies de antílopes, podremos partir del viejo 22LR, 22 Magnum y de ahí para arriba. Estos calibres requerirán sí, de una buena identificación de puntos de impacto vital, lo que sumaría más complicaciones al ya complicado lance cinegético. Por otra parte, debo aclarar que el uso de estos calibres no está permitido en muchos países africanos a los visitantes extranjeros que ingresan por sus aduanas, como es el caso de la mayoría de los deportistas que realizan safaris en África.
Muchas veces se utilizan escopetas, provistas por las empresas outfitters de safaris, si se va a buscar alguna especie específicamente. En estos casos de “tiro al vuelo”, no cuenta demasiado la identificación de los puntos de impacto vitales, ya que la energía de los perdigones a corta distancia serán suficiente para detener a un animalito de 15 kg de peso en promedio.
Por último, está la opción de lo que llamo “los demás calibres”. Es decir, que se le tirará con lo que se tiene a mano. Esta situación se da particularmente en los casos que se cacen estos antílopes pigmeos como complemento de otras especies. Es decir que si el cazador está buscando un Impala y tiene un 270 Win o un 30-06 Springfield, si está detrás de un  Oryx y cuenta con un 300 Win Mag o si persigue a un Eland y tiene a la mano un venerable 375 H&H, y en algún momento se le aparece un Steenbok o un Duiker apropiado dándole la oportunidad, podrá usarlo también con toda tranquilidad sin fijarse mucho en la precisión de su disparo. Sin embargo, aquí creo que vale la pena un pequeño consejo, y es tratar de disparar en el cuarto trasero del animal. La energía entregada en esa parte, será sufrientemente letal, pero dejará sin dañar la  parte de la cabeza y pecho, que son las más delicadas a la hora de montar la taxidermia, ya sea de pecho o de cuerpo entero.  
Por último, si decide realizar un safari exclusivo de estos pigmeos, o sólo dedicarle una jornada en su cacería, y tiene la posibilidad de elegir la punta de su munición, no dude en usar sólidas. Así generará un menor daño en la piel del trofeo. Recuerde que la energía de cualquiera de los calibres usados para especies de planicie, es más que suficiente para abatir a cualquiera de estas diez especies. Si en cambio, sólo cuenta con munición blanda, elija la que tenga la punta más pesada lo que le dará una menor expansión en su balística terminal.
  
Los “Pequeños Diez” grandes del Sur de África
 
Damara Dik Dik
Nombre científico: Madoqua kirkii damarensis
Otras denominaciones y subespecies: Existen varias subespecies de antílope Dik Dik en África, entre las cuales pueden mencionarse las de Erlanger, Cordeaux, Salt, Swayne, Phillips, Guenther y  Kirk.
Distribución: El Damara Dik Dik se distribuye desde la región tribal de Namibia denominada Damaraland (tierra de los Damaras) y el Kaokoveld hasta las márgenes del río Cunene al sur de Angola.
Hábitat de cacería: Estos antílopes suelen ser encontrados en bosques cerrados de acacias, cubiertos entre ramas espinosas, y en valles entre colinas de piedra calizas. Suelen pasar la mitad del tiempo descansando, en horarios diurnos entre las 7 y las 19 horas, moviéndose para alimentarse de noche, comportamiento que intensifica en épocas de mucho calor.
Medidas corporales promedio: 38 a 40 cm de porte y de 4.5 a 5.5 kg. de peso.
Cornamenta récord en el Rowland Ward: 4 1/8 de pulgada obtenida en Namibia en 1980.
 
Blue Duiker
Nombre científico: Cephalophus monticola
Otras denominaciones y subespecies: Los Duikers son una de las especies de antílopes más prolíficas y variadas del continente africano, entre las  que se encuentran las subespecies de Aders, Peters, Bay, Gabon, Red, Harvey, Black, Ogilby, Black-fronted, Red-flanked, Yellow-backed, Abbot, Zebra, Blue, Jentink, Simpson, Maxwell, Southern Bush, Bush, Angola Bush, Western Bush, y East African Bush.
Distribución: Junto con el Bush Duiker, este antílope se distribuye en amplias regiones boscosas del África subsahariana, a excepción de las áreas de selvas lluviosas, especialmente en las regiones del sur del continente.
Hábitat de cacería: Es frecuente verlos en bosques densos donde encuentran un buen refugio, moviéndose entre aguadas y pasos o caminos abiertos. Las frescas horas del amanecer suelen ser las mejores para cazarlos.
Medidas corporales promedio: 35.5 cm de porte y de 4.5 a 6.5 kg. de peso.
Cornamenta récord en el Rowland Ward: 2 7/8 de pulgada obtenida en Zaire en 1972, y de los cazados en el sur del continente, el ejemplar que cazó Vaughan Kirby en la Provincia del Cabo de Sudáfrica en el año 1898.
 
Bush Duiker
Nombre científico: Sylvicapra grimmia grimmia
Otras denominaciones y subespecies: Esta especie  es conocida también con el nombre de Southern Bush, Grey o Common.
Distribución: Se distribuye en Sudáfrica, Botswana, Namibia, Mozambique, Zambia y Zimbabwe. 
Hábitat de cacería: Estos antílopes naturalmente prefieren la cobertura de densas zonas boscosas, pero al tener un hábitat tan amplio, también puede ubicárselos en pastizales altos, en medio de valles y cursos de ríos secos. Medidas corporales promedio: 66 cm de porte y 13.6 kg. de peso.
Cornamenta récord en el Rowland Ward: 7 1/8 de pulgada obtenida en el Transvaal en el año 1921.
 
Red Forest Duiker
Nombre científico: Cephalophus natalensis
Otras denominaciones y subespecies: Conocido también como Red Duiker, Natal Duiker o Natal Red Duiker.
Distribución: Se distribuye en la actual provincia de KwaZulu-Natal en Sudáfrica, Mozambique, Malawi, este de Zimbabwe y sur de Tanzania.
Hábitat de cacería: Es uno de las duikers menos difíciles de encontrar ya que en su área de distribución no hay tanta cantidad de bosques y matorrales cerrados para refugiarse. Suelen moverse en grupos pequeños de no más de cinco o seis ejemplares, lo que les da en cambio un seguro de alerta en caso de peligro.   
Medidas corporales promedio: 46 a 48 cm de porte y 16 a 18 kg. de peso.
Cornamenta récord en el Rowland Ward: 4 1/8 de pulgada obtenida en Mufindi, Tanzania en 1970.
 
Sharpe Grysbok
Nombre científico: Raphicerus sharpei
Otras denominaciones y subespecies: Es llamado también Southern Grysbok. Existe la especie de Grysbok de Sharpe y el Steenbuck que también es de la familia de los raphicerus.
Distribución: Se distribuye en los distritos costeros de la Provincia del Cabo en Sudáfrica.
Hábitat de cacería: Se lo encuentra abundantemente en densas áreas boscosas cercanas a Port Elizabeth y Addo, donde se encuentra el Addo National Park. La mejor hora de cacería es al atardecer cuando sale a espacios abiertos para alimentarse. No precisa visitar aguadas para hidratarse ya que suele ser suficiente con el líquido que obtiene de hojas y frutas. Se mueven casi siempre solos.
Medidas corporales promedio: 56 cm de porte y 11 kg. de peso.
Cornamenta récord en el Rowland Ward: 5 1/4 de pulgada obtenida en Western Cape, Sudáfrica en 1988.
 
Cape Grysbok
Nombre científico: Raphicerus melanotis
Otras denominaciones y subespecies: Conocido también Northern Grysbok. Distribución: Desde las provincias del norte de Sudáfrica hasta Zimbabwe, Malawi, Zambia, Mozambique y parte de Tanzania.
Hábitat de cacería: El mejor lugar para su caza es en zonas montañosas y de colinas. Suele encontrárselos solos durante el día echados en la base de paredes y acantilados pequeños, donde su coloración hacía muy difícil identificarlo. También suelen usar cuevas de Aardvarks (similares a las que cavan nuestros peludos pero más grandes) para esconderse. Como sí necesitan de líquido, pueden usarse apostaderos en aguadas. 
Medidas corporales promedio: 56 cm de porte y 11.5 kg. de peso.
Cornamenta récord en el Rowland Ward: 4 1/8 de pulgada obtenida en Massingir, en Mozambique en el año 1967.
 
Klipspringer
Nombre científico: Oreotragus oreotragus
Otras denominaciones y subespecies: El nombre klipspringer significa “saltador de rocas” en idioma Holandés y Afrikaans.
Distribución: Desde la provincia del Cabo en Sudáfrica, hasta Nigeria, y de Etiopía hasta el este de Somalia.
Hábitat de cacería: solo en regiones montañosas y acantilados, teniendo comportamientos similares a chivos y cabras de montaña. Durante el día suele vérselos en pares, echados en la base de paredes, en pozos de agua o a la sombra de matorrales en las colinas. Las mejores horas para su cacería es la mañana temprano y el atardecer.
Medidas corporales promedio: 51 a 56 cm de porte y 18 kg. de peso.
Cornamenta récord en el Rowland Ward: 6 3/8 de pulgada obtenida en Transvaal, Sudáfrica en 1993.
 
Oribi
Nombre científico: Ourebia ourebi
Otras denominaciones y subespecies: Existe otra clase de Oribi en el norte de Kenia conocido como de Haggard.
Distribución: Vastas áreas aisladas en los países subsaharianos excepto en las regiones de selva lluviosas del Centro y Occidente de África.
Hábitat de cacería: Puede ubicárselos en aguadas o en sus cercanías durante las horas más calurosas del día. Utiliza los pastizales altos como refugio y tienen un gran sentido de alarma.
Medidas corporales promedio: 56 a 66 cm de porte y 17 a 20.5 kg. de peso.
Cornamenta récord en el Rowland Ward: 7 1/2 de pulgada obtenida en Zomba, Malawi en el año 1898.
 
Steenbok
Nombre científico: Raphicerus campestris
Otras denominaciones y subespecies: Es el tercer miembro del grupo de los raphicerus (junto con el Sharpe y Cape Grysbok). Se lo conoce también con los nombres de Steinbuck y  Steinbok. 
Distribución: Desde la Provincia del Cabo en Sudáfrica, hasta Botswana, Zimbabwe, Zambia, Mozambique, Tanzania, el centro de Kenia, Namibia y sudeste de Angola.
Hábitat de cacería: Es muy común en los países del África austral y puede encontrárselos, en bosques cerrados y matorrales achaparrados. Se mueven en solitario excepto en la época de celo, y las mejor horas para su caza es la del amanecer, a la vera de caminos y picadas (similar a nuestras corzuelas). 
Medidas corporales promedio: 56 cm de porte y 13.5 kg. de peso.
Cornamenta récord en el Rowland Ward: 7 1/2 de pulgada obtenida en la Provincia del Cabo en Sudáfrica en el año 1909.
 
Suni de Livingstone
Nombre científico: Neotragus moschatus livingstonianus
Otras denominaciones y subespecies: Existe el Suni (a secas), de nombre científico Neotragus moschatus moschatus que habita la zonas de los Aberdares, Monte Kenia y río tana en Kenia.
Distribución: la especie de Livingstone se distribuye desde la Provincia de KwaZulu-Natal en Sudáfrica hasta Mozambique, Zambia y Zimbabwe.
Hábitat de cacería: Habita en matorrales densos donde encuentra buen refugio, y se hidrata de las plantas y hojas con las que se alimenta, por lo tanto no precisa visitar aguadas. Es solitario aunque se los suele ver en pares también y tiene un gran sentido de alarma lo que hace dificultosa su cacería. 
Medidas corporales promedio: 35.5 a 38 cm de porte y 4.5 a 7 kg. de peso.
Cornamenta récord en el Rowland Ward: 5 1/4 de pulgada obtenida en Mozambique en 1971.