martes, 13 de septiembre de 2011

John Sharp, un cazador de novela



Por Eber Gómez Berrade


John Sharp es uno de los grandes cazadores profesionales que aún quedan activos en el continente africano. Legendario para muchos y arquetípico para algunos, se ha convertido -en sus más de treinta años de carrera- en una figura distintiva de la cacería en Zimbabwe.
Aún hoy, con casi sesenta años en su haber, mantiene el fisic du rol del Gran Cazador Blanco que el imaginario supo construir en historias de aventuras hasta un poco pasada la mitad del siglo XX.
Tal vez por esa razón, el famoso escritor de best sellers Wilbur Smith no tardó en tomarlo como modelo para uno de sus personajes de ficción más emblemáticos: el coronel  Sean Courtney. A su vez la firma de The Courteney Boot Company, exclusivos fabricantes del calzado de safaris lo eligió también como modelo para sus campañas gráficas.
De porte recio y maneras inglesadas, es un interlocutor interesante que refleja desde el principio de la charla, una gran pasión por la caza peligrosa y un profundo conocimiento de la situación de la industria de los safaris.

Sharp nació en Sudáfrica en 1952 y desde 1977 está al frente de su empresa John Sharp Safaris, haciéndolo todo prácticamente solo, como le gusta decir -“de manera artesanal”-  exactamente como se hacía en los inicios de la historia de los safaris africanos. Es él quien recibe al cliente en el aeropuerto, el que pilotea su propio avión hasta el área de caza, el que lo guía en toda la cacería y el que lo despide finalmente en el aeropuerto.

Así lo viene haciendo desde que comenzó a cazar profesionalmente. Sus safaris lo han llevado por distintos países africanos como Tanzania, Botswana, Zambia, Mozambique y Zimbabwe. Pero fue allí, en lo que era antes Rhodesia del Sur donde encontró su lugar en el mundo. Allí obtuvo su licencia y comenzó a operar su empresa. Cuando el país se convirtió en Zimbabwe a principios de la década del 80, decidió quedarse y hacer su vida en esas tierras. 
Actualmente complementa su trabajo en el bush con una intensa actividad ejecutiva en diversas asociaciones profesionales. Es uno de los fundadores de la Asociación Africana de Cazadores Profesionales (APHA), en la que ocupa actualmente un cargo en el Comité Ejecutivo, y es además miembro de la Asociación de Cazadores Profesionales de Zimbabwe.
Decido comenzar la entrevista hablando de su relación con Wilbur Smith, ya que no son muchos los cazadores profesionales africanos que han creado una relación literaria con escritores famosos.
Los casos más conocidos son Robert Ruark con Harry Selby y Ernest Hemingway con Philip Percival. En el caso de Sharp, su relación con el famoso novelista pasó estrictamente por la ficción. Su nombre nunca fue mencionado en los libros pero su figura fue tomada como modelo de uno de los personajes en un par de novelas.

¿Cómo surgió esa relación de amistad con Wilbur Smith?
Wilbur Smith es un buen amigo mío. Comenzó siendo cliente y luego fuimos afianzando nuestra amistad a lo largo de muchos años de safaris. A diferencia de Ruark quien catapultó a Selby a la fama con nombre y apellido, Smith me tomó como modelo en sus libros de ficción. El personaje que él ideó fue el de Sean Courtney, un cazador profesional sudafricano que fue creado en base a mi persona. Courtney al igual que yo, había pasado por las fuerzas armadas de Rhodesia, era piloto de avión y manejaba una concesión de caza en Zimbabwe, entre otras coincidencias. Sean Courtney aparece primero como protagonista en la novela “Tiempo de morir”, y luego como personaje secundario en “El zorro dorado”.

Esta amistad lo debe haber impulsado en su carrera…
Ciertamente no como a Selby, pero sí fue una gran experiencia y un gran honor haber servido de modelo a un personaje de ficción de un escritor tan reconocido como Smith. Desafortunadamente en la época en que ambos comenzamos a cazar juntos, también comenzó una fuerte corriente anti-caza en el mundo entero. Si usted recuerda, en la contratapa de los primeros libros de Smith aparecía una breve reseña biográfica donde se destacaba su afición por la caza mayor. Bueno, eso fue eliminado luego por la editorial para evitar la pérdida de lectores. Por supuesto que Smith continúa cazando pero ya no lo publicita como antes. De todas maneras, en muchas de sus obras escribe sobre cacería y siempre refleja la visión que los cazadores tenemos sobre la conservación y el manejo sustentable de la fauna silvestre.


¿Y qué tal es cómo cliente?
Muy bueno debo decir. Es un excelente tirador, es una gran persona para compartir un campamento. Es muy inteligente, muy culto y posee un sentido del humor muy fino. Pero por sobre todo es un apasionado de la naturaleza y disfruta tanto de la observación de la vida silvestre como de la caza en sí misma. Con él hemos compartido muchas cacerías maravillosas. Juntos hemos cazado leones, elefantes, búfalos y hemos estado codo a codo en situaciones de riesgo cuando hemos sido cargados por alguno de estos animales. Y esas experiencias también fueron llevadas a sus novelas.

Hablando de modelos, ha sido también la cara de la campaña publicitaria de calzado de safaris. ¿Cómo lo eligieron para eso?
Sí, es así, la firma The Courteney Boot Company, de Bulawayo en Zimbabwe me eligió ya hace varios años como modelo en sus publicidades. Yo no sólo conocía sus productos sino que los usaba también. Nunca recomendaría algo que yo mismo no use. Un día veníamos de cazar un elefante de 70 libras cerca del Zambezi con el fotógrafo profesional de la empresa, que además es un buen amigo mío. Tuvimos que cruzar un curso de agua y fue allí que a él se le ocurrió recrear la escena vadeando el río, con mis botas en la mano y delante de los porteadores que llevaban los colmillos. Fue una gran fotografía y se convirtió en la imagen corporativa de la compañía. El problema es que a veces asusta un poco a los clientes. Algunos creen que para cazar conmigo deben tener una condición física extraordinaria, o que se verán sometidos a vaya a saber qué tipo de sufrimientos.

¿Y no es así…?
Bueno, en realidad la caza como yo la practico es a pie, y algunos veces demanda un esfuerzo físico extra al cazador, especialmente en animales peligrosos. Pero cada uno de mis safaris es organizado a la medida del cliente, y de acuerdo a los requerimientos y aptitudes que cada uno tenga. Jamás someto a ninguna persona más allá de sus capacidades. Un safari no es un campamento del ejército. Uno está ahí para disfrutar y lo debe hacer según su paso. Mi trabajo es lograr que el cliente disfrute lo mejor posible sin exceder sus límites.

¿Con quién se siente más cómodo, con clientes principiantes o con experimentados cazadores?
Disfruto con cada uno de mis clientes porque disfruto mucho de lo que hago. Para mí, mi trabajo es un sueño hecho realidad. Mucha gente que tiene un sueño pasa la vida tratando de lograrlo, y yo soy muy afortunado de poder vivirlo. Me gusta realizar mis safaris con personas que compartan mi visión de la caza mayor. Que se comporten éticamente y demuestren un absoluto respeto por la vida silvestre. Para mí la manera apropiada de cazar es hacerlo a pie, recechando la pieza, dándole la oportunidad de escaparse o atacar. Por eso me gusta también tener la oportunidad de recibir deportistas nóveles, para educarlos en la cacería como debe ser. En general es gente que viene con una mente abierta y que quiere aprender. La caza mayor es un deporte noble y debería practicarse noblemente.

¿Debería practicarse…?
Y… desafortunadamente en cada negocio hay personas que hacen las cosas bien y otras que las hacen mal. Si hablamos de ética deportiva, cada uno tiene su conjunto de valores y muchas veces se manejan conceptos en una línea gris. Los cazadores ya tenemos muchos problemas con la gente que está en contra de la caza, por lo tanto todo comportamiento antideportivo por parte nuestra, no hace más que alimentar las posiciones de los que están en contra de este deporte. Siempre trato de enseñar, especialmente a los que recién se inician, la manera correcta de cazar, rastreando el animal, caminando y nunca disparando desde el vehículo. Afortunadamente hay mucha gente que quiere hacer las cosas bien y es muy reconfortante ver a viejos clientes que comenzaron conmigo, cazar como es debido.

¿El premio John Sharp que usted patrocina, tiene que ver con su interés de poder difundir esa manera ética de cazar?
Exactamente, es una manera de difundir la actividad fomentando los criterios de ética deportiva. Este premio surgió en realidad de una idea de mi amigo Robin Hurt de Tanzania quien ya había creado en la Asociación Africana de Cazadores Profesionales, el Robin Hurt Award for Non Dangerous Game (que galardonaba al mejor trofeo de caza no peligrosa). Robin, que fue miembro de la famosa y lamentablemente desaparecida Asociación de Cazadores Profesionales del Este de África (East African Professional Hunters Association) siempre ha estado muy consustanciado con la creación de nuevos instrumentos para promover la actividad. Y bueno, en vista de su iniciativa, me propuso patrocinar la versión de caza peligrosa bajo el nombre de John Sharp Award for Dangerous Game, y sinceramente estoy muy orgulloso de haberlo hecho.

¿Cuál es el criterio de selección que se tiene en cuenta para otorgarlo?
En primer lugar el trofeo presentado debe alcanzar una muy buena puntuación en el libro de récords de Rowland Ward. Luego se evalúa la forma en que fue cazado, que por supuesto debe enmarcarse en los códigos de ética que establece la Asociación, y por último se evalúa también el grado de dificultad de la cacería. 
Paradójicamente la última edición la he ganado yo mismo por un león que cacé el año pasado, y con ésta ya lo he recibido dos veces desde su creación. Le aclaro que en estos casos no participe del comité de selección…

¿Cuál es el animal que más le gusta cazar?
Estrictamente hablando debo confesar que soy un adicto a la adrenalina. Por lo tanto lo que más disfruto es la caza de animales peligrosos. Me gusta por supuesto cazar especies de planicie también. Todos los animales constituyen un desafío para el verdadero cazador. Pero debo reconocer que nada se compara con la sensación que se siente al ver venir un animal peligroso directamente hacia uno con intenciones de matarlo.

¿Y cuál es su arma favorita?
Bueno la verdad es que soy muy afortunado en esto también, porque tengo un hermoso rifle doble, calibre 470NE, marca Rigby original. Lo recibí como regalo y es una obra de arte. Fue construido en 1927, tiene platina larga y eyectores automáticos. Es absolutamente formidable. Sinceramente no puedo pensar en un arma mejor que esa, que además es ideal para tiros de back up.

¿Qué arma le recomendaría a una persona que va por primera vez a un safari africano?
Bueno eso depende de lo que quiera cazar. Las leyes de Zimbabwe establecen que el calibre mínimo que un cazador puede usar especialmente para ciertos animales peligrosos como búfalos, elefantes, hipopótamos, o incluso animales de piel dura es el 375 H&H Magnum. Pero en realidad, lo más importante para cualquier clase de animal es que el cazador este acostumbrado a disparar con su rifle. Por ejemplo, no se puede llevar a África un arma de la cual uno tenga miedo al retroceso. Lo más importante es que el cazador practique antes de viajar, dispare a menudo, esté completamente familiarizado con su arma y pueda tirar bien desde trípodes o bípodes. Es fundamental que aprenda a disparar rápido pero además con precisión. Mi concejo es que practique antes de ir al safari. De esa manera disfrutará de una experiencia fantástica sin tener que enfrentarse a posibles inconvenientes desagradables.

Usted hace años que opera en Zimbabwe, ¿cómo está la situación actual de la fauna silvestre en ese país?
Uhh…, Zimbabwe en estos momentos tiene muchos problemas. Los políticos han tomado la mayor parte de las áreas de caza, lo que no es bueno para la fauna. Cada vez hay menos control y nadie puede decirles a los políticos y funcionarios lo que deben hacer. La mala administración de las áreas de caza y el furtivismo se han convertido en un problema muy grave.
Afortunadamente yo opero en una concesión privada denominada Bubye Valley que es realmente un santuario de la fauna silvestre. Tiene una extensión de 500.000 hectáreas que son administradas exclusivamente por privados, por lo que se ha convertido realmente en un paraíso de la caza. Es sin dudas, la mejor área en la que he cazado. Tenemos leopardos, leones, búfalos, chitas, rinocerontes blancos y negros, y muchas especies de planicie con una calidad de trofeos excepcional. Somos actualmente los custodios de los pocos rinocerontes que aún quedan en Zimbabwe. Tenemos unos 150 que forman el cuarto grupo más grande que queda en África hoy en día.

¿Participa de la lucha contra el furtivismo?
Hoy en día trato de combatir contra este flagelo a través de mi trabajo en las distintas asociaciones profesionales a las que pertenezco ya que tengo poco tiempo para dedicarlo a la lucha anti furtivos en el terreno. Pero hasta no hace mucho he participado en redadas junto a las fuerzas anti furtivos en las que hemos arrestado a gente envuelta en actividades de caza ilegal de rinocerontes, en su mayoría provenientes de Sudáfrica. Lamentablemente los europeos en Sudáfrica son los cerebros detrás de estas actividades, y cuentan muchas veces con la complicidad de algunos ministros del gobierno de Zimbabwe.

¿Y qué cree que pasará en el futuro en ese país?
La verdad es que el futuro no luce muy promisorio. Los gobiernos de países del tercer mundo están más preocupados en hacer dinero que en proteger la fauna silvestre. Me refiero especialmente a lo que pasa actualmente en Zimbabwe donde la corrupción ha tomado el control. Es muy difícil para los que intentamos mejorar esta situación a través de organizaciones de caza deportiva luchar con funcionarios corruptos que ostentan altas posiciones en las administraciones de los parques nacionales. La única solución a esta crisis deberá venir desde la política. Esperemos que esto cambie antes de que sea demasiado tarde.

Por último, ¿se siente una leyenda de África?
Noo, para nada. Siempre he sido una persona muy modesta que ama su trabajo. Es cierto que mucha gente se ha referido a mí en esos términos y la verdad es que no sé por qué. Aún no he logrado entenderlo.


“Había otro hombre sentado atrás, muy próximo a ella, en ese pequeño escondite que formaban los arbustos. Era un cazador profesional. Aunque su padre ya había compartido  con él una docena de safaris, Claudia lo conocía hacía cuatro días, desde el momento en que llegó a Harare, capital de Zimbabwe, en un vuelo comercial de South African Airways. Desde allí el cazador los trasladó en su Beechcraft Baron bimotor hasta ese vasto y remoto coto de caza, próximo a la frontera con Mozambique, que el gobierno de Zimbabwe le otorgaba en concesión. Se llamaba Sean Courtney”.
De la novela “Tiempo de Morir” de Wilbur Smith


La opinión de su amigo Wilbur Smith
“He cazado con muchos de los mejores cazadores profesionales que operan actualmente en África, pero John Sharp es mi guía preferido en el terreno. He enfrentado cargas de leones en dos oportunidades teniendo a John a mi lado y sé que él no es sólo un experto tirador, sino que además no tiene miedo a nada y transmite un completo sentimiento de confianza”.

lunes, 9 de mayo de 2011

Dónde están los 5 Grandes

Por Eber Gómez Berrade

Los Cinco Grandes son todo un emblema de la caza mayor en su más alto nivel, y naturalmente, el objetivo inmediato de aquellos que han debutado cazando antílopes en el continente negro.
A continuación, el lector encontrará un panorama actualizado de la situación particular del Búfalo, León, Leopardo, Elefante y Rinoceronte, su distribución y una guía para saber dónde están los mejores trofeos.
Es verdad, que salvo pocas excepciones, el cazador que ha adquirido experiencia cazando antílopes en las planicies africanas, tiene su mira puesta en el siguiente paso: enfrentarse a la peligrosidad de los Cinco Grandes.
La decisión de hacer un safari de estas características requiere de una planificación cuidadosa que tenga en cuenta variables tales como calidad del trofeo, costo, área de caza y logística.
Hoy por ejemplo, se observa que algunos países africanos están reduciendo sus cuotas de caza de especies peligrosas. Sin embargo, a pesar de la crisis económica que afectó en los últimos años a naciones centrales como Estados Unidos y Europa, la demanda internacional se mantiene constante porque el segmento de mercado que puede acceder a estos trofeos no ha visto reducido considerablemente su poder adquisitivo. Las consecuencias de esta situación se reflejan en la necesidad de reservar permisos con mucha anticipación, (más de un año) y el paulatino aumento de las tasas de abate.
En el proceso de decisión del safari también debe tomarse en cuenta las características propias de cada país. Sudáfrica por ejemplo, si bien es un destino generalmente elegido para safaris de especies de planicie, es el único país africano donde se pueden obtener los Cinco Grandes, incluido el Rinoceronte. Su sistema de cotos de caza privados le ha permitido desarrollar exitosos programas de cría que otorgan al cazador la garantía de obtención de cualquiera de estos trofeos en un plazo menor al requerido en otros países que cuentan con áreas abiertas.
Namibia por su parte, otro destino clásico para cazar antílopes, cuenta con unas pocas áreas libres concesionadas por el Estado como sucede en el resto de los países del continente. Allí pueden encontrarse cuatro de los cinco grandes, y si bien es cierto que debido al meticuloso manejo que se hace de la fauna se emiten pocos permisos por año, la relación precio-calidad de trofeos es de las mejores que se pueden encontrar en África.
En Zambia el cazador puede combinar nuevas especies de planicie típicas de esa región junto a grandes de la caza peligrosa como el Búfalo, el Leopardo, el León y algunos pocos Elefantes. Zimbabwe, en mi opinión personal, ha dejado de ser un destino de caza. La dramática situación política y social imperante en el caótico gobierno de Mugabe, ha impulsado operaciones de furtivismo a gran escala que están haciendo estragos en la fauna en general y particularmente en las poblaciones de Elefantes, Búfalos y Rinocerontes. Tanzania y Mozambique comparten el privilegio de contar con excepcionales cantidades y calidades de animales peligrosos, vagando libremente por inmensas extensiones de territorios. Botswana por último, es hoy esencialmente un país de Elefantes, en donde hay también muy buenas opciones para aquellos que busquen Búfalos y Leopardos.
Una vez consideradas estas variables veamos que pasa ahora con cada una de estas especies.

Búfalo del Cabo
Junto con el Leopardo suele ser la primera opción para aquellos que desean hacer sus primeras experiencias con la caza peligrosa. Desde aquel viejo libro “Muerte en los pastizales” de Peter Capstick, el Cafre viene cautivando la imaginación de los cazadores amantes de la adrenalina.
En estos momentos hay siete países de África donde se los puede cazar: Sudáfrica, Namibia, Botswana, Zimbabwe, Mozambique, Zambia y Tanzania. Las características de esta especie varían levemente en la conformación de sus cornamentas. En general, los búfalos del Este africano como Tanzania y Mozambique, suelen ser menos curvados y un poco más largos que aquellos de las regiones australes, que poseen un mayor “boss” y una curvatura más pronunciada.
Tanzania es seguramente donde están las mayores manadas del continente. Se distribuyen a lo largo y ancho de todo el país, encontrándose los mejores ejemplares (de más de 40 pulgadas) en el norte: en Serengueti y Masailand, en el centro: en las áreas de Rungwa y Ruaha; y en el sur en la famosa Reserva Selous que cuenta hoy con una población de 120.000 Búfalos.
Algo más al sur, cruzando el río Rovuma, se encuentra la Reserva Niassa en Mozambique. Un territorio de 4,2 millones de hectáreas que se ha convertido en la perla de aquella ex colonia portuguesa. Allí se estima una población de 10.000 ejemplares con una calidad considerable de cornamentas que alcanza promedios de 38 pulgadas.
Otros lugares excepcionales para el Búfalo son el valle y el delta del río Zambezi, en las zonas de “coutadas”, como se denominan en portugués a las áreas de caza. Allí se estima un promedio de 8.000 ejemplares sólo en las áreas pantanosas.
Zambia por su parte cuenta con dos lugares interesantes con muy buena calidad de trofeos: Luangwa y Kafue que son atravesadas por los respectivos ríos. Allí es posible encontrar cabezas que superen las 43 o 44 pulgadas y no hay demasiados problemas con la obtención de permisos.
En Botswana, los bóvidos se encuentran mayormente en los territorios centrales del delta del Chobe y del Okavango. Es posible ver allí buenos trofeos pero no en cantidades industriales. Sin embargo, es una muy buena opción para agregar esta especie a una cacería de Elefante en las mismas áreas.
Los Búfalos de Namibia pueden encontrarse en Bushmanland, al este del país, y en la Franja del Caprivi al noreste, entre las fronteras de Angola, Zambia y Botswana. Si bien son geografías totalmente distintas -Bushmanland es árido y seco mientras que el Caprivi está rodeados de ríos-, la calidad de trofeos en ambos lugares es muy buena, promediando las 40 pulgadas que pueden encontrarse en manadas de 200 o 300 animales cada una. En Sudáfrica, el manejo en los cotos de caza ha producido muy buena calidad de ejemplares, que se irán evidenciando a medida que vaya aumentando la edad de los planteles. La distribución allí se da en todo el país ya que se encuentran en propiedades privadas, lo que no permite que se vean grandes manadas como en los países del norte.

Leopardo
El Leopardo disputa cabeza a cabeza con el Búfalo el favor de los cazadores que ingresan en el mundo de la caza peligrosa ya que son a su vez, los más accesibles en términos económicos.
Se distribuye en los mismos países que el Búfalo, el tamaño promedio varía de un área a otra, y se permiten distintas formas de cazarlos. La más usual, es desde un apostadero a plena luz del día como en Namibia, pero también se lo rececha como en Botswana, y se lo caza de noche con el uso de luz artificial como en Zimbabwe.
Si lo que se busca es buen tamaño y el precio no es un problema, las opciones que tiene el cazador hoy en día es dirigirse a Tanzania, tanto a Masailand como al Selous que históricamente han producido monstruos cercanos a los 100 kilos, o a Kafue y Luangwa en Zambia. Si en cambio, el factor de decisión es económico, Namibia es el lugar a considerar. Allí la ventaja es la gran densidad de población que existe en todo el país. Un ejemplo, Bushmanland posee más Leopardos por km2 que en toda África. La desventaja es que desde el año pasado, el gobierno emite muy pocos permisos. Esto se debió a que en los primeros meses de la temporada 2010, ya se habían superado la cuota de 300 animales previstas por CITES para todo el año. Sumado a esta restricción, el gobierno prohibió también la caza nocturna, con luz artificial, el uso de perros y la caza con arco y flecha. Estas modificaciones, en especial la de prohibir la caza nocturna, disminuye considerablemente las posibilidades en predios cerrados donde la presión de caza modifica el comportamiento de los Leopardos obligándolos a alimentarse en la seguridad de la noche. De manera similar, Sudáfrica también ha implementado una política restrictiva en cuanto a la emisión de permisos para mantener la excelente calidad de sus trofeos.
El delta del Zambezi en Zimbabwe, y la reserva Niassa de Mozambique son también alternativas muy buenas para encontrar a los elusivos felinos. Botswana, por último, ofrece la posibilidad de recechar los Leopardos del desierto del Kalahari, un poco más chicos que sus parientes de Tanzania pero igualmente difíciles de ubicar.

León
Junto con el Elefante, son ambos las frutillas del postre en el menú de la caza africana. La posibilidad de cazar un León en libertad es cada vez más complicada en el África de hoy. Hubo una época en la que se los encontraba desde Ciudad del Cabo hasta el Mar Mediterráneo, pero ya hacia fines del siglo XIX las poblaciones fueron acotándose mayormente a las grandes reservas del continente como el cráter Ngorongoro, y el Serengueti en Tanzania, y el parque Kruger en Sudáfrica. Según un estudio del biólogo Richard Estes, en los últimos diez años puede calcularse una densidad de 38 Leones por cada 100km2 en Ngorongoro, y unos 12 tanto en Serengueti como en Kruger.
En estos momentos el León puede cazarse en libertad en Zambia, Tanzania, Mozambique, Zimbabwe, Namibia y algo en las áreas de sabana de Camerún.
En Botswana se prohibió su cacería en 2007, y en Sudáfrica se cazan Leones en cautiverio provenientes de criaderos.
Tanzania es el país que mayor población posee en la actualidad cazándose unos 200 por año. Allí una de las mejores áreas es Rungwa en el centro-oeste del país con tasas de captura que sobrepasan el 80%.
El segundo lugar donde encontrar los mejores ejemplares es Zambia, en las zonas del Kafue y en el valle del Luangwa. Allí hay una menor densidad que en el vecino del norte, por lo que el índice de captura puede variar entre 50 y 80%.
La Reserva Niassa en Mozambique está produciendo muy buenos ejemplares, gracias a un serio programa de conservación denominado Niassa Carnivore Project, y a la imposición a los cazadores deportivos de cazar sólo machos mayores de 6 años de edad.
Namibia es otro lugar excelente especialmente en las cercanías del Parque Nacional Etosha y del Kalahari pero, aquí también la oferta es muy poca y las cuotas asignadas anualmente se cuentan con los dedos de una mano. Una alternativa para el cazador atento, son los permisos denominados PAC (Problem Animal Control), que surgen cuando un León incursiona en granjas, sembrados o zonas urbanas y se requiere su eliminación inmediata. Esa licencia especial, y de menor costo que la de un trofeo, brindan oportunidades únicas pero requieren de una rápida decisión.
Camerún, como dijimos, ofrece algunos Leones en cuotas y en áreas free range en el norte del país que está compuesto por sabanas. Allí, en la tierra del Eland Gigante de Lord Derby, si se consiguen los permisos, pueden cazarse Leones libres y a costos menores que sus pares de Tanzania y Zambia.

Elefante
Según la clasificación taxonómica, existen dos subespecies de Elefante africano: el de planicie, (loxodonta africana), y el de foresta (loxodonta africana cyclotis). En este punto, cuando se habla de los Cinco Grandes, me inclino a incluir sólo al Elefante de planicie, y dejar a su pariente de la selva más pequeño como una de las cacerías especializada similar a la del Bongo o del Nyala de Montaña.
Los Elefantes del Este de África, aquellas grandes manadas de las que hablaba Hemingway en sus safaris en Tanzania, siguen existiendo y se caracterizan por tener marfiles largos, elegantes y livianos. En contraposición, las defensas de Botswana, suelen ser más cortas y más pesadas. Si se tiene en cuenta que el trofeo del Elefante es medido por el peso de los colmillos (ver recuadro), es en Botswana en donde están surgiendo ahora los mejores trofeos de África, algunos cercanos a la mágica cifra de las 100 libras.
Mozambique se ha convertido en otro lugar especial para encontrar grandes colmillos, especialmente en la Reserva Niassa y a lo largo del río Ruvuma en la frontera con Tanzania.
Namibia cuenta con Elefantes en sus dos áreas libres: Bushmanland, donde se han registrado marfiles promedios de 80 y 90 libras, y en la Franja del Caprivi, con defensas que promedian las 60 libras.
Una vez definido, los tres mejores países, agregaría en orden decreciente, y siempre según mi opinión personal, los destinos restantes.
Zambia, a diferencia de los otros “grandes”, no es un país especialmente apto para elefantes, y aunque posee una población que va paulatinamente en aumento, persiste aún el flagelo del furtivismo. Allí el promedio esperable de trofeo puede rondar entre 35 a 50 libras de marfil.
Sudáfrica posee una buena población de proboscídeos, pero se los puede cazar en las inmediaciones del Parque Kruger (no dentro del parque), por lo que las chances son menores que en otros países. Además el promedio de los trofeos ronda las 30 a 40 libras. Por último, dejaría a Zimbabwe en donde lamentablemente las poblaciones de Elefantes son víctimas de cazadores furtivos que buscan carne en un contexto social y económico caótico.

Rinoceronte
Podría ubicarse como el quinto de los Cinco Grandes, sin embargo está más cerca de salir de la lista debido a la extrema presión de caza furtiva que soporta en varios países africanos. Ambas especies existentes de Rinoceronte, el blanco y el negro, se encuentran amenazadas y sobreviven gracias a la protección en parques nacionales y granjas privadas. Su distribución se da en Sudáfrica, Zimbabwe, Namibia y Tanzania, pero sólo Sudáfrica cuenta con éstos trofeos en su menú, aunque con permisos en cuentagotas y a un costo prohibitivo. Una alternativa es la cacería con dardos, en la que luego de abatir al animal, se toma la foto y luego se prepara un molde tamaño real de la cabeza y cuernos del animal narcotizado que es lo que quedará finalmente como trofeo.
La situación actual de esta especie es muy crítica. De acuerdo a estadísticas de Parques Nacionales de Sudáfrica (SANP) la curva de muertes de rinocerontes en manos de furtivos está aumentando de manera alarmante. En 2007 se mataron 13 animales, en 2009 unos 122, en 2010 la cifra subió a 333, y en lo que va de este año (hasta el mes de Abril) ya se llevan contabilizados unos 51 Rinocerontes matados en todo el país. Por su parte, en Zimbabwe, la cosa no está mejor. Según CITES, entre los años 2008 y 2010 las mismas fuerzas armadas de Zimbabwe mataron más de 200 Rinocerontes -entre otras tantas especies- llevándolos a niveles cercanos a la extinción.

Dos “nuevos” Grandes
Si bien los cinco Grandes, terminan siendo cuatro por la situación del Rinoceronte, la lista de las especies de caza peligrosa se ha ampliado. Desde unos años a esta parte, se está revalorando la peligrosidad de los Hipopótamos especialmente, y se están convirtiendo en el complemento ideal de un safari de caza peligrosa. Tanto es así que la Asociación de Cazadores Profesionales de África (APHA) creó la categoría de los Seis Grandes. Algo similar ocurrió luego con el Cocodrilo, considerado ahora como una especie de caza peligrosa y que conforma algo así como los Siete Grandes.
Ambas especies comparten los mismos hábitats naturales, que son obviamente los ríos, deltas, pantanos y lagos del continente negro. Los mejores trofeos están en los ríos Rungwa, Ruaha y Rufiji en Tanzania; el Zambezi en Mozambique y Zimbabwe; el Luangwa en Zambia, el Okavango y el Chobe en Botswana; y el Kwando en la Franja del Caprivi en Namibia.

miércoles, 6 de abril de 2011

Puesta a punto del rifle

Por Eber Gómez Berrade

Marzo tiene olor a aventura. Llega la hora de la verdad para los cazadores que se alistan para la mágica brama, o para el inicio de la temporada de safaris en la mayoría de los países del cono sur de África. Para ellos señalamos aquí los pasos para dejar en condiciones el rifle, los accesorios necesarios y las técnicas para prepararse dentro y fuera del polígono.
Como todos los pilotos de avión saben, jamás se emprende un vuelo sin los chequeos pertinentes de la aeronave. Esto se realiza invariablemente mediante un protocolo escrito previamente establecido que nunca se modifica, y cada vez se lleva a cabo con el más absoluto rigor y atención. La inspección del avión y el chequeo de los instrumentos son imprescindibles a la hora de levantar vuelo.
Así como los pilotos, los cazadores deberíamos seguir protocolos establecidos y prestar la misma atención al equipo de cacería en general y al rifle, en particular. Los pilotos saben que una vez en el aire hay poco que se pueda arreglar. Al cazador, una vez en el campo, le pasa lo mismo.

Paso por paso
El procedimiento de revisión y control debe ser minucioso y metódico, comenzando y terminando siempre de la misma forma. Puede comenzar por ejemplo, por la revisación del cerrojo, la recámara, el cargador; seguir con el estado del cañón, y terminar con la culata, la mira y los accesorios. Probar el cerrojo, el cargador y el funcionamiento correcto de los mecanismos de alimentación es fundamental a la hora de enfrentarse a caza peligrosa. Cuando lo haga, pruebe con el cargador completo para comprobar que no se trabe ante rápidas extracciones. Familiarícese con el desarme completo del cerrojo. Esto podrá serle de utilidad, no solo para hacer una limpieza profunda sino en caso de mal funcionamiento en el campo.
Haga una inspección visual sobre la recámara, el cañón, y confirme que todo esté limpio y sin residuos de aceites o grasas. Pasar la baqueta para dejar el interior del caño seco antes de hacer las pruebas de tiro no es tampoco mala idea.
Revise cuidadosamente la culata en busca de rajaduras o marcas sospechosas, controle que el culatín esté firme, y todos los tornillos del montaje estén perfectamente ajustados y alineados.
Preste mucha atención a los mecanismos del seguro y cola del disparador. Pruébelos una y otra vez hasta quedar completamente conforme. Si usa gatillo a pelo, móntelo y dispare en seco. Trate de asegurarse que todo funcione bien sin bala en la recámara. Luego vendrán las pruebas de tiro.
Revise el estado de las correas. Suelen ser accesorios a los que se presta muy poca atención, pero que se convierten en vitales a la hora del safari. Si las correas son de cuero, cuide que no esté reseco. De todas maneras nunca hará mal pasarle alguna cera o unto de monturas como el de la marca Cerasoline. Si es de tela tipo militar o de goma elástica, fíjese que el material este en perfectas condiciones. Ante la menor duda, pase por la armería más cercana y agénciese una correa nueva.
Revise también el estado de las argollas de sujeción. Una caída del rifle en plena cacería puede poner un fin inmediato a la aventura. Le tomará solo unos minutos pero evitará sorpresas desagradables una vez que esté arriba del caballo con el rifle terciado en plena Patagonia tras los bramidos de un esquivo colorado.
Controle la mira, desde los lentes hasta los mecanismos de corrección, verifique que todo esté en orden, que tenga las tapas de los tornillos de alineación, y que el montaje esté correctamente ajustado.
Si usa una mira con retículo iluminado, coloque una batería nueva y llévese además una de repuesto.
Con la verificación de esta lista de chequeo ya estará en condiciones de probar el funcionamiento del arma en el polígono.
Le sugiero también que, aunque no sea piloto de avión, aplique esta modalidad al resto del equipo que piensa llevar. Binoculares, telémetros, GPS, cámara de fotos, cuchillo, y un más o menos largo etcétera, que lo ayudará un poco a eludir los maleficios de Murphy y sus antipáticas leyes.
Ya frente a la línea de tiro, puede comenzar la segunda etapa de verificaciones. Lo primero que le sugiero es usar exactamente la misma munición que llevará a la cacería.
Si quiere experimentar, éste es el momento. Hacerlo en La Pampa sobre un desafortunado ciervo va a ser más caro, y en África sobre algunos de los Big 5 mucho más, además de peligroso.
La elección del tipo de munición es fundamental, y un tema que da para un artículo propio. Lo que es claro es que está absolutamente relacionado con el tipo de fauna que vaya a buscar y con el ambiente en donde se desarrolle el safari.
Esta variable deberá tenerse en cuenta a la hora de definir la distancia en la que poner en “0” la mira. Analice los grados de caída de la munición en diferentes distancias secundarias. Así tendrá una clara imagen mental sobre la curva balística que desarrolla la punta elegida.
En líneas generales, regular a 150 o 200 metros será adecuado tanto para la brama como para un safari estándar de animales de planicie en los países del sur de África. Las distancias promedio de tiro de los animales de caza peligrosa en África serán siempre mucha más cortas, y eso habrá que tenerlo en cuenta también al regular el rifle.
Precisamente si ésta es su elección, su seguridad también dependerá de la penetración de la punta, por lo que es buena idea comprobar con el cronógrafo que la velocidad de la munición esté acorde a lo sugerido por las tablas que provee el fabricante.
Como todo recargador sabe, la cápsula vacía luego del disparo es una fuente importante de información. Revise a conciencia cada detalle, en busca de defectos en la percusión, chequee la expansión de la vaina, y compruebe la facilidad en la extracción.

Entrenando para la cacería
Si una vez repasado cada uno de estos detalles, quedara conforme, es tiempo de limpiar el rifle y dejarlo listo para el viaje, o si puede hacerlo, probarlo y probarse en condiciones normales de cacería.
Jack O´Connor decía que era el indio detrás del arco y no la flecha lo que contaba a la hora del disparo. Por eso, una vez verificada la lista de chequeo, solo habrá completado la primera etapa de la preparación. La segunda es más divertida, y es ver in-situ como responde el binomio arma-cazador.
Entrenar fuera del polígono en condiciones de tiro normales es de capital importancia para logar un manejo solvente del fusil, familiarizarse con el equipo, las distancias y las posiciones de tiro.
Un adecuado programa de entrenamiento de este tipo, debe incluir según mi opinión, disparos a distancias estimadas y en diferentes posiciones. En África, por ejemplo, cuando de especies de planicie se trata, los profesionales prefieren que los clientes disparen a animales quietos usando alguna clase de apoyo. La razón es que de esa forma, se acota el riesgo de errar o peor aún de mal herir al trofeo. Sin embargo, no siempre estas condiciones cuasi ideales se dan en el safari, por lo que el cazador debe estar muy bien familiarizado con los disparos a mano alzada o con blancos en movimiento.
Ya se ha hablado en estas páginas sobre las posiciones de tiro de cacería, por lo que sólo haré mención a que el uso de apoyo no significa para nada estabilidad absoluta como la que se obtiene en la mesa de reglaje en el polígono.
El uso de trípode o bípode en una situación real, cuando se está cansado por una extenuante caminata y una difícil aproximación, con el cuerpo inundado de adrenalina generada al ver el trofeo soñado a metros del rifle, ofrece apenas una pequeña ayuda para sosegar los movimientos de la cruz de la mira sobre la paleta de la pieza.
Para esto, hay una solución: Practicar. Y mucho.
Una vez alcanzado ese punto, ya solo quedará hacer las valijas y definir que herramientas y accesorios llevar.

Preparando las valijas
La mira telescópica es lo primero a considerar. Al igual que el rifle, la elección de la óptica deberá estar relacionada con el tipo de especie a buscar y el ambiente en el que se desarrollará la cacería. En caso de viajar al exterior, es útil llevar una mira de repuesto aunque no es muy común hacerlo. Si el montaje es de los de quita y pon, le permitirá la posibilidad de llevarla separada del rifle en el equipaje personal. De todas maneras, cualquiera sea el destino elegido, le sugiero que su arma tenga siempre las miras fijas de alza y guión. Así en caso de rotura por una caída, maltrato en el viaje, retroceso de grandes calibres, etc. siempre podrá apelar al uso de las viejas miras abiertas.
Es conveniente que agregue a la telescópica, unos protectores de lentes como los de tapas plásticas marca Butler Creek, o usar fundas de neoprene que cubren toda la mira.
El siguiente accesorio a considerar es la correa. Con la posible excepción de la cacería de rececho de animales peligrosos, la correa del fusil es muy importante. La forma y material dependerán del tipo de cacería que se realice. Si tiene que caminar durante muchas horas, o llevar el rifle terciado en la espalda montado a caballo, las flexibles de goma son ideales. Si, prevé cazar en un ambiente selvático y húmedo, las de lona tipo militar se adaptan bien. Las de cuero -que son las más lindas- algunas veces incomodan, por lo que las dejaría para aventuras no muy demandantes o acechos desde apostaderos. Tenga en cuenta al momento de elegirla que sea ancha para que reparta mejor el peso del arma en el hombro.
No hay mucho que decir en cuanto a los portabalas. Los hay para todos los gustos, de nylon, de lona, de cuero, con y sin tapas, camuflados, con cierres de plásticos o de bronce, para 5, 6 o 10 cartuchos. Hay también cananas, correas y chaquetas de safaris con ojales para tener siempre la munición a la mano. Lo único que no debería hacer es llevar un manojo de balas en el bolsillo. Sólo atentarán contra usted cuando intente una silenciosa aproximación final a su presa.
El estuche del arma es también un tema aparte, en especial para los que viajan al exterior. Uno bueno de plástico rígido será suficiente para subirlo a la camioneta y emprender el viaje a los bramaderos. Si el destino es África, un estuche de metal o plástico reforzado es imprescindible. Deberá ser totalmente resistente a los golpes y maltratos a los que son sometidos los equipajes por el desaprensivo personal de las aerolíneas. Deberá tener un muy buen cierre y candado con llave y en lo posible las bisagras reforzadas. Deberá tener un interior acolchado que impida todo tipo de movimiento del arma en su interior. Deberá tener una clara identificación del propietario en el exterior y por sobre todo, no tener ninguna identificación relacionada con la caza o el tiro. Nunca me pasó -ni supe de gente cercana a la que le haya ocurrido-, de encontrarme con activistas ecológicos en aeropuertos en el exterior. Pero uno nunca sabe.
Un estuche rígido del tipo Pelican podrá funcionar bien. En los Estados Unidos hay una par de marcas que fabrican unos muy buenos tales como Americase (de metal) y Tufpak (de plástico rígido), ambos vienen con ruedas para el traslado. La particularidad de éste último es que es de forma hexagonal y permite colocar otras cosas además del arma. Tranquilamente podría ser confundido como un estuche de palos de golf, por ejemplo. En todos estos casos, los sistemas de cierre y seguridad están reforzados.
Para los vuelos a África, recuerde que deberá llevar las municiones separadas del arma. En cuanto al equipaje, tenga en cuenta las actuales restricciones que las aerolíneas imponen sobre la cantidad y peso de cada maleta.
El uso de este tipo de estuches es sólo para el traslado en avión, porque una vez en el campamento, se usará una funda flexible de nylon, lona o cuero. Puede llevar el rifle dentro en los traslados que realice en el vehículo de cacería. Pero ojo, que no lo sorprenda el ejemplar de su vida cuando tenga el rifle guardado en la funda.
Dentro de la mochila de caza, no deberían faltar algunos accesorios muy necesarios en el campo. Por ejemplo, el equipo de limpieza. Ya sea que esté cazando con lluvia, en un ambiente húmedo o en un clima seco lleno de tierra y arena, trate de hacer una limpieza diaria del rifle. Puede ser una actividad relajante para realizar al atardecer en el campamento, pero es también muy necesaria para dejar el arma lista para el día siguiente. Para esto no necesita mucho. Un cordón de limpieza tipo Bore Snake como el de Hoppe´s, o una baqueta con sus cepillos y paños, y un trapo. En África podrá pedirle aceite o líquido limpiador a su cazador profesional de manera de evitar el traslado aéreo de líquidos en el equipaje. Agregué a su kit, los elementos para limpieza de las ópticas (mira, cámara, telémetro). Para eso, una pequeña cajita con cepillo, paños suaves o papel tissue, y un rociador de líquido limpiador de lentes será suficiente.
Le sugiero también que agregue a su mochila, unas pequeñas herramientas que podrían serle de utilidad en el campo, como un destornillador y un juego de llaves Allen para realizar un ajuste periódico de los montajes y tornillos del rifle, una pinza del tipo Leatherman y cinta adhesiva.

La última etapa
Una vez en el campamento, llegará la etapa final de la preparación del rifle para el safari: la verificación de la alineación de la mira. Esto es importantísimo. Nunca empiece la cacería sin antes haber verificado que el rifle pega tal cual como usted lo dejó en el polígono. Golpes durante el traslado en avión, camioneta, caballo, etc, pueden haber modificado la alineación. Si el campamento no cuenta con un lugar adecuado ni una mesa para tal efecto, no importa. Coloque un blanco de reglaje a 50 metros, ubíquese en una posición estable con un buen apoyo y observe el comportamiento del arma. En este momento, confirmará la utilidad de haber analizado la caída de la munición en el polígono. Recuerde que si regula a distancias mayores, tendrá mayor dificultad para identificar errores.
Si no pega como es debido, existen varias técnicas para regular la mira con un gasto mínimo de munición. Tenga en cuenta que si está en un campamento alejado en el interior de África, es probable que toda la munición con la que cuente en su safari sea la que usted mismo llevó.
Si todo está en orden, una serie de tres disparos bastará para confirmarlo y será más que suficiente para comenzar el safari con seguridad.
Por último, una sugerencia en este sentido sólo para los que encaren expediciones largas, donde no tengan que hacer un uso diario del arma, como son algunos safaris de caza peligrosa: y es que cada dos o tres días hagan una mini sesión de tiro de dos o tres disparos a un blanco de reglaje. De esa manera, podrán asegurarse que el rifle sigue funcionando perfectamente, y de paso calentarán la muñeca, a la espera del último disparo que abata la pieza tan ansiada.

Publicado en Revista Vida Salvaje (Marzo 2011)

jueves, 10 de marzo de 2011

Los safaris de Ruark

Por Eber Gómez Berrade

Robert Ruark fue una de esas plumas que popularizó a África allá por los años dorados de los clásicos safaris de caza mayor. Fue un escritor, primero y un cazador después. Tuvo la suerte de vivir aquel pasado glorioso y fue él también un poco responsable de esa gloria.
Ferviente admirador de Ernest Hemingway, siguió -consciente o inconscientemente- sus pasos. Fue periodista, escritor, aventurero, cazador, pescador, bon vivant y también amante de España y sus tradiciones.
Algunos detractores decían que era una versión barata del autor de Las Nieves del Kilimanjaro, otros en cambio lo defendían a capa y espada por su titánica obra de colocar a los safaris africanos en la lista de best sellers de los Estados Unidos. Lo cierto es que Ruark cazó mucho en África y escribió mucho también.
Lamentablemente su obra es poco conocida en Argentina debido a que no se han hecho muchas traducciones al español. Sin embargo, para los estadounidenses Ruark es un ícono de los años 50, que además de lograr fama y fortuna a temprana edad, fue sinónimo de aventuras en las exóticas planicies del -por entonces convulsionado- continente negro.

Primeros años
Robert Chester Ruark, Jr. nació un 29 de Diciembre de 1915 en la apacible ciudad de Southport en Carolina del Norte, Estados Unidos. Y desde muy chico tuvo dos inclinaciones bien definidas: las letras y la naturaleza.
A la tempranísima edad de 15 años ingresó a la universidad de su estado para estudiar periodismo mientras trabajaba como empleado administrativo. Duró poco en ese empleo. Lo suyo no eran los números, así que decidió buscar algo más acorde con sus inclinaciones e ingresó en la Marina Mercante. Tampoco duró mucho allí, así que probó suerte en los medios de prensa. Primero en el Hamlet News Messenger y luego en el Sanford Herald, dos pequeños diarios de Carolina del Norte. Luego pasó al Washington Daily News, en donde en pocos meses se convirtió en uno de los columnistas estrellas en el área de deportes.
Al estallar la Segunda Guerra Mundial, se enlistó en la armada como oficial artillero, pero siguió escribiendo reportes y columnas que consolidaron su éxito editorial.
Luego de su paso por las belicosas aguas del Mediterráneo y del Atlántico, volvió a Washington para continuar su carrera periodística, que fue virando cada vez más hacia una faceta literaria. En 1947 publica su primera novela Grenadine Etching (Aguafuerte de Granadina) y dos años más tarde una antología de sus columnas en forma de libros: I Didn't Know It Was Loaded (algo así como “No sabía que estaba cargada”) y One for the Road (Una para el camino).
Ya aquí se notaba claramente la influencia de Hemingway en su estilo, que iba siendo cada vez más sarcástico y a veces, rudo. Así como las duplas de griegos y romanos que Plutarco inmortalizó en sus Vidas Paralelas, Ruark fue replicando muchas de las circunstancias que rodearon al viejo Premio Nobel. Desde su amor por la literatura, España, la bebida y la pesca, hasta -por supuesto- por los safaris africanos.

El primer safari
En 1951decidió que ya era hora de probarse a sí mismo como cazador y enfrentarse mano a mano a peligrosas fieras salvajes. Ya no quería leer aventuras. Quería vivirlas.
Llegó a Kenia con su esposa Virginia Webb, una distinguida decoradora de interiores, quien lo acompañaría en muchas de sus expediciones hasta el momento de su divorcio.
La compañía outfitter elegida fue la prestigiosa Kerr & Downey Safaris, que contaba entre su equipo con los Cazadores Profesionales más prestigiosos de su época. Finalmente Ruark se decidió por uno de los más jóvenes del equipo: Harry Selby, que, además de estar disponible para el safari, tenía a Kidogo entre su staff. Kidogo era un rastreador nativo que había participado en uno de los safaris de Hemingway años antes. Y claro, Ruark lo quería en el suyo también.
En ese momento, ni Ruark ni Selby con sus 26 años de edad, intuían como iban a cambiar sus vidas a partir de ese primer safari juntos.
Al llegar a Kenia, el “bwana” Ruark y su mujer cumplirían al pie de la letra todo lo que se esperaba que hiciera un cliente por aquellos días. Recorrían Nairobi, bebían en el Queen´s Bar, almorzaban en el Traveller´s Club, cenaban en el viejo Muthaiga, se alojaban en el tradicional Hotel Norfolk, y encargaban sus trajes de safari en la casa Ahmed Brothers en el 22 de Kenyatta Boulevard. Mientras tanto Selby preparaba la expedición como lo hace un capitán con su barco antes de zarpar hacia mares lejanos.
En aquellos años, los safaris eran largos y debían tener todo para arreglárselas en caso de que algo fuese mal. Desde un desperfecto mecánico, hasta un accidente con animales. Naturalmente, también tenían que tener todo para cuando las cosas iban bien: una gran dotación de bebidas en donde el champagne, el whisky, el gin y el Martini jamás podían faltar.
El armero del campamento también era surtido. Había un 450 N°2 que solía llevar Kidogo, el 416 Rigby de Selby, un doble 470 NE, un Winchester 375 H&H Magnum a cerrojo, un .244 Remington, un Remington 30-06, un Winchester .220 Swift, una escopeta Churchill del 12 y una Sauer 16 que solía usar Virginia para los tiros al vuelo.

Selby, el Bwana y el 416 Rigby
La química de Bob Ruark con su Cazador Blanco fue inmediata. Al poco tiempo de partir hacia el distrito de la frontera norte, ya estaba convencido de que Selby era -sin dudas- el mejor cazador profesional del mundo.
Más allá de sus modales tímidos, su cara de estudiante y su perfecto acento británico, Selby mostró largamente su profesionalismo ayudando al escritor a conseguir una enorme cantidad de antílopes y varios de los 5 Grandes todos ellos con muy buena calidad de trofeos.
Lo que Selby nunca imaginó, fue que el Bwana, iba a escribir un libro de toda esa experiencia y que él iba a ser el incuestionado héroe del relato. Ese libro fue Horn of the Hunter (El cuerno del cazador), que detalla al pie de la letra la vida en aquel safari, y que catapultó a Selby a la fama que aún hoy disfruta y que lo ha convertido en toda una leyenda.
Es allí también donde surgió otro clásico africano: el legendario 416 Rigby. En realidad, debería decir que re-surgió, porque aquel viejo calibre tropical diseñado en 1909 por John Rigby era ya el preferido de más de un cazador de marfil. Selby tenía uno, que usaba como arma de back up con sus clientes, lo que fue más que suficiente para que Ruark lo inmortalizara en su novela Something of Value (Algo de valor).
De esa época, es también la frase Use enough gun (algo así como Use un calibre suficientemente grande), que muchas veces se atribuye al mismo Ruark, pero que en realidad fue dicha por Selby en una de las charlas de fogón hablando sobre las ventajas de los grandes calibres en la caza africana.
Esa frase, fue la elegida para el título de un libro póstumo publicado en 1966 que recopila algunos de los mejores escritos de Ruark sobre África e India, y que se ha convertido en un clásico indiscutido de la literatura de safaris.
En fin, que ese primer safari de 1951 fue una bisagra en la vida de ambos: cliente y cazador profesional.
El bwana Ruark volvió religiosamente a África hasta 1962. Selby, al ver que su fama atraía a muchísimos clientes hasta Kerr & Downey, y que según él, los propietarios no lo reconocían, decidió en 1957 renunciar y abrir su propia empresa: Selby & Holmberg Safaris. Al poco tiempo Holmberg se separó de la sociedad y el famoso PH recibió una invitación que no pudo rechazar: asociarse a Kerr, Downey & Selby Safaris. Convirtiéndose finalmente en socio de sus ex empleadores.
Con el paso del tiempo, la relación de Ruark y Selby se fue consolidando. Hicieron juntos casi una docena de safaris. La segunda vez que cazaron juntos, Ruark llevó cámaras y filmó la expedición. De allí surgió el documental Africa Adventure.
Según Selby, el carácter del bwana era alegre y jovial en las primeras épocas, luego se fue agriando y haciéndose más cínico, tal vez por su afición a la bebida, sus problemas conyugales que terminaron en divorcio, o tal vez por dificultades económicas que atravesaba a pesar de que ganaba muy bien con la publicación de sus libros. Sin embargo, siempre se llevaron bien y se respetaron mutuamente. Ambos se complementaron perfectamente y se beneficiaron el uno del otro.
En los once años que duró esa amistad, el escritor escribió sus más grandes éxitos literarios que incluían Horn of the Hunter, y las novelas Something of Value y Uhuru (que significa “Libertad” en idioma swahili) y que se convirtió en el grito de guerra del movimiento kikuyu liderado por Jomo Kenyatta en los ´50. Ambos trabajos están enmarcados en la trágica emergencia Mau Mau que precipitó la salida del Reino Unido de Kenia y el fin de la era dorada de los safaris en el Este de África.
Como su admirado Hemingway, Ruark también vio su trabajo en la pantalla grande. Hollywood adaptó Something of Value en 1957 que fue protagonizada por Rock Hudson y Sidney Poitier. En español la película fue conocida como “Sangre sobre la tierra”.
Además de sus libros africanos, el bwana se convirtió en columnista de la prestigiosa revista americana Field & Stream, donde escribió una serie de artículos denominada The old man and the boy, (El viejo y el niño), una especie de relato autobiográfico aunque ficticio que cuenta como él (el niño), pasó su infancia y juventud pescando y cazando guiado por su abuelo en las praderas de Carolina del Norte. Unos años después, en 1961 publicó una secuela titulada The old man´s boy grows older. Luego los artículos tomaron forma de libros y tuvieron mucho éxito de ventas.
Ruark poseía un estilo literario directo, descriptivo, a veces cínico y con bastante humor. Sus escritos sobre África están plagados (a veces por demás) de palabras en swahili: kufa, asante, bunduki, ndio bwana, etc. etc. muchas veces sin traducción, pero que intentan recrear el ambiente que él mismo experimentaba en sus safaris. Si bien cae a veces en lugares comunes, como llamar Mama o Mensaab Ruark a su esposa Virginia como lo hacía Hemingway con su esposa Pauline en Las verdes colinas de África, sus novelas están muy bien documentadas y demuestran un profundo conocimiento de la realidad política y social del África de mediados del siglo XX.
En 1960, decide abandonar los Estados Unidos, y como un tardío coletazo de aquellos expatriados bohemios conocidos como la Generación Perdida que se iban a Paris o a la Guerra Civil Española en la década del 30, Ruark elije España para radicarse y seguir escribiendo. Su última novela The Honey Badger, expone la búsqueda existencial de su protagonista, que como él mismo, se mueve en ambientes tan diferentes y exóticos como los restaurantes de Nueva York, el Londres de la Segunda Guerra y las planicies africanas.
Al igual que Hemingway, sus obras de ficción son un espejo de lo que fue,- o por lo menos-, de lo que quiso ser. Ese estilo auto referencial sigue dando resultado, y prueba de ello es que el interés del público americano se mantiene intacto casi medio siglo después de su muerte.
Sus obras clásicas se re editan periódicamente en inglés, y en los últimos años se publicaron algunos trabajos inéditos del escritor así como algunas biografías tales como The Lost Classics, Ruark Remembered, A View from a Tall Hill: Robert Ruark in Africa, y Someone of Value.
Robert Ruark fue sin dudas uno de los pocos escritores que abrieron el mundo de los safaris al gran público. Gracias a él, la caza mayor en África comenzó a desprenderse del halo elitista que tuvo hasta la década del 50.
La extensiva y detallada descripción de la vida en un safari, el relato casi didáctico de la cacería, entusiasmó a generaciones de cazadores y amantes de la naturaleza que comenzaron a soñar al leer sus páginas. Al igual que Hemingway, Jack O ´Connor, Peter Capstick o Craig Boddington en nuestros días, Ruark logró acercar al gran público la esencia y la mística de la caza mayor en África. Sin duda, aquellos que participamos en alguna medida de la industria de los safaris deberíamos estarle agradecidos.
Aquel niño que creció, escribió y cazó, murió también a temprana edad un 1 de Julio de 1965 en un hospital de Londres. Tenía 49 años de edad. La causa probable: sus excesos con el alcohol.
Sus restos fueron llevados a Palamós, aquel pequeño municipio en la Costa Brava española donde eligió vivir.
Harry Selby aún recuerda a su amigo, sentado al lado del fuego, escribiendo frenéticamente, tomando nota de todo y bebiendo. Así era el bwana Ruark, así quería que lo recordaran, rodeado de su África, en su campamento y pidiendo a su fiel rastreador Kidogo un “Martini a maui mbile”, …que es como se pide en swahili, un Martini doble en las rocas.

Sus libros
(Con su títulos originales y años de publicación)
Grenadine Etching (1947)
I Didn't Know It Was Loaded (1949)
One for the Road (1949)
Grenadine's Spawn (1952)
Horn of the Hunter (1953)
Something of Value (1955)
The Old Man and the Boy (1957)
Poor No More (1959)
The Old Man's Boy Grows Older (1961)
Uhuru (1962)
The Honey Badger (1965)
Use Enough Gun: On Hunting Big Game (1966)
Women (1967)

Ruark Dixit
“Un hombre, y un rifle, y una estrella y una bestia son todavía algo ponderable en un mundo de imponderables. La esencia de aquello simplemente ponderable es la habilidad potencial que tiene un hombre de matar un león”. Horn of the Hunter

“Un tigre muerto es la cosa más grande que jamás he visto en mi vida, y yo cacé un elefante. Un tigre vivo es la cosa más excitante que jamás he visto en mi vida, y yo cacé un león. Un tigre huyendo es la cosa más rápida que jamás he visto en mi vida, y yo cacé un leopardo. Un tigre salvaje es la cosa más aterradora que jamás he visto en mi vida, y yo cacé un búfalo. Pero por la deportividad que se requiere, hoy prefiero cazar codornices que cazar otro tigre”. Use Enough Gun

“Si un hombre se aleja de su forma de vida tradicional, y abandona sus buenas costumbres, debe asegurarse antes de que tiene algo de valor para reemplazarlas”. Proverbio Basuto. Something of Value

Publicado en Revista Vida Salvaje

jueves, 13 de enero de 2011

"La Hermandad del Honor", de Jorge Fernández Díaz



En el libro "La Hermandad del Honor", el periodista Jorge Fernández Díaz, Secretario de Redacción de La Nación, recopila una serie de entrevistas publicadas en la sección "Historias con nombre y apellido" de ese diario.
El capítulo "El corazón del cazador", narra la historia del cazador profesional Eber Gómez Berrade como guía de safaris en Africa.

martes, 28 de diciembre de 2010

Libros con trabajos de Eber Gómez Berrade






Books with published works of Eber Gómez Berrade



















Cazar como Dios manda



Por Eber Gómez Berrade

Poco, casi nada es lo que dice Dios sobre la manera correcta de cazar. Las religiones reveladas en los libros sagrados dan algunas pistas, pero a la hora de poner reglas a la caza deportiva, fue el hombre quien desarrolló diversos códigos de ética para garantizar el juego limpio con la pieza buscada y el respeto por la naturaleza.

La caza deportiva tal como la conocemos y practicamos hoy día, es el último escalón en la evolución de una actividad que nació con la misma especie humana. Desde la oscura y prehistórica época de la caza de supervivencia hasta la actual industria de safaris, muchos cambios se han sucedido. En esta larga historia, los dos últimos hitos se dieron -a mi entender- a mediados y fines del siglo XIX cuando la caza se transformó en deporte, y a mediados y fines del siglo XX cuando la caza deportiva se transformó en herramienta para la conservación de las especies.
En ambos períodos históricos se hizo necesario crear reglas de conducta, de comportamiento para que los cazadores supieran de que estaban hablando cuando se hablaba de cazar bien, como Dios manda. Y así nacieron los códigos de ética que rigen esta actividad.
Mucho se ha dicho sobre la ética en la caza, y mucho se seguirá diciendo sin dudas, pero lo cierto es que en materia de regulaciones existen dos niveles, el legal y el ético. La caza deportiva es una actividad regulada legalmente en todos los países en donde se practica, ya sea con carácter nacional o provincial. Existen también entes de regulación supra nacionales, como el CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre), que regulan la actividad en los países firmantes de dicho acuerdo.
Ahora en materia de códigos de ética, el panorama no está tan claro.
Un vistazo a la última versión del Diccionario de la Real Academia Española, muestra que la acepción que nos interesa para definir la palabra Código, es la de un conjunto de reglas o preceptos sobre cualquier materia.
En cuanto a Ética, dice también la Academia que es parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre y además dice que es, el conjunto de normas morales que rigen la conducta humana.
Para llevar estos conceptos al campo de la práctica en la caza deportiva, diversas organizaciones internacionales desarrollaron sus propios códigos. Una de las primeras en poner reglas fue la East African Profesional Hunters Association, (Asociación de Cazadores Profesionales del Este de África), en tiempos en que parte del oriente africano conformaba el entonces poderoso imperio británico.
En 1934, los miembros de aquella asociación se pusieron de acuerdo en algunos pocas reglas a cumplir, como la de no disparar a un animal a menos de 500 yardas de un vehículo, y la de hacer suya la máxima de los guías de montaña que asegura que si uno solo tiene que volver con vida, ese siempre debe ser el cliente.
Desde entonces, otras asociaciones, clubes y demás organizaciones han trazado los lineamientos que se esperan de un cazador responsable.
En general, el espíritu de estos códigos es similar, haciendo hincapié en el juego limpio, el respeto a las leyes locales, el cuidado del medio ambiente, el apoyo a la conservación de las especies de fauna silvestre, etc. Algunos están más centrados en los guías y los cazadores profesionales, ya que fueron desarrollados por asociaciones que colegian la profesión, en especial en África. En estos casos enfocan su interés en el comportamiento de sus miembros para asegurar el prestigio de la actividad. Esas instituciones también dejan bien claro el “cómo” cazar. Casi todas coinciden en que no se debe disparar desde vehículos, ni usar aviones para avistar manadas, ni tampoco cazar de noche con la ayuda de luz artificial.
En algunos países africanos, estas regulaciones de “fair chasse” se han convertido en leyes de estricto cumplimiento, como ha sido el caso de Namibia que este año prohibió el uso de perros para cazar Leopardos y tampoco permite la cacería nocturna con luz artificial.
En términos generales, con estos listados de normas de conducta en el campo, se intenta promover el juego limpio, dándole oportunidades a la pieza buscada.
En el caso de los clubes, guildas (como en el caso de Rowland Ward) o asociaciones de conservación internacional, ellos estipulan reglas básicas de comportamiento pero no para los profesionales ni para los guías, aunque alguna mención se hace en cómo sería aconsejable que un guía de caza se comportara con sus clientes, haciendo hincapié además en la responsabilidad que tenemos los deportistas en cuanto al cuidado del medio ambiente y la biodiversidad.
Para estos organismos, el tema de la ética es fundamental, y es por eso que lo difunden a sus miembros en toda oportunidad que tienen.
Tanto es así que el mítico libro de récord de Rowland Ward, ha creado la Guilda de cazadores y deportistas exclusivamente muestra del tremendo interés que las reglas de comportamiento tienen hoy día en la caza deportiva. Su objetivo, es a la vez, recrear una mística de los buenos modales, promoviendo el orgullo de nuclear a un grupo selecto de cazadores que “hacen las cosas bien”, de acuerdo a sus parámetros, claro.
Lo cierto es que sobre modales, conducta, ética y moral, pueden escribirse cientos de trabajos, sin embargo todo gira sobre el mismo eje: darle una chance al animal que se va a cazar, para que el disfrute no esté en matarlo sino en cazarlo.
A modo de catálogo de algunos de los códigos de ética vigentes hoy en día, he querido transcribir los más emblemáticos que agrupan los de diversas asociaciones profesionales, de conservación, clubes y guildas.
Para eso, considero interesante dar un breve vistazo al de la African Professional Hunters Association, el de la Asociación de guías de Sud África, el del famoso Safari Club Internacional, el del Rowland Ward y el del CIC. Todas ellas, instituciones bastante bien conocidas entre los cazadores argentinos.



AFRICAN PROFESSIONAL HUNTERS ASSOCIATION
(Asociación Africana de Cazadores Profesionales)
Esta asociación fue creada en 1993 por los reconocidos cazadores profesionales Gerard Pasanisi, Robin Hurt, Tony Sánchez Ariño junto con otros 24 profesionales de larga y prestigiosa trayectoria, con el objetivo de asegurar la industria de safaris en África y que esta sea conducida solo de manera ética. Promueve la colaboración con autoridades de gobierno, con organizaciones no gubernamentales en temas concernientes a la conservación y el uso sustentable de la fauna silvestre africana, beneficiando a la vez a las comunidades originarias en cada uno de los países abiertos a la caza deportiva.

Código de ética
• Se harán todos los esfuerzos necesarios para rastrear, encontrar y matar animales heridos ya sean especies de caza peligrosa o de planicie.
• Todos los animales heridos y perdidos son considerados como cazados para la licencia de caza
• No disparar desde o cerca de un vehículo o aeronave de cualquier tipo
• No cazar ni rastrear con vehículos mecanizados, botes o aeronaves
• No arriar o conducir animales hacia el cazador con ningún tipo de vehículo mecánico
• No usar radio para asistir en la cacería
• No usar perros excepto en la caza de pluma
• No cazar durante horas de oscuridad
• No usar luz artificial ni equipo de visión nocturna
• No cazar animales enjaulados o artificialmente criados
• No disparar a animales en cercados que restrinjan su escape
• No disparar a animales previamente drogados
• No disparar a animales inmaduros ni a hembras preñadas
• No desperdiciar la carne. Se permite el uso de carne para cebos en donde sea permitido
• Obedecer las leyes de fauna silvestre del país, y asistir a los departamentos de fauna del país en todas las formas posibles.
• No exceder las cuotas de animales que disponga el país, la comunidad o la provincia.
• Promover la participación de la comunidad en la lucha contra la caza furtiva
• Promover y observar el respeto por el medio ambiente, la fauna y sus hábitats naturales
• Respetar los límites de de las áreas de caza, propiedades privadas, reservas de caza y parques nacionales
• Usar calibres apropiados para caza mayor. Para caza de animales peligrosos excepto el Leopardo: calibre mínimo 375 H&H Magnum. Para animales de planicie grande y Leopardo: calibre mínimo 300, para Antílopes medianos, calibre mínimo: .275 y para antílopes pequeños: calibre mínimo .243.
• Las expectativas del cazador de un safari de caza mayor deben ser razonables y basadas en conceptos de ética deportiva. El cliente no debe esperar ni demandar garantías de su Cazador Profesional por obtener un trofeo específico, ni tampoco promover que el Cazador Profesional incurra o adopte métodos antideportivos.
• Por su parte, el Cazador Profesional no debe hacer promesas ni garantizar la obtención de un trofeo específico, ya que esto inevitablemente involucra métodos antideportivos. Tampoco el Cazador Profesional podrá sugerir al cliente cazar de manera antideportiva.



PROFESSIONAL HUNTERS´ ASSOCIATION OF SOUTH AFRICA
(Asociación de Cazadores Profesionales de Sud África)
Es el organismo que nuclea a los profesionales de esta república. Desde su fundación ha trabajado duramente para promover y salvaguardar los intereses y el buen nombre de la industria sudafricana de safaris y de sus miembros. Apoya programas de conservación y uso sustentable de la fauna, así como la promoción de la cacería ética en ese país.
Los profesionales que ingresen a sus filas deben comprometerse a observar el siguiente código de Conducta:
• Obedecer las leyes y regulaciones del país
• Conducirse honestamente, con integridad evitando que superponer intereses en ganancias materiales a los principios éticos y morales
• Respetar los recursos naturales del país
• Cuidar los intereses de los clientes cazadores
• Observar que los clientes reciban los servicios por los que contrataron y asegurarles seguridad y confort en el safari


ROWLAND WARD GUILD OF FIELD SPORTSMEN
Creada hace algunos años, a expensas del viejo libro de récords del famoso taxidermista británico Rowland Ward, esta guilda, (nombre tomado de las corporaciones medievales de artesanos), promueve especialmente la difusión de un código de conducta a observar en actividades al aire libre. Prioriza también, la conservación, el cuidado del medio ambiente y la relación con otros deportistas.

• Toda cacería debe ser llevada a cabo durante horas de luz natural
• Ningún animal debe ser cazado en un área cercada con una extensión que no permite la auto sustentación de ese animal. Auto sustentación incluye tanto la capacidad del animal para ejercer su natural inclinación a escapar del cazador, como la posibilidad de proveerse de sus necesidades básicas tales como agua, alimento y refugio
• No se disparará desde vehículos ni cerca de ellos, ni se usarán para el arreo de animales.
• No se disparará desde aeronaves ni cerca de ellas
• Ninguna aeronave será utilizada para buscar o arrear animales, ni se utilizarán para llevar cazadores a una posición cercana al animal localizado desde el aire
• Solo se utilizarán armas de poder y calibre suficiente para matar al animal rápida y eficientemente
• Se debe evitar toda forma de competición entre deportistas mientras se desarrolla la cacería
• No cazar animales en etapa de reproducción ni durante su período de cría.
• Respetar y salvaguardar la propiedad privada
• Respetar y comprender las actitudes, sentimientos y principios de aquellos que no están relacionados con deportes de la caza
• Practicar la caza de acuerdo a las propias capacidades físicas, reconociendo las limitaciones


SAFARI CLUB INTERNATIONAL
Este club se ha transformado en uno de los más grandes, prestigiosos e importantes en el mundo de la cacería. Fue fundado por C.J. McElroy hace más de 35 años en los Estados Unidos, con el objeto -entre otras cosas- de promover la caza deportiva, proteger a los cazadores, implementar programas de conservación de fauna silvestre, educación y desarrollo comunitario en diversos países del mundo. Según su código de ética, aquellos que ingresen a sus filas, deben consustanciarse con los siguientes preceptos:

• Conducirse en el campo de manera de brindar una contribución positiva a la vida silvestre y a los ecosistemas
• Mejorar las capacidades cazador y como tirador para asegurar de esa forma, una cacería humanitaria evitando sufrimiento innecesario de las piezas a abatir
• Obedecer las leyes y regulaciones relativas a la fauna silvestre e influenciar a terceros en este sentido
• Aceptar la responsabilidad de proveer toda la asistencia necesaria a las autoridades de Faun.
• No perder oportunidad de enseñar a las nuevas generaciones el significado de este código de ética
• Reflejar en palabras y comportamiento la confianza en esta fraternidad de deportistas, demostrando respeto por la fauna silvestre, sus hábitats y las propiedades donde se tenga el privilegio de cazar


CONSEIL INTERNATIONAL DE LA CHASSE ET DE LA CONSERVATION DU GIBIER
(Consejo Internacional de la Caza y la Conservación de la Fauna)
Es una organización sin fines de lucro y un cuerpo independiente de asesoramiento internacional. Su objetivo es asistir a a gobiernos, y organizaciones ambientalistas en el mantenimiento de los recursos a través de su uso sustentable. Fue creado en 1928 y desde entonces ha logrado incluir a 32 estados miembros, universidades, ONG´s, científicos y miembros privados provenientes de de 82 países. Entre sus preceptos, el Consejo posee unos lineamientos de conducta de los cazadores hacia el medio ambiente, que si bien no es tan específico como el de las asociaciones profesionales mencionadas, brinda una idea


• Todas las especies de fauna y flora han sido confiados a la humanidad, por lo tanto se espera que los cazadores traten con respeto y responsabilidad la utilización de estos recursos
• La caza está directamente conectada con la historia de la humanidad, por lo tanto es importante mantener las tradiciones
• La motivación por la cacería reside en el placer de la tarea y en la aspiración hacia los resultados. La caza sin una motivación es meramente una simple actividad
• La conducta del cazador deportivo debe demostrar autocontrol y responsabilidad por el medio ambiente y las comunidades
• El ser humano, la fauna y la flora están interconectados en los ecosistemas, por lo tanto el deportista no hará nada que afecte directamente esta delicada interconexión entre ellos
• El deportista debe esmerarse en preservar la biodiversidad. La caza debe servir a la naturaleza
• Las actividades del cazador nunca deben poner en peligro los recursos de fauna o flora, por lo que esa utilización debe ser prudente
• La caza debe ser desarrollada con una criterio humanitario evitando infligir un sufrimiento innecesario a la pieza
• La caza requiere de un alto grado de habilidades, cocimiento, información y educación. Solo aquellos que entienden este arte serán responsables deportistas
• La caza implica contacto e interacción con otras personas, y la tarea del deportista es tener una actitud abierta con los demás, intercambiando ideas y opiniones.
• La caza demanda una constante justificación de sus acciones, intercambio de opiniones. Cuando el cazador confronta con personas no aficionadas a este deporte, debería poder explicar y clarificar el significado de la caza deportiva.

Publicado en Revista Vida Salvaje (Diciembre 2010)

domingo, 29 de agosto de 2010

Diez errores comunes en el safari africano



Por Eber Gómez Berrade

La realización de un safari en África requiere de una gran inversión en tiempo, dinero, estudio, preparación y entrenamiento. Además, muchas expectativas se ponen en juego, por lo que la correcta organización y planificación de la cacería es sencillamente una obligación.
Varios son los errores que pueden cometerse en un viaje de estas características. Ya sea por fallas propias, del profesional, o simple mala suerte, el resultado será siempre similar, y se traducirá en la pérdida de dinero, tiempo, seguridad o confort.
Aquí encontrará diez de esos errores que suelen cometerse en una expedición de caza y que, por otra parte, son fácilmente rectificables con sentido común y algo de experiencia.

Los 10 errores

1.- Regular el fusil con munición diferente a la que se usará en la cacería
En general, esto sucede cuando se trata de llevar un rifle de grueso calibre al safari. El “grueso calibre”, suele tener dos desventajas: un fuerte retroceso y la munición siempre es cara. Por cualquiera de estos motivos, muchas veces se recurre a recargas más suaves para regular o practicar en el polígono antes del viaje. Simplemente no lo haga y evite sorpresas experimentando en la cacería. Por más que le cueste (en términos de patada o bolsillo), recuerde siempre que en caso de enfrentar la carga de un animal peligroso, su arma será la última línea de defensa y el seguro más efectivo y barato para evitar cualquier accidente. Por esta razón, es aconsejable que antes de emprender el viaje, esté totalmente familiarizado con las condiciones y comportamiento balístico de la misma munición que usará en la cacería. La sabana africana es un lugar caro y peligroso para experimentar.

2.- Empezar el safari sin probar adecuadamente el fusil en el campo
Aquí se debería definir la palabra “adecuadamente”. Es usual que al iniciar el safari, el profesional lo lleve a hacer unos tiros de prueba. Esta costumbre es muy saludable, ya sea que lleve su propio fusil o alquile uno a la compañía outfitter. Si el rifle es suyo, la prueba servirá para verificar que la mira siga correctamente alineada, o regularla en caso de que haya recibido un golpe en el viaje. Si el arma es alquilada, servirá para conocer como pega y acostumbrarse al disparo (retroceso, presión de la cola del disparador, etc.). Ahora bien, trate de evitar por todos los medios que esta práctica esencial se haga de manera improvisada. No tire a piedras, ramas o cajas puestas más o menos lejos. Una prueba adecuada es disparar el rifle desde un banco de tiro, (muchas veces construido para tal fin), a una distancia cierta, medida con telémetro (range finder) y a un blanco de reglaje marcado en pulgadas. Sólo de esta manera, podrá obtener del fusil la información correcta, o podrá regularlo si es necesario para poder disparar luego con confianza y precisión.
Naturalmente esta infraestructura dependerá siempre de la operación en donde esté cazando, pero por las dudas es buena idea llevar su propio blanco de reglaje y, de no existir un bastidor fijo, usar su telémetro para colocarlo a la distancia requerida.

3.- Dejar que le lleven su arma
Muchas veces dentro del personal que asiste al cazador y al profesional en un safari africano, junto con el pistero o “tracker”, se encuentra la figura del porteador del arma. En inglés se lo conoce como “gun bearer” que significa exactamente eso, el que lleva el rifle. En general, va detrás del cliente, y además de alcanzarle el arma, ayuda también a colocar en posición el trípode al momento de efectuar el disparo.
En general, este personaje aparece en safaris donde se deba caminar mucho (como la cacería del elefante), cuando el ambiente dificulte los movimientos (como la cacería en la selva), o si se está en busca de algunos de los cinco grandes cargando un rifle doble. Fuera de estas circunstancias, no es recomendable dejar que un tercero lleve el arma, ya que cuando menos se espera, salta la liebre, … un kudú, o lo que sea que pueda interesar al cazador, y al no tener el arma en la mano, pierda una oportunidad única. Lo que si se tiene en cuenta el esfuerzo que demanda un safari en África, más que un error, es casi un pecado.

4.- Complicarse con equipo sofisticado
No caben dudas que la tecnología ayuda muchísimo al cazador. Es un hecho que cada día aparecen aparatos más y más sofisticados. Miras telescópicas que calculan distancias, diagraman trayectorias, marcan temperaturas, y hasta graban el disparo en video. Telémetros que calculan modelos de trayectorias balísticas (True Ballistic Range) acordes a la munición que se dispara, ya sea que se trate de un.270 con 130 grains de punta o de una flecha en un arco de poleas. Cada día estas maravillas de la ciencia, se hacen más compactas y se combinan en un mismo aparato. La contra cara de esto, es que suelen complicar al neófito más que ayudarlo. Con estas virtuales computadoras montadas sobre el rifle, el atribulado deportista deberá apuntar, adecuar la distancia focal, corregir el paralaje, activar el telémetro, adecuar el punto de mira a la distancia, todo esto además de la tradicional identificación del animal y elección del punto de impacto. Conociendo la fauna africana de planicie, es muy probable que para el momento del disparo, el elusivo antílope elegido se haya dado a la fuga. Lo ideal entonces es no complicarse y llevar un equipo simple, preciso y efectivo, evitando además exponer instrumentos frágiles y caros a las duras condiciones de un safari africano.

5.- No decidir si quiere que el profesional lo secunde con un tiro de back up en caso de herir un animal
En el safari hay dos oportunidades donde el cazador profesional puede disparar.
La primera de ellas se da en caso de una carga de un animal peligroso. Allí no habrá nada que hablar. El profesional tiene la obligación de disparar para detener la carga, asegurando la vida de su cliente, de su equipo y de él mismo.
La segunda oportunidad en la que puede tirar el PH se da cuando el cazador hiere un animal y existe el riesgo cierto de perderlo. En ese caso, el cliente puede solicitarle al profesional que lo secunde para evitar la pérdida del trofeo que -de todas maneras-, deberá pagar. Esta decisión, que queda totalmente en manos del cliente, siempre debe tomarse antes de comenzar el safari. De esa manera, todos sabrán que hacer en caso de que una situación semejante ocurra.

6.- Tirarle a un macho “lindo”
La situación es siempre muy similar. El cazador en posición de tiro, el profesional a su lado con los binoculares evaluando el trofeo, el o los animales a una distancia conveniente, y la pregunta clave del cliente al PH: es buen trofeo?. Sí, tirelé, es un macho “lindo”. Esta aseveración no puede ser más ambigua, ya que “lindos” somos todos, pero tal vez lo que usted esté buscando sea un Orix de 40 pulgadas que naturalmente también será muy lindo.
Por suerte, para la correcta evaluación de los trofeos de caza mayor, existen los sistemas de medición tales como los desarrollados por el Safari Club Internacional o el centenario Rowland Ward, por nombrar sólo dos de los más representativos.
Estos sistemas brindan al deportista un patrón de medida que define más o menos correctamente las características que debe tener un animal para ser considerado un trofeo. Por eso, a la hora de salir a cazar, no es mala idea conocer las medidas mínimas del trofeo buscado que califican su inscripción en uno de esos libros de récords. No importa si luego lo inscribirá o no, lo esencial es darle al profesional un parámetro de lo que se está buscando, y evitar llevarse un lindo animalito de los que tienen las granjas de caza para hacer biltong (carne seca) al precio de un trofeo de caza mayor.

7.- Admirar el tiro
Muchas veces el impacto de la bala en el cuerpo de animal provoca una reacción espectacular, provocando tanto un salto sorpresivo o un derrumbe teatral. Ante esta escena, es muy difícil no reaccionar con admiración ante la espectacularidad del golpe, relajándose, bajando el arma y olvidándose de recargar. Así es como a veces, el animal se re incorpora y huye veloz en el mejor de los casos, o ataca en el peor.
Como regla de oro, cuando se dispare a un trofeo y en especial si es de caza peligrosa, duplique el tiro siempre. Si usa un doble, use los dos tiros. Si usa fusil de cerrojo, cargue y vuelva a tirar por segunda vez, aunque vea que el animal caiga al primer disparo.

8.- Disparar por segunda vez… a otro animal
Es un error muy frecuente. Especialmente cuando se está cazando animales que se mueven en mandas. Lo que sucede es más o menos esto: Luego de identificar el trofeo, de esperar que se ponga a tiro, de constatar que no haya otro detrás, que el animal que está en el retículo de la mira, sea realmente el que se vio por los binoculares, de confirmar que sea el mismo que el cazador profesional sugirió, y de apuntar a un lugar vital de su organismo, se dispara. Y ahí comienza el problema. El animal acusa el impacto, se estremece, se mezcla con la manada y todo el mundo se mueve. Como no cayó fulminado, se acciona nuevamente el cerrojo para recargar, se habla con el profesional para ver qué opina y se vuelve a apuntar. Pero, ahora cuál es el herido?
Muchas veces la propia pericia del cazador o del profesional detecta a la víctima sin dificultad, sin embargo esta es una circunstancia propicia para cometer el error de equivocar la pieza y disparar a otra. El resultado, dos animales heridos o eventualmente muertos por los que habrá que pagar su correspondiente tasa de abate.
Lo aconsejable en este tipo de casos es no quitar la vista de la mira luego del disparo. Siga el movimiento del animal herido incluso al hacer la maniobra de accionar el cerrojo. Podrá escuchar la opinión del profesional, volver a confirmar el blanco y disparar de nuevo. Pero sin sacar la vista de la mira. De esa manera, disminuirá mucho el riesgo de equivocación.

9.- Aproximarse directamente al animal “muerto”
Es innegable la excitación que produce la cacería, y el momento posterior al disparo es la culminación de una serie de sentimientos que van desde la satisfacción -hasta a veces- la euforia, por la dificultad del trofeo obtenido. Esto hace que puedan olvidarse algunas reglas básicas de la caza, como la de evitar la aproximación directa al animal caído, aunque exista la seguridad de que el tiro fue perfecto.
Independientemente de si se trata de antílopes o uno de los cinco grandes, es habitual escuchar que “en África los animales son muy duros”.
En realidad, no es que sean más “duros” que los de otro lugar, sino que hay muchos factores que hacen que la muerte pueda no ser inmediata. Un disparo mal ubicado, un tiro en la columna vertebral o en otro órgano vital (a excepción del cerebro) puede, por los efectos del gran flujo de adrenalina generado, retardar por unos momentos la muerte. Tiempo suficiente para que el animal caído hiera al cazador entusiasmado y poco precavido.
Por esa razón, siempre es aconsejable aproximarse por detrás, ya sea un búfalo o un orix, y de esa forma siempre habrá tiempo para un tiro de remate. Recién cuando se verifique la falta de reflejos oculares, se podrá asegurar que el animal está efectivamente muerto.

10.- Subirse al animal abatido para la foto
Más allá que, en mi opinión personal, es de mal gusto y hasta una falta de respeto al trofeo logrado, el “montarse” sobre el animal para sacarse una foto, hacerlo así puede traerle aparejado una severa incomodidad al cazador que se llevará de recuerdo un sinnúmero de garrapatas, pulgas y demás parásitos hospedados en los pliegues de sus pantalones.
Aquella foto de Teddy Roosevelt sentado en su búfalo es un clásico en la historia de los safaris, pero nada se dice de la limpieza y desinfección que luego, en el campamento, habrá tenido que hacer el ex presidente norteamericano.

Publicado en Revista Vida Salvaje (Octubre 2010)